Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

Decía Christine Lagarde en una entrevista que publicaba el domingo El País que "vamos a tener que encontrar un equilibrio entre todos, que además deberá ser sostenible y acorde con el futuro del planeta".

Pero ayer nos desayunábamos, en la portada del FT, con su siguiente paso hacia el mundo feliz. Avanzamos hacia el equilibrio, quién lo duda, pero no por el camino de la inminente armonía.

Días después de que las voces alemanas batallaran en la ondas sobre sus diferentes remedios a la glotonería irresponsable de los PIGS, Lagarde dice que para bailar el tango hacen falta dos y se pregunta: "¿Podrían hacer algo los países con superávit? No podemos solamente cumplir los principios sobre déficits. Alemania ha hecho una gran tarea en la última década, mejorando la competitividad y poniendo mucha presión sobre sus costes laborales. Pero no estoy segura de que sea un modelo sostenible en el largo plazo y para todo el grupo. Necesitamos claramente más convergencia".

Resulta que la Alemania de la gran productividad nos quiere castigar por comprar alegremente con nuestros sueldos de camareros sus BMW, a 30 años, con estéreo más casita con jardín, y que Lagarde les dice ahora, torera, torera, que, dadas las circunstancias, un posible remedio es que compren más ellos.

Más tensión en páginas interiores. Wen Jiabao, de quien no conocía su gran gusto por la paradoja, dijo el domingo, en la clausura del Congreso Nacional del Pueblo, toma ya, lo siguiente: "Lo que no entiendo es que alguien devalúe la propia moneda e intente presionar a otros para apreciarla y así aumentar las exportaciones. Desde mi punto de vista, eso es proteccionismo".

Camarada Jiabao, que viva el comunismo y la libertad. Eres un gran sabio, aunque yo iría más lejos: proteccionismo es todo, lo tuyo, lo de ellos y lo de los demás. Pero sobriamente anotemos por el momento que camarada Wen ve el establecimiento por su gobierno de una paridad diaria del yuán como algo tan legítimo o más que la flotación del dólar. Sobre un aspecto de este asunto, Krugman publica un comentario mordaz.

Es decir, que la cosa parece que se calienta entre el campo de los débiles endeudados y el de los fuertes exportadores. Me he acordado de un artículo que leí recientemente en el sitio de Roubini. Era obra de Michael Pettis, que suele escribir con muy buena información sobre China. Recordaba en ese artículo que hay dos precedentes en el siglo XX de un país que acumule, como ahora China, reservas que equivalen a entre el 5% y el 6% del Producto Bruto Mundial: Estados Unidos en 1920 y Japón en la década de los ochenta.

What happens next? Volvamos a Lagarde. "Un equilibro entre todos", recuerden, y, ya puestos, que sea además "acorde con el futuro del planeta".

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Si vienen a Londres esta Semana Santa, si viven aquí, saquen unas entradas para el Wilton's Music Hall. Hasta el día 9 estará en programa 'A Sentimental Journey' y a partir de ese día "Pirates of Penzance", que no he visto pero tiene buena reputación.

El Wilton's es una joya arquitectónica, el más viejo music-hall del mundo, que una fundación intenta restaurar mientras ofrece una programación variada. El primer cancán en Londres se bailó en este escenario. No haría falta decir más. Pero fue también cuartel logístico de los antifascistas que impidieron desfilar por el este de Londres a los uniformados camisas negras de Mosley.

Cable Street da nombre a aquella batalla y no es ya una calle con mayoría judía sino rúa ocupada por musulmanes barbudos y jóvenes dislocados. Si le da miedo la noche en la gran ciudad llegue allí desde Tower Hill; el regreso nocturno en dirección este a la parada de Shadwell ofrece más tiniebla.

