Arrebato en una noche cualquiera

 

En una esquela por la muerte de Manuel Fraga leo estas asombrosas letras:

“La Xunta de Galicia, en nombre de todo el pueblo gallego, manifiesta su pesar…”

¿Cómo es posible que el redactor de esto forme parte de ningún gobierno? ¿No es una demostración palmaria de nuestros males la falta de cortesía, de civismo, de sentido del ridículo, de este escritor que dice hablar en nombre de todo el pueblo? Sea quien sea el difunto.

Es decir, que a por ellos y a por todos los demás.

¿Cómo es posible que Mariano Rajoy o Cristóbal Montoro, que formaron parte del gabinete que tomó la decisión de incluir a la peseta en el euro puedan ocupar posiciones de responsabilidad en la gestión de esta crisis cuando no advirtieron los problemas estructurales que tenía el euro ni han explicado posteriormente los motivos por los que no los advirtieron?

¿Cómo es posible que políticos populares, socialistas o nacionalistas o de otro color ocupen o hayan ocupado posiciones de gestión en esta crisis, en gobiernos, bancos o cajas, critiquen a unos u otros cuando ellos no advirtieron los problemas que se cernían y que eran moneda corriente en el debate internacional y tampoco han explicado la razón por la que perdieron de vista uno de los elementos fundamentales que han causado esta crisis y que les hubiese además alertado de la fragilidad de la economía deudora que creció en la última década?

Cuando no somos capaces de hablar de nuestro pasado y de aceptarlo, de crear un discurso público que incluya el reconocimiento de errores y la vía de enmendarlos, mientras sigamos entendiendo nuestra historia como una confusa o arbitraria trayectoria que nos devuelve una y otra vez a la unanimidad de todo el pueblo y a la cretina pretensión de nuestra propia coherencia, estamos condenados a no aprender nada.

Concurso. Coloco un millón de euros- en un paraíso fiscal, usted me entiende- a quien identifique en esta foto a algún dirigente de la nación democrática que advirtiera al público de los riesgos estructurales del euro o de la deriva peligrosa del país hacia esta monumental crisis. Que trae cada día de estos meses a Londres a más y más jóvenes españoles, resignados a trabajar de camareros o vendiendo perfumes porque no tienen allí nada que hacer.

 

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