Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Richard Sambrook era el jefe de informativos de la BBC cuando se emitió una noticia, ligeramente errónea por culpa de la improvisación en la radio, que acusaba al Gobierno de Blair de aderezar los informes de los expertos sobre las armas en poder de Irak para justificar la guerra.
La fuente era el científico Kelly, que se suicidó. El reportero, los responsables de informativos, el presidente y el director general de la BBC dimitieron. Are you happy Mr. Blair?
Pregunté a Sambrook, cuyo testimonio en la investigación de aquellos hechos por el juez Hutton me pareció admirable, en qué había cambiado el periodismo en sus treinta años de oficio.
Me dijo que en dos cosas fundamentales: la velocidad de las 24 horas- cuando yo empecé, dijo, la BBC te decía que, si te sentabas a las seis de la tarde ante la pantalla, te iban a contar lo que debías saber- y la presión por la transparencia. Los receptores ya no son pasivos, conocen los trucos y las trampas del periodismo y quieren explicaciones sobre qué se publica, por qué y cómo.
Entre nosotros no pasa nada de esto porque la población no está preparada para debatir sobre asuntos tan elevados como nuestro periodismo, ¿no?
Aquí, otra prueba:
Tras la despedida de Sambrook, que va a trabajar en una empresa privada a partir de ahora, se me acercó un hombre de la BBC y me dio un folleto con los resultados de un sondeo en 22 países del mundo. Lo he leído ahora.
Se preguntaba a la gente sobre la importancia de diferentes asuntos y se presentan los resultados en dos columnas: en la de la izquierda figura el país y en la de la derecha el porcentaje entre los sondeados que piensa que el problema que se cita es muy grave. Pueden ver el informe aquí .
España está en la cabeza de casi todas las listas. Todos los problemas nos parecen muy importantes y graves. ¿Somos, como los brasileños, unos idiotas, incapaces de discriminar?
Leo después el epílogo sobre la metodología del sondeo escrito de la manera meticulosa típica de la BBC, que aquí suelen llamar también 'la Corporación':
"Por razones culturales, algunas personas tienden a responder con énfasis en sondeos y otras no lo hacen... Parece que hay algo en la personalidad latina que les anima a expresar sus preocupaciones como muy graves y muy numerosas... Éste no es el lugar para debatir sobre si los residentes en España o en Brasil están realmente más afectados por los asuntos globales o es simplemente la consecuencia de cómo responden a cuestionarios, pero es probable que sea necesario algún ajuste".
Primero 'Pigs' y ahora bobos; y en ambos casos el mismo remedio, estos sospechosos 'ajustes'.
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¿Han oído que la libra y los valores bursátiles británicos caen como consecuencia de los sondeos que pronostican un parlamento sin mayoría? Aquí se pronosticó el tobogán financiero para el 7 de mayo, pero se ve que los sondeos ya determinan los autodenominados 'fundamentos del mercado'.
Ahora, dos segundos de calma y dos hipótesis.
Primera. Que los ultimísimos sondeos se confirman y al final Gordon Brown es primer ministro para otros cinco años. Aunque parezca una mala manera de celebrar la primavera, no todo va a ser juerga y frenesí en esta vida. Pero, ¿qué habría cambiado? El gobierno presentó un plan de ajuste presupuestario en diciembre (el Pre Budget Report). No hubo entonces alarma; luego no habría razón para sentirla si sigue el mismo gobierno.
Segunda. Que gana Cameron con una mayoría insuficiente. Gobernaría en minoría sin problemas. Lo último que buscarían los laboristas es hostigar al gobierno, cuando estarían en proceso de sustituir pausadamente a su líder y arruinados tras la fiesta electoral. Y unas nuevas elecciones llevarían probablemente a una más holgada mayoría del partido ganador.
O sea que nada de nada salvo el guirigay diario de sumas y restas, ordenadores, algoritmos mágicos y burbujas. Del resto, de los cálculos estratégicos y todo eso, que no nos hablen, que ya no cuela.