'A Sentimental Journey' es una comedia musical basada en la biografía de Doris Day escrita por su hijo, Terry. Tenía un vago conocimiento sobre la vida de Doris Mary Ann Kappelhoff y me entretuvo conocer más cosas de este personaje que encarnaba en las tardes infantiles de la televisión en blanco y negro un ideal de felicidad inocente y doméstica.

Su vida sentimental tiende a lo desolador, sin embargo, pero la producción está hecha con buen humor. El público, mayoritariamente entrado en años, quería pasar un rato dulce y lo logró. La puesta en escena es básica, el reparto es OK y uno puede hacer peores cosas en el atardecer de un viernes cualquiera que meterse en el más viejo music-hall de la ciudad y ver esta comedia musical.

El único inconveniente es que a lo largo de dos horas uno escucha una buena parte del repertorio de Day. Que era una buena cantante pero...

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Quizás tendría que inaugurar una serie de malas fotografías de presuntamente nobles animales. Hace unos días fue un caballo con la cabeza cortada en una escena de una cacería y esta vez amputé cabezas y morros al sentir el arrebato de sacar el móvil, paseando por la ribera del Támesis, entre Marlow y Henley, y presentarles estos bellos ejemplares de oveja británica con una pinta sobrecogedora de ser étnicamente puros.

No voy a inaugurar la serie para que no se ría Carlos Naranjo, que es el autor de esta foto. Él dice que estaban sentados en un pub esperándonos y que vio a esta chica en otra mesa y que clic, con la cabeza entera y todo.

CONCURSO:

En el argot de la prensa un pie de foto es la frase que publicamos bajo las fotografías. En inglés la llaman 'caption'.

Esta fotografía fue obtenida con su móvil por Ramón Abarca desde la perspectiva del mundo que compartíamos: la visión de nuestro colegas, corresponsales y enviados especiales de la prensa española, ejerciendo con obvio ahínco su oficio misterioso en un reciente evento en London, England, United Kingdom.

Una semana para proponer pies de foto.

Al ganador, elegido por votación popular si hay quórum, le enviaré un ejemplar usado del World Energy Outlook 2008 de la Agencia Internacional de la Energía, un organismo desacreditado que publica unos tomos gruesos y latosos, con gráficos de colores.

Cyndi Lauper. True Colours.

Enjoy the weekend.

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Cuelgo aquí una entrevista de Jeff Randall con David Cameron.

El contexto enriquece lo que es un diálogo entre un periodista que se sabe la lección y pregunta cosas concretas y un líder conservador que habla bonito sin decir casi nada relevante.

El único trabajo que Cameron ha desempeñado fuera de la política- donde entró como asesor de ministros nada más salir de la universidad- fue como director de comunicaciones de la compañía Carlton Television .

Londres es como Nuarbe pero más grande. Y eso explica que alguien como Cameron, a sus 27 años, llegase a tal posición. Su madre era amiga de una familia que...

Randall ha hecho de todo en el periodismo económico. Cuando supo que el tal Cameron, el chico de Carlton a quien trató persiguiendo noticias, había sido elegido como líder de los conservadores, dijo: "No dejaría en sus manos ni la paga de mi hija pequeña. Nunca daba una respuesta directa si podía montar una simulación plausible".

Otros periodistas que recuerdan a Cameron en aquella época han sido igual o más duros. Algunos le han acusado de ser un abusador, un 'bully'. ¿Lleva carga de profundidad la entonación de la primera pregunta de Randall?

Más contexto. Randall, que también publica en el Telegraph, tiene ahora su programa en la televisión Sky, de Rupert Murdoch, cuyo apoyo Cameron ha buscado con ganas. Tengo la sensación, avalada con algunos datos, de que Murdoch confía mucho más en Randall que en Cameron.

Randall es de Romford, en el este ex-proletario de Londres (la última vez que estuve allí fue para asistir a combates de boxeo sin licencia), estudió en una escuela estatal y luego en la Universidad de Nottingham. Cameron, en fin, para qué hablar: cuna, Eton y el resto.

