A Jimmy Burns no le gusta el fútbol vasco. Eso es algo que no tiene aparente remedio. Tras adelantar en las primeras páginas de su libro que el Athletic recluta jugadores con sangre vasca, llega a la página 331 de ‘La Roja’, su viaje a través del fútbol español, con la misma idea.
El ejemplo ideal es el Barcelona y su Masía, donde “la selección de pupilos se dividió en partes iguales entre tres territorios: Cataluña, el resto de España y el resto del mundo”. Es un ejemplo por contraste con la obtusa terquedad vascona: “Era racialmente menos excluyente que la escuela de Lezama del Athletic de Bilbao, que insistió en que sus pupilos deben tener sangre vasca”. Uf.

Pero el libro es un viaje interesante del autor sobre los clubes del fútbol español y sobre la selección que ahora ha sido bautizada como La Roja. Jimmy ha escrito antes sobre Maradona, sobre el Barça y sobre el Real Madrid. Y despliega de nuevo aquí sus atributos como un gran reportero del Financial Times durante varias décadas.
En todos sus libros hay un acopio impresionante de fuentes y el trabajo de campo y la lectura de libros y archivos le permiten componer historias muy bien informadas del aspecto social de los clubes y de los protagonistas. Son siempre lecturas amenas y esta edición en inglés, que se traducirá pronto al español, no es diferente.
Burns invoca la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes como germen de la idea de la ‘furia’ española aplicada a su selección de fútbol. Habría sido una mala elección filosófica, inspirada por la hegemonía en aquel equipo de los jugadores vascos, y que llega al paroxismo con un régimen, el de Franco, que se mostró como un consumado especialista en la producción de sangre y de chorradas.
Pero la historia termina bien, con la creación mestiza en la Masía del tiqui-taca, que lleva a España de la mano de dos castellanos viejos, Aragonés y Del Bosque, a todos los trofeos que ustedes recuerdan y desean, en lograda simbiosis geográfica y política. Jimmy retrata a estos dos seleccionadores y a otros personajes con novedades de periodista y con acierto.
Les propongo una hipótesis alternativa. La hegemonía del fútbol vasco en principios del siglo XX se debió a la demografía y a la costumbre de jugar en campos de hierba en lugares en los que llueve. Los campos no eran muy buenos, tenían barro y charcos, y obligaban a los jugadores a ser fornidos y a dar pelotazos largos. En campos irregulares de tierra o de hierba en el sur, esas mismas tácticas tienen éxito ante la filigrana. Jugaban con aquellas botas y balones.
La furia es invocada con ese u otro nombre en todos los países. La adhesión al club o a la patria ha de ser siempre ardiente, furiosa, firme o total y su asociación a la hombría ha durado siglos. Ahora está en decadencia en todos los campos de juego del mundo. Porque hierbas, rodillos y drenajes han mejorado prodigiosamente en cuestión de décadas. Eso y la paulatina penalización arbitral del juego bruto han permitido la emergencia de un fútbol más técnico, el triunfo de los enanos de La Roja.
Lean el libro de Jimmy. Pasarán un buen rato.
——————————
Sangre española. Manolo Tena

