Entonces, ¿quién dijo a Zapatero que hablase de nuevo con ETA tras la bomba en la T4?

Entrevista con Jonathan Powell
Fotos de Ione Saizar

Jonathan Powell fue el jefe de gabinete de Tony Blair en sus últimos años como líder de la oposición y en todo su tiempo como primer ministro. Fue su mano derecha en el proceso de paz en Irlanda del Norte y el negociador directo con el Sinn Fein. Hijo de un militar, su hermano, Charles, fue el íntimo asesor de Margaret Thatcher en política exterior.

En abril del pasado año, coincidiendo con el décimo aniversario de la firma del Acuerdo de Viernes Santo, publicó ‘Great Hatred, Little Room. Making Peace in Northern Ireland’ (Grandes Odios, Poco Espacio, Hacer la Paz en Irlanda del Norte).
Powell reconoce en su libro que escribió los borradores de algunos comunicados del IRA y describe, entre otras cosas, sus incursiones en barrios republicanos para encontrarse secretamente con Gerry Adams o Martin McGuinness.

Aunque reacio inicialmente a dar entrevistas a la prensa vasca o española, un encuentro fortuito en una charla de Michael Burleigh con José María Aznar en el think tank Policy Exchange, me permitió acercarme a Jonathan Powell.


Publicamos en su día que Blair había ofrecido a José Luis Rodríguez Zapatero el contacto con Powell como vía para informarse sobre lo ocurrido en Irlanda del Norte. La entrevista se celebró, el pasado octubre, con la condición de que versase exclusivamente sobre Irlanda del Norte.

Jonathan Powell me dijo que su papel en el diálogo entre el Gobierno español y ETA fue asesorar al centro Henri Dunant sobre los detalles del proceso irlandés, cuando el instituto ginebrino ejerció el papel de facilitador.

Pero aceptó amablemente responder, en el comienzo de la entrevista, a la pregunta más larga que jamás he planteado a un interlocutor y que tenía relación con cosas vasco-españolas.

P. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero dijo, en una entrevista con El País, tras la declaración de alto el fuego de ETA, que Blair le había recomendado mantener siempre un canal de comunicación, como él había hecho, incluso después de la bomba en Canary Wharf. Aunque comete un error sobre las fechas de la historia, la declaración de Zapatero refleja una filosofía que confirmó después el socialista vasco Jesús Eguiguren, al decir que el Gobierno volvió a hablar con ETA, hace ahora dos años, tras la bomba en la T4, porque Tony Blair y Gerry Adams se lo recomendaron. Pero usted escribe en el libro que ni a Blair ni a usted les gustó que John Major hablase con el IRA tras la bomba en Canary Wharf. Y, luego, en las conclusiones, recomienda mantener el diálogo con los grupos terroristas. ¿Cómo casa todo esto?

R. Es una pregunta importante y la respuesta es complicada. Si tomamos primero el caso de Canary Wharf, un problema al negociar con estos grupos es que, si les das un mensaje de que, si regresan a la violencia, van a tener éxito, nunca dejarán la violencia. Tienes que dejarlo claro. Tanto Tony Blair como yo mismo lo dijimos explíticamente a Adams y McGuinness: si volvéis a Canary Wharf, no hablaremos nunca más con vosotros. Porque no puedes, como Gobierno democrático, negociar bajo la amenaza de violencia. Una vez dicho esto, el Gobierno británico estuvo en contacto con el IRA desde los años setenta hasta los años noventa. Mantener ese contacto durante todo ese tiempo facilitó el alto el fuego de 1994. Si no hubiese existido ese contacto secreto, no se ve cómo podría llegarse a la fase del alto el fuego. Por un lado, el Gobierno británico no podía ser visto hablando con un grupo terrorista que mataba a su gente. Por otro, el IRA no podía dejar la violencia si no veía que era posible una senda política. Y el canal secreto permitió a ambas partes llegar a un entendimiento. También cuando hablábamos con el Sinn Fein mientras estábamos en el Gobierno, hubo momentos difíciles. El partido Conservador pretendió que había un enfoque compartido, pero intentó complicarnos la vida. Por ejemplo, cuando el IRA rehusaba el decomiso de las armas, nos metieron mucha presión para parar la puesta en libertad de presos. O en el robo del Northern Bank. Era el mayor robo en la historia británica y sabíamos que era el IRA. Esa misma mañana había volado para verme con Gerry Adams y Martin McGuinness en un monasterio en Belfast Oeste y me informaron del robo al aterrizar. Era una situación muy difícil. Decidí ir al encuentro.