Newsnight es el telediario de la noche en BBC2. Uno de sus presentadores, Jeremy Paxman, que es hermano del actual embajador británico en España, guió el sábado un programa especial conmemorando el trigésimo aniversario de su primera emisión.
Hubo alguna pieza recordando cosas del programa en estos 30 años, entre las que me pareció cómico el intento de mantener un debate de gran nivel frente a la puerta de Brandeburgo en el momento en el que comenzó un despliegue de fuegos artificiales que impedían a los participantes oír las preguntas.
Pero el grueso del programa se dedicó a charlar sobre los cambios en el país en estas tres décadas.
Sobre la política, que es el pan de Newsnight, se destacó su descrédito, la creciente indiferencia de la población. Que Chris Patten, ex presidente del partido Conservador, achacó a la interacción entre políticos y medios. Los segundos, con su agenda gobernada por el muy corto plazo, por el próximo minuto, habrían obligado a los políticos, y a todo quisque, a contratar responsables del 'spin', literalmente el 'efecto', como en el tenis. Los 'spin-doctors' elaboran mensajes simples y repetidos para el laberinto de los medios y eso aburre y elimina las grandes ideas, la elaboración de discursos serios, porque el sistema mediático ya no los admite.
Se dijo que el desinterés de la población por la política es producto también del mayor bienestar y de la homogeneidad de los discursos. Me gustó el argumento del novelista Martin Amis, que dijo que los cambios son positivos: se han desvelado los mecanismos de la política partidista, la gente los conoce mejor y se da cuenta de su escasa importancia.
Neil Kinnock, ex líder laborista, dijo en el apartado sobre los cambios en el papel de Reino Unido en el mundo que el acontecimiento más importante en su vida fue la caída del muro de Berlín y que allí perdieron los británicos la oportunidad de reavivar su influencia perdida tras la Segunda Guerra Mundial por sus persistentes dudas sobre la Unión Europea.
Y finalmente se habló de los cambios en la sociedad. Del impacto del movimiento feminista, que ha provocado una 'revolución imperfecta' en facetas de la vida. La novelista A S Byatt y la artista plásttica Tracey Emin estuvieron de acuerdo en que las mujeres están ahora mejor que hace tres décadas. Amis dijo que el movimiento feminista se equivocó al no centrar su reivindicación en un solo punto, el reparto igualitario de las tareas domésticas.
Hablaron de los famosos como otro cambio destacado. Ocupan el lugar de la religión, dijeron algunos, pero no lo explicaron bien o no tuvieron tiempo. Creo que desempeñan el rol modélico para las conductas que en otros tiempos ocuparon las vidas de los santos.
Jarvis Cocker, cantante de Pulp, fue como siempre sagaz y gracioso. Dijo que la fama es un mal, que él la logró creyendo que, como la religión, iba a resolver todos sus problemas, pero cayó en la cuenta de que el precio es que, si te pillan en una relación sexual comprometida o tomando drogas, se publica y te amargan la vida, cuando ahora es posible hacer todo eso sin ser famoso.
Invitaron a The Specials, un grupo también con treinta años de existencia, que despidió el programa con una de sus canciones, 'Demasiado demasiado joven"
Ayer se cumplieron cuarenta años de la emisión del primer programa de "El Circo Volante de la Pitón Monty" por la BBC.
El grupo era el producto de una fusión de comediantes de Oxford y Cambridge, con el añadido de mi preferido, el americano Terry Gilliam, autor de las estampas animadas y director de lo que para mí es el mejor producto de aquella cuadra, la película 'Time Bandits'. En competencia con 'Brazil'.
John Cleese fue luego celebrado por una farsa, 'Fawlty Towers ', en la que era el gerente histérico de un hotel. Donde estaba el camarero Manuel, from Barcelona, que ha quedado como el estereotipo del español que habla mal inglés.
Michael Palin ha tenido una carrera posterior de éxito como documentalista de viajes.
Terry Jones ha escrito libros, también artículos de periódico. Es un cultivador de viejas sagas y pensamientos originales.
