Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
José Luis Rodríguez Zapatero visita hoy la Conferencia Laborista en Brighton. Celebrará allí su primer encuentro bilateral con Gordon Brown. Han estado juntos en Nueva York, en Pittsburg, se ven a menudo en ágapes europeos, pero hoy se sientan frente a frente y durante cincuenta minutos, más o menos, hablan de tú a tú. Quizás el turno español de la presidencia europea es lo más interesante de la agenda; quizás.
Luego, Zapatero se sentará en la mesa del salón de la conferencia y charlará sobre ecología y políticas verdes con otros dignatarios: el primer ministro de Noruega y un ministro británico.
De una conversación nentre políticos ante una audiencia numerosa en un salón en el que hay cámaras de televisión, que transmiten en directo todo lo que ocurre en el plenario de la conferencia, no se deben esperar cosas muy interesantes.
Las conferencias son ahora así. En el pasado, liberales y laboristas solían celebrarlas como una asamblea anual para la actualización de sus políticas- los conservadores tienen una forma de organización distinta-, pero con el paso del tiempo se han convertido en espectáculos.
Ya se han celebrado la de los sindicatos y la de los liberales-demócratas. Ahora llega la laborista y la siguiente semana, la conservadora. Siempre se sigue este orden.
El periodismo crea una burbuja en torno a la política en la que lo más importante son las disputas de las personalidades, del poder y de la imagen. Muy pocas veces los periodistas políticos tienen conocimientos de políticas concretas, sectoriales, que son las que realmente importan, las que afectan a la sociedad.
Además, los propios periodistas se han convertido en los actores de la política. Cuando llegué a este país, los periódicos publicaban una reproducción taquigráfica de los principales discursos que se habían pronunciado la víspera en el Parlamento. Ahora, la crónica parlamentaria es la del sketch writer, que es un humorista que trata el debate parlamentario como un teatrillo de vanidades.
Para atravesar la neblina que en torno a su actividad crean los periodistas y comunicarse directamente con la población, los partidos británicos han afinado la presentación de las conferencias de tal modo que se vean mejor en televisión.
Hay un ciclo predecible: el partido que celebró la semana pasada la conferencia sube en los sondeos por la cobertura excepcional y, al final de todos los espectáculos políticos del otoño, las cosas siguen como están. Es decir, con la política y el periodismo perdiendo interés y credibilidad.
De lo ocurrido en recientes conferencias laboristas, lo más asombroso fue la expulsión por unos matones del servicio de seguridad de un veterano militante del partido al que se le ocurrió decir, cuando Jack Straw explicaba la guerra de Irak, que el ministro estaba mintiendo.
Que un miembro del partido diga a algún gran líder que lo que dice es una tontería o una mentira queda muy mal en la tele. Así que hay que esterelizar las salas para que la gente aplauda y los telespectadores capten el mensaje.
Este reportaje de la BBC cuenta la historia de aquel día, culminada con las disculpas del entonces secretario general del partido, el hombre con tirantes y sin hambre que aparece al final.
Algunas veces, un político calibra mal su discurso y se desprestigia. Le ocurrió al laborista David Miliband el pasado año y de modo notorio al hijo de exiliado español, Michael Portillo, tras este estridente alegato cuando era, en 1995, uno de los grandes conspiradores para sustituir a John Major. Le salió el tiro por la culata y el exceso de palabrería bélica y patriótica acentuó los rasgos de su retrato como un advenedizo con demasiada ambición para los 'tories' de toda la vida.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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