El fin del mundo que conocíamos

 

El fin del subsidio universal a los niños (Child Benefit) me parece un símbolo poderoso del cambio que estamos viviendo. Lo cobran esta semana por última vez todas las madres británicas de hijos menores de 16 años, exactamente las mismas cantidades (24.95 euros semanales por el primer hijo y 16.50 por cada uno de los siguientes).

Aunque hubo antes sistemas de protección social en otros países, la influencia británica en la mitad del siglo XX era tal que el welfare state diseñado en el informe Beveridge se convirtió en expresión de uso común en los libros en español; o también su traducción literal, estado de bienestar, que puede conducir al error sobre su significado real.

Las tres propuestas fundamentales de Beveridge fueron crear un sistema público de salud, un seguro de desempleo y el subsidio a la familia. Durante años se dio este último combinando sus ascensos y descensos con los de las exenciones fiscales por tener familia. El Child Benefit que eliminó esa dualidad fue diseñado por el último gobierno laborista antes de Margaret Thatcher e introducido por ella.

A partir de la próxima semana se irá retirando gradualmente a aquellas familias en las que al menos uno de los padres gana más de 61.450 euros anuales. Y se retira inmediatamente a familias en las que alguien gana más de 73.740.

Parece justo y lógico que no se den subsidios, en las circunstancias actuales, a gente que realmente no los necesita. Pero la segregación de madres más ricas y más pobres quiebra la idea de que toda la sociedad se hace cargo de alguna manera de todos los niños del país. No había diferencias en este subisidio. Que se da además directamente a las mujeres.

Localismo era también una patraña

 

Creí que David Cameron defendía el localismo y la Big Society como deuda intelectual a un pariente suyo, Ferdinand Mount, que publicó hace unos años un interesante libro, Mind the Gap.

Su argumento es que hay un porcentaje sustancial (al menos un cuarto) de nuestras sociedades que vive con más dinero que en el pasado una vida social y cultural pobrísima.

A Mount le preocupa esa brecha y la achaca a un proceso histórico en el que los conservadores habrían perseguido las formas de organización social autónoma de los más bajos en la escala salarial y los laboristas les habrían prometido un maná que llegaría a ellos por la acción del estado.

Un remedio posible sería, según Mount, la devolución de poderes a las comunidades locales, sabiendo que cometerán errores, lo que es una forma común del aprendizaje. Se trataría de devolver a la gente la capacidad y responsabilidad de hacerse cargo de sus vidas.

Cameron y los suyos parecían ir por ese camino. Esta cita es de un artículo suyo en febrero de 2009:

“But localism isn’t some romantic attachment to the past. It is absolutely essential to our economic, social and political future. If our local economies are vibrant and strong we are far less vulnerable to global shocks or the failures of a few dominant industries. If people know that their actions can make a real difference to their local communities, they’re far more motivated to get involved – and civic pride is revived.

Que yo no aprendo a pesar de los frecuentes errores se ilustra con lo ocurrido en mi barrio, Twickenham.

El ayuntamiento ha decidido la cesión de un edificio hasta ahora dedicado a la enseñanza pública de jóvenes y adultos para la creación de una escuela católica mantenida por el estado. La oposición local es muy fuerte.

Hay reducción de servicios públicos pero se da dinero de todos a una escuela que selecciona a sus alumnos (dos de cada tres en la primaria, a todos si hay más solicitudes que plazas en la secundaria) según su bautismo.

Los católicos se quejan de que la gente proteste, cuando ya hay en el barrio escuelas anglicanas mantenidas por el estado. Las creencias religiosas sirven así como excusa común de todas las iglesias para reclamar el dinero de todos los contribuyentes.

El ayuntamiento adjudicó las obras de remodelación de la estación de ferrocarril al proyecto de una empresa privada elegido por la empresa nacional de infraestructuras del tren, que no gustó a los vecinos. Se formó un grupo, Trag, que diseñó un proyecto alternativo, con costes calculados y elaborado por arquitectos. Es un proyecto notablemente mejor.

Se han agotado las vías judiciales para evitar que ambas decisiones se ejecuten. La escuela será gestionada por la iglesia católica y financiada directamente por el gobierno central. La estación será el producto de un acuerdo entre un organismo estatal y la constructora privada.

Y el ayuntamiento ha sellado la transferencia del poder vecinal a grandes entes del poder. El localismo era esto.