Eric Iddle posiblemente quedó más amarrado que los otros a la comicidad de los Python.
Y Graham Chapman murió. Era, según Cleese, el miembro del grupo que menos contribuía a la escritura de los guiones, pero el que tenía un humor más extraño.
Cuelgo aquí una selección de la Pitón con subtítulos.
Éste es el sketch que los británicos suelen votar como el más gracioso de todos.
Éste es también recordado.
El toque español con tópico.
Y el sello de la Python, amaestrada por Gilliam.
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Cuando mi hija mayor era muy pequeñita, me desacreditó ante la familia de mi mujer. Una de mis cuñadas estaba cómodamente sentada en un sofá leyendo un periódico y mi hija le dijo: "Ah, estás trabajando".
Tras la perplejidad inicial, se dedujo sensatamente que la niña había oído a su padre que su trabajo es sentarse en un sofá y leer el periódico.
Ahora, la cosa va a peor. Ayer, la edición digital de la BBC ofrecía este titular con esa foto. "El sistema de controles sobre pederastas es defendido", dice el titular. El encargado de la ilustración es un fenómeno de este oficio. Well done, mate!
No será fácil encontrar una fotografía para ilustrar abusos sexuales de niños, pero realmente me parece asombroso que se asocie a un teclado y que lo haga alguien que se pasará una buena parte de su jornada laboral ante un teclado.
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Creo recordar que, cuando murió Michael Jackson, intercambiamos algunos comentarios y en uno de ellos le decía a un contertulio que la música de Jackson siempre me pareció mejor que la de otras grandes estrellas del pop, especialmente cuando se notaba la mano de Quincy Jones.
En la edición de hoy en el El País, Iker Seisdedos entrevista a Jones.
P. ¿Qué quería ser de mayor?
R. Gánster. Vivía en Chicago, mi padre era carpintero para la mafia. Quería ser Dilinger o los Jones Boys, los gánsteres negros más grandes de la historia. Un día vino mi padre y nos dijo: recogedlo todo, nos vamos al noroeste. Así acabé en Seattle. Así descubrí el piano.
Pure genius.
Varios Artistas - What's Going On
(De la celebración del 75 cumpleaños de Quincy Jones en Montreux)
Con motivo de los horribles atentados de ETA en los últimos días, se ha atizado de nuevo la discusión sobre la conducta de los medios británicos. En eso hay muestras de chauvinismo extremo y la frecuente convicción por quienes más gritan de que son precisamente ellos quienes más sienten y quienes hacen lo que hay que hacer para acabar con ETA. De eso no merece la pena hablar. Siempre habrá alguien que grita más.
Pero he conversado estos días con amigos sobre el viejo empeño de los gobiernos españoles para convencer a los periodistas británicos de que no escriban que ETA es un grupo separatista y que lo definan como terrorista.
Que ETA es un grupo separatista es para mí tan evidente como que es un grupo terrorista. Los dos adjetivos son igualmente válidos. Y, a partir de ahí, se consideran a menudo cuestiones de estilo en la escritura.
Pero lo que sorprende es que alguien crea a estas alturas que por llamar a ETA terrorista convencemos, avergonzamos o intimidamos a alguno de sus seguidores. E igual de extraño me parece que se piense que los británicos que leen en sus periódicos que "el grupo separatista ETA ha hecho eso..." sienten alguna simpatía por sus crímenes, pero que al decir que es un grupo terrorista la pierden.
La batalla diplomática está perdida de antemano, porque los periodistas británicos saben que en eso tienen la razón de su parte.
Pero, con ánimo de explicar a los posibles interesados lo que pienso sobre ese asunto, he recordado algo que escribí hace unos años. Es un argumento en favor de llamar a ETA grupo terrorista. Reproduzo aquí un fragmento de un artículo que escribí hondamente honrado por la petición de la revista 'Hitzaren Balioa', El Valor de la Palabra, de la Fundación Fernando Buesa.
Quizás estoy equivocado, pero créanme cuando les digo que para escribir un artículo en una publicación que lleva el nombre de un vicepresidente del Gobierno Vasco asesinado por los enemigos de la libertad puse mi mejor empeño.
