Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Zapatero y Brown recordaron el viernes, con sus incesantes declaraciones de mutua amistad y perfecta sincronía política, a las añoradas hermanas Kessler.
Pero ambos tienen un problema y un defecto. El problema es que ninguno detuvo, recortó o domesticó la burbuja, que estalló súbitamente mientras bailaban su otrora brioso cancán. Esos 'no aceptaremos que el coste social...', esos 'no consentiremos que los especuladores....', sonarían ahora creíbles si hubiesen hecho algo antes del reventón.
El defecto no les pertenece en exclusiva. Aún hay gente en el mundo que es capaz de subirse a un estrado y de pronunciar un discurso con afán de retórica rimbombante en busca de la admiración. Les pasa a ambos y a una larga lista de preclaros líderes. ¡Qué ridículos nuestros prohombres! El único que habló en voz baja en el panel de grandes capitostes en la Conferencia de la Gobernanza Progresista fue el noruego Jens Stottenberg; él sí pareció un hombre respetable. Y Papandreu no estuvo mal.
Pronunciar banalidades con énfasis es una desgracia del carácter pero en nuestros líderes sincrónicos tiene dos rasgos que la agravan: Zapatero proclama naderías con un ritmo lento y desesperante, Brown las escupe como si fuesen mandamientos inapelables y de urgente cumplimiento.
Hablaban los líderes del mundo el mismo día en el que los famosos en la Academia cruzaban sables de papel. Unos, los más monetaristas, habían escrito hace una semana una carta colectiva para pedir que se corte el déficit estructural más rápidamente que lo presupuestado por Brown. Los otros repusieron en sendas cartas que no se debe retirar el estímulo para no agravar los problemas.
¿Cómo le gustan a usted las recesiones: cortas y brutas o largas y amortiguadas? En ésas estamos.
Un documental sobre Marjorie 'Mo' Mowlam, que fue ministra británica en Irlanda del Norte, ha revelado que su médico le diagnosticó un tumor cerebral maligno pero que ella prefirió ocultarlo y decir a Tony Balir que era benigno. Lo achacan a su deseo de ser ministra.
El médico dice que vivía con angustia lo que ocurría. Esos tumores, explicaba en el documental, provocan faltas de concentración, actitudes desinhibidas,... Al doctor le angustiaba que una persona que padecía el mal que él conocía tuviera responsabilidades tan delicadas en el Gobierno y dice que pensó en hablar con Tony Blair, pero Mowlam cayó del gobierno cuando él ya estaba animándose a llamar al primer ministro.
¿Puede un médico hacer tal cosa? Creo que no.
¿Vemos a Mowlam bajo una luz más tenebrosa por mentir sobre su enfermedad? Creo que tampoco.
Era desinhibida, desde luego. Una vez le pregunté algo que no recuerdo y me dijo: "No tengo ni idea. Dame tu boli." Se lo di y escribió en mi mano el nombre y el teléfono de uno de sus asesores.
Era desinhibida, sí. Cuando llegó a Belfast como ministra en el incipiente proceso de paz, en su primer día salió a la calle, se fue al centro de la ciudad y se puso a hablar con la gente.
Cuando se firmó el Acuerdo de Viernes Santo, organizó un gran concierto de Elton John en el solemne palacio unionista de Stormont. Quería llevar a un famoso homosexual a aquel bastión de puritanismo.
¿Su política en el proceso de paz? Creo que fue incapaz de dedicarse a los detalles, que dejó a otros. Hizo cosas arriesgadas, algunas posiblemente equivocadas.

National Portrait Galley
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Quizás estamos asistiendo a los últimos meses de liderazgo de Gerry Adams en la política norirlandesa. Ya son tres los casos de violación y abusos sexuales denunciados contra miembros prominentes de su partido, el Sinn Fein.
La versión que ofrece Adams sobre su actuación tras conocerlos se ha desvelado parcialmente falsa y deja omisiones múltiples. Una casa de apuestas ofrece momios. La casa cree que es más probable que Peter Robinson, el marido de Mrs. Robinson, caiga.
Un vaticinio que queda aquí escrito para que mis herederos se avergüencen de la impericia de su ancestro al consultar estas disquisiciones en el gran archivo en código html que un día venderá...¿Google? No, para entonces ya será como la General Motors de hoy.
Pronóstico: no cae ninguno o caen los dos.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

© Copyright Phil Champion and licensed for reuse under a Creative Commons Licence
Ander anotaba ayer el revuelo creado por la compra de la fábrica chocolatera Cadbury por la americana Kraft. Se han pedido restricciones al libre mercado como consecuencia de esta compra que se lleva a las Américas chocolatinas populares en la infancia de todos los británicos. Hernán Cortés lo trajo y allí vuelve.
No hubo tal intensidad en el disgusto cuando los franceses se quedaron con la energía nuclear británica o cuando Ferrovial compró unos cuantos aeropuertos importantes. O cuando Telefónica compró con O2- luego lo vendió- el sistema de telefonía de emergencia de los servicios británicos de seguridad.
Creo que la crisis- tenemos inflación del 2,9% en este contexto, ¡ieeeeepa!-- ha reavivado el gusto por la vieja industria. Cadbury fue creada por cuáqueros, que pagaban bien a los empleados y construían villas ideales para su residencia. La foto es de la Rest House en el green de Bournville, el pueblo construido por los patronos de Cadbury.
La tendencia monopolista en el capitalismo y todo eso. Kraft financia su adquisición endeudándose hasta las cejas. Es, intuyo, otra comprobación de que en la industria dominan ahora los directores financieros, una magia de ceros sin tan bellas máquinas.
Estas imágenes reproducen algunas noticias en los diarios de Londres del miércoles. No es un viaje por el túnel del tiempo sino una prueba adicional de la persistencia de las tradiciones entre los británicos.
