England people very nice

Aproveché la oferta de entradas por diez libras para ver, en el National, una obra que ha tenido división de opiniones entre los crítiicos. “England people very nice” es una expresión que sólo puede pronunciar un inmigrante recién llegado, alguien que está dando los primeros pasos en el idioma.

La obra de Richard Bean- de quien vi hace unos meses ‘The English Game‘, una parábola sobre el país en torno a un partido de aficionados al crícket- es un fresco de la inmigración en el este de Londres durante cuatro siglos. Desde los hugonotes franceses hasta los bengalís del último medio siglo, pasando por los irlandeses de la hambruna y los judíos del este de Europa.

Cada uno tiene su apodo despectivo. Los franceses son ‘frogs‘, los irlandeses, ‘micks‘, los judíos, ‘yids‘, y los bengalís son ‘pakis‘.

Bean parece abrazar la la versión de Daniel Defoe sobre el carácter heterogéneo del inglés, pero no quiere profundizar en esa idea. Hay en la obra unos cuantos temas comunes. Los últimos inmigrantes resienten especialmente a los nuevos, el amor y el sexo van cruzando las barreras construidas por la religión y la cultura, y todo eso es contemplado por una memorable camarera de un pub, Ida, quien, con una manera de hablar ‘cockney‘, tan tierna como estridente, se queja de la llegada de los franceses porque para eso no murió su abuelo en la Guerra Civil Inglesa y mantiene el resentimiento ante cada nueva oleada, a la que acepta después como parte de las cosas inevitables de la vida en la ciudad.

Si eso son los factores comunes, lo que ofrece Bean como punto de vista es el humor. O más bien el chiste. Se pronuncian y se describen todos los estereotipos sobre los inmigrantes que se evitan en el lenguaje contemporáneo. Y la gente ríe con ganas durante la obra, liberada de que aquello que ha de reprimir a menudo se diga sobre un escenario del National.

La obra aún estará en cartel en el Olivier unos cuantos días y se la recomiendo a quien conozca de antemano parte de esta historia de inmigración en el este de Londres y quiera reirse con algunos buenos chistes. Se proyectan buenas animaciones como soporte, hay música y el reparto tiene actores con muchos colores de piel y algunos destacados. Pero me parece una escritura poco ambiciosa.

Dos chistes. Como el conflicto religioso es un tema recurrente en los diferentes episodios, Bean hace decir a alguno de sus personajes en cada uno de ellos: “Éste es el único paraíso que existe”. Y la réplica a través de cuatro siglos es la misma: “¿Bethnal Green?”. Bethnal Green no es una idea probable del paraíso, pero les recomiendo, si visitan Londres, acercarse al Museo de la Infancia .

El círculo rojo señala Bethnal Green en un segmento del mapa de Londres, que incluye el centro de la capital.

El otro chiste, quizás para iniciados. Cuando llegan los papistas católicos irlandeses, protestantes ingleses del barrio forman una banda para atacarlos. Atraviesa ese episodio una pareja de burgueses irlandeses que son de la sociedad humanista y no comulgan con una religión. Cuando van a ser atacados, la mujer protesta: “Nosotros no somos católicos, somos intelectuales de Wicklow”. A mi me hizo mucha gracia, qué le voy a hacer.

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