Randall es conservador, pero meritocrático, thatcherista, como Murdoch; no les gustan los aristócratas, los etonianos que están ahí por el acento, las familias, las maneras, la tradición.

Se me ocurren esos rasgos del contexto. Espero que disfruten tanto como yo viendo esto. ¡Ah! El viejo valor de la libertad de prensa tiene efectos saludables en la cultura de los países.

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Thomas Mayer, jefe economista del Deutsche Bank, es el coautor de la propuesta teórica de creación de un Fondo Monetario Europeo, que, ya patrocinada por el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schaeuble, es la noticia de la semana.

Años de enredos con el Tratado de Lisboa, llega la crisis y en pañales. Primero, hay que pedir al FMI que intervenga en economías del este de Europa para parar el golpe inminente. Luego, la incertidumbre sobre la futura solvencia de países ya en la zona euro.

Unos cuantos chascarrillos sobre el asunto:

- ¿Dónde está la presidencia europea en esta crisis y en esta coyuntura? Como José Sazatornil en las primeras escenas de 'La Escopeta Nacional', las masas, el pueblo, la cosa, merodean el palacio presidencial preguntando como aquel visitante catalán: "¿Es que no hay nadie?"

- Mayer es elocuente en la defensa de la idea durante la entrevista que cuelgo arriba, aunque faltan más detalles. Pero las críticas del gobernador del Bundesbank, Axel Weber, y del representante alemán en el Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, Jurgen Stark, han sido las más rápidas y punzantes. Un curioso enredo alemán.

Webel y Stark argumentan básicamente que quien comete faltas de disciplina ha de ser castigado y que la promesa de purgatorios presentes o futuros que le puedan sacar del apuro es contraproducente. No hay que hablar de rescates sino aplicar toda la dosis de la purga.

Todo muy bien, muy moral y muy firme, pero recordemos:

Alemania, que no cumple en este momento los criterios de déficit y deuda del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, tendría que ser también castigada, aunque no lo fue cuando los incumplió en el pasado.

¿El interés por la disciplina se debe también al interés de que cobren sin regateos los bancos alemanes que tienen instrumentos de deuda de Grecia?

Y, finalmente, que gente de tanto fuste se ponga severa con los funcionarios griegos unos meses después de mostrar tal generosidad y comprensión con bancos, también los suyos, que han llevado al mundo al borde del abismo parece chulito con los débiles y tal.

Pero la cuestión práctica fundamental es si realmente una multa es el remedio para enderezar a alguien que no controla sus finanzas.

- Si se crea el FME, ¿dónde tendrá su sede?

Estábamos asistiendo al principio de la batalla para sustituir a Trichet en el BCE, en el que parece que Merkel quiere colocar a uno de los suyos (¿Weber?)... y ahora esto.

Cito cifras de David Marsh. En 63 años, el FMI ha tenido un presidente francés durante 34; un alemán, 4. Un francés ha presidido la Comisión Europea 14 de sus 51 años de existencia; Alemania la presidió de 1958 a 1967. El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, con sede en Londres, ha tenido un presidente francés 15 de sus 18 años. Y la OCDE, con sede en París, un secretario general galo 24 de sus 61 años.

¿La sede de un futuro FME en Frankfurt, junto al BCE? Muy improbable.

Al euro no se lo ha cargado aún la crisis pero la ronca disputa por el poder nacional en sus instituciones podría muy bien llevarlo al traste. ¿Daría Sarkozy la talla?

- Una propuesta formal desde el extrarradio del mundo: ¿Y no sería sensato crear, además de lo que sea necesario ahora mismo y junto al FME del futuro, unas buenas agencias centrales de inspección presupuestaria, con poderes y credibilidad para avisar con la debida antelación sobre, por ejemplo, el más grave problema griego: el de la falsificación de datos?

Las mismas instituciones centrales creíbles de inspección serían pan bendito en la España de las autonomías, por cierto. ¿A que cada día estoy más gracioso?