Son consecuencia del vencimiento del plazo de treinta años para la publicación de documentos del gobierno. Los archivos nacionales en Kew ponen a disposición de los periódicos en el principio de diciembre y del público en general a partir de hoy documentos que hasta ahora tenían el carácter de confidenciales.
No se publica todo. El 'Telegraph' destaca por ejemplo que entre los documentos "demasiado sensibles' para salir de los anaqueles secretos hay algunos relacionados con el descubrimiento de que el asesor de la reina para la conservación y adquisición de obras de arte, Anthony Blunt, había sido espía de la Unión Soviética, parte del círculo de Cambridge.
Estos artículos basados en lo ocurrido en tiempos no muy remotos suelen desvelar los mecanismos y personalidades de los gobiernos y contribuyen a formar una idea compartida de la historia.
Entretiene leer las anotaciones que Margaret Thatcher, que llegó al gobierno en 1979, escribía en propuestas que le enviaban los ministros. "No es suficiente", les decía firme y frecuentemente.
Me ha recordado lo que dijo uno de los ministros 'húmedos' de aquel gobierno, creo que fue John Nott. Explicó un día que Thatcher se salía siempre con la suya porque ellos, educados en internados de hombres desde niños, quedaban petrificados ante una mujer testaruda y capaz de levantar la voz si se le llevaba la contraria.
Es el rito anual de la prensa en el final del viejo año. Otro es hacer balance de lo ocurrido, de las mejores películas y de los mejores libros, de los acontecimientos destacados de la política, de la rememoración de insignes fallecidos.
La cuenta equivocada del milenio se ha impuesto ya de modo irreparable y los medios han hecho balance también de la primera década del nuevo milenio. Me declaro objetor de conciencia. Aquí se hará balance de la década, en todo caso, el año que viene.
Sobre este 2009 que se va destaco como balance improvisado la lectura de un libro memorable, La Gran Transformación, de Karl Polanyi, que versa sobre el origen del sistema económico en el que vivimos y sobre algunas de sus vicisitudes primerizas. Fue una lectura aleccionadora para tener alguna perspectiva sobre el presente.
Y, ya rematadamente prosaico, considero lo más memorable de mi trabajo un desgarro deportivo en una tarde soleada del julio escocés y en buena compañía. Entrar en el hoyo 18 de Turnberry siguiendo a Tom Watson desde el 1 y ver como arrojaba allí la victoria en el Open Británico, a sus 59 años.
Hasta el regreso.
Happy 2010 to you all!
Nadal es mi semana. Quien atrasa estos devaneos que me entretienen y me esfuerzan tanto como a él sus passing shots. Hay que esperar hasta enero. Este chaval, buenón, del PP de Manacor, es un híbrido amigable de la España de hoy. Dice que tiene que trabajar para ponerse en situación de ser el número uno. Ser el número uno es la tontería deportiva que funciona como trasunto de nuestras coyunturas universales. Pero su obsesión es curiosa. No me aflige escrutarla.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Sesenta y dos mil millones de libras- ¿lo escribo con numeritos sánscritos para que se hagan una idea más precisa?- es la cantidad de dinero que el Banco de Inglaterra dio a los bancos británicos, cuando aqui el menda escribía sobre pánicos allá en el pretérito otoño, para salvar a la City, oh, el mercado, del momento Minsky, de la catástrofe nuclear .
La cifra es más o menos el diez por ciento del gasto público. No fue un gasto, sino un dinero que se ofrece para hacer frente a las obligaciones a corto plazo y que se aspira a recuperar.
La próxima vez que les hablen del mercado libre y del cúmulo de tonterías intelectuales- hipotética aspiración a la verdad- que los ideólogos les cuenten, repitan conmigo, en sánscrito, más viejo que la pana: 62 billions, 62 mil millones, 62.000.000.000. Es el golpe de estado. Y sólo hemos visto el comienzo de esta historia.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
En la bella Dublín, si tengo una cita, y dependiendo, of course, de la cita, quedo en el salón de té del Shelbourne Hotel, en los bordes del parque de St. Stephen's. . En 1995 quedé allí con una monja.
Estábamos un francés, un holandés y yo, se ruegan chistes, cubriendo juntos el referéndum irlandés por el divorcio. A la cita, que yo había organizado, fuimos el holandés y yo. Mi amigo Bob dijo después que era su mejor entrevista del año. Era una mujer fantástica.
Tras vernos con ella, el francés iba a conducir el coche como Alain Proust- chocamos malamente al día siiguiente- hacia Tuam. Pregunté a monja tan laica, partidaria de la ley del divorcio:
- Pero Irlanda atrae por su idea de pureza, por los ojos iluminados de gentes que parecen vivir un ideal en el que la familia importa, en el que padres y madres viven guiados por algún espíritu que da luz a sus ojos y que exige que hay algo anterior a la corrupción en la que vivimos. Iremos esta noche a Tuam, donde nos encontraremos con personas contrarias al divorcio e inevitablemente nos sentiremos atraidos por su ideal de la pureza.
Ella me dijo algo así:
- Cuando estés en Tuam recuerda que ese ideal de pureza es falso, que se basa en el abuso sexual de niños, en la intimidación y la violencia contra las mujeres.
Abandonamos la provinciana y maravillosa Dublín con el eco de su voz.
Lo he recordado estos días cuando se ha comprobado lo que ella sabía. Que la pureza de Irlanda, invocadora del Espírtu Santo que De Valera, eu galego, incrustó en su Constitución, ocultó- - el gobierno, la policía, los jueces- el abuso sexual de niños por curas obtusos del catolicismo.
Mujeres. Mujeres. La vergüenza inmisirecorde de la curia.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Enjoy the weekend.
Nouriel Roubini, el economista de origen turco al que los medios han bautizado como el Doctor Fatalidad por predecir el colapso del sistema financiero antes de que ocurriera, en otoño del año pasado, vuelve a las andadas.
En un artículo publicado por el Financial Times predice que veremos en los próximos meses el mayor colapso bursátil que hayamos visto jamás. ¿Por qué? Porque estamos asitiendo a la mayor burbuja bursátil en nuestra experiencia.
