García-Margallo y el artículo 2º

 

La pasada semana, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, tuvo un encuentro con la prensa en Londres y un colega le preguntó por la supuesta objeción del gobierno español a una Escocia independiente.

Su respuesta fue sensata. Una Escocia independiente y consensuada en Reino Unido no es asunto en el que España tenga nada que decir. Y es diferente a Kosovo.

Luego, añadió otro argumento cabal: que el marco constitucional de Reino Unido es distinto al español. No resisten la comparación, porque los reinos de Escocia e Inglaterra eran independientes antes de 1707 y el Tratado de Unión forma parte de las leyes constitucionales del país.

El ministro opuso esa estructura británica a la del artículo 2 de la Constitución española y dijo que lo conocía muy bien porque era el resultado de una enmienda suya. No de UCD, el grupo parlamentario al que pertenecía, sino suya.

He buceado unas horas por los diarios de sesiones de aquel tiempo y las actas de la ponencia constitucional. Éstas son mis conclusiones provisionales.

El artículo 2 del Título I sobre Principios Generales del primer borrador de anteproyecto constitucional tenía esta redacción:

“Artículo 2°. La Constitución reconoce y la Monarquía garantiza el derecho a la autonomía de las diferentes nacionalidades y regiones que integran España, la unidad del Estado y la solidaridad entre sus pueblos.”

Era una propuesta de la ‘minoría vasco-catalana’, el grupo de AP se opuso porque no aceptaba la inclusión del término nacionalidades y los grupos socialista y comunista objetaban la inclusión del papel garante para la monarquía.

Anoten la equiparación de los tres conceptos: derecho de autonomía, unidad estatal y solidaridad entre regiones.

García-Margallo presentó una enmienda, la 750, que proponía la inclusión de este texto, en el que me ha sorprendido que su proposición principal es negadora, algo que, quizás por desconocimiento, me parece impropio de un texto constitucional, que imagino afirmando valores positivos:

“La Nación española no enajena ninguna parte de su territorio, único e indivisible, ni ninguno de los derechos de soberanía que en él ejerce.”

Hubo un anteproyecto intermedio, con esta redacción para ese artículo:

“Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la unidad de España y la solidaridad entre sus pueblos y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.”

Pero la versión final del anteproyecto, publicada el 16 de marzo de 1978, presentaba una redacción muy diferente:

“Artículo 2. La Constitución se fundamenta en la unidad de España como
patria común e indivisible de todas los españoles y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran la indisoluble unidad de la nación española.”

La concepción del estado ha cambiado. Es la patria la que otorga un derecho, no hay la equiparación tripartita del original.

Y de la enmienda de García-Margallo, que fue parcialmente aceptada, según las actas parlamentarias, quedan el término ‘nación española’ , reducido a minúsculas, un adjetivo literal- su territorio es ahora patria ‘indivisible’- y otro transformado, de “territorio único” a una de estas dos versiones: “patria común” o “indisoluble unidad”.

Quizás el ministro exageraba su rol en todo aquello, como casi todos hacemos sobre asuntos del pasado (algunos también sobre el presente e incluso sobre el futuro).

Pero la pregunta necesaria es: ¿cómo se cambió el artículo de tal manera sin que constase en las actas? Quizás la respuesta está aquí. De donde extraigo este pasaje:

 

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Alíviense tras el rollo con música del tiempo. Un amigo genial, Naiel Ibarrola, forma parte de la banda Le Traste, que acaba de publicar un disco, Time for the Braves.

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