La agencia AP databa el otro día en Adelaida(Australia) una noticia espeluznante. Rajini Narayan, de 44 años, fue acusada de asesinato tras atacar a su marido, Satish, de 47, a quien había visto abrazando a otra mujer. La fiscal Lucy Boord describió cómo la acusada roció los genitales de su marido, mientras dormía, con un disolvente hecho con alcohol y luego acercó una llama. El marido saltó de la cama y golpeó la botella con alcohol, que prendió. Balance de la venganza: el marido muerto y daños de cerca de 550.000 euros a dos viviendas dañadas por el fuego.
El episodio me ha recordado dos lances aciagos de amor en este país- mucho más benignos que la tragedia australiana- y me ha dado por montar otro concurso.
El de la iziquierda en esta foto es el ex editor de The Sunday Times, Andrew Neil, que publicó la mayor venganza por infidelidad de los años noventa, el relato de Diana sobre su matrimonio con Carlos.
La revista satírica Private Eye publica regularmente, para satisfacer las asiduas solicitudes de sus lectores en cartas al director, esta foto del… adonis Neil con una amiga. La imagen ilustra las frecuentes aventuras amorosas de este… soltero de oro.
Pero el… playboy ha conocido también el infortunio. Su otrora amante, Pamella
Bordes, la bella Miss India que alternaba su presencia en los círculos del poder con ganarse la vida como call-girl, le destruyó sus trajes y sus camisas con unas tijeras, cuando el periodista le dijo que les había llegado la siempre tensa hora del cierre.
Bordes se casó tras alcanzar tan injusta fama y se ha convertido en una excelente fotógrafa.
Nicholas Soames, nieto de Winston Churchill, caballerizo del príncipe Carlos, es un hombre grande, pero no ha logrado aún prestigio como un gran hombre. A pesar de que él se esfuerza, como muestra la foto. Pero sus andanzas e intervenciones parlamentarias han dado motivos para la juerga, el chisme o la rabia.
Al furibundo John Prescott, que fue viceprimer ministro de Tony Blair, le recordaba su pasado como camarero en barcos de transporte de pasajeros, pidiéndole unas copas mientras el gran líder obrerista del Neolaborismo hablaba en pie desde el pupitre vicepresidencial a la Cámara: “¡Giovanni, Giovanni!”- llamaba nuestro héroe desde los escaños opuestos al ex sindicalista como si fuese un camarero italiano-. “Para mí un gin tonic y lo que tome mi amigo”.
Un día, una ex novia de este patricio inglés declaró anónimamente a un periódico su ya desamor por Soames: “El sexo con Nicholas es que tú estás tumbada en la cama y de pronto se te cae encima el armario ropero con la llave puesta”.
Uffff.
El concurso consiste en contar venganzas imaginadas o conocidas, de la vida real o de la literatura o del cine, de amantes engañados o abandonados.
Serán descalificados, o borrados, los que propongan ataques físicos. También serán descalificados, aunque nunca borrados, quienes se metan en cuestiones morales sobre las fuerzas del amor, su insensibilidad ante los celos o la in/conveniencia de la venganza, que si patatín, que si patatán.
El plazo, hasta el domingo.
El premio: enviaré al ganador por correo una moneda de chocolate con la estampa del palacio de Hampton Court, donde Enrique VIII y Catalina de Aragón pasaron algún tiempo antes de su separación.


