Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
La megafonía del tren traía una mala noticia. Nos acercábamos a Clapham Junction donde por culpa de las obras el andén quedaba corto. Los pasajeros con intención de bajar en la estación tendrían que utilizar las puertas en los nueve primeros vagones.
Yo iba en el penúltimo, recogí mis bártulos y comencé a andar distraído. Cuando la mujer menuda y gruesa que arrastraba una maleta de volumen equivalente al de su cuerpo bloqueó mi camino, calculé que posiblemente ya había avanzado lo suficiente, dos o tres vagones.
- ¡Aaghhhh!- dijo la mujer, que se agarró deshecha a una barra-. No puedo más.
Un día no muy lejano habrá una cuestación para levantar una estatua con mi figura en la estación de Clapham Junction. Seguro que no soy el único que la merece porque allí Network Rail, propietaria de las infraestructuras del ferrocarril británico, ofrece a los varones del reino y de sus aledaños la oportunidad de ser un ratito lo que quisieron ser eternamente: unos santos.
La estación es un cruce de vías y de escaleras, no hay manera de salir de allí sin subir o bajar unas cuantas. Madres con coches de niño, con niño y bolsas, te sonríen ya en el interior del tren sin ánimo alguno de coquetería. Mujeres que han comprado maletas con una gran cámara de tela barata en la que han cargado chaquetas de punto, bragas y también la nevera, y que quieren arrastrar tal cosa con un mango minúsculo y rueditas de todoacien, deambulan por los andenes con aire de no poder más.
Los caballeros, especialmente los de provincias, no acostumbrados a simular indiferencia, acarreamos entonces por las escaleras de Clapham Junction niños, madres, neveras.
O sea que ya me estaba haciendo una idea del inmediato porvenir cuando la mujer menuda y gruesa con un maletón de risa se dio la vuelta y me dijo amagando sollozos: "Tengo roto el pie".
Muy tardíamente se levantó un hombre que estaba sentado en el mismo vagón y le ofreció asiento. Había otros vacíos, la oferta no era necesaria, simplemente estábamos en pie, junto a la puerta, a la espera de la estación.
Yo conocía a ese hombre. El día que presentábamos un libro en un salón conservador se me acercó, tuvimos una conversación muy agradable, aunque algo tiesa, y me deseó fortuna para el libro de una manera tan bondadosa como formal, un poco infantil, de hombre refugiado con excesivo rigor tras las normas aprendidas de la buena educación.
Y reconocí también su kippa, el solideo de los judaístas.
Llegó hasta allí una mujer joven, con unos ojos bellos que conocían la quiebra, y me preguntó si íbamos bien en ese vagón. Le dije que sí. Se quedó un rato pensante, como si no fiara su suerte a la mía y dudase sobre seguir su marcha hacia el siguiente vagón, pero al fin tomó asiento al otro lado del pasillo donde se sentaba mi conocido.
Quien se puso en pie, de nuevo tardíamente, para ofrecer también innecesariamente asiento a la mujer joven. Pero la oferta fue tan a destiempo y tan ostentosa que la mujer pareció ofendida y le miró con mala uva. Sostuvo la mirada de encono.
El hombre se concentró en la lectura y la mujer le observó con dureza durante un largo minuto. Al observarle de perfil, la mujer también veía su kippa. No sabría decir si le irritó adicionalmente el gorrito o sólo la falsa cortesía a destiempo.
Llegó un ciego con un perro y me preguntó si estaba en el lado bueno para salir en Clapham Junction. La mujer menuda y gruesa me dijo bajando la voz que había dejado el asiento al ciego en el vagón en el que estuvo sentada, que estaba lleno, y que por eso le dolía aún más el pie.
Llegamos a la estación. Bajó la mujer joven sin mirar al judaísta, que seguía hasta Victoria. Se fue el ciego muy rumboso con su perro. Y yo me fui con la bolsa disparatada y la mujer gruesa, menuda y coja escaleras arriba en el andén 13 y abajo en el 17. Iba a Northampton.
- Se van a reír de mí- me dijo.
-¿Por qué?- le pregunté sin ganas.
- Porque tengo una lesión de futbolista...
¡Era una bolsa inasible y pesadísima!
- Me he roto el metatarso.
- Como Beckham- le dije.
- Sí- y sonrió divertida mientras se sentaba a esperar su tren.
Cat Stevens. Peace Train.
Enjoy the weekend.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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5 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Jabi dijo
Hola,
ya que llega el fin de semana y que mi imaginación también ha cogido un tren voy a dar u poco de color de cine clásico a esta historia: Solo te ha faltado añadir que atravesabais la India y la señora era Ingrid Bergman y erais continuamente atacados por Sighs....o que ibas en un tren a por los alpes en un país sin nombre conocido y rodeado de espías (tal vez la señora o la chica guapa! por dios claro que si, la chica guapa!!)...o quizás eran los prolegomenos de la IIGM y salíais de Alemania.
Me encanta el cine clásico. Mis agradecimientos para este comentario a: Alfred Hitchcock, "La India en llamas", y otros títulos y autores de los que no me acuerdo. Y por supuesto a Ingrid Bergman.
Have a nice wknd!
Jabi
Renata dijo
Muchas gracias a ti Iñigo y a tod@s los que nos habeis echado una mano con el carrito del bebe en el bus o el tren, de verdad que es algo que sin ayuda en algunas paradas puede ser misión imposible.
Feliz fin de semana a tod@s
JuanKar dijo
Siempre he pensado que lo mismo trenes que autobuses dan mucho de sí. Si Jabi propone la estampa en la india con actores y todo, se me ocurre otra un poco más cercana con un Paco Martinez Soria con su maleta de carton y una cesta con huevos y gallinas en mitad de cualquier provincia ... o en tono un poco más british a Leonard Rossiter en el papel de Mr Pig.
txiguin dijo
Que suerte la tuya (y la de otr@s) Iñigo, que entendeis que dicen por megafonia.
Lleguè a mal comunicarme en Inglès (me hacia entender y me costaba horrores entenderles) y una de mis "fustraciones" era que en estaciones de tren, autobus o aeropuertos no entendia un carajo de lo que decian (pillaba palabras sueltas pero NUNCA que me querian decir realmente) y que cara de bobo se te queda, que habrà dicho?, serà importante? me afectarà?.
No conozco el tren en Londres, pero en Dublìn el Dart (tren de cercanias desde Howth hasta Greystones unos 35 kms) lo lleguè a conocer como puedo conocer el Santurce Bilbao de Renfe por ejemplo. Conocia accesos, rampas, pasos a nivel a subnivel y ect etc. A lo que iba. En el Dart se veian muchas rampas en vez de escaleras en los accesos, sino era el principal el secundario tenia acceso para minusvalidos, gente con problemas de movilidad etc, pero habia alguna excepciòn en la que como dice Iñigo no hay manera de entrar o salir de alli sin subir o bajar unas cuantas escaleras y una de esas estaciones es otra "junction", en concreto la de Howth (4 andenes y para ir de anden a ander pues con escaleras puente que sobrevuelan las vias y de 30 escalones no bajan).
Sorry por la parrafada. Bye cuidaros.
asier dijo
Una peli que me gusta mucho, con banda sonora de Cat Stevens.
Harold and Maude:
http://video.google.com/videoplay?docid=-118624725664125506&ei=qKWaS_7iOMag-AabmIWdDQ&q=harold+and+maude&hl=en&view=3&dur=3#
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