
The Kennel Club, que es la organización de referencia para los amantes de los perros, ha publicado esta semana nuevos parámetros para la cría de algunas razas.
Entre ellos incluye modificaciones a los criterios que antes definía para el bulldog. Y eso ha provocado una pequeña conmoción. ¿Es el fin del British Bulldog?
En realidad, se intenta evitar el fin de Crufts, el gran espectáculo y competición anual de los criadores. El año pasado la BBC decidió no transmitir la edición de 2009, tras emitir un documental en el que se intentaba demostrar que los perros con pedigrí que se presentan en Crufts padecen a menudo enfermedades como consecuencia de la búsqueda de facciones de campeonato.
“Crufts es un desfile de mutantes”, dijo entonces un directivo de la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales.

Hay protestas e inevitablemente están tintadas de patriotismo en el caso de este animal totémico. El bulldog se ha convertido en un símbolo de lo británico, duro, fiel, churchilliano.
Winston Churcill fue definido a menudo como el British Bulldog por antonomasia y, cuando, en las elecciones de 2001, el Nuevo Laborismo quiso revestirse con los aderezos de la tradición británica- Peter Mandelson como cerebro, ya les digo-, utilizó al bulldog Fitz en un video de su campaña eletoral.
En fin, que Churchill no tuvo nunca bulldogs sino canciches, el can despreciado en el argot político británico. “Blair es el caniche de Bush”, reprochaban los críticos del reciente primer ministro.
Aquí, la prueba.

Enjoy the weekend.
El plazo del concurso del martes, que a día de hoy ha provocado parca pero exquisita participación, termina el domingo.