—————————————–

Que el 2013 traiga muchas felicidades a quienes suben a este globo.

Buena Vista Social Club- Chan Chan

 

 

 

Dos libros

 

¿Busca un librito para regalar en tan señaladas fechas?

Sketches of Spain es un libro imprescindible para los aficionados a Lorca. Emprende a los 19 años un viaje por Castilla o Andalucía y lo cuenta con un lenguaje que explora todas las costuras del idioma. Es exuberante, también sobrecargado, y ofrece el autorretrato juvenil del autor.

En su visita a un monasterio se indigna ante la disciplina inagotable del rezo y del silencio, que ve como un intento vano de reprimir la voluptuosidad del cuerpo. La divinidad de Lorca está en la majestad de un horizonte, en el aroma de antigüedad en una iglesia, en el beso del agua en una fuente.

La traducción al inglés de este tomo por Peter Bush es una proeza, que Serif presenta por primera vez al lector de Reino Unido. Y las ilustraciones de Julian Bell hacen del libro un objeto de tinta y papel que la electrónica no puede superar.

Madrid: The History,  de Jules Stewart, que fue corresponsal en España de la agencia Reuters, acompaña con una escritura ligera en un viaje a la capital española. Ofrece una lectura amena sobre la historia de la ciudad, que es al mismo tiempo un freco de la evolución del país.

El autor rescata algunos curiosos materiales de los archivos y remata su obra con una propuesta de itinerario por la ciudad de hoy.

 

 

Yo fui guardaespaldas de Carrillo(y 2)

 

I. fue en 1978 el organizador de las primeras manifestaciones en el País Vasco contra ETA (melenas, pantalones acampanados y una pancarta: ‘No más asesinatos’), pero un día, cuando paseábamos por el río charlando de nuestra provincia y del mundo, me dijo: “Yo de lo que me siento orgulloso es  del PCE de 1977-78, acabando con las huelgas”.

Hay gente que condena ahora la transición, demostrando que no se enteró etonces de nada y que tampoco se entera ahora. I., que había cumplido su tiempo en la cárcel, estuvo en la dirección del PCE en el País Vasco y en Madrid en aquel tiempo.

Era italianizante, quería gobernar, le importaban un comino las estampas de rebeldes henchidos ante el espejo de su casa. Es decir, un tipo que entendía la situación española en 1977 y que apoyó los Pactos de la Moncloa, aquella austeridad.

En nuestro último paseo charlamos sobre la muerte de Carrillo. Le dije que, aunque los periódicos se habían hartado de elogiar su papel en la transición, me parece más meritorio que fuese capaz de crear una política sumaria desde el exilio- reconciliación nacional y pacto para la libertad- que convirtió al PCE en el franquismo en una amplia alianza de obreros industriales y gente de clase media, dispuesta a retar la intimidación fisica de los matones del régimen, y que metió el miedo a los poderosos españoles y a los países de la OTAN, que tuvieron que montar una democracia rápidamente y ocuparse a destajo para que no derivase en una situación a la italiana, con el PCI entonces cerca del gobierno de compromiso histórico.

En la transición, Carrillo simplemente desmanteló el PCE o fue incapaz de mantener aquella alianza, porque su propia biografía le empujaba a integrarse, a ser aceptado como uno más. Esa era la medida de su debilidad y la de quienes le seguían.

Hablamos del anacronismo del PCE en la España de 1977. Le recordé mi estupefacción cuando vi en la calle, cerca de mi casa, en vísperas de las elecciones de junio, un cartel que era un rectángulo rojo con una hoz y un martillo amarillos pidiendo ‘Vota PCE’. En nuestra provincia le votó el 3.6% del electorado. Llegaba el momento de abandonar aquello.

I. me contó entonces una anécdota que me impresionó. Colaboró estrechamente con Carrillo y un día, en Bilbao, le dijo que un partido con tal historia y aún apegado a las liturgias de los puños cerrados no se correspondía con el país. Y Carrillo le respondió: “Pues mira que tener que arrastrar el nombre de comunista”. Nunca me cayó bien Carrillo pero no lo tenía por tan listo.

Hablamos de nuestro pasado e I. me dijo: “Quizás Gramsci, el compromiso histórico y todo aquello fue algo pasajero y los partidos comunistas siempre fueron lo que eran antes de aquel tiempo,  lo que son ahora”.