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Un principio elemental del periodismo independiente es que se nombra a las personas o a las instituciones tal como ellas se nombran a sí mismas. Una simple ilustración es llamar al Gobierno Vasco con ese nombre, que es el suyo, el que consta en la ley que lo fundó, y no con el de ‘gobierno vascongado’, por que ésta es una forma de expresar una inmediata opinión sobre su naturaleza, impropia en quien escribe con afán de objetividad una noticia.
Podemos escribir sin preocupación de que alguien vaya a desmentirnos que el gobierno de Vitoria es vasco. Sólo pequeños matices irrelevantes podrían inquietar a un editor que supervisa el mapa del tiempo cuando se encuentra ante la adjetivación de la temperatura para mañana como fría. Y la discusión puede ser interesante si el ministro de economía refuta al columnista del periódico cuando dice que aquel representa la corriente liberal en el gabinete.
Otra cosa es escribir "el grupo terrorista ETA". Por que ni el grupo reivindica para sí el adjetivo de terrorista ni sus simpatizantes toman esa descripción con la supuesta magnanimidad del imaginario ministro. "¡Vosotros sois los terroristas!", nos dicen como respuesta. ¿Qué debemos hacer?
En los últimos años se ha extendido una opinión muy crítica en España sobre los medios o periodistas extranjeros que no califican a ETA como grupo terrorista y prefieren denominarlo como independentista, separatista o simplemente vasco.
En algunos casos, la renuncia a utilizar la palabra terrorista se basa en la reivindicación de un lenguaje más objetivo, que no sea susceptible de interpretación ideológica. Por ejemplo, el ente público británico de radiotelevisión, BBC, ha sido frecuentemente criticado por una supuesta tibieza frente a ETA sin tener en cuenta que, en los momentos más agudos de las campañas del IRA Provisional contra fuerzas británicas en Irlanda del Norte o mediante bombas en ciudades inglesas, sus periodistas tampoco se referían al grupo como terrorista, sino como republicano o irlandés.
Otros argumentan su rechazo a utilizar el adjetivo de terrorista con razonamientos más nítidamente políticos, que pueden resumirse en la afirmación de que unos llaman grupo terrorista a lo que para otros es un movimiento de liberación.
Para aclarar esa cuestión es necesario sustentar los criterios en la ley, que es una referencia tan ineludible en este caso como a la hora de definir un hurto, una violación o una quiebra, términos aceptados en el periodismo para describir esos actos o situaciones porque así son definidos en la ley.
La Organización de Naciones Unidas ha aprobado a lo largo de su historia una docena de convenios relacionados con delitos de ‘terrorismo’ sin utilizar esa palabra- versan sobre el secuestro de aviones o la toma de rehenes-, precisamente porque ha tenido dificultades para definir un criterio común entre sus miembros. Un ejemplo contemporáneo ilustra esa dificultad: ¿Son terroristas los periodistas de la oposición en Zimbawe? El gobierno de Robert Mugabe parece creerlo, porque los procesa judicialmente bajo esa acusación.
En 1937, el organismo precursor de la ONU, la Liga de Naciones, llegó a esta definición del terrorismo: "Todos los actos delictivos dirigidos contra un Estado con el ánimo o el cálculo de crear un estado de terror en las mentes de personas individuales o grupos de personas o el público en general".
Hubo que esperar cuarenta años para que otro organismo internacional relevante, el Consejo de Europa, ofreciese en su Convenio para la Supresión del Terrorismo, de 1977, una nueva definición, que se basa en la decisión por sus signatarios de “no considerar como delito inspirado por motivos políticos” el secuestro de aviones, el ataque grave a los diplomáticos, el secuestro o el uso de bombas para poner en peligro a las personas.
