Dicen que no había nevado así desde hace veinte años, pero tampoco parece algo tan extremo como para paralizar una gran ciudad del norte.
La radio decía en la mañana que no había autobuses, que había un servicio mínimo de trenes, que algunas líneas de metro se habían cerrado y que nadie debía viajar si no era imprescindible.
Pero yo tenía un viaje imprescindible.
A las siete menos cinco de la mañana, suena el móvil y es el conductor del taxi que me va a llevar al aeropuerto. Salgo a la calle, creyendo que ha venido con unos minutos de antelación, como ocurre a menudo, y me quedo pasmado.
Me dice en un inglés a veces ininteligible- desde hace años uso esa misma compañía de conductores pakistaníes y afganos- que el trtáfico está muy mal y que va a tardar mucho tiempo en llegar. Le pregunto cuánto tiempo tardará y no entiendo la respuesta. Lo que sí entiendo es que tendré que pagarle el doble de la tarifa habitual.
La manera inglesa de mandar a alguien a freir espárragos es agudizar la frialdad, ser breve y decir, si cabe, sólo un bye; y no dos- bye, bye-, que suena más cordial. Le mando a freir espárragos en inglés. Luego, me entero de que los taxis estaban pidiendo tarifa doble a todo el mundo.
Quito la nieve que cubre los cristales del coche y me voy a Heathrow, lento pero sin problemas. En el aeropuerto, cuando voy a recoger mi tarjeta de embarque, una azafata me impide el paso y me dice que el vuelo está suspendido. En mi destino, no nieva. Le pregunto cuándo se reanudarán los vuelos y me dice que no hay planes para volar hoy a aeropuertos en Reino Unido o en el ‘continente’. Que el único destino abierto es Moscú. Parece un chiste de Gila.
El alcalde de Londres decía en la tele que no tiene sentido económico comprar quitanieves para usarlos sólo de vez en cuando y, para tocarnos además las narices a unos cuantos, que, como se calienta el planeta, según le cuentan, harán menos falta en el futuro. Pero, ¿tampoco el aeropuerto de Heathrow, el que más tráfico internacional tiene en el mundo y que tiene sus pistas libres durante la noche, puede comprarse unos quitanieves?
Un par de horas de espera estéril, porque se van cancelando todos los vuelos. Pero el mismo aeropuerto incapaz de ofrecer el servicio que te ha vendido luego te cobra un precio exorbitante por el aparcamiento.
El trato de estas grandes empresas, en situaciones a menudo de monopolio, a sus clientes me parece abominable. Tienes que hacer tú todas las cancelaciones y peticiones de reembolso. El otro día, la compañía de trenes tenía un enredo incomprensible en mi estación. Resultado: llegué a Waterloo con mucho retraso, tuve que ir corriendo hasta el teatro, llegué tarde, perdí el importe de la entrada. Y la compañía te recompensa sugiriéndote que, si quieres pedir un reembolso sólo del billete de tren, que no te garantiza, tienes que añadir a tu vida un lío de formularios y gestiones para recuperar cinco libras.
Pero mañana será otro día y hay quien se lo ha pasado estupendamente con la nieve, sin ir al colegio en un lunes de invierno o en las improvisadas pistas de Primrose Hill.