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Fui al Royal Festival Hall para ver a John Cale, que iba a tocar el disco 'Paris 1919' con su banda de ahora y la Heritage Orchestra.

Nunca he visto a tantos espectadores leyendo libros antes de que comenzase un concierto. El telonero, Patrick Wolf, confesó que lleva ahora vida de ermitaño porque está componiendo pero que no podía rechazar la oferta de "interpretar para una audiencia de John Cale".

La monda, oiga.

Cale, desde su huida de Gales, rechazando lo que una protagonista de Roth, en Operación Shylock, describe como el veneno del sentimentalismo provinciano, de las lamentaciones y de la xenofobia, hasta su larga supervivencia creativa a todos los excesos hedonistas de su generación, pasando por títulos de discos como 'Música para una Nueva Sociedad', ha sido siempre un hombre con propósito, un artista en serio.

En el RFH las armonías y disonancias que Cale visita me parecieron sin embargo amortiguadas por el sonido perfecto, por el afán de conjunción de los músicos. No había desgarros y disgregaciones, sin los cuales su música pierde vigencia como arte genuino y es una sintonía más en la maraña de ruidos que mecen nuestros sueños burgueses.

'Hanky Panky No How' me rindió de nuevo y otros temas también, pero me marché pensando en algo que ya sabía al entrar, todo ha sido ya integrado

Dejaban llevar bebidas al asiento en envases de plástico pero, en el último descanso, el bar estaba cerrado. Un hombre señalaba en voz alta la contradicción entre la oferta y la realidad. A su lado un hombre más joven que, entre la galería de disfraces que lucía esta audiencia de John Cale, había elegido el de escritor con porvenir en la rive gauche , 1966, dijo en voz muy alta y con ánimo de escandalizar: "Me apetecería fumar".

A esto hemos llegado.


I keep a close watch. Music for a New Society.

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Un payaso que es además "uno de los doce líderes" de la English Defence League se dirigía el viernes, a la hora de almorzar, a los congregados ante las puertas de Tate Britain, desde donde iban a marchar hasta el Parlamento.

Fui allí porque esta gente ha provocado disturbios en varios lugares del reino en los últimos meses y la coincidencia de la visita del electoralmente triunfante holandés Geert Wilders con la marcha al Parlamento de los ultras ingleses para darle la bienvenida tenía morbo.

En este país todo es representación, teatro, y en la comedia del viernes destacaron algunos extras.

El primero, un gaitero escocés, con el uniforme completo, que quiso meterse en la manifestación de la liga inglesa- lo evitó la policía- como si anduviera distraído por el lugar fumando un canuto camino de un concierto. Explicaba el muy farsante que, ya que se había topado con la marcha y tras conocer sus motivos, le apetecía unirse.

El otro gran extra fue un salafista de caricatura, con su redonchel en la testa, su bata blanca y tó, al que la policía le preguntó qué hacía allí cuando el follón en torno a la marcha de la liga era tan visible a distancia. El monje barbudo no tenía respuesta. Llegué cuando el poli le decía que lo mejor era que se marchase de allí y él respondía con pulcritud: "Por supuesto, oficial, es mejor que estas situaciones no se inflamen". Broadway no lo mejora.

Antes de que todo esto ocurriera el payaso hablaba desde las escaleras a los congregados en la carretera ante la Tate.


Lindsey Parnaby / EFE

Era un sij sin turbante. Logré ponerme tras él, con los otros dos líderes que le acompañaban (como son doce ya sólo me faltan nueve), y sobre su hombro vi que leía un discurso que alguien le había enviado por correo electrónco. Leí su nombre, su dirección de correo,... realmente un aficionado. O quizás no.

Leía con dificultades y cortes de iletrado un discurso hondamente tonto cuando se arrancó por algo que allí no pegaba. "Siempre recuerdo", dijo, "lo que me decían dos grandes mujeres que me educaron, mi madre y mi abuela,..."

