
Tuvimos un setiembre delicioso, pero ahora nos llegan noticias de amigos que pasean por las noches del sur con temperaturas de agosto, mientras aquí se desploma sobre nosotros el cielo bajo y gris. La humedad. La luz se va apagando.
En la pista tenía que ocurrir lo inevitable. J. da tales raquetazos a la bola que en el penúltimo partido se rompió su cordaje. Nos retiramos cabizbajos. Nuestros partidos son tan competidos como la disputa entre economistas de diferentes escuelas sobre qué doctrina explica con más exactitud la crisis. La disputa de los doctrinarios no tendrá desenlace. Pero nosotros, que quizás no pecamos por doctrinarios, lo queremos para nuestras contiendas en torno a la red.
Hablamos de las cosas del mundo en el largo epílogo de nuestra frustración. Alemanes, nórdicos, incluso los británicos, se han colocado en el camino para la recuperación, según el FMI, mientras que los gurús de Washington dicen que lo de España va para largo.
Sabrán ustedes que aquí se han acuñado dos acrónimos para definir a los países con futuro y a quienes presuntamente no lo tienen. El que se usa para los primeros, BRIC(Brasil, Rusia, India, China), no tiene traducción, aunque suena a economía del pasado, a brick, ladrillo. El que se usa para los segundos, PIGS(Portugal, Italia, Grecia, España), tiene una traducción- cerdos- que pues vaya.
¿Es el sol el presunto hándicap económico de los cerdos? Posiblemente digerí mal las lecturas de Marvin Harris porque de aquel ‘Vacas, cerdos, guerras y brujas”- extraordinario a mis ojos de entonces- me ha quedado el poso de buscar explicaciones materialistas de culturas y tradiciones.
¿Es el sol? J. me dijo que había un estudio económico que analizaba ese argumento. Y me lo envió por correo tras despedirnos.
El estudio- ‘Los orígenes coloniales del desarrollo comparativo. Un análisis empírico’- llega a una conclusión interesante sobre algo distinto. Los autores encuentran correlaciones fuertes de la capacidad de las poblaciones colonizadoras para sobrevivir a la enfermedad en la geografía de los países colonizados y formar instituciones que limitaron los poderes del gobierno con la creación de sistemas no basados en la mera extracción de recursos y con el desarrollo económico contemporáneo.
Entre pelotazo y pelotazo no está de más ejercitar la pelota. Pero ese estudio, que quizás permite entender la diferente fortuna de Australia y Congo, no explica la coyuntura de los cerdos- de los PIGS-, donde no parecen existir tampoco instituciones propicias para el desarrollo económico a la nórdica. Aunque la población sobrevive a la enfermedad tan bien o mejor que en el norte. ¡Los muy cerdos ahora mismo pasean felices bajo su clima benigno!
Nuestro siguiente partido no existió. La mañana era soleada pero la pista estaba húmeda porque llovió la víspera. La noche no la secó. Peloteamos con ganas y cuidado, no fuéramos a herirnos.
Hemos decidido regresar anticipadamente al invierno, volver a la pista cubierta. J. tiene ropa nueva de tenis y nuevas zapatillas de deporte. Y ha comprado un canuto de bolas nuevas. Quiere aplastarme con sus golpes.
¿Estamos ante el desenlace? J. no lo cree. Tras nuestro peloteo de ballerinas forzudas pero temerosas, me decía que quizás todo esto de la gran crisis se puede interpretar como uno de esos cambios del largo ciclo tecnológico. Pero aún no tenemos claridad en el horizonte. Ni en el soleado de los cerdos ni en el gris del norte.
Las grandes incógnitas no se han despejado mientras vivimos esta ilusión de que hemos salido del pozo de la mano de los mismos que nos llevaron allí.
- Tendríamos que ver al menos que hay un nuevo sentido de moralidad- me dijo J.
Me gusta oir esas cosas, aunque no creo que vayan a ocurrir. Ese tipo de contradicciones son también comunes en los juegos. A quienes dan fuerte a la bola les gustaría controlar por ejemplo el revés sesgado y defensivo. Los que juegan con sutilezas de la muñeca echan de menos la arrogancia de un buen smash.