¿En qué se basa la burbuja, según Roubini? No aumentan los precios de las acciones o de las materias primas porque la gente con dinero haya visto de pronto un horizonte despejado para el crecimiento de las economías.
Ni el desempleo, ni las carteras de pedidos, ni las cifras de crecimiento agregado, ni la confianza de los directivos de las empresas que producen bienes y servicios, permiten explicar que, desde marzo, el índice Dow Jones que mide el valor de las acciones cotizadas en Wall Street haya subido más del 30% o el FTSE de la City de Londres algo menos.
El mecanismo que explica esas subidas sería, de modo sumario, el siguiente. La depreciación del dólar, un tipo de interés de la moneda americana que es prácticamente cero, la masiva inyección de liquidez por los bancos centrales, que compran instrumentos de deuda en manos privadas, los avales generalizados de los gobiernos a créditos dudosos, han fomentado el siguiente cuadro.
Como los tipos de interés son tan bajos, esa bolsa enorme de dinero que busca rendimiento puede perpetrar la siguiente treta. Comprar y endeudarse en dólares para comprar acciones y activos en otras economías. Apuestan a que el dólar seguirá bajando y sus adquisiciones en otras monedas son muy rentables.
Compran de todo, porque el juego no tiene riesgo mientras no se detenga. No hay correlaciones con lo que se suele denominar la 'economía real', la correlación es con los factores monetarios creados por los gobiernos en los países más afectados por la crisis del sistema financiero y el 'carry trade' de los dólares a otras divisas.
Y los gobiernos de países que están en mejor posición, como el de Brasil, intentan controlar la apreciación de sus monedas, pero las medidas a su alcance no tienen efecto. Si no intervienen en el mercado de divisas, quien compra la moneda de esos países con dólares aumenta el rendimiento de su dinero. Si los países de Asia o Latinoamérica logran detener la apreciación de su moneda interviniendo en los mercados, su bolsa es la burbuja que se hincha. Y esos países tienen que mantener tipos de interés más bajos de lo que sería conveniente porque los de la Fed o los de bancos centrales europeos están casi a cero.
La burbuja estallará, dice Roubini. Cuando se estabilice el dólar, que no puede dejar de valer algo. En algún momento, los bancos centrales tendrán que recortar la liquidez. O habrá signos más positivos de recuperación en Estados Unidos. Alguno de esos factores o todos combinados harán que el 'carry trade' cese y que la masiva bolsa de dinero inicie la marcha atrás.
Eso provocará la estampida de los que practican este juego basado no en su genio sino en una matemática elemental. En la ruleta, hay azar. Aquí se trata más bien de seguir jugando hasta que pare la música.
Para empezar me meto ya en un lío. Confieso que tengo un problema con la teoría de la ventaja comparativa de Adam Smith y de David Ricardo. Es la que da sustento a la matemática ideal de los economistas liberales; liberales en el sentido de que quieren que se eliminen barreras al comercio para que la ley de la ventaja comparativa entre países, empresas o ciudadanos, produzca una especialización que beneficia a todos
El problema lo tengo con la palabra 'artificial' en esta forma de recordar el argumento en un artículo de Tim Congdon: "Para un economista, todos los tipos de producto son iguales si tienen clientes y pueden producirse provechosamente sin apoyo artificial".
Habrá lectores que piensen que no todos los tipos de producto son iguales, que la penicilina y la televisión de plasma no pueden recibir la misma consideración. Pero el argumento de los economistas liberales más pata negra les dirá que penicilina y televisión de plasma llegarán mejor a sus destinatarios en un mercado libre sin apoyos artificiales.
Mi principal problema es con la idea de apoyo artificial. Me tendrían que explicar muy despacito los detalles de esa transición desde lo artificial a un aparente estado de naturaleza, donde ya se ajustan las ecuaciones con un alegre chimpún.
Siempre me ha parecido un argumento falsamente inocente, que pretende ignorar la esencia, el contexto y las consecuencias de las cosas 'artificiales': estado y poder, por nombrar dos a vuelapluma.
Pero intento leer todo lo que escribe Tim Congdon. Mi compañero y encarnizado rival del tenis, J., que sabe de todo esto infinitamente más que yo, le tiene por lunático y a mí también por seguirle. Sigamos. Ya les dije que estoy dejando la mesa limpia y, antes de la despedida, les voy a meter un rollo...que me parece apasionante.
Conocí a Congdon y he charlado con él. Es una persona muy amable, tímida, con un hablar abrupto que en ocasiones es señal de gran inteligencia. Fue uno de los 'hombres sabios' que aconsejaron al último ministro conservador de Hacienda, Kenneth Clarke, que creo que hizo una buena gestión.
Es un economista monetarista que ha sido profesor universitario e impulsor de empresas consultoras sobre el análisis del dinero. Voy a intentar explicar llanamente su argumento sobre la actual crisis. A ver si lo logro.
En primer lugar, dice que las medidas adoptadas por el salvador del mundo en el otoño de 2008, un tal Gordon Brown, para paliar los efectos de la crisis financiera provocaron o aumentaron la recesión.
Porque, ante la congelación del préstamo interbancario como consecuencia de la incertidumbre sobre el futuro, una vez que la crisis nos visitaba, el Gobierno decidió una cosa lógica- ofrecer garantías públicas a esos préstamos- y dos que no venían a cuento: incitar a los bancos a prestar más dinero a las empresas y forzarles a recapitalizarse.
Congdon achaca el primer error a las teorías 'creditistas' patrocinadas entre otros por el presidente de la Reserva Federal americana, Ben Bernake, y adoptadas por los economistas de las universidades de la costa este americana- nuestro hombre es partidario de la escuela de Chicago.
Esas teorías argumentan que es el volumen de crédito en la economía el que tiene una influencia decisiva en el crecimiento. No existe tal correlación, dice Congdon, y dice también que Bernake y sus correligionarios no han logrado probarla, simplemente la han enunciado.
