Primera toma: ¡He llegado y el ordenador funciona!
Hoy voy a mantener abierta la compuerta del globo para contarles lo que va ocurriendo en la cumbre de Londres del G20. No se asusten, no les contaré lo que dice el comunicado ni escribiré sesudas reflexiones, sino chascarrillos y pensamientos de pasillo. Si tengo tiempo, eso sí.
La cumbre se celebra en el Excel, un centro ferial en el este de Londres, junto al aeropuerto de la City. Peatones como yo llegamos a aquí con el tren ligero de las Docklands, que en teoría tiene que servir a la nueva City financiera que se empezó a construir aquí en tiempos de Margaret Thatcher.
El puerto comercial ya no tenía clientes como para mantener tanta dársena y almacén río adentro, así que, sobre la planta de una sociedad crecida en torno al puerto, se erigió el inevitable entusiasmo fálico de César Pelli y la trama de una ciudad impostada, rodeada del desorden del East End.

Llegando en el tren he pasado frente a la carpa del milenio, en la ribera sur del Támesis, que levantó Richard Rodgers para el Nuevo Laborismo y que marcó el principio de su decadencia. Convocaron una gran fiesta en la falsa noche del Milenio, el 31 de diciembre de 1999. Pero, siempre más propensos a las ideas que a las estructuras, no organizaron bien ni el transporte ni la acreditación. Y arruinaron la Nochevieja a grandes patronos de la banca, famosos y demás (ahora) calaña.
El transporte hoy funciona bien para la chusma de la prensa. En la estación de tren te llevan a un pabellón donde comprueban que tienes la carta de acreditación y tu pasaporte. Al salir del pabellón, en cuyo interior no hay nadie, te vuelven a pedir lo mismo. Pa’asustar, imagino. Te montan en un autobús y te llevan al centro de acreditación. Donde se vuelve a repetir lo mismo, más o menos, que lo ocurrido anteriormente, con el aliciente esta vez de que te dan una cartulina amarilla colgada de un collarín. Y con eso ya puedes ir a donde está la poli para que te detecten el potencial letal de los empastes de titanio.
Te montan en un nuevo autobús, el conductor, un eastender con pedigrí, te dice “Cheer up!” para animarte, tras ver una galería de reporteros que avanzan cabizbajos porque nunca antes tuvieron que madrugar tanto y ya está. ¡Mamá, mamá, ya estoy en Excel! ¡Ya he llegado a la cumbre!
Desde mi asiento, el mundo ahora mismo se ve así.

Segunda toma: ¡Toma, estamos salvados, ya está entre nosotros sir Bob Geldof!
Tenia este corresponsal una buena posición para atacarle por la espalda, como seria su deseo, pero nada, me conformo con una foto de la chusma, tan ahíta de algo que llevarse al micrófono, en torno él, a quien tanto le han gustado.

A los que no pueden estar aquí y quieren contribuir a la cumbre, una recomendación: pueden ir al hotel Jumeirah Carlton Tower de Belgravia y preguntar a buena parte de los más de 30 componentes del séquito del Presidente español, que se hospedan en tan lujoso hotel, si están disfrutando del shopping. Aquí, en el este de Londres, están los que tienen que estar, que se cuentan con los dedos de una mano.
Mis cálculos me dicen que la gorronería de Estado cuesta esta vez el sueldo anual de dos mileuristas.
Tercera toma: la calamidad de un mundo con noticias las 24 horas del día.
Al primer ministro Clement Attlee, que gobernó en la posguerra, le preguntó un día un periodista de la BBC si tenía algo que decir tras una importante reunión, que no recuerdo ahora de qué versaba. Y Attlee respondió: “No, realmente no”.
Es inconcebible que eso pudiese ocurrir ahora. Hay que alimentar a la fiera mediática 24 horas al día y la política menor- que algunos, incluso en los gobiernos, toman como la política real- se centra ahora en la interacción dialéctica, repito, damas y caballeros, interaccion dialéctica, entre medios y políticos. O viceversa.
¿Se ha plantado Sarkozy, como dicen? ¿Hay un abierto enfrentamiento entre dos bloques en la cumbre? Todo eso es espuma mediática. En la mañana, alguien me dijo que el plante de Sarkozy se debe a su empeño en que se publiquen en el comunicado de hoy las listas de paraísos fiscales. A la hora del sandwich, me han dicho que se trata de exigir una reforma pronta del Fondo Monetario Internacional.
No me creo nada de esto. Una buena fuente que sabe de estas cosas me dijo el otro día que los técnicos dejaron de trabajar en el comunicado hace ya un tiempo. Los asesores de los políticos han limado comas en los últimos días. Y el comunicado está ya pulido. Sarkozy hace gaullismo doméstico, el viejo y complejo amor entre la France et son oncle d’Amerique, y mete ruido para las batallas de los próximos meses.
¿Los paraísos fiscales? Si París siente tal urgencia, ¿por qué no declara ilegal toda operación de sus bancos con el principado de Mónaco?
¿Prontitud en la reforma del FMI? Pero si eso es una posible estación terminus de un proceso que la UE y Estados Unidos tan sólo han iniciado. ¿Qué sentido tendría plantarse ahora, en cualquier día de abril de 2009?
Bendición de trabajar para un periódico de papel: que no tengo que alimentar la fiera de las 24 horas, la palabrería de agencias, radios, televisiones, que ahora mismo tienen que enviar noticias y cosas sin que haya ninguna prueba fiable de lo que dicen.
Inconveniente: cuando se conozca el comunicado, entraré en el frenesí hasta la hora de cierre. No podré calentar el aire de este globo, me temo. Porque avanzaré por el borde del abismo hacia la hora del cierre. Ese acelere es lo más excitante de una jornada como la de hoy. Cientos de periodistas juntos, garantia de que el asunto no ofrece diversión.
El comunicado se conocerá hacia las cuatro, hora española, una menos en Canarias y dos más en Euskal Herria, siempre tan adelantada. A esa hora, y tras las conferencias de prensa de los líderes, se podrá interpretar dónde ha quedado el equilibrio de la negociación. Y se desvelará que lo de Sarkozy ha sido un pequeño teatro. Me juego la reputación de Palín Palín a que será como les digo.
Ah, otra cosa más. Sobre lo que está ocurriendo ahí fuera, en el mundo, en la banca y el comercio internacional, los reunidos aquí tienen mucho menos poder del que quisieran tener.
Cuarta toma: ¡Me he despeñado cuando ascendía la cumbre!
Varias horas de pasillos, cuatro ruedas de prensa, mucho té y dos sandwiches fríos. Aquí al globero se le ha pinchado el suyo. Mi cerebro no da para más. Tengo un largo camino de regreso a casa y quiero comer algo caliente. Obama también parece agotado y yo llevo últimamente una vida parecida a la suya y sin lucirme lo mismo, según creo. Mañana, les cuento alguna cosa de la cumbre, quizás. Ahora, un par de fotos tontas. Y a correr.
Creo que ésta expresa el periodismo de cumbre:

Y ésta refleja lo que ocurre cuando un líder monta lío antes de la reunión. La puerta de la sala donde Sarko daba su rueda de prensa. Para críticos posibles de mis movimientos, una advertencia: yo salía de la sala y me di la vuelta para sacar la foto. Que conste, just in case.