Era surrealista y empeoró. La introspección familiar no caló en el grupo que estaba a la izquierda, harto de cervezas y de grifa, que se puso a cantar "Yo soy de Inglaterra hasta la muerte...", una canción del fútbol.

Quien escuchaba con más atención era un tío de la primera fila, que tenía una manga espectacular. Debía estar emocionado por el divagar del discurso hacia una historia de madres no hay más que dos porque se volvió colérico a sus correligionarios pseudofascistas y les gritó desabrido y a punto de caerse: "¡You shut the fuck up! Que es la manera más bestia de pedir silencio que se ha oído en la historia de las escaleras de la Tate.

Ante el grotesco deterioro del entorno, el payaso orador, uno de los doce payasos que lideran la liga de defensa inglesa, calló. Tardó un rato en reiniciar su trastabillado discurso. Poco después supimos sobrecogidos que su abuela y su madre le decían a menudo que no se preocupase, que todo estaría al final bien.

Al final, esta vez al menos, los de la liga marcharon hacia el Parlamento como querían, escoltados por cordones de policías, a pie y montados, como una jauría de pit bull terriers con hambre y problemas de personalidad.

Me acordé luego de que una vez escuché a un tipo que había sido elegido jefe de Gobierno iniciar su discurso de aceptación rememorando un diálogo que había tenido un año antes sobre sus ambiciones políticas con un familiar fallecido y logró que la mitad de su Gobierno tuviese que sacar el pañuelo para secarse las lágrimas.

Era otro tipo de gente, desde luego, pero también con una chocante dificultad para sentir cabalmente el momento, en el espacio que ocupan.

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La megafonía del tren traía una mala noticia. Nos acercábamos a Clapham Junction donde por culpa de las obras el andén quedaba corto. Los pasajeros con intención de bajar en la estación tendrían que utilizar las puertas en los nueve primeros vagones.

Yo iba en el penúltimo, recogí mis bártulos y comencé a andar distraído. Cuando la mujer menuda y gruesa que arrastraba una maleta de volumen equivalente al de su cuerpo bloqueó mi camino, calculé que posiblemente ya había avanzado lo suficiente, dos o tres vagones.

- ¡Aaghhhh!- dijo la mujer, que se agarró deshecha a una barra-. No puedo más.

Un día no muy lejano habrá una cuestación para levantar una estatua con mi figura en la estación de Clapham Junction. Seguro que no soy el único que la merece porque allí Network Rail, propietaria de las infraestructuras del ferrocarril británico, ofrece a los varones del reino y de sus aledaños la oportunidad de ser un ratito lo que quisieron ser eternamente: unos santos.

La estación es un cruce de vías y de escaleras, no hay manera de salir de allí sin subir o bajar unas cuantas. Madres con coches de niño, con niño y bolsas, te sonríen ya en el interior del tren sin ánimo alguno de coquetería. Mujeres que han comprado maletas con una gran cámara de tela barata en la que han cargado chaquetas de punto, bragas y también la nevera, y que quieren arrastrar tal cosa con un mango minúsculo y rueditas de todoacien, deambulan por los andenes con aire de no poder más.

Los caballeros, especialmente los de provincias, no acostumbrados a simular indiferencia, acarreamos entonces por las escaleras de Clapham Junction niños, madres, neveras.

O sea que ya me estaba haciendo una idea del inmediato porvenir cuando la mujer menuda y gruesa con un maletón de risa se dio la vuelta y me dijo amagando sollozos: "Tengo roto el pie".

Muy tardíamente se levantó un hombre que estaba sentado en el mismo vagón y le ofreció asiento. Había otros vacíos, la oferta no era necesaria, simplemente estábamos en pie, junto a la puerta, a la espera de la estación.