 

Asuntos muy viejos

 

Hace unos días Juan Aranzadi me envió un breve ensayo que ha escrito para la Universidad de Constanza. Tiene el título “Otras miradas, otras memorias”. Lo he leído con gusto tras el buen humor que me provocó esta cita en las primeras páginas del texto.

Es de una entrevista del diario Gara a ETA hace poco más de un año:

“El Estado decidió dar un salto cualitativo en su estrategia: dejar a la izquierda abertzale, a través de su ilegalización, fuera del escenario político. Sin base social, sin referente político-institucional, con las opciones de profundizar en la construcción nacional anuladas, el objetivo del Estado consistía en reducir la iniciativa de la izquierda abertzale sólo a lucha armada, con la esperanza de que la represión policial la neutralizara…los estados se encontraban cómodos con la situación anterior…los estados prepararon la trampa para acabar con la izquierda abertzale, pero hemos escapado y hemos llevado la confrontación a un nuevo escenario, fuera de su control”.

No me digan que no tiene su cosa que ETA argumente que poner fin a su lucha armada es una maniobra habilidosa para evitar la trampa de los estados, que querían reducir a la izquierda patriótica a la lucha armada. Vaya quiebro inesperado. ¿Y ahora qué hacemos?

Es cosa sabida que una de las facetas del hombre, siempre tan tierno, tan cruel, tan ridículo, es su deseo de quedar bien ante sí mismo mientras regatea como puede sus grandes designios a lo largo de su vida. Los del capuchón no nos sorprenden en esto. Son tan ridículos como nosotros, que los denostamos.

——————————

Otro asunto ya muy viejo. Habrán oído hablar quizás del informe elaborado por el juez Leveson con propuestas para supervisar la prensa.

Sobre la importancia de la confianza y las consecuencias de su quiebra, sobre el peligro que traen unos medios que reclaman transparencia y rigor a todas las instituciones pero que no se los exigen a sí mismos pronunció hace diez años un gran ciclo de conferencias, luego convertidas en libro, Onora O’Neill. Pueden escucharlas aquí.

Ejemplar integración de inmigrantes

 

A  J. le atracaron el otro día. Salió a la calle para llamar por el móvil porque la señal es mala en el apartamento de su novia. Caminó en torno a la manzana y vio que un chico parecía seguirle y le observaba desde la otra acera.

En algún momento debió cruzar la calle sin que lo viese porque allí estaba frente a él. Dio a J. un puñetazo en el mentón. A J. se le cayó el móvil al suelo. El chico lo cogió.

- You fucking bastard- le dijo J. con su acento de Belfast. Los profesores universitarios también juran.

El chico echó a correr y J. le persiguió. Dice J. que ya lo alcanzaba cuando un americano que pasaba por allí le echó una mano para atraparlo.

Llamaron a la policía y el chico les dio su nombre africano. Y entonces se encaró con J. y le dijo:

- Vete de regreso a tu fucking Irlanda.

El rey, según Paul Preston

 

Disfruté la semana pasada leyendo ‘Juan Carlos. El rey de un pueblo‘, las seiscientas páginas de la biografía del monarca, actualizada con una descripción breve de los episodios recientes que han empañado su imagen y con un relato más detallado del 23-F,  en el que Paul Preston añade más información para disuadir a los que aún postulan que el rey estaba detrás del golpe.

Me decía Preston en la entrevista posterior que su punto fuerte es escribir retratos y biografías. Siempre ha buscado los perfiles psicológicos. En sus dos grandes biografías españolas, la de Franco y la de Juan Carlos, esa evolución de la persona privada en el contexto público es narrada con una acumulación tal de pequeñas piezas de información que tengo a Preston como un escritor puntillista.

La biografía ofrece obviamente un panorama de España. Me llamaron la atención en ese paisaje la crueldad de Don Juan con su hijo o personajes como Vegas Latapie, las amantes de Jaime de Borbón,  la omnipresencia asfixiante del Opus Dei,…

Pero me interesó sobre todo el relato general de un tiempo en el que un niño que no hablaba bien español y que creció atrapado entre las disputas de su padre y de un general remoto acaba metido en el corazón de la España franquista, cultivando el afecto del innombrable y convencido al mismo tiempo de que su reino no durará si no camina rápidamente a la democracia.