P. Es decir, que si el IRA hubiese matado en el robo de bancos o en otras acciones, ustedes hubiesen suspendido el proceso.

R. Hubiese sido muy difícil. Si colocan una bomba y matan a gente, como en Canary Wharf, creo que hubiésemos roto las negociaciones, aunque mantendríamos un contacto secreto con el IRA, esperando regresar al proceso. Pero no podrías seguir con esa negociación abierta y pública, porque estarías enviando el mensaje equivocado. El objetivo consistía en acabar con su estrategia dual desde los años ochenta, la urna en una mano y la metralleta en la otra. Teníamos que lograr que dejasen la metralleta. Si les permites eso, seguirán haciéndolo, porque les resulta mucho más fácil. Hay muchas áreas grises en todo esto, porque había palizas de castigo, expulsiones de gente de sus barrios e incluso en nuestro primeros meses mataron a dos policías. Nos aclararon que era un comando escindido, y nos aseguraron que no ocurriría de nuevo. Hay muchas áreas grises en todo esto. Los gobiernos tienen una papeleta difícil, pero es importante mantener ese contacto que, al principio, casi siempre va a ser secreto, mientras la violencia sigue. Pero creo que no hay que descartar el hablar con el grupo, porque estás cerrando la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz. Ésa es la razón por la que digo que ahora hay que hablar con el Talibán y con Al Qaida, si se puede.

P. Usted cree que Adams y McGuinness tenían dificultades para convencer al resto del IRA ¿Se basaba en la inteligencia secreta sobre el grupo o en lo que le decían?

R. En una combinación de las fuentes de información que teníamos y también en lo que nos decían, en cómo se comportaban. Llegamos a un mutuo entendimiento a lo largo de todo este tiempo sobre aquello a lo que se enfrentaban y sobre aquello a lo que nos enfrentábamos. Se plantea la cuestión de aceptar si existe diferencia entre el IRA y el Sinn Fein. Para esos movimientos terroristas resulta conveniente tener una rama política a la que la gente vota, que le da legitimidad y que habla en su nombre públicamente y para los gobiernos puede ser conveniente tener una organización más o menos respetable con la que pueden hablar. Eso plantea peligros morales, porque te puedes encontrar pretendiendo que no estás hablando con un movimiento terrorista cuando en realidad lo estás haciendo. Pero hay capas de complicaciones en todo esto. Es cierto que resulta beneficioso en una negociación presentar a una gente con la que tienes que negociar y por otro lado a una gente en la sombra que se dice que es más difícil. Pero en este caso creo que es cierto que tuvieron dificultades. Tony decía que era una relación similar a la del grupo parlamentario laborista y la Ejecutiva Nacional del partido. Tenían unas broncas tremendas. Creo que es una buena analogía. Adams y McGuinness no podían pacificar al IRA simplemente porque así lo quisiesen, aunque estaban estrechamente vinculados al grupo. Adams y McGuinness tenían muchos problemas con los comunicados del IRA (que acordábamos). Iban a negociar con la gente del IRA, en la noche, con el sonido del motor de un tractor en marcha para evitar las escuchas, intentando que aceptasen lo que se les proponía. Siempre volvían con cambios, que hacían las cosas más difíciles. Pero esa relación es muy importante y en otros países no existe de la misma manera. ¿Está el partido político totalmente sometido al movimiento militar? Ésas son las cuestiones que se plantean en todo el mundo, desde Turquía a España, Sri Lanka o Filipinas. Hay que evaluarlo en cada caso.