Lo que importa, a los monetaristas, es la cantidad de dinero en circulación. Y, cuando un banco hace un préstamo, ha de crear una provisión de capital para cubrir el riesgo de impago. No aumenta el dinero.
El aumento de depósitos sí representa un aumento de dinero, porque los depósitos no requieren provisión de capital, son pasivos contables que pueden expandirse comprando activos con un riesgo despreciable de impago(letras del Tesoro o títulos de deuda pública) o aumentando sus reservas en metálico en el banco central.
Brown habría añadido problemas a los ya existentes con su exigencia a los bancos de aumentar sus préstamos y, para hacerlo, su capital, algo que los banqueros en principio no querían. Habría creado así, exigiendo a los bancos más capital para absorber los espasmos de una grave recesión una dinámica de contracción y, con su discurso público, una psicosis de crisis descomunal que llevó a la creación de una espiral retroalimentada.
Congdon critica con acidez a Krugman y a los nuevos keynesianos, que promueven- como un tótem, en la crítica monetarista- el argumento que nunca se ha probado, según los de Chicago, y que dice que, ante una reducción de la demanda privada, el Estado debe sustituirla endeudándose. Eso es lo que hizo tras las recapitalizaciones de otoño el Gobierno británico- en quien centro esta disquisición- hasta que en febrero el Banco de Inglaterra habría llegado a una conclusión distinta mientras seguíamos en turbado descenso hacia la calamidad.
Vivimos desde marzo el experimento de 'quantitative easing', de expansión del dinero en circulación. En la economía británica, hay unos 2 billones de libras entre dinero en metálico y depósitos bancarios.
El Banco de Inglaterra decidió asignar 150.000 millones de libras- la semana pasada añadió al programa otros 50.000 millones, lo que deja el total en un aumento del 10% del dinero en circulación- para comprar a empresas no bancarias títulos de deuda pública.
Como esto del dinero se las trae, a nadie le debe extrañar que el banco central compre deuda del Estado en manos de particulares. Suena cómico pero, según los monetaristas, éste sería su efecto.
¿Quiénes son esas empresas no bancarias que tienen tanto papel del Estado en sus arcas? Fundamentalmente, los grandes fondos de pensiones y las compañías de seguros. Como tienen que velar por el rendimiento de su dinero, quedarse con el metálico que les da el Banco de Inglaterra por sus títulos no tiene sentido y empiezan a comprar activos que les den más interés, por ejemplo, acciones.
Ésa sería la razón de la subida de la bolsa en los últimos meses. Como las grandes empresas que cotizan en bolsa aumentan de valor, se sienten más confiadas para invertir y endeudarse y así se produce, con el original aumento del dinero en circulación, la recuperación a la que estaríamos asistiendo.
El pronóstico sobre esta crisis es aún muy incierto- Nouriel Rubini ya advierte que, si los impagos de préstamos no causan una segunda crisis financiera, en cuanto haya recuperación subirán los precios del petróleo y otras materias primas y nos detendremos un tiempo en el purgatorio- pero en el transcurso de esta primera fase de la crisis asistimos a un debate tradicional e intenso entre monetaristas y keynesianos, entre liberales y socialdemócratas, entre derecha e izquierda.
En este país hay gente que habla con la elocuencia admirable que aprende en las escuelas privadas y que a menudo disfraza con estilo la portentosa vacuidad del contenido. Pocas personas me han impresionado en los años que he estado por aquí como Bill Emmott, que habla bien pero con sustancia. En este artículo defiende la versión liberal. Y en esta crisis somos legión quienes nos hemos aficionado a la lectura del blog de un economista brillante, el holandés Willem Buiter, que dice lo contrario.
Mientras tanto, en la trastienda- añado yo para lograr efecto dramático-, millones y millones de abogados y expertos en algoritmos, ya todos con dioptrías por vista cansada, siguen descifrando quién debe qué y cuánto, a quién, cómo y cuándo, según dicen unos papeles que... ¿se acuerda alguien ya de los acrónimos de los derivativos, CDO, CDS, CMCDS...? ¿de la descomunal montaña de contratos de dinero a los que nadie logra aún poner ni nombre ni precio?
Espero que les entretengan estos argumentos y estas cosa tanto como a mí.
Enjoy the weekend.
Paul Krugman ha impartido esta semana tres lecciones magistrales en la London School of Economics. Escribo 'lección magistral' en el sentido clásico universitario y no como una valoración, que sería pretenciosa viniendo de un lego en teoría económica como yo.
Los argumentos de Krugman son conocidos. No sólo publica en el New York Times, donde tiene un blog; sus artículos son también traducidos en publicaciones de todo el mundo.
Les ofrezco algunos fragmentos de mis notas con la ilustración de sus gráficos.
Creo que el argumento central de Krugman, que ha provocado alguna polémica, es que el estímulo fiscal de los gobiernos para evitar la degeneración de esta crisis en una nueva Gran Depresión es necesario.
Que esta crisis tiene, o tenía, las trazas de una Gran Depresión lo argumenta con estos gráficos que comparan la situación actual con la de 1929 y años sucesivos.
Basándose en una revisión de las explicaciones tradicionales sobre las causas de la Gran Depresión- que la achacan a la política restrictiva de la Reserva Federal- Krugman argumenta que las políticas monetarias convencionales no tienen efecto en esta situación.
Este gráfico sobre la base monetaria en la evolución de la Gran Depresión avala la teoría revisionista.
Su argumento es que la expansión de la base monetaria no tiene efecto, porque en una situación con tipos de interés cero- no podemos ir a tipos negativos- se produce la 'trampa de la liquidez', íntimamente ligada a la 'paradoja del ahorro', o de la austeridad. La pulsión, en esta crisis, de las endeudadas economías familiares para sanear sus balances les impulsa a vender activos, que bajan de precio, aumentando así su deuda.
