El fin del mundo que conocíamos

 

El fin del subsidio universal a los niños (Child Benefit) me parece un símbolo poderoso del cambio que estamos viviendo. Lo cobran esta semana por última vez todas las madres británicas de hijos menores de 16 años, exactamente las mismas cantidades (24.95 euros semanales por el primer hijo y 16.50 por cada uno de los siguientes).

Aunque hubo antes sistemas de protección social en otros países, la influencia británica en la mitad del siglo XX era tal que el welfare state diseñado en el informe Beveridge se convirtió en expresión de uso común en los libros en español; o también su traducción literal, estado de bienestar, que puede conducir al error sobre su significado real.

Las tres propuestas fundamentales de Beveridge fueron crear un sistema público de salud, un seguro de desempleo y el subsidio a la familia. Durante años se dio este último combinando sus ascensos y descensos con los de las exenciones fiscales por tener familia. El Child Benefit que eliminó esa dualidad fue diseñado por el último gobierno laborista antes de Margaret Thatcher e introducido por ella.

A partir de la próxima semana se irá retirando gradualmente a aquellas familias en las que al menos uno de los padres gana más de 61.450 euros anuales. Y se retira inmediatamente a familias en las que alguien gana más de 73.740.

Parece justo y lógico que no se den subsidios, en las circunstancias actuales, a gente que realmente no los necesita. Pero la segregación de madres más ricas y más pobres quiebra la idea de que toda la sociedad se hace cargo de alguna manera de todos los niños del país. No había diferencias en este subisidio. Que se da además directamente a las mujeres.

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