El Tribunal Constitucional español, en 1987, se refirió a esa definición del Consejo de Europa en un comentario al artículo 55.2 de la Constitución de 1978, que ya adelantó la posibilidad de suspensión de derechos de las personas “en relación con las investigaciones correspondientes a la actuación de bandas armadas o elementos terroristas". Pero el texto constitucional no ofrecía una definición de qué debían hacer esos elementos para ser considerados como terroristas.
El Tribunal Constitucional encontró, en su sentencia de 1987, la definición precedente en el derecho internacional que resultaba útil: “el elemento fundamental a tomar en cuenta es que el delito sea cometido por bandas armadas o terroristas, existiendo instrumentos internacionales, muy en particular el Convenio Europeo para la Represión del Terrorismo de 27 de enero de 1977, ratificado por España, que establecen criterios objetivos en la determinación del concepto de terrorismo".
En su resolución de 1999, la ONU condena por primera vez con esas palabras "todos los actos, métodos y prácticas del terrorismo como criminales e injustificables, allí donde se cometan y sea quien sea quien los comete" y, luego, señala que "actos delictivos con el ánimo o el cálculo de provocar un estado de terror en el público en general, un grupo de personas o personas individuales, con objetivos políticos, son en cualquier circunstancia injustificables, cualquiera que sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas o de cualquier tipo que se invoquen para justificarlos".
En los sesenta años que transcurren entre la resolución de la Liga de Naciones y ésta de la ONU ha cambiado la perspectiva. En 1999 no son terroristas solamente los actos "dirigidos contra un Estado", como se decía en 1937, pero lo son todos aquellos que quieren provocar el terror "con objetivos políticos". El Consejo de Europa, en 1977, había querido precisamente quitar el amparo de lo político a la colocación de bombas o al secuestro de personas.
Es interesante por su breve claridad la propuesta que el asesor de la ONU, A. P. Schmid, propuso sin éxito al organismo multinacional en 1992: “Un acto de terrorismo es el equivalente en tiempos de paz a un crimen de guerra”.
En 2002, la Comisión Europea adoptó una decisión marco que ofrece una exhaustiva definición del delito terrorista. Tras advertir que la decisión no rige las actividades de las fuerzas armadas de un Estado en período de conflicto “o en el ejercicio de sus funciones oficiales en la medida en que se rigen por otras normas del Derecho Internacional”, la lista europea de delitos terroristas los enumera. Y también los define más genéricamente como “los actos intencionados que, por su naturaleza o su contexto, puedan lesionar gravemente a un país o a una organización internacional cuando su autor los cometa con el fin de intimidar gravemente a la población, obligar indebidamente a los poderes públicos o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo, o desestabilizar gravemente o destruir las estructuras fundamentales políticas, constitucionales, económicas o sociales de un país o de una organización internacional”.
Esa definición parece tener alguna deuda con la aportada en la reforma del Código Penal español de 1995, que regula en su artículo 571 las condenas a terroristas definidos como quienes "pertenecen, actúan al servicio o colaboran con bandas armadas, organizaciones o grupos cuya finalidad sea la de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública".
El breve recorrido por la ley internacional y española nos desvela la cuestión política que se oculta tras el dilema de algunos periodistas sobre si deben o no deben llamar a ETA grupo terrorista. Las definiciones del delito no han cambiado mucho desde el primer convenio de la Liga de Naciones. Lo que va oscilando según la temperatura ambiente del mundo o la amplitud internacional del organismo es la definición del actor posible del delito. ¿Serán terroristas sólo quienes actúan por esos métodos- el secuestro de aviones o personas, la colocación de bombas, el asesinato de personas- contra el Estado? ¿O lo será todo aquel, incluidos los gobiernos, que quieren crear el terror entre la población o entre grupos de personas e incluso en personas individuales? ¿Será terrorista quien declare objetivos políticos para sus actos de terror o debe extenderse la definición a los grupos de delincuencia organizada que mediante el crimen o la amenaza logran mayores ganancias económicas y poder?