En ese contexto, la política fiscal expansiva de los gobiernos es realmente efectiva. No expulsa a inversiones productivas, sino que ofrece un canal para el ahorro privado, sostiene el empleo y además promete lo que puede contribuir a salir de la crisis, inflación. A Krugman el objetivo del 2% de inflación de los bancos centrales le parece bajo. Mejor sería un 3% o un 4%, pero a ver quién es el guapo que vende eso en el debate público actual sobre la economía.
Una de las cuestiones más peliagudas será- puesto que, toquemos madera, se ha evitado la depresión- medir correctamente el momento y la manera de introducir políticas más restrictivas. Krugman ve una garantía de que el futuro puede ser benigno en el hecho de que los actuales gestores de los bancos centrales son estudiosos de la historia de la Gran Depresión y muy conscientes de los errores de Roosevelt en ese sentido.
¿Cómo será el futuro?
La batalla en estos momentios, según Krugman, es entre los partidarios de mantener el status quo de 2007 en el sector financiero y quienes quieren reformarlo radicalmente y reducir su dimensión, especialmente de la banca en la sombra. Dos gráficos interesantes sobre la evolución del sector financiero en Estados Unidos: sobre la 'financialización' de la economía, en palabro del conferenciante, y sobre los salarios de los empleados de la banca. De las bancas, I should say.
De la Gran Depresión se salió mediante el aumento de las exportaciones- también conocido como la Segunda Guerra Mundial, el chiste trágico es de Krugman-, pero en esta crisis está metido todo el mundo y eso complica la salida mediante exportaciones.
Los desequilibrios en las balanzas comerciales entre regiones del mundo son conocidos. La UE era el único bloque que no tenía ni superávit ni déficit inmensos. Pero esa afirmación camufla la ralidad interna de la UE. Ésta era la trama antes de esta nueva pérdida de inocencia.
Pero, ¿qué vamos a exportar ahora? Mientras los gobiernos palían la caída en el abismo con sus déficits, el laureado Nobel cree que quizás las inversiones en energías nuevas puede tener el efecto de reactivación de la inversión privada. De nuevo la patraña del cambio climático catastrófico convertida en mentira útil para inventarse una nueva economía.
Pero olvidémonos de los pronósticos energéticos y recuperemos la visión de nuevo central de Krugman. Nos encaminamos hacia un proceso prolongado de estagnación, aunque él no utilizó esa palabra. Su referencia es la llamada 'década perdida' de Japón.
Mientras le escuchaba recordaba una anterior conferencia de uno de mis pensadores favoritos del UK, John Gray, que es un crítico de la idea de John Stuart Mill sobre la capacidad de la acumulación del conocimiento científico en traducirse en mayor sabiduría política y social. Krugman expresa incluso una convicción sobre el olvido de las teorías económicas que hubiesen previsto esta crisis en el mundo académico de los economistas en las dos o tres últimas décadas.
Cositas:
- Krugman no se define como una historiador del pensamiento económico, aunque se está dedicando a ello porque le parece esencial en estos momentos. ¡Uau! Sus referencias son del siglo XX. Keynes, en el origen. Minsky, como el nexo perdido.
- Dice que China exporta capital de una manera diferente a la de Japón. En este país, la exportación de capitales estaba impulsada por criterios comerciales. En China, son decisiones del Gobierno. Si persiste en su empeño de exportar capital, tendremos un problema. ¿Un problema mayúsculo?
- ¿Quién puede nombrar una innovación financiera de las dos últimas décadas que no sean los cajeros automáticos y sea buena sin ambigüedad?
- Aunque le escuché hace cinco años en un encuentro con la prensa extranjera en Londres, esperaba un gran orador a la americana ante el foro académico. No. Su discurso está salpicado de excursos y de mmmmms. La próxima vez que mis amigos me reprochen esa manera de hablar le citaré como avalista.
Enjoy the weekend.
Tras recibir varias quejas privadas por desear un buen fin de semana tras largar el rollo de Krugman y no publicar vídeos de Bananarama desde hace días, reitero mis principios con un nuevo desafío intelectual.
Aprenda alemán en siete días. Derribos Arias. 1984. Es un corte de la película 'A tope '.
En una serie en tres partes sobre la cisis para la BBC, que sólo los residentes en Reino Unido* pueden ver aquí, Evan Davis concluia con analogias sobre la conducta de las bolsas y la de los búfalos. Somos más parecidos a los bóvidos africanos, por su comportamiento gregario en manada, que a los solitarios gatos.
Las burbujas bursátiles se crean mediante la imitación, por la creencia generalizada en que el valor de las acciones o de las casas seguirá subiendo. Ése era el argumento.
Es sin duda cierto pero, aunque Davis lo mencionaba en uno de sus programas, me parece que John Plender en el FT escribía hace unos dias un artículo muy inteligente sobre las estructuras de la crisis financiera, sobre los cómos y los porqués.
Incluía este párrafo: "También existe una dificultad endémica con los seguros, sean convencionales o de instrumentos de cobertura, como los credit default swaps. Tiene que ver con la moralidad del riesgo, cuando la existencia de una red hace que la gente se comporte de manera más arriesgada".
La burbuja financiera empieza, como es sabido, con un comisionista vendiendo una hipoteca con alto riesgo de impago. El comisionista la pasa hacia adelante, alguien junta mil hipotecas de las que ahora se llaman tóxicas y las reparte a bancos y financieros por todo el mundo. Y éstos se aseguran contra el impago cruzando esos swaps, que son unos contratos muy complicados de seguro de impago.
Plender está diciendo que, como la gente tiene esos seguros en el final de la cadena de transferencia de responsabilidad, compra más paquetes hipotecarios sin contrastar cabalmente el riesgo. El fetiche que sustenta la burbuja no es la innovación ni el espíritu bucanero del capitalista, sino el sentimiento conservador sobre su seguridad. Sobre esa base crece el optimismo al que se suma la manada.
¿Conduciríamos nuestros coches igual si no tuviésemos que suscribir un seguro obligatorio?