En la entrevista Paul Preston me reprochó- es su costumbre de historiador- que le preguntase por el futuro. Pues entonces no pregunto, afirmo: las monarquías británica y española, cuyos herederos son ahora hombres, dependen mucho más que en el pasado de las mujeres. De Catalina y de Letizia, que no son profesionales del trono educadas en familias reales.

 

 

Una banca socialmente útil

 

Andrew Haldane, director ejecutivo de Estabilidad Financiera en el Banco de Inglaterra, es un tipo peculiar. Se reunió el lunes con miembros de Occupy London, un movimiento de protesta surgido en la crisis.

En su conferencia dio el 99% de la razón moral a la protesta y argumentó que las reformas de la banca que se están emprendiendo en la UE, Estados Unidos y Reino Unido van camino de lograr la aspiración de la gente que está molesta: una banca socialmente útil.

No sabía que el banco sueco Handelsbanken es el que más rápido se extiende en el mercado británico, donde no se ha creado un banco nuevo en un siglo. Los beneficios predicados de la competencia no se han aplicado a la banca.

El banco sueco funciona de una manera descentralizada, cada sucursal tiene autonomía para ofrecer servicios básicos- préstamos hipotecarios y a empresas- mediante la evaluación personal del cliente.

Ha tenido muy buenos resultados, pero su plantilla no tiene objetivos de venta y las bonificaciones cuando los beneficios son mayores que los previstos se guardan en un fondo común del que el empleado cobrará en el futuro.

Haldane habló en su charla, celebrada en la Casa de los Amigos, sede de los cuáqueros, de la necesidad de una Reformation, no de una Reform. La reforma de la que habla Haldane es la de los protestantes, de la que surgieron los cuáqueros que fundaron Barclays o Lloyd’s. De aquello no quedaba nada en estos bancos ahora prácticamente nacionalizados.

Es una reforma de los valores, de la conducta. Me ha gustado leer las restricciones que impone Handeslbanken a sus empleados para la recepción de regalos.

 

 

 

I + D + i en el parlamento

 

En la lista de los 75 nuevos diputados del Parlamento Vasco detecto 11 licenciados superiores en carreras de ciencias. Incluyo en esa categoría a dos licenciados en Económicas y Empresariales, uno del PP y una del PNV. No creo que la gestión empresarial sea una ciencia aunque requiera manejar números con soltura.

El PNV tiene además una doctora en Química y un doctor en Biología, un licenciado en informática y otro en Biología, y una arquitecto.

En las filas de Bildu hay un ingeniero informático que es ganadero.

El PSE tiene a una licenciada en Económicas, a un doctor en Química y a una licenciada en Medicina.

Licenciados en Derecho hay 27. De los diez diputados del PP, siete son abogados.

Otoño en Dublín

 

Días deliciosos en Dublín, donde he estado por primera vez como turista. El domingo fue espléndido y emprendimos un largo paseo en Phoenix Park. Caminamos felices por el gran parque entre la variedad de dublineses domingueros. Esta ciudad cosmopolita y provinciana tiene muchos encantos.

Este quiosco está en St. Stephen’s Green.

La gente es simpática, propensa a un humor hondo sobre los trances de la vida.

Buscamos sin éxito en la catedral de San Patricio alguna huella de uno de mis escritores irlandeses preferidos, Jonathan Swift, que fue allí deán.

Al autor de Una modesta proposición le hubiese quizá gustado el arrebato moral de M., que se negó a pagar el precio para entrar en la iglesia. “Me parece un sacrilegio”, me dijo.

Trasladamos las ruinas de nuestra fe puritana hacia la vecina parroquia de St. Audoen, donde han construido un acceso moderno para visitantes que nos hizo temer lo peor.

“Entrad, entrad, es gratis”, nos dijo el cura cuando nos vio tantear con precaución los anuncios en la puerta.

La iglesia fue levantada por los invasores anglo-normandos en el siglo XII y en las contiendas entre Roma y la Reforma quedó consagrada a la fe anglicana.

“¡Tenemos una oferta!”, nos alentó el cura, ya entregado al cachondeo. “Estamos pensando en introducir una entrada a dos iglesias por el precio de una”.

Sólo en Irlanda esta santidad anárquica.

Sólo quizá en Irlanda exista junto a una iglesia anglicana otra, católica, levantada en el siglo XX a la misma santa. Los muros están separados por menos de cincuenta centímetros. Una religión para los que no se tocan.

elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.