Ahí está la cuestión con enjundia política y legal, pero que, en el ámbito más reducido del libro de estilo de los periodistas de la actualidad, parece resoluble sin grandes controversias. Porque puede ser políticamente complejo decidir, en la fecha en que esto escribo, si quienes se oponen a las tropas multinacionales en Irak son terroristas o insurgentes- la página web de la Operación Telic, difundida por el Ministerio británico de Defensa, así los llama-, si la penetración de la Mafia en la política italiana o americana obligaría a incluirla en la lista de organizaciones terroristas según los criterios del Consejo de Europa, de la ONU y de la Comisión Europea, o si estuvo justificado el malestar de periodistas con un sentido de la justicia natural más amplio que el estricto articulado de la ley al tener que calificar como terrorista a Umkhonto we Sizwe y describir con asepsia institucional al gobierno sudafricano del ‘apartheid’.
Pero no cabe ninguna duda de que todas las definiciones de terrorismo dictadas por organismos internacionales o por la ley española se aplican a los atentados organizados en su día por Umkhonto we Sizwe e inapelablemente a los que aún perpetra ETA.
Polémicas similares ocurren con otras palabras. Guerra, ejecución, víctimas de la violencia, conflicto,...son vocablos y expresiones que han provocado reserva o crítica, porque en su interpretación se cruzan lo que dice la ley, el significado asignado por la academia o su uso por diferentes actores.
Llamar a ETA ‘grupo terrorista’ no distorsiona el lenguaje objetivo al que aspira el periodista independiente, como tampoco lo vulnera el llamar a ETA grupo independentista, o separatista, o vasco.
Quienes renuncian a llamar terrorista a ETA, por afán de neutralidad o por consideraciones políticas más hondas, se equivocan. Pero, ¿es tan importante que los medios reflejen en sus artículos que tal o cual actividad se enmarca dentro de los delitos tipificados como terroristas? ¿Contribuyen con su error los periodistas que renuncian a esa calificación a la consideración más benigna por sus lectores de los actos que describen? Es posible. Pero mi opinión es que los principales retos éticos que el terrorismo plantea al redactor de noticias no están en el uso de los adjetivos.
El sitio de la BBC en internet es el más visitado de un medio de comunicación en Europa. Es, según Alexa, el cuadragésimo séptimo en el ranking de sitios visitados en todo el mundo.
Desde su aparición, ha cambiado por ejemplo el trabajo de los corresponsales, que lo tenemos como una referencia ineludible.
Pero su efecto sobre nuestro futuro profesional también es notable. En los últimos días, Rupert Murdoch se ha sumado al coro de voces que anuncian el fin de las páginas gratuitas de los medios de comunicación.
Los propietarios de los medios- y también sus empleados, que vemos con preocupación cómo la gente se ha acostumbrado a la información gratuita- se quejan de la influencia de Google y de los agregadores de noticias.
Pero el impacto de la BBC es también enorme. Ingresa 3.500 millones de libras que le da el Gobierno tras recaudar la licencia que todo hogar paga por tener un aparato de televisión. El coste de la página web de la BBC es de unos 145 millones libras, más que el coste agregado de las páginas de todos los periódicos británicos.
Y es gratuita, lo que obliga indirectamente a los demás medios a ofrecer sus páginas también sin cobrar a los usuarios. Sólo el Financial Times carga por la suscripción a su servicio integral.
Estamos en el comienzo de los cambios que provocará la expansión de la red en nuestras vidas y el director de la BBC, Mark Thompson, está convencido de que los gobiernos británicos seguirán respaldando su idea de una BBC 'with scale and scope', grande y diversa.
Pero no sé si el principio de un ente público que provee información con criterios no comerciales- que me parece loable- y programación de calidad- que la BBC no siempre ofrece- no va degenerando en un Ministerio de la Verdad , en una creación 'orwelliana' que ahoga a los demás y reduce la diversidad.
Hace algo más de cincuenta años, un grupo de admiradores británicos de las organizaciones americanas de consumidores crearon una revista, Which?, que se puede traduciar como ¿Cual?, donde se proponían ofrecer consejo sobre la calidad y precio de los productos de consumo.