* La BBC restringe el acceso de su excelente iPlayer - que permite ver programas ya emitidos- a ordenadores con dirección IP en Reino Unido. Sorry.
El Ministerio de Hacienda anunciará hoy un nuevo plan para superar el cierre del crédito que está haciendo de esta recesión la más profunda desde hace ochenta años.
El plan contempla la creación de una institución pública de seguro que avalará nuevos préstamos a empresas y a particulares y que ofrecerá también un seguro a los bancos para garantizar sus posibles pérdidas en activos tóxicos que duermen el sueño de los injustos en sus balances.
El Tesoro también anunciará una oferta de convertir su participación en los bancos tras la recapitalización del pasado noviembre en acciones ordinarias, porque parte de esa inyección era en acciones preferenciales, que exigen el pago de un interés fijo. Los bancos así participados se quejan de que el interés de esas acciones drena sus futuros ingresos, merma sus posibilidades de dar créditos.
Parece seguro que el Royal Bank of Scotland aceptará la conversión, lo que haría que la participación pública en el banco sea del 70%. Parece también que Lloyds-TSB, que está en el camino de adquirir HBOS, no quiere aceptar la conversión, porque resultaría en una participación pública superior a la mitad de las acciones ordinarias y la consiguiente pérdida de independencia del banco.
La incógnita es Barclays, cuyas acciones perdieron el 25% de su valor en la última hora de cotización el viernes, el día en el que se aceptó de nuevo la práctica de las ventas a corto en la Bolsa británica.
Consiste en tomar prestadas unas acciones con la promesa de devolverlas en el futuro a cambio de un pago. El que las toma prestadas las vende a un precio menor, el precio de las acciones baja, y el vendedor a corto repite la operación para devolverlas en el plazo convenido a quien las tenía. Todo ejecutado por algoritmos matemáticos y mediante ordenadores. ¿Barclays? Veremos si lo resiste como banco independiente.
Como el Abbey-Santander, no quiso tomar parte de la recapitalización pública, para no perder su independencia absoluta.
La conversión de acciones es un paso más hacia la nacionalización de un sector muy sustancial de la banca británica.
Pero la oferta de avales del Estado a préstamos futuros y a las pérdidas por los contraídos en el pasado expone al contribuyente británico a un riesgo cuya dimensión se conocerá quizás hoy.
El Gobierno de Gordon Brown está respondiendo a la crisis con medidas sucesivas, que a veces se revelan o insuficientes o erróneas.
Me equivoco a menudo, pero aún así me atrevo a decirles cómo lo veo en el escenario político. Me parece que la interpretación sobre el Nuevo Laborismo retrociendo hacia el viejo laborismo es una simpleza del periodismo. Todo esto es nuevo y está obligando a mucha gente a improvisar y a cambiar de ideas-madre, casi siempre tan inútiles.
La nueva batalla política ofrece este perfil, según mi juicio. Los laboristas son percibidos por la mayoría de la población como unos cantamañanas, que han tenido que cambiar de piel para llegar al gobierno y han promocionado como si fuese la monda todo lo que ahora se ve que está mal. Los conservadores son percibidos como los inspiradores de una filosofía económica más próxima a los banqueros que han abanderado el camino hacia esta ruina.
El descrédito de la política viene de la percepción generalizada de que los partidos deciden en función de sus intereses en el corto plazo, cuando a la sociedad le interesa el largo plazo.
Vienen tiempos de un desorden nuevo. Del desorden de los despachos, camuflado con oratoria pseudocientífica, avanzamos hacia más desorden social. Quien haga pronósticos sobre cómo o cuándo acaba esta crisis me parece tan falto de cordura como el que se atreva a pronosticar sus efectos en la política británica. Todo está abierto de par en par.
Pero la especulación es la forma en la que pensamos los humanos. Sigamos.

De los tres arquitectos del Nuevo Laborismo- perdonen las mayúsculas, pero así era la cosa-, Peter Mandelson era el mejor y el más nítidamente europeísta. Homosexual, ex comunista, quizás la suma de sus marginaciones había producido una mente capaz para la eficaz abstracción social. Pero también para hacer enemigos.
En marzo de 1997, nos visitó en la Asociación de la Prensa Extranjera(FPA) y, al cabo de unos días, me llamó por teléfono una periodista del Evening Standard. Quería escribir una historia sobre cómo veíamos los corresponsales guiris al partido que iba a gobernar. Yo le dije que los veía cautos, disfrazando sus creencias, por el miedo a que periodistas de la empresa para la que ella trabajaba y del conglomerado de Rupert Murdoch les descerrajaran los sesos en la última hora electoral como habían hecho con Neil Kinnock.

Y le dije que eran privadamente más europeístas que lo que públicamente decían ser, por miedo a soliviantar las fobias de esos que luego se hacen llamar escépticos. Cualquiera que vivió en este país en la fase agónica del Gobierno de John Major sabe de lo que hablo. ¿Quién puede olvidar a Michael Portillo pescando votos diciendo que los universitarios de Europa pasan su selectividad con el soborno a los examinadores? Le conté a mi colega que Mandelson nos había dicho en la FPA, por ejemplo, que el futuro gobierno laborista metería a la libra en el euro tan pronto como fuera posible.
A ella le interesó aquella frase y, como yo sólo tenía las notas del encuentro, trabajó duramente hasta encontrar una cinta con la grabación. Era una periodista de verdad.
Unos meses después, Mandelson, ya ministro Sin Cartera- ¡qué envidia!- en el primer Gobierno de Tony Blair, regresó a la FPA y comenzó su discurso diciendo algo así: "En vísperas de la fecha electoral, tuve que pasar 48 horas intentando negar a una periodista del Evening Standard su derecho a publicar unas palabras sobre el euro que yo pronuncié aquí off the record y que alguien traicionó. Hablaré hoy on the record". Lo que siguió fue una charla soporífera, letal, un castigo limpio y metódico, el ejercicio de una crueldad medida, implacable.
