Un bucle de trenes

 

Llaman a la puerta los vecinos antipáticos de dos puertas más allá (barbilla enhiesta, nunca un saludo, niña chillona). Vienen, él y ella, corteses y tan mal avenidos, a pedir firmas para oponerse al plan del ayuntamiento y de la empresa nacional de infraestructuras ferroviarias para remodelar la estación.

Les dije, porque llevo muchos años aquí y manejo ya algunos códigos, que tenía al respecto sentimientos encontrados, que aquí no se expresan por confrontación sino por mezcla (mixed feelings).

La gente se opone aquí muy fácilmente a cualquier cambio. Es el síndrome de nimby (not in my back yard), que nada altere la placidez de mi jardín. Nadie quiere que se construyan viviendas y aún menos en edificios de varias alturas.

Habrá más población, más demanda de servicios públicos que ya revientan por las costuras y además todos queremos el horizonte bello y cursi de las casitas inglesas, prolongar esta ensoñación paisajística de campiña y urbe.

Cuando les invité a entrar ya pude decirles que no había firmado las cartas de protesta que pedían vecinos en la estación hace unos días. Nuestros hijos tendrán que vivir en algún sitio cuando terminen sus estudios, no podrán endedudarse para  pagar los millones que ahora cuestan estas casas. El ayuntamiento tendrá que aumentar los impuestos si nos negamos a todo lo que pueda generar más ingresos fiscales.

R., el vecino de cromosoma Y, habla con una lógica bien educada. Desplegó su proyecto- es arquitecto- y lo explicó. Es mucho mejor que el municipal, aunque las cuestiones del dinero posiblemente exigirían el cruce en algún punto intermedio.

Y le dije que firmaría la petición al alcalde cuando argumentó que el gobierno conservador ha promocionado la idea del localismo, una participación vecinal en los grandes proyectos del planeamiento urbano, y que el ayuntamiento no escucha al grupo organizado para contestar sus decisiones.

El mismo gobierno ha aprobado esta semana la puesta en marcha de un proyecto que me parece, sin conocer los argumentos con la suficiente profundidad como para que esta opinión merezca más crédito que la de cualquier paisano, tan demencial como la Y vasca. Quieren unir Londres con Birmingham mediante una línea de tren de alta velocidad.

El coste se cuenta  ahora en unos 35.000 millones de euros, que serán más al final. Para lograr una diferencia de unos 20 o 30 minutos en el trayecto que ahora se recorre en dos horas. Quieren extenderlo en el futuro hacia el norte.

Hay una protesta amplia, que va desde los políticos conservadores que representan a circunscripciones cuyo paisaje será alterado a particulares, economistas, expertos en trenes,… que lo consideran una estrategia económica de élites, siempre tan necesitadas de la máxima velocidad.

Acháquenlo a mi gusto por los trenes, por el manjar de observaciones o lecturas que uno puede extraer al tiempo en un tren, y al bucle que uno arrastra, pero todo esto me ha llevado a pensar en lo nuestro, en las bombas de ETA contra las empresas de la Y, en que Bildu, o lo que sea, debe ser lo único visible que se opone- o se oponía- a la Y que ya se horada y se tiende, al despliegue de velocidades altas en tren; a las que no me opongo por sistema sino por cálculo de conveniencia.

Si me preguntase en mi provincia algún insólito partidario del localismo le diría que, según mi experiencia, cuando voy en tren de San Sebastián a Ormaiztegi, por ejemplo, siguiendo el recorrido de la en mi infancia aún famosa carretera nacional N-1, hay dos trenes en una hora, paran en todos los apeadores y estaciones y hay muy pocos de mercancías. De San Sebastián a Vitoria, la capital vasca, hay ocho trenes en todo el día.

Desde mi estación al centro de Londres hay seis cada hora, unos con paradas en dos estaciones y otros en todas. Hay muy pocos de mercancías también aquí, país con carreteras saturadas.

La gran urbe de Euskal Hiria (Atxaga dixit) unida por la frecuencia del transporte colectivo me parece más atractiva y moderna que el flis flus del tren vertiginoso para pocos.

Aquí, vecinos antipáticos y gente con ganas y saberes discuten las decisiones de los mandamases. Qué pena tener que elegir allí entre unanimidad, silencios o la protesta burda y violenta.

 

Errata: Leyendo de nuevo la información sobre el TAV de Londres a Birmingham descubro que el trayecto se hará en 49 minutos, que es una mayor reducción que la que yo creí que lograba. Tener una línea de alta velocidad en el país, que luego se extienda en forma de Y hacia el norte no parece tan demencial, como escribí, que nuestra Y. Aunque se le acerca.

 

Mari Bone Persen. Voui Voui Mu

 

Enjoy the weekend.

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