La publicación era la parte visible de una Asociación de Consumidores, que hace cinco años pasó a llamarse simplemente 'Which?'. Como es una organización sin ánimo de lucro, opera de una manera distinta a una empresa comercial. No tiene accionistas, los suscriptores de la revista son los miembros de la asociación, que promueve también campañas en favor de los consumidores.
Hoy, la revista mensual tiene unos 650.000 suscriptores, que pagan mensualmente unas seis libras para recibirla por correo.
Y publican también revistas especializadas en finanzas, vacaciones, jardinería, ordenadores. También guías de restaurantes, de asesoramiento sobre carreras profesionales, sobre cómo comprar o vender una casa reduciendo los gastos de la compraventa.
Según la organización Superbrands, que publica anualmente investigaciones sobre las mejores marcas entre el público británico, 'Which?' es la cuarta mejor marca en el capítulo de Periódicos y Revistas, sólo por detrás de National Geographic, que es americana, The Times y Financial Times. Está en el puesto 187 de las mejores marcas entre el público británico, que encabezan dos firmas americanas, Google y Microsoft. La tercera es alemana, Mercedes-Benz. La cuarta es British, la BBC.
No sé cómo pueden vivir ustedes sin una revista similar. Los tests de la revista sobre diferentes productos son imprescindibles para una vida civilizada. Se hacen por expertos en su campo, que pagan el producto sin pedir descuento antes de probarlo. La revista no admite publicidad.
En el número de febrero, se publicaban por ejemplo tests esenciales para decidir cuales son los mejores rollos de papel de cocina en el mercado. Ese círculo rojo con letras amarillas que se observa malamente en esta imagen escaneada de la revista es el sello de 'Best Buy', el mejor producto en calidad y precio, que tiene mucha reputación.
Y quizás puedan apreciar la lista de productos y su clasificación en base a ciertos baremos.
La revista suele representar también las quejas de suscriptores que cuentan a los editores alguna experiencia desagradable con algún comercio. Y, tras la victoria, suelen posar para las cámaras con ese aire de tesón metódico que hace de este país admirable cuando la causa es buena y temible cuando no lo es.
Enjoy the weekend.
El hombre del momento se llama Robert Peston. Es el business editor de la BBC y la voz y el rostro que, en informativos de radio y television, desde la mañana a la noche, cuenta a los británicos lo que está ocurriendo en estos días turbulentos.
El martes se le culpó de provocar con una entrada en su blog la caída de los valores bancarios en la bolsa. Pero este antiguo periodista de la prensa escrita, de quien sus detractores dicen, cuando le ven en la televisión, que tiene una gestualidad ideal para la radio, está recibiendo muchos elogios por adelantarse a las noticias y por explicar bien de qué trata todo esto.
El rey del columnismo económico en la prensa escrita no especializada ha sido, en los últimos años, Anatole Kaletsky, de The Times, y, en la prensa especializada diaria- es decir, el Financial Times- la firma de referencia sobre la economía internacional es Martin Wolf.
Un periodista económico, Will Lewis, es ahora el joven y famoso director del Daily Telegraph. Otro, James Harding, dirige The Times, donde sustituyó a Robert Thompson, otro reportero de la economía.
They never had it so good! Nunca fueron tan prósperos, se podría decir emulando a Harold Macmillan.
Aunque ninguno de ellos desveló las bases de ceniza del sistema financiero o logró el scoop de su inminente colapso.
¿Se acuerdan de Selina Scott? Fue la periodista que logró- se dice que a través de Constantino de Grecia, que vive en Londres- acceso al rey Juan Carlos, que le permitió filmar un documental insólito sobre la vida en la Zarzuela. El enojo del entonces jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, fue mayúsculo, según decía la prensa española.
Se convirtió en una estrella de la BBC en un magazine de la primera hora de la mañana, en los años ochenta, cuando se inventaron esas cosas, y luego ha tenido una trayectoria desigual en diferentes canales. Tiene una voz y unos ojos lánguidos y a la gente le encanta el altivo desdén que muestra por lo que cuenta, sea trágico o banal.