Yo conocía a ese hombre. El día que presentábamos un libro en un salón conservador se me acercó, tuvimos una conversación muy agradable, aunque algo tiesa, y me deseó fortuna para el libro de una manera tan bondadosa como formal, un poco infantil, de hombre refugiado con excesivo rigor tras las normas aprendidas de la buena educación.

Y reconocí también su kippa, el solideo de los judaístas.

Llegó hasta allí una mujer joven, con unos ojos bellos que conocían la quiebra, y me preguntó si íbamos bien en ese vagón. Le dije que sí. Se quedó un rato pensante, como si no fiara su suerte a la mía y dudase sobre seguir su marcha hacia el siguiente vagón, pero al fin tomó asiento al otro lado del pasillo donde se sentaba mi conocido.

Quien se puso en pie, de nuevo tardíamente, para ofrecer también innecesariamente asiento a la mujer joven. Pero la oferta fue tan a destiempo y tan ostentosa que la mujer pareció ofendida y le miró con mala uva. Sostuvo la mirada de encono.

El hombre se concentró en la lectura y la mujer le observó con dureza durante un largo minuto. Al observarle de perfil, la mujer también veía su kippa. No sabría decir si le irritó adicionalmente el gorrito o sólo la falsa cortesía a destiempo.

Llegó un ciego con un perro y me preguntó si estaba en el lado bueno para salir en Clapham Junction. La mujer menuda y gruesa me dijo bajando la voz que había dejado el asiento al ciego en el vagón en el que estuvo sentada, que estaba lleno, y que por eso le dolía aún más el pie.

Llegamos a la estación. Bajó la mujer joven sin mirar al judaísta, que seguía hasta Victoria. Se fue el ciego muy rumboso con su perro. Y yo me fui con la bolsa disparatada y la mujer gruesa, menuda y coja escaleras arriba en el andén 13 y abajo en el 17. Iba a Northampton.

- Se van a reír de mí- me dijo.
-¿Por qué?- le pregunté sin ganas.
- Porque tengo una lesión de futbolista...
¡Era una bolsa inasible y pesadísima!
- Me he roto el metatarso.
- Como Beckham- le dije.
- Sí- y sonrió divertida mientras se sentaba a esperar su tren.

Cat Stevens. Peace Train.


Enjoy the weekend.

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Richard Sambrook era el jefe de informativos de la BBC cuando se emitió una noticia, ligeramente errónea por culpa de la improvisación en la radio, que acusaba al Gobierno de Blair de aderezar los informes de los expertos sobre las armas en poder de Irak para justificar la guerra.

La fuente era el científico Kelly, que se suicidó. El reportero, los responsables de informativos, el presidente y el director general de la BBC dimitieron. Are you happy Mr. Blair?

Pregunté a Sambrook, cuyo testimonio en la investigación de aquellos hechos por el juez Hutton me pareció admirable, en qué había cambiado el periodismo en sus treinta años de oficio.

Me dijo que en dos cosas fundamentales: la velocidad de las 24 horas- cuando yo empecé, dijo, la BBC te decía que, si te sentabas a las seis de la tarde ante la pantalla, te iban a contar lo que debías saber- y la presión por la transparencia. Los receptores ya no son pasivos, conocen los trucos y las trampas del periodismo y quieren explicaciones sobre qué se publica, por qué y cómo.

Entre nosotros no pasa nada de esto porque la población no está preparada para debatir sobre asuntos tan elevados como nuestro periodismo, ¿no?

Aquí, otra prueba:

Tras la despedida de Sambrook, que va a trabajar en una empresa privada a partir de ahora, se me acercó un hombre de la BBC y me dio un folleto con los resultados de un sondeo en 22 países del mundo. Lo he leído ahora.

Se preguntaba a la gente sobre la importancia de diferentes asuntos y se presentan los resultados en dos columnas: en la de la izquierda figura el país y en la de la derecha el porcentaje entre los sondeados que piensa que el problema que se cita es muy grave. Pueden ver el informe aquí .

