Tres tardes con Krugman

Paul Krugman ha impartido esta semana tres lecciones magistrales en la London School of Economics. Escribo ‘lección magistral’ en el sentido clásico universitario y no como una valoración, que sería pretenciosa viniendo de un lego en teoría económica como yo.

Los argumentos de Krugman son conocidos. No sólo publica en el New York Times, donde tiene un blog; sus artículos son también traducidos en publicaciones de todo el mundo.

Les ofrezco algunos fragmentos de mis notas con la ilustración de sus gráficos.

Creo que el argumento central de Krugman, que ha provocado alguna polémica, es que el estímulo fiscal de los gobiernos para evitar la degeneración de esta crisis en una nueva Gran Depresión es necesario.

Que esta crisis tiene, o tenía, las trazas de una Gran Depresión lo argumenta con estos gráficos que comparan la situación actual con la de 1929 y años sucesivos.


Basándose en una revisión de las explicaciones tradicionales sobre las causas de la Gran Depresión- que la achacan a la política restrictiva de la Reserva Federal- Krugman argumenta que las políticas monetarias convencionales no tienen efecto en esta situación.

Este gráfico sobre la base monetaria en la evolución de la Gran Depresión avala la teoría revisionista.


Su argumento es que la expansión de la base monetaria no tiene efecto, porque en una situación con tipos de interés cero- no podemos ir a tipos negativos- se produce la ‘trampa de la liquidez’, íntimamente ligada a la ‘paradoja del ahorro‘, o de la austeridad. La pulsión, en esta crisis, de las endeudadas economías familiares para sanear sus balances les impulsa a vender activos, que bajan de precio, aumentando así su deuda.

En ese contexto, la política fiscal expansiva de los gobiernos es realmente efectiva. No expulsa a inversiones productivas, sino que ofrece un canal para el ahorro privado, sostiene el empleo y además promete lo que puede contribuir a salir de la crisis, inflación. A Krugman el objetivo del 2% de inflación de los bancos centrales le parece bajo. Mejor sería un 3% o un 4%, pero a ver quién es el guapo que vende eso en el debate público actual sobre la economía.

Una de las cuestiones más peliagudas será- puesto que, toquemos madera, se ha evitado la depresión- medir correctamente el momento y la manera de introducir políticas más restrictivas. Krugman ve una garantía de que el futuro puede ser benigno en el hecho de que los actuales gestores de los bancos centrales son estudiosos de la historia de la Gran Depresión y muy conscientes de los errores de Roosevelt en ese sentido.

¿Cómo será el futuro?

La batalla en estos momentios, según Krugman, es entre los partidarios de mantener el status quo de 2007 en el sector financiero y quienes quieren reformarlo radicalmente y reducir su dimensión, especialmente de la banca en la sombra. Dos gráficos interesantes sobre la evolución del sector financiero en Estados Unidos: sobre la ‘financialización’ de la economía, en palabro del conferenciante, y sobre los salarios de los empleados de la banca. De las bancas, I should say.


De la Gran Depresión se salió mediante el aumento de las exportaciones- también conocido como la Segunda Guerra Mundial, el chiste trágico es de Krugman-, pero en esta crisis está metido todo el mundo y eso complica la salida mediante exportaciones.

Los desequilibrios en las balanzas comerciales entre regiones del mundo son conocidos. La UE era el único bloque que no tenía ni superávit ni déficit inmensos. Pero esa afirmación camufla la ralidad interna de la UE. Ésta era la trama antes de esta nueva pérdida de inocencia.


Pero, ¿qué vamos a exportar ahora? Mientras los gobiernos palían la caída en el abismo con sus déficits, el laureado Nobel cree que quizás las inversiones en energías nuevas puede tener el efecto de reactivación de la inversión privada. De nuevo la patraña del cambio climático catastrófico convertida en mentira útil para inventarse una nueva economía.

Pero olvidémonos de los pronósticos energéticos y recuperemos la visión de nuevo central de Krugman. Nos encaminamos hacia un proceso prolongado de estagnación, aunque él no utilizó esa palabra. Su referencia es la llamada ‘década perdida’ de Japón.

Mientras le escuchaba recordaba una anterior conferencia de uno de mis pensadores favoritos del UK, John Gray, que es un crítico de la idea de John Stuart Mill sobre la capacidad de la acumulación del conocimiento científico en traducirse en mayor sabiduría política y social. Krugman expresa incluso una convicción sobre el olvido de las teorías económicas que hubiesen previsto esta crisis en el mundo académico de los economistas en las dos o tres últimas décadas.

Cositas:

- Krugman no se define como una historiador del pensamiento económico, aunque se está dedicando a ello porque le parece esencial en estos momentos. ¡Uau! Sus referencias son del siglo XX. Keynes, en el origen. Minsky, como el nexo perdido.

- Dice que China exporta capital de una manera diferente a la de Japón. En este país, la exportación de capitales estaba impulsada por criterios comerciales. En China, son decisiones del Gobierno. Si persiste en su empeño de exportar capital, tendremos un problema. ¿Un problema mayúsculo?

- ¿Quién puede nombrar una innovación financiera de las dos últimas décadas que no sean los cajeros automáticos y sea buena sin ambigüedad?

- Aunque le escuché hace cinco años en un encuentro con la prensa extranjera en Londres, esperaba un gran orador a la americana ante el foro académico. No. Su discurso está salpicado de excursos y de mmmmms. La próxima vez que mis amigos me reprochen esa manera de hablar le citaré como avalista.

Enjoy the weekend.


Tras recibir varias quejas privadas por desear un buen fin de semana tras largar el rollo de Krugman y no publicar vídeos de Bananarama desde hace días, reitero mis principios con un nuevo desafío intelectual.

Aprenda alemán en siete días. Derribos Arias. 1984. Es un corte de la película ‘A tope ‘.

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