Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Nos visitaban unos amigos esta semana y tuvimos una charla que creo interesante sobre sistemas electorales. Qué mal empieza esto, ¿eh? Les animo a llegar hasta el final.
Íbamos de excursión y en la estación de tren estaba con su mujer el diputado de nuestra circunscripción electoral, viven cerca de nuestra casa. Coincidimos en la puerta al bajar en la misma parada y, como hemos charlado alguna vez y nos saludamos, le pregunté si estaba ya plenamente recuperado, porque había leído en el periódico local que tuvo que ser operado de apendicitis. Me explicó que ahora la cirujía es sofisticada y no requiere una larga convalecencia.
Es un diputado y un político excelente. En el escándalo de los gastos fraudulentos, lo más grave que encontraron contra él es que se enteró tarde de que podía haber cobrado un plus por residencia en Londres y preguntó a la Oficina de Gastos si podía cargarlo restrospectivamente en los dos últimos años. Le dijeron que no y allí acabó la cosa. Un tipo honesto, que ha alcanzado notoriedad de sabio en la política nacional pero que, éste fue el tema de nuestra conversación, es activo en asuntos locales.
El sistema mayoritario.
Se divide el país en 646 circunscripciones que tienen un promedio de unos setenta mil electores, aunque hay oscilaciones. Se elige a una sola vuelta. Mi circunscripción- yo aquí no puedo votar en las generales, sólo en las municipales y en las europeas- envía a Westminster un solo diputado.
Ese sistema tiene un inconveniente y una ventaja. El inconveniente es que, como sale elegido el que más votos obtiene, el voto de quienes no le han elegido no cuenta para nada. La ventaja es que el elegido tiene que ganarse el favor de los setenta mil. Cada viernes, por ejemplo, despacha en su consulta, donde, como un médico de cabecera, tiene que recibir a gente que le expone sus problemas y al número inevitable de pelmazos.
El diputado está así obligado a la representación de los intereses locales, a mantener un contacto- a través de su consulta, de reuniones o de comparecencias en los periódicos de barrio- con sus electores. Creo que el protestantismo es una razón del comportamiento individualista de los diputados británicos, pero también influye esa necesidad de responder directamente a quienes le eligen.
Eso le da poder frente a la burocracia del partido, que se tiene que andar con más cuidado a la hora de nombrar a dedo a un candidato en la circunscripción. Especialmente en las que están más mezcladas y disputadas.
En sistemas como el español, el burócrata de la sede del partido tiene más poder. Si no te portas bien, te quita de la lista o te baja en el orden. Es una pena que el empeño sensato en dar poder a los partidos tras tántos años de partido único haya degenerado tan pronto en un partitocracia con burocracias que quieren coparlo todo. ¿Ayuda el sistema electoral?
Aquí están pensando ahora en un cambio del sistema, pero todos quieren mantener la relación del diputado con su circunscripción. El Gobierno está sugiriendo un sistema que combine la elección por circunscripciones con listas nacionales, de tal modo que el porcentaje de voto nacional lleve a unos cuantos diputados al Parlamento.
Así se ganaría en representación proporcional. Porque ahora un partido con el 35.3% de los votos, el Laborista en las últimas de 2005, puede obtener 356 escaños, otro con el 32.3%, el Conservador, 198, y el tercero en discordia, los Liberales-Demócratas, el de mi diputado, 52 escaños con el 18.3% del voto nacional.
La gente con voz grave que disfruta con expresiones como 'sentido de Estado' suele decir que esa distorsión no importa y que el sistema es bueno porque crea mayorías holgadas para gobiernos estables.
Un sistema interesante es el irlandés . En cada circunscripción se eligen varios diputados, pero el votante los marca por orden de preferencia. Si uno obtiene la mayoría simple de los votos ya es elegido, pero los escaños se van adjudicando en función de las marcas mínimas para la elección en base al número de vortos emitidos y de escaños en juego y se van sumando para la elección de diputados sucesivos las segundas, terceras, cuartas,...preferencias de cada candidato. Todos los votos, todos los votantes, cuentan.
¡Se puede votar- 1, 2, 3, 4, 5,..- a gente de diferentes partidos! ¿Se imaginan? ¡Qué horror! ¡Qué desconcierto! ¡Qué bonito!
Ell sistema irlandés suele provocar el escándalo de los esforzados de la pluma, el micrófono y la cámara, que llegan a Dublín a cubrir elecciones, estadio letal del periodismo, y descubren que no habrá resultados hasta unos cuantos días después. Otro punto a favor del sistema, porque, ya lo decían nuestros padres, la velocidad y el tocino nunca deben confundirse.
The Drifters. Money Honey. 2006
Enjoy the weekend.
Cerca de un millón de británicos vota a un partido nazi. Así de simple.
Uno de los rasgos más estúpìdos, e irrelevantes, de la política española es la moda de llamar fascista a cualquiera que es de derechas y tildar despectivamente de progre a todos los que son de izquierdas. Cuanto más se parecen los partidos más artificial es la polémica y en mayor énfasis se empeñan los energúmenos.
Que sirva lo anterior como preámbulo para justificar que llame nazis a a Andrew Brons y Nick Griffin, los dos diputados del British National Party elegidos el domingo para representar a los británicos en Bruselas.
El BNP sigue la estrategia de no ahuyentar electores con soflamas racistas pero no cabe duda de que lo son.
Brons pertenció al Movimiento Nacional Socialista, la rama británica de WUNS. Los líderes de aquel grupo hitleriano en la posguerra eran John Tyndall y Colin Jordan. Lo único entretenido de su historia es que Françoise Dior, la sobrina del modisto Christian, se comprometió en matrimonio con el primero y, tras su encarcelamiento, se casó con el segundo, que salió antes de la cárcel. Lo demás es de catón. Del Movimiento Nacional Socialista a la formación del Frente Nacional y de ahí al BNP. Griffin, más joven, se subió a la grupa de Tyndall y aquí sigue.
No se ha producido un aumento espectacular de votos. Es el desplome del voto laborista sumado a la alta abstención lo que ha permitido que, con un mínimo aumento del porcentaje de votos, dos nazis se metan en un Parlamento para representar a los británicos. A los ingleses de Yorkshire y Humber, a los de la circunscripción Noroeste. No lo logran nunca en elecciones generales porque se aplica en las domésticas el sistema mayoritario (el que gana se lleva todo). En las europeas, se aplica el proporcional (cuentan los porcentajes).
Dos nazis británicos en Bruselas. Uno, el profesor erudito de los blancos del norte. El otro, un gánster. Los dos, unos payasos.
Seguro que no les gusta Aretha Franklin.
Hoy, los brigadistas internacionales británicos e irlandeses que aún viven recibirán oficialmente en la Embajada de España en Londres la nacionalidad española. Entre ellos Sam Lesser. Un día me dijo, en su perfecto castellano: "Nosotros, los brigadistas internacionales, tuvimos el honor de defender en nuestro primer combate la ciudad universitaria de Madrid, su facultad de Filosofía y Letras, de aquellos que gritaban: muera la cultura".
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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