Dice que va a denunciar al canal Five, cuyos informativos debe ver alguien, porque le habían prometido que iba a sustituir a la presentadora titular- que disfruta de un permiso de maternidad- pero se han echado atrás por considerarla demasiado vieja.
Aquí, Selina, tal como es ahora, exhibiendo sus aún perfectas clavículas.
Aquí, Selina, en aquellos tiempos, con el casco apuntando al cielo y de nuevo sin bufanda, junto al hombre del tiempo, obviamente bebido.
Los abogados de Scott estudian la viabilidad de una denuncia a Five por discriminación basada en la edad. La presentadora ya se había quejado de que la BBC elimina a las mujeres mayores de cincuenta años. Como hizo recientemente con Moira Stewart.

Este mismo fin de semana, Fiona Bruce, presentadora estelar ahora de la BBC y en los cuarenta, decía en una entrevista que ya sabe que un día los jefes, que por definición no envejecen, encontrarán otro rostro más joven y que colorín colorado el cuento se habrá acabado.

En fin, que Jeremy Paxman, que presenta el informativo Newsnight, ha dicho la semana pasada que si eres hombre, blanco, de clase media y middle age, no tienes ningún futuro en el ente público.

Tras escuchar a todos estos, le entra a uno una gran alegría por trabajar en la prensa escrita, un sector en absoluta decadencia, condenado a desaparecer, ya moribundo- según nos cuentan-, donde por tanto no tendría sentido que los viejos y las viejas, si las hubiera o hubiese, seamos exterminados. Total, para lo que nos queda, qué mas da.
P.S. Lunes, primera hora de la mañana, inicio laboral de la semana, la temperatura ha refrescado y del sol del sábado no queda ni el recuero...what happens next? Los dos ordenadores que sostienen mi cada día más tenue relación con el mundo exterior deciden tener una avería similar al mismo tiempo. Debe ser el ejemplo nocivo de la natación sincronizada. La consecuencia es que estos posts quedarán colgados desde el cibercafé más próximo, vaya a saber usted a qué hora del día, hasta que un chispas australiano y amistoso me devuelva al menos el portátil.
En esta foto lamenteibol se puede quizás apreciar una de las intenciones de Jaume Plensa al crear su escultura en la terraza superior del nuevo edificio de la BBC. En el viejo, Broadcasting House, a la izquierda, está la antena. Frente a ella, la spire de la iglesia anglicana de All Souls. Plensa invierte la forma del cono y abre la base hacia el cielo.
Si la aguja de All Souls puede representar un Dios que desde arriba se dirige a la base más amplia de la humanidad, ahora somos nosotros los que levantamos el altavoz hacia lo que hay más allá de las nubes. Esa era la explicación coloquial que ofrecía Plensa durante el acto de presentación de su escultura en la noche de ayer.
¿Cuántas obras de arte público por autores españoles hay en Londres? Si olvidamos a los arquitectos, no recuerdo ninguna.
Notas:
1) La estatua fue encargada como un objeto icónico para la remodelación del edificio de la BBC en el centro de Londres, que terminará de construirse en 2012. Lo de 'escultura homenaje a los periodistas muertos ' se añadió después.
2) La iglesia de All Souls tiene tres mil asistentes los domingos. Me lo dijo su asesor de propiedades inmobiliarias, que seguro que sabe de números.
3) El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, habla en inglés con dificultad y es a veces ininteligible. Se lió ayer sobre las familias de los periodistas muertos que asistían al acto y yo creo que dijo que todos estábamos muertos; que es posiblemente cierto, aunque a bit rude. Explicó una historia trágica de su portavoz en Haití y no conseguí entender nada. ¿Quién murió? ¿Su mujer? ¿Una amiga?
4. A los periodistas asesinados que yo conocí, José Luis López de Lacalle y Simon Cumbers, del acto de ayer les hubiese interesado la escultura. Hubiesen observado los muamuás, los discursos, la vanidad de los benefactores VIP, con la esperanza de encontrar a alguien con quien reirse de todo aquello.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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