De nuevo Gibraltar

 

Entrevista con Fabian Picardo, nuevo ministro principal de Gibraltar. Nació en una familia sin herencias y llegó a Oxford, donde estudió Derecho.

El ex viceministro para Europa en el gobierno británico, Peter Hain, acaba de publicar sus memorias y retrata al predecesor de Picardo, Peter Caruana, con una frase que genera amplio consenso: “un hombre que siempre pronunciaba nueve frases cuando una era suficiente”. Picardo, parco de palabras, no tiene la exuberancia de Caruana o de Joe Bossano.

Marcos Moreno. AFP

 

Los políticos gibraltareños más simpáticos con los que he tratado han sido Bossano, con el que me he reído mucho (sigue incansable de ministro del nuevo gobierno), y el fallecido sir Joshua Hassan. Tras charlar un buen rato en su despacho (en el que trabaja Picardo), me dijo: “A veces aquí no entendemos que España es muy grande y hay gente muy variada”. Lo tomé como un cumplido.

En la idea de la España oficial sobre Gibraltar falta una perspectiva del choque de su ambición soberanista (Utrech, 1713 y todo eso) con la evolución de la política interna. Los gobiernos de Franco reavivaron su reivindicación de la soberanía cuando con el liderazgo de Hassan- todo comenzó como una protesta por la evacuación de mujeres y niños en la segunda guerra mundial- la población civil de la base militar comenzó a arrancar derechos democráticos a los gobernadores militares.

Desde entonces vamos a contratiempo, cerrando y levantando la verja, construida por los británicos y convertida en fetiche por ese genio, Franco. Pensaba hoy sobre los efectos de tal idiotez ante lo que oía. La generación de Picardo habla peor español que la anterior, porque tras el cierre de la frontera el sistema educativo se desarrolló en inglés y el uso del español fue marginado. Las medidas de cierre total o temporal de la verja son otro gran legado del franquismo, que han aceptado en algún momento de su mandato todos los partidos de la democracia.

El mismo día, ayer, en que el nuevo ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, decía que se acabó “la broma’ de la ósmosis tripartita- que procedente de Fernando Morán llega a Zapatero y Moratinos- y que a partir de ahora Londres y Madrid hablarán solos de soberanía, Picardo me contaba que eso se acabó, que está muerto, que ya lo ha dicho Londres por partida triple. La versión para el papel, redactada con afán de objetividad, sin que aparezca el yo, la pueden leer aquí.

De la ósmosis de Zapatero queda, como lo más emblemático, el acuerdo sobre el aeropuerto. El partido de Bossano y de Picardo no aceptaba que los gibraltareños tuviesen que identificarse al llegar a “su” territorio ante policías españoles. Pero no ha comenzado aún la construcción de la terminal española. Así que nada.

En la Main Street de Gibraltar pasean apaciblemente cada día- no ocurre de forma tan pública en ningún lugar de la península- cristianos, musulmanes y judíos. Me emociona verlo cuando visito el Peñón. Hay mediterráneos y daneses y también una desmesurada proporción de pillos, algunos de alto copete, entre la gente común.

Y el Campo como telón de fondo, la gente de La Línea o de Algeciras, una de las comarcas más pobres de España. Y las mujeres que llevan y traen su cartón de Marlboro, para alimentar a sus críos matando lentamente a sus vecinos.

Una parte sustancial del presupuesto gibraltareño ahora depende de los ingresos del tabaco. Entran los falsos pitillos que vienen de China en cualquier puerto, Rotterdam, por ejemplo, transitan por Europa, se quedan en cualquier parte y el papeleo de los abogados desemboca, tapado por cien mil embozos, en la fiscalidad de Gibraltar.

Que de todo esto se discuta con argumentos sobre soberanía o derecho de autodeterminación es uno de esos anacronismos de la historia del mundo.

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