Para iniciar nuestro regreso a África, consumación deseable y quizás inevitable de nuestro periplo humanoide. Para desearles que el camino, en todos los años, que siempre son tan viejos como nuevos, les sea leve y gozoso. Para abrigarse del frío, ¡qué frío!
un poema tibio del Caribe:
Fama, de Derek Walcott. Traducido por Antonio Rasines.
Esto es la fama: domingos,
una sensación de vacío
como en Balthus,
callejuelas empedradas,
iluminadas por el sol, resplandecientes,
una pared, una torre marrón
al final de una calle,
un azul sin campanas.
como un lienzo muerto
en su blanco
marco, y flores:
gladiolos, gladiolos
marchitos, pétalos de piedra
en un jarrón. Las alabanzas elevadas
al cielo por el coro
interrumpidas. Un libro
de grabados que pasa él mismo
las hojas. El repiqueteo
de tacones altos en una acera.
Un reloj que arrastra las horas.
Un ansia de trabajo.
y una canción:
La que dedicó Wazimbo ,el mozambiqueño tío Waz, a María, ave nocturna, Nwahulwana.