España está en la cabeza de casi todas las listas. Todos los problemas nos parecen muy importantes y graves. ¿Somos, como los brasileños, unos idiotas, incapaces de discriminar?

Leo después el epílogo sobre la metodología del sondeo escrito de la manera meticulosa típica de la BBC, que aquí suelen llamar también 'la Corporación':

"Por razones culturales, algunas personas tienden a responder con énfasis en sondeos y otras no lo hacen... Parece que hay algo en la personalidad latina que les anima a expresar sus preocupaciones como muy graves y muy numerosas... Éste no es el lugar para debatir sobre si los residentes en España o en Brasil están realmente más afectados por los asuntos globales o es simplemente la consecuencia de cómo responden a cuestionarios, pero es probable que sea necesario algún ajuste".

Primero 'Pigs' y ahora bobos; y en ambos casos el mismo remedio, estos sospechosos 'ajustes'.
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¿Han oído que la libra y los valores bursátiles británicos caen como consecuencia de los sondeos que pronostican un parlamento sin mayoría? Aquí se pronosticó el tobogán financiero para el 7 de mayo, pero se ve que los sondeos ya determinan los autodenominados 'fundamentos del mercado'.

Ahora, dos segundos de calma y dos hipótesis.

Primera. Que los ultimísimos sondeos se confirman y al final Gordon Brown es primer ministro para otros cinco años. Aunque parezca una mala manera de celebrar la primavera, no todo va a ser juerga y frenesí en esta vida. Pero, ¿qué habría cambiado? El gobierno presentó un plan de ajuste presupuestario en diciembre (el Pre Budget Report). No hubo entonces alarma; luego no habría razón para sentirla si sigue el mismo gobierno.

Segunda. Que gana Cameron con una mayoría insuficiente. Gobernaría en minoría sin problemas. Lo último que buscarían los laboristas es hostigar al gobierno, cuando estarían en proceso de sustituir pausadamente a su líder y arruinados tras la fiesta electoral. Y unas nuevas elecciones llevarían probablemente a una más holgada mayoría del partido ganador.

O sea que nada de nada salvo el guirigay diario de sumas y restas, ordenadores, algoritmos mágicos y burbujas. Del resto, de los cálculos estratégicos y todo eso, que no nos hablen, que ya no cuela.

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Foto: Peter Morrison.PA

Llegamos D. y yo al tribunal de Belfast en la estela de De Juana y a D. inmediatamente le llamó la atención el color de la camiseta reivindicativa del acusado. Era una llamarada para los lugareños que le observaban, la encarnación de un 'orangismo' estridente en un lugar en el que los colores naranja y verde tienen más cargas que la cromática.

Los fundamentalistas del patriotismo vasco se pasan la vida, en su afán de ver las tramas de Northern Ireland en nuestra Basqueland, acusando a sus rivales de ser 'unionistas'. Los republicanos irlandeses acusaban a los unionistas de ser 'afrikaaners' y eso ha llegado pasito a pasito en la jerga vasca a que los 'unionistas' de allí sean acusados de practicar el 'apartheid'.

Sobre los del bando vascongado y maligno que visitamos Belfast quizás recae la sospecha de que en la noche salimos, embebidos en fes y patrias, y puesto que nos ha tocado el unionismo de aquí por puro españolismo recalcitrante y cañí en nuestras comarcas originales, pues que salimos, ya les digo, a las calles peores del Ulster y con nuestro amigotes de aquí damos guantazos a aquel católico que pillamos.

Cantando además, muy embebidos, por cierto, el brioso y muy sentido lema que recorre las venas del lealismo ulsteriano: "No surrender. Fuck the Pope". No nos rendiremos, a la mierda el Papa.

Pero ayer vimos al héroe del patriotismo vasco más fervientemente patriótico luciendo en Belfast de orangista por no pagar un tinte. Así que ahora ya todo vale.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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