Ya de nacimiento cobarde para el combate, guardé silencio, sentado como casi siempre en las filas traseras. Mientras Mandelson nos asesinaba con aburrimiento, observé los olmos otoñales de Carlton House Terrace, que asomaban por el balcón acristalado de la sala, intentando recordar si aquello había sido realmente off the record. Juraría que no lo fue.
Mandelson es así, tan cursi, y al mismo tiempo el mejor de todos ellos. Y por eso creyó que para ganar las elecciones de 1997 había que presentar como líder electoral- para las fotos de los pósteres, para los spots y los mitines, para emocionarle, hipócrita lector, elector, mon semblable, mon frère, Baudelaire de nuevo- a un hombre con fe ejercida, luz de místico y familia sana, a un narcisista con afán de hacer nuestro común deseo, el bien universal. A Tony, llamadme Tony, Blair.
Tuvo que decidirlo Mandelson súbitamente, al saber, en la madrugada de un día cualquiera, que el líder del partido, John Smith, había muerto en la noche, víctima de un ataque al corazón. Los tres astros del Nuevo Laborismo eran Mandelson, Blair y Gordon Brown. Y el primero, el mejor de todos ellos, disculpen la insistencia, hizo lo que había que hacer. Sin escrúpulos y sin consultarlo con el escocés, que se veía a sí mismo como el más grande del trío y del mundo mundial. Mandelson alimentó a las pirañas de la prensa- mi amiga del Evening Standard entre los peces- el titular necesario: Blair era el candidato de la renovación. Brown, hijo de cura, de religiosidad por tanto incontestable, pero soltero, ajá, ajá, se comió las uñas y cedió.

En un restaurante ya desaparecido de Islington, justo frente a la estación de metro de Angel, Brown y Blair cenaron una noche de aquellas y, aunque ambos han mentido más de lo necesario sobre lo que ocurrió allí, parece ya casi seguro que el escocés de las novias interesantes y los amigos hombrunos arrancó una cesión del iluminado Blair: él, a man by the name of Gordon Brown, se haría cargo de la economía, que con tal esfuerzo había estudiado.
El primer ministro quería meter a la libra en el euro, pero Brown le había quitado el juguete principal de su mandato. Como no podía prometer aumentos de impuestos para no sufrir el ataque que padeció Kinnock, Brown prometió respetar las magnitudes de gasto público presupuestadas por la última administración conservadora. Esa política supuestamente 'prudente' llenaba las arcas de la Hacienda gracias a la expansión internacional cuando el capitoste neolaborista de la economía dio un puñetazo en la mesa- no me invento nada- y dijo que para estudiar si la libra podía entrar en el euro se debía analizar, y él iba a hacerlo, el cumplimiento exacto de cinco tests. De cinco, háganse una idea, ni tres ni siete, ni 43, que a cualquiera que lo piense dos segundos le parece una cifra igualmente respetable. Eran cinco y nada más que hablar.
1. ¿Son compatibles los ciclos y las estructuras económicas y podremos vivir cómodamente con tipos de interés del euro de modo permanente?
2. ¿Si emergen problemas económicos, hay suficiente flexibilidad para tratarlos?
3. ¿El ingreso en la unidad monetaria favorecerá a las firmas que toman decisones de inversión en nuestro país?
4. ¿Qué impacto tendrá el ingreso en nuestro sector de servicios financieros?
5. En suma, ¿unirse al euro promoverá más crecimiento, estabilidad, un aumento duradero del empleo?

Quien tenga afán de erudición y mucho tiempo libre puede leer aquí la ejecución de los tests y el sobrio vaticino del Tesoro. El comité central de analistas llegó a la conclusión de que no había suficiente convergencia y flexibilidad. Que los tipos de interés del euro podrían causar un trastorno considerable al mercado hipotecario británico, generalmente basado en tipos variables.
Era 2003, y lo que ha ocurrido desde entonces, con los tipos y con el mercado hipotecario, ilumina la comicidad honda de los cinco tests.
Era 2003, el momento también en el que Blair debía dimitir como primer ministro para dejar el paso a Brown. No invento nada, créanme, se lo dijo a su confesor. En fin, que Brown quitó la razón de ser al segundo mandato de Blair, que ya no quería irse. El iluminado de Durham se fue a salvar esta vez a todo el mundo con Bush y nuestro Aznar.
No ha ocurrido nada más relevante que esa tragedia desde entonces hasta el advenimiento de esta crisis. La política británica ha sido la prolongación del consenso alcanzado en torno al artificio thatcherista, basado, ahora se ve más claro, en la desregulación de un sector financiero que ahora se desmorona en buena parte por su desregulación y el engrasado general de las piezas con las petrolibras del Mar del Norte, cuyos pozos ahora también se secan.
Como demuestra el caso español, ingresar en el euro no impide el desbarre, pero quizás por primera vez en treinta años una mayoría de británicos comparte que un país de sesenta millones de personas no puede vivir a la gibraltareña, con las rentas que da la banca off shore, la ilusión multimillonaria de una casa familiar que nunca podrían pagar tus hijos y mucho shopping. La década laborista ha añadido puestos de trabajo en el sector público pagados con la renta fiscal del boom y ha evitado el secular maridaje británico entre crecimiento e inflación abriendo las puertas a la inmigración.
Willem Buiter suele decir que eso de la moneda no es más que el mostrador de la Hacienda de un país. Y, ahora, cuando la Hacienda de Reino Unido se endeduda como no ocurría desde los tiempos anteriores a Thatcher, cuando Brown gobierna bancos y salva al mundo de la ruina que él, en diez años, no advirtió, resurge tímidamente, por primera vez desde 2003, el debate sobre el euro.
