El auténtico ‘trainspotting’

Trainspotting‘ fue una película dura y con gran éxito de Danny Boyle, que tomaba el título prestado de la jerga de los heroinómanos en Escocia y de algún lance del guión. La traducción literal es ‘observando trenes’, que es una afición popular en Reino Unido.

El adjetivo ‘train spotters’ tiene una connotación peyorativa, porque hay gente a la que la afición de observar trenes parece digna de ‘anoraks‘. Esa metonimia asocia la prenda con la personalidad de quienes tienen aficiones obsesivas.

Los ‘train spotters’ prefieren utilizar el término ‘rail enthusiasts‘. Que define mejor a los varios cientos de aficionados que acudieron el sábado a la estación de King’s Cross para presenciar la llegada de la primera locomotora de vapor construida en Reino Unido desde el final de los años cuarenta. La primera película, abajo, da cuenta del evento.

En 1990 se creó una fundación para construir la máquina y ha recaudado tres millones de libras. La A1 Tornado 60163 - el número siguiente a la última locomotora de esta clase- fue botada en los talleres en los que se construyó, en Darlington, en el verano del pasado año. La segunda película es sobre la botadura.

Este tipo de asociación voluntaria y de pasión por la tecnología me parece admirable. Pero el mundo de los ‘entusiastas’ tiene un toque de excentricidad.

Cerca de mi casa hay una librería de referencia para entusiastas y sus publicaciones son chocantes. Se venden allí catálogos de los autobuses que circulan en Ispwich, para que los ‘bus enthusiasts’ vayan marcando los que han visto por las calles. Página tras página con listas de números de fabricación o matrículas.

En grandes estaciones de ferrocarril, se puede ver a los ‘trains enthusiasts’ con sus binoculares y libros.

En los aeropuertos de Heathrow o de Gatwick, hay lugares reservados para los ‘plane enthusiasts’.

Una vez escribí sobre ellos- eran todos hombres- y me asombró cómo iban llegando, con sus mochilas o maletines de negocios, en los que guardaban catalejos y catálogos, y cómo observaban silentes durante horas el despegue y aterrizaje de aviones, en una camaradería de solitarios, que inspiraba ternura.


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