Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

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02 Feb 2010

Desasosiegos (2)

Este desasosiego era privado y con esto se enmienda.

Les conté hace unos días que Lady Antonia Fraser ha publicado sus diarios, que cuentan, entre otras cosas de su vida, su romance con Harold Pinter.

Hay un pasaje en los diarios que no conté entonces y que al descubrirlo me empuja inexorablemente a dejar constancia de él en este globo, que identifica, siempre desde las alturas, los eventos trascendentales de nuestra experiencia humana.

Fraser, autora de novelas y biografías, y Pinter, dramaturgo de Nobel, decidieron entregar sus papeles a la British Library. Anotaciones, borradores, fragmentos descartados,...quedarían allí para que los estudiosos pudiesen reconstruir en el futuro más cabalmente la maquinaria intelectual de ambos.

Un día fueron juntos a ver cómo se habían archivado. Los documentos de Harold estaban ya catalogados en el interior de unas cajas perfectamente etiquetadas. Los de Antonia aún estaban en bolsas de plástico de boutiques y grandes almacenes, tal como ella los entregó.

Cuando los responsables de la biblioteca nacional que guiaban su visita se alejaron un momento de la pareja, Antonia Fraser sacó de su bolso el frasco de Miss Dior y roció sus papeles.

Los estudiosos de la obra del maestro de los silencios explorarán con tenacidad la mecánica de sus esfuerzos. Los de Fraser tendrán en sus manos pergaminos que llevan una fragancia añeja.

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El Daily Mail ha publicado estos días una serie de fragmentos del diario de Lady Antonia Fraser, Must you go?(¿Tienes que marcharte?). Es la pregunta del dramaturgo Harold Pinter a Antonia al final de una cena con amigos, el 8 de enero de 1975, que desembocó en un romance apasionado y en dos divorcios sonados.

Ella estaba casada con Hugh Fraser, diputado conservador, con quien había tenido seis hijos. Escribía y escribe novelas y libros de historia- que no he leído-, especialmente biografías de reinas y reyes. Él fue, además de Premio Nobel, a quién puede importar tal cosa, autor de obras como 'Traición', 'El guardián', 'La fiesta de cumpleaños', que le hacen uno de los grandes del teatro inglés en la segunda mitad del siglo XX. Estaba casado con la actriz Vivien Merchant, con quien tenía un hijo.

Ella es católica y Pinter, nacido en una familia obrera del este de Londres, era un judío no practicante, que accedió al matrimonio con Antonia en una ceremonia católica- una 'convalidación' de sus diez años viviendo como pareja, según el oficiante- que el dramaturgo definió como grave y simple.

¿Por qué los autores y los célebres españoles no publican este tipo de biografías y diarios tan detallados y donde los retratos de personas vivas no son siempre elogiosos? Son la comprobación del gusto británico por el drama y la comedia.

Pasa uno un buen rato leyendo los chismes de esta pareja. Aunque ella no nació con el título, su padre, Lord Longford, a quien un día vi en el Parlamento en zapatillas, lo heredó más tarde. Uno de los enigmas que inquietaban a los bien pensantes era cómo podría ella, de familia aristocrática, vivir feliz con un plebeyo con voz de barítono, carácter iracundo y maestro además, en la escena, de los silencios.

La conclusión de la lectura de la serie es que Pinter y Fraser compartían un similar romanticismo, regado de aniversarios, presentes y flores. Uno no se imagina a Beckett o a Kantor tan zalameros.

"Está obsesionado con Chile", anota en su diario Antonia sobre su marido y es que, a pesar de que votó a Margaret Thatcher en 1979- había huelga también en el Nacional-, Pinter desarrolló una personalidad política muy marcada, crecientemente amarga ante la deriva del mundo y que acompañó a la enfermedad que acabó con él.

Reviso las notas que he tomado de la lectura de las entregas de 'Must you go?" y elijo este sketch.

Steve McQueen y Pinter estaban hablando por teléfono sobre una película que el actor americano iba a protagonizar, basada en 'Viejos tiempos', obra del inglés.

El dramaturgo vestido a menudo en negro grita por el teléfono a la estrella de Hollywood.

McQueen: No me grites, no soy tu mayordomo.

Pinter: Yo no grito a mi mayordomo.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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