Hemos pasado de la economía del pelotazo a estar en pelotas. ¿Rasgos desagradables que se observan en la súbita desnudez británica y que añaden retorcimiento a los cinco tests de la copla? Una exposición elevada a la confianza internacional en la economía británica, con activos y deuda brutos del sector público y privado en el exterior que son en ambos casos cuatro veces el PIB, mientras el 60% de las reservas acumuladas por los estados del mundo son dólares, el 26% son euros y el 4% son libras. Los méritos de antesdeayer son ahora vulnerabilidades.
Brown arroja dinero a la crisis y se sale por primera vez del márgen del déficit presupuestario que permite el pacto para la estabilidad y el crecimiento. Los beneficios de la holgura fiscal que Londres se puede permitir ahora- y a los que la España del euro no puede recurrir- habrá que observarlos con perspectiva cuando se vean los efectos que tendrá más tarde la dependencia en una divisa doméstica que ya casi nadie quiere para sus reservas. Pero, a día de hoy, mientras la libra cae por debajo del euro, y el euro no acaba de estallar, como predicen ilustres británicos, el futuro es menos claro y menos 'British is best' que antes.
¿Qué ocurre en el corto plazo? Que ya vemos venir en Estados Unidos el lanzamiento de dinero desde helicópteros, Milton Friedman dixit, para que el ciudadano-consumidor no pare súbitamente de gastar y de endeudarse y ofrezca a los gobiernos la esperanza de avanzar con menor prontitud hacia el calvario. El vicepredidente del Banco de Inglaterra, Charlie Bean, lo decía ayer mejor que nadie: "Necesitamos consumidores agustinianos, responsables económicamente en el medio plazo, pero que no se precipiten hacia la virtud de la noche a la mañana".

Mientras los gobernadores de bancos centrales recomiendan moderación en la fe, el líder conservador, David Cameron, ha descubierto súbitamente el tamaño de la suya, como ilustra esta foto. Comentaristas liberales, como David Roche, ya dicen que arrojar tanto dinero público para parar el golpe, y los que pueden venir, inevitablemente hará la recuperación más lenta. Cameron critica a Brown por falta de rectitud fiscal.
El primer ministro simula ultraje ante la crítica. Nos salva de la hecatombe gastando lo que no tiene mientras mira con su ojo tuerto a la primavera de 2009, al otoño de 2009, a la primavera de 2010, su último plazo electoral. Denuncia a los conservadores por ser los únicos en el mundo entero que dicen- es mentira, no dicen eso- que, ante la crisis, no hay que hacer nada. Creía haber trazado una línea divisoria entre derecha e izquierda que en los sondeos parece beneficiarle. Hasta esta semana.
Peer Steibruck, un ministro socialdemócrata y alemán, hay que joderse, ha provocado un breve frenesí al declarar en Newsweek que no entiende cómo se puede pasar de la crítica anglosajona al aburrido atraso alemán- mis palabras, no las suyas- al keynesianismo más rudo, eso lo dijo él. Defendía la política de su gobierno, la relativa contención fiscal de Angela Merkel que molesta a Sarkozy y a Brown. Pero es una pena que sus últimas palabras a la revista americana hayan pasado tan desapercibidas. "Es el ansia por un Gran Plan de Rescate", decía el quejoso Steibruck contra los conversos que pretenden abanderarlo todo. Y ya metafísico añadía: "¡Ese plan no existe! ¡No existe!"
Good Lord! ¡A dónde hemos llegado! Alemanes enseñando flema y escepticismo a los británicos. No hay plan. El plan no existe. Las cosas no han cambiado desde 2003. Simplemente, el euro es política y a la economía de la gaseosa se le ha ido el gas. Y a nuestro preclaro líder, a quien no le gustaba lo de la UE porque es un solitario y un cabezón y la diplomacia multilateral le irrita porque no le deja salirse con la suya, le pilla la crisis más feliz que nunca con un líder europeo, Nicholas Sarkozy.
¿Es concebible que Brown- no estoy seguro de que aún se muerda las uñas- venza sus temores y apueste por el euro porque sabe que los efectos de esta crisis empujarán a la libra hacia la fusión? ¿Trazará esa nueva línea divisoria en la batalla electoral con los conservadores? A mí me parece harto improbable y, salvo una crisis monumental en los próximos meses, el problema además es que la UE más bien no aceptaría a unos británicos que ya se han saltado las reglas de acceso.
Pero vivimos tiempos de incertidumbre, en el que varias cosas que eran inconcebibles ya han ocurrido. Lo único que puede decirse con certeza es que, por el momento, veremos cuánto dura, Brown escucha todo lo que dice su nuevo ministro, Peter Mandelson, el más europeísta del ahora ya minúsculo nuevo laborismo.
Enjoy the weekend.
Noticia de la presentacion del libro de un amigo de este blog.
VALLADOLID, 20 de diciembre
Presentación del libro Razón y desencanto, de Diego Fernández Magdaleno
Museo Patio Herreriano
19.00 horas
http://laspalabrasdelagua.blogspot.com/
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
Otros corresponsales
Mis tags
Últimos comentarios
- 1 comentario JuanKar
- 15 comentarios Cantabrico txiguin I Gurruchaga qué risa JuanKar
- 2 comentarios asier JuanKar
Comedia de trenes en Clapham Junction
4 comentarios txiguin JuanKar Renata Jabi¿Somos realmente un país de gilipollas?
16 comentarios Cantabrico JuanKar asier I Gurruchaga EugenioAquí los colores no son inocentes
7 comentarios Cantabrico I Gurruchaga Cantabrico Burton CantabricoSi Borges despertase de su sueño
24 comentarios txiguin Fernando Ortiz de Urbina Rodríguez Fernando Ortiz de Urbina Pinto Cantabrico Cantabrico- 6 comentarios Cantabrico JuanKar Cantabrico aitortxu Burton
Los conservadores en Brighton y en Bruselas
2 comentarios aitortxu Cantabrico'Hung' también significa ahorcado
8 comentarios Anónimo aitortxu I Gurruchaga aitortxu Hache
Categorías
Enlaces
Secciones
Archivos por meses
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
PUBLICIDAD