P. En el caso de Al Qaida, es aún más dificil, al no estar estructurado de una manera convencional.

R. No está estructurado en absoluto, es una organización amorfa, no está nada claro lo que es…

P. Y la idea de diálogo…

R. Lo de Al Qaida es muy complicado, pero cabe imaginar que, si persuades a Al Zawahiri o a Bin Laden para que renuncien al terrorismo, eso puede tener un gran impacto en la organización. Si pueden convencer a cada unidad en todo el mundo es otra cuestión. Lo mismo puede decirse del MNLF en Filipinas, no está claro que puedan convencer a todos los clanes que luchan. Yo no quiero sugerir que Irlanda del Norte es una plantilla que sirve para cualquier lugar del mundo. Su disputa era diferente a otras disputas y la solución que encontramos es diferente. Las lecciones son más sobre la manera de actuar para alcanzar la paz que sobre las peculiaridades de Irlanda del Norte. Hay gente aquí de la derecha que dice que no hay ninguna lección. Eso me parece tonto, porque lo que es llamativo es lo interesados que están líderes políticos de todo el mundo. Pero lo importante no es aprender sobre el acuerdo final sino sobre los errores que cometimos, sobre cómo llegamos al acuerdo final.

P. Elogia a los líderes políticos norirlandeses en el libro, pero también los describe negativamente. Adams y McGuinness pretenden ser grandes estrategas pero, tras cada retirada de la mesa, tuvieron que ceder. Trimble y Malone discutían delante del presidente de Estados Unidos. Gente bien cualificada no participa en política en lugares violentos.

R. El punto general es correcto: gente de calidad no participaba en la política de Irlanda del Norte, porque no podía lograr nada. Se les pedía entrar en un movimiento de protesta. Sin embargo, Adams, McGuinness, Trimble, Paisley, Hume, son políticos de estatura considerable. Estaban dispuestos a correr riesgos, algo que no muchos políticos hacen. Creo que Irlanda del Norte fue increíblemente afortunada de tener esos políticos, que entraron de alguna manera en el sistema y estaban en el lugar adecuado en el momento adecuado. Por supuesto, son humanos, como todos los demás, cometieron errores, como nosotros cometimos errores. Intenté escribir el libro sin el beneficio de la perspectiva, de tal modo que se pudieran ver los errores, los callejones sin salida en los que nos metimos y cómo retrocedimos desde allí. Porque la gente tiene esa idea de que lograr la paz en Irlanda del Norte era inevitable. Nunca fue inevitable.

P. Adams y McGuinness habían estado en el liderazgo del IRA muchos años y Paisley casi inició el conflicto. Hay una continuidad en los extremos, que quizás es importante.

R. Creo que hay algo interesante en eso. Una de las críticas de la derecha en este país es que sacrificamos al centro moderado y dimos todo a los extremos. Pero, primero, intentamos construir con el centro moderado, con el SDLP y los unionistas, pero el SDLP dijo que no avanzaría sin los republicanos. O sea que teníamos que incluir a los republicanos. Y seguimos con Trimble hasta 2003. Blair encendió velas por Trimble mucho después de que el Gobierno de Dublín, nuestro Ministerio para Irlanda del Norte, su propio partido y los electores de Irlanda del Norte se hubiesen hartado de él. Intentamos construir desde el centro con toda nuestra fuerza. Pero quizás es realmente más sencillo alcanzar un acuerdo entre los extremos, porque, bajo el principio ‘Nixon va a China’, no hay nadie que les pueda desbordar, que les haga la vida difícil. Como digo en el libro, en España, el PP constantemente acosó al PSOE cuando intentaba llegar a un acuerdo con ETA. Pero, cuando el PP intentó llegar a un acuerdo con ETA, fue más fácil porque nadie le atacaba. Es decir, que ocurre también en otros países, es más fácil para esos extremos llegar a acuerdos.

P. La disputa en Irlanda del Norte sobre las interpretaciones opuestas de la autodeterminación se resuelve finalmente con el fomento de la multilateralidad.

