P. contó que cuando murió su amigo L. decidió escribir su necrológica. Habló con amigos y conocidos comunes, supo anécdotas desconocidas, episodios de humor y otros escabrosos. Y la publicó en uno de los grandes diarios nacionales.
La prensa española, que dicen que también se muere, publica necrológicas que son elegías escritas desde la perspectiva de los viudos. Todos los muertos eran grandes hombres, excelentes amigos, generosos y rectos.
Si nuestros lectores envejecen, una manera de retenerlos como compradores de periódicos sería publicar necrológicas más entretenidas. Daríamos satisfacción a los miles de aficionados a la escritura, que sienten la tentación de escribir algo sobre el amigo muerto, y retrataríamos la historia del país.
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El erudito S., a quien tenía como enemigo de todos los juegos, desveló a la hora del café que el snooker le parece maravilloso. Elogió su ‘perfecta geometría’.
Cuando vine a este país trabajé de portero de noche en un hotel. Desde la recepción veía el televisor de la habitación 101, donde echaban snooker cada noche. Scott Fitgerald, un diccionario, snooker, la centralita de cables,…
Porque S. es un erudito me desveló que el snooker, como el gin-tonic, fue un invento de los ingleses que administraban el Raj en India. Las tardes ociosas exigían pasatiempos más largos que el billar. Añadieron cepos, bolas y colores.
16.46. Puntualización de S., que dice que no es un erudito. Los colonos británicos inventaron el gin tonic en su búsqueda de un cóctel que paliara el sabor amargo de la tónica, que al tener quinina era un profiláctico contra la malaria.
Última partida de la final de Maestros de 2010, con Mark Selby y Ronnie O’Sullivan empatados a 9.
Enjoy the weekend.

