La casa de William Morris

 

William Morris era menos rico que el conde de Saint Simon y quizá por eso su utopía socialista era más aburrida y tuvo resultados más prácticos.

El francés ofreció un horizonte en el que los animales salvajes se hartarían también de su vida. Tendremos, según él, amistosos camaradas tigres, pero aquí seguimos esperando tan gozoso día. De la mano de Morris estaremos todos ocupados en trabajos agradables.

Trazar una subterránea diagonal del gran Londres a muy primera hora de la mañana no es desagradable si no hay que hacerlo todos los días. Así llegué a Walthamstow, donde no había estado nunca.

Fui allí con la curiosidad que me había provocado la apertura de una exposición de fotos de gente del este de Londres por David Bailey. No me interesa mucho el trabajo que le hizo famoso como retratista de gente glamurosa, pero quizás habría algo en el recorrido por la comarca donde se crió.

Es una exposición que, sin yo enterarme, se había mostrado completa en el tiempo del ágape olímpico y que se presenta aquí reducida en una sala.

Me fui de allí preguntándome si los responsables del museo no estarían mejor encaminados ofreciendo exposiciones temporales que correspondan más con las inquietudes de Morris que este tipo de cosas, contradictorias en todo con los ideales del patrón del museo y que se justifican por el reclamo del propio Bailey (allí estaba yo) y porque ambos son del mismo barrio.

Morris quería incorporar objetos de arte y buen diseño a la vida cotidiana de la población y ni siquiera pudo imaginar la popularidad que llegaría a tener la fotografía. Pero Bailey la usa para ofrecer la imagen de lugares y personas dañadas por el consumismo banal o el alcoholismo, y lo remata con el nada envidiable gusto por los  gánsteres.

La exposición me defraudó pero el museo es maravilloso, ofrece un panorama bastante completo de las ideas y creaciones de un hombre que nació en una familia afortunada y que se dedicó a una variedad extraordinaria de artesanías y de pasiones.

Según la utopía de Morris, daríamos la espalda a la industrialización que había descuartizado el East End y regresaríamos a una sociedad medieval de artesanos ahora felizmente dedicados a embellecer nuestras casas o nuestras iglesias, nuestras bibliotecas y nuestras mentes. No estamos retrocediendo hacía allí, según decían en el último telediario que vi, pero él tuvo un gran éxito como diseñador e inspirador de otros artistas.

Esta fue su casa familiar y es la sede del museo, con un espléndido parque, al que la primavera irá alegrando en los próximos días. Un descubrimiento para mí y se lo recomiendo vivamente.

 

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