R. Yo trabajaba en el Foreign Office en 1989 cuando se estaba acabando el comunismo, y escribí un informe sobre la autodeterminación, prediciendo la quiebra de la Unión Soviética y de Yugoslavia, que fue muy criticado. La autodeterminación es efectivamente un concepto muy difícil porque ¿cómo puedes definir la unidad que se autodetermina? ¿Es Chechenia? ¿Es Abjasia? ¿Es Georgia? ¿Es Rusia? Ésa fue siempre la falla lógica en la posición del IRA, que decía que sólo la isla de Irlanda tenía el derecho de autodeterminación. ¿Por qué? ¿Por qué no Escocia o Gales? ¿Un pueblo, una calle? No hay una manera sencilla de definir la unidad. Por tanto, llegas a la conclusión de que el asunto no es la autodeterminación sino el consenso de la población. Si vas a gobernar esa población durante un período largo de tiempo, tienes que obtener su consenso. El ejemplo interesante en todo esto es Transilvania, que fue disputada por Hungría y Rumanía durante siglos. Pero ahora, cuando se les han reconocido sus derechos y se les permite su expresión política, el problema se ha resuelto en general. Si miras a Escocia, tiene un gobierno del SNP pero el apoyo por la independencia ha bajado a un 30%. O sea que dándoles su poder autonómico, con su Parlamento, ahora gobernado por los nacionalistas como una reacción al largo dominio del partido Laborista, realmente reduces la presión por la separación y la autodeterminación. Y creo que también lo ves en Irlanda del Norte por la manera en lo que lo hicimos. La manera de diluirlo es que la gente se concentre en la cuestión del consenso más que en la autodeterminación y, al final, se llegó al acuerdo de que el estatus de Irlanda del Norte sólo se puede cambiar con el consenso de la gente. Una vez que tienes eso, es más fácil resolver el asunto político. Ahora bien, si estás en un lugar como Cachemira, no está nada claro que la gente vaya a votar para quedarse donde está. O sea que no resuelve el problema en todo el mundo, lo hizo en Irlanda del Norte. Pero para India sería muy difícil aceptar el principio del consenso. Pero, si realmente vas a gobernar ese territorio durante mucho tiempo y en paz, tienes que llegar a un consenso. Y eso tiene que ver casi seguro con autonomía, respeto por la identidad y derechos culturales. Es interesante que en Turquía el PKK ya no está pidiendo independencia sino derechos culturales y de uso de su idioma.

P. ¿Cree que habrá algún día una Irlanda unida?

R. No lo sé, nadie lo sabe, pero no lo creo. Creo que la idea de una Irlanda unida dejará de ser tan relevante. Porque, cuando la UE deviene más importante, la frontera se convierte en menos relevante. Siempre recuerdo la vez en que Ian Paisley vino a vernos, en el momento de la fiebre aftosa, y nos dijo: “Nuestro pueblo es británico pero nuestras vacas son irlandesas”. Si las vacas son irlandesas, quizás la frontera no importe tanto.

P. ¿Tenía el proceso de paz que ser tan largo?

R. Cuando, para escribir el libro, leí las minutas archivadas de las reuniones, que el Gobierno me dejó consultar, detecté cosas que alguien había dicho y que yo no oí en aquel momento. Pensé: ‘Ah, dijo eso; ahora sé lo que quería decir’. Si lo hubiese entendido entonces, creo que podíamos haberlo hecho todo en dos semanas. Pero es sólo una broma. Lo más importante es que, aunque llegues a un acuerdo como el del Viernes Santo, eso no reconcilia a la gente. Han estado peleando durante treinta años. Alcanzar un gran acuerdo es una catarsis, pero no resuelve todo. No se fiaban los unos de los otros. Creo que necesitabas todo ese tiempo para crear la confianza. Y no ha terminado.


Aquí tenemos fiesta, Bank Holiday, el lunes. Me despido hasta el martes.

Enjoy the weekend.

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