Se acaban los corales y el gas, se acaban los plátanos. La capa de ozono no recuerdo si se extingue o se extiende, pero también es un problema gordísimo. Ya se ha acabado el capitalismo. Y antes los mares y las anchoas. También las abejas y los pájaros están al caer. ¿Las bacterias no se acaban? Se acaban los periódicos, ça va de soi, y esto de internet tiene los días contados, lo ve cualquiera que tenga dos dedos de frente y se informe de los ataques cibernéticos desde China. Siempre China, últimamente.
Y ahora, para confirmanos que todo se acaba, se acaba la danza Morris. Según el Círculo Morris, a la gente joven le da vergüenza participar, cosa bien llamativa dado el número de sinvergüenzas que hay entre los jóvenes. Y el fin de este baile, que la gente suele llamar tradicional, tiene también calendario, como la ola climática que nos ahogará en 2030, o por ahí, después de habernos cargado la estratofera y más con el petróleo, que se habrá acabado, según mis cálculos, más precisos, en 2017.
“Si no reclutamos sangre joven en estos meses de invierno, hay una posibilidad real de que en veinte años no quede nadie”, ha dicho al Telegraph Charlie Cocoran, Bagman- el hombre del saco- del Círculo Morris, la asociación de los grupos que bailan. ¡Nadie! ¡No quedará nadie! Y que nos queda el invierno para evitarlo, oigan. Apresúrense, déjenlo todo. Que los que tengan sangre joven bailen.

