El Tribunal Supremo británico fue creado por el gobierno de Tony Blair. Antes de su creación, el Lord Chancellor cumplía funciones de un ministro de justicia, de presidente de la Cámara de los Lores y de los Lores Jueces. Hubiese asombrado al cardenal Richelieu que alguien ocupase tales posiciones en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial tres siglos después.
Blair y los suyos, en particular su compañero de piso cuando eran estudiantes, cambiaron la constitución no codificada de Reino Unido y crearon el Supremo, heredero de los Lores Jueces y lo separaron físicamente del poder legislativo.
No es equiparable a nuestro Tribunal Constitucional porque el sistema británico no reconoce más soberanía que la del Parlamento (¡bravo!). Sus sentencias son opiniones que el gobierno puede considerar, no son en teoría vinculantes, pero es el máximo tribunal de apelación en casos civiles.
Aunque asistí a casos en el tribunal de los lores, que los escuchaba en una sala de comités del parlamento, no había visitado el Tribunal Supremo hasta estos dos últimos días, cuando se veía el último recurso de Assange, patrón de Wikileaks, contra su extradición a Suecia.
No crearon un nuevo edificio por consideraciones presupuestarias. Remozaron uno que alojaba tribunales comarcales y que había sido sede de un ayuntamiento de condado. La reforma está muy bien pensada. Es austera y a escala humana, práctica.
He pensado estos días sobre la ampulosidad de nuestros dignatarios, que tantas veces han gastado en nuevos edificios sin poner el énfasis en las funciones más que en la apariencia.
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En torno a esta luz de pub, tertulia vespertina con los jóvenes turcos de la universidad británica y un americano, quizás de la CIA. Hablamos del Barça y el United, de Mourinho y todo eso.
Y luego la luz velada de Damasco. Jóvenes historiadores, muy brillantes, especulando sobre lo que ocurrirá allí. Acuerdo entre ellos, con una excepción, sobre la inevitabilidad del cambio, sobre la imposibilidad de contener la marea.
¿Qué leéis?, les he preguntado. ¿Alguien tiene fuentes primarias? No las tienen. Entre toda la gente que pasea por las calles de Siria creo que solo una me reconocería, Ghada Shouaa. La entrevisté en Atlanta. Acudió acompañada de cuatro tíos, entre entrenadores y comisarios políticos. La volví a ver en Kuwait City. Me reconoció y charlamos. Una mujer joven, rígida.
Siria es un país que me resulta impenetrable. Conozco sus fronteras. El amigo americano apostaba por una guerra civil, otros decían que ya existe en pequeña escala.
Recorro el puente de Waterloo, qué frío, pensando que realmente no tenemos por el momento la suficiente información como para decir con alguna credibilidad qué puede ocurrir.
Enjoy the weekend.



