Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
A. fue a Oxford para entrevistarse con el tutor de un 'college' que le había ofrecido plaza provisionalmente y quería evaluar sus conocimientos.
La identificó por su apellido vasco y A. se sintió perpleja cuando tuvo que responder a preguntas sobre si era española o vasca o fumanchú.
Luego le dio a leer un cuento breve y admirable de Borges.
El testigo
En un establo que está casi a la sombra de la nueva iglesia de piedra, un hombre de ojos grises y barba gris, tendido entre el olor de los animales, humildemente busca la muerte como quien busca el sueño. El día, fiel a vastas leyes secretas, va desplazando y confundiendo las sombras en el pobre recinto; afuera están las tierras aradas y un zanjón cegado por hojas muertas y algún rastro de lobo en el barro negro donde empiezan los bosques. El hombre duerme y sueña, olvidado. El toque de oración lo despierta. En los reinos de Inglaterra el son de campanas ya es uno de los hábitos de la tarde, pero el hombre, de niño, ha visto la cara de Woden, el horror divino y la exultación, el torpe ídolo de madera recargado de monedas romanas y de vestiduras pesadas, el sacrificio de caballos, perros y prisioneros. Antes del alba morirá y con él morirán, y no volverán, las últimas imágenes inmediatas de los ritos paganos; el mundo será un poco más pobre cuando este sajón haya muerto.
Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillamos, pero una cosa, o un número infinito de cosas, muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo, como han conjeturado los teósofos. En el tiempo hubo un día que apagó los últimos ojos que vieron a Cristo; la batalla de Junín y el amor de Helena murieron con la muerte de un hombre. ¿Qué morirá conmigo cuando yo muera, qué forma patética o deleznable perderá el mundo? ¿La voz de Macedonio Fernández, la imagen de un caballo colorado en el baldío de Serrano y de Charcas, una barra de azufre en el cajón de un escritorio de caoba?
El profesor le hizo varias preguntas sobre el texto. A. tenía la impresión de que sus respuestas eran competentes hasta que llegó la última.
- ¿Por qué habla el autor de un caballo colorado?
A. dijo que el adjetivo colorado daba una cierta humanidad al caballo,...
- No- interrumpió el tutor-. Escribe colorado para evitar el adjetivo rojo, por sus connotaciones políticas. ¿Sabes lo que significa rojo en la política? ¿No? Pregunta a tus padres sobre la guerra civil.
En el college preuniversitario dos profesores identificaron como vasco el apellido de A. El primero le pidió que presentase una disertación sobre deportes vascos. El segundo le ha pedido ahora que escriba un ensayo sobre ETA.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
S. me envía esta información esencial para entender más cabalmente la coyuntura. Es un recordatorio de que a la gente le gusta aquí inventar acrónimos con gracia y lanzarlos en cualquier dirección.
Puede consolar a los heridos en su alma patriótica porque España sea la S de los PIGS, de los cerdos, siempre tan provechosos, de la economía europea. En la city de donde ha salido lo de los 'pigs' se ha extendido ahora el uso de 'lombard' para describir a algunos de sus marchantes.
Lombard Street está en el centro de la city, en el corazón infartado del imperio financiero.
Un 'lombard', en la nueva versión, es 'loads of money but a real dick'; es decir, 'forrado de dinero pero un absoluto gilipollas'.
Dicho todo esto sin ánimo de señalar.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Nancy Sinatra. These Boots Are Made For Walking.
Enjoy the weekend.
"La construcción nacional tiene una gran importancia también en la actual fase política. De hecho, supondrá un instrumento para la acumulación de fuerzas y para que el proceso tome una dirección adecuada. Hay que situar la construcción nacional en el cambio de ciclo. Es más, el cambio de ciclo debe permitir que la construcción nacional avance de un modo más eficaz, uniendo el trabajo del movimiento popular y el de las instituciones. En nuestro análisis también la construcción nacional entraría en una nueva fase."
Así dice en uno de sus párrafos el documento presentado ayer por la Izquierda Patriótica vasca.
Los hermanos Marx ya tenían un plan para la resolución de nuestro conflicto. Su propuesta era ésta:
- A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo leo otra vez.
- Tan sólo la primera parte.
- ¿Sobre la parte contratante de la primera parte?
- No, sólo la parte de la parte contratante de la primera parte.
- Dice que... la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte, y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato... Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.
Pero, como se mencionan de nuevo cosas norirlandesas, voy a extenderme un poco sobre ese asunto.
El documento dice así:
"El proceso democrático tiene que desarrollarse en ausencia total de violencia y sin injerencias, rigiéndose el diálogo y la negociación entre las fuerzas políticas por los principios del Senador Mitchell".
Ésta es la historia de esos principios.
Tras la presentación de la Declaración de Downing Street por los gobiernos británico e irlandés, en diciembre de 1993, el IRA anunció un cese el fuego en agosto de 1994.
La declaración de los dos gobiernos invitaba a todos los partidos de Irlanda del Norte a participar en una negociación constitucional. En su punto 10 decía:
10. The British and Irish Governments reiterate that the achievement of peace must involve a permanent end to the use of, or support for, paramilitary violence. They confirm that, in these circumstances, democratically mandated parties which establish a commitment to exclusively peaceful methods and which have shown that they abide by the democratic process, are free to participate fully in democratic politics and to join in dialogue in due course between the Governments and the political parties on the way ahead.
Es decir la negociación exigía un fin al uso o al apoyo de la violencia paramilitar. La negociación estaría abierta a los partidos con mandato democrático, que "establecen un compromiso exclusivo con medios pacíficos y que han mostrado que aceptan el proceso democrático".
Ahí está en mi opinión la contradicción grave del proceso de paz irlandés, que se exija a partidos legales el cese de la violencia por grupos ilegales. Pero dejemos eso para otro día.
Cuando el IRA anunció el cese el fuego, el Gobierno británico le preguntó si era permanente y demandó lógicamente que, si lo era, procediese al desarme. Eso fue rechazado por el Sinn Fein y el IRA. Hubo bailes de salón pero el inicio del proceso estaba atascado.
Hasta que llegó Bill Clinton en noviembre de 1995. Para satisfacer al poderoso amigo americano, Londres y Dublín presentaron la noche antes de que aterrizase un acuerdo para salir del atasco.
La negociación comenzaría en febrero de 1996 y se creó una comisión internacional para estudiar cómo resolver el asunto del desarme.
Se creó la comisión, presidida por el senador Mitchell. El 22 de enero los comisionados presentaron su informe de veinte páginas. Proponían un desarme paralelo a la negociación.
"Los partidos debieran considerar un enfoque bajo el cual algún decomiso
tendría lugar durante el proceso de negociaciones multipartitas...Tal enfoque
significa un compromiso. Si el proceso de paz debe avanzar, tiene que superar
el actual impasse...Este enfoque les ofrece una oportunidad'.
'Además, ofrece a los partidos una oportunidad para usar el proceso de decomiso
para construir confianza paso a paso durante las negociaciones. Si se progresa en
asuntos políticos, incluso modestos pasos mutos en decomiso podrían ayudar a
crear una atmósfera necesaria para dar más pasos, en una pauta progresiva de
creciente confianza'
Y proponían también que todos los representantes de los partidos participantes en la negociación prometiesen su compromiso con estos principios:
'Con medios democráticos y exclusivamente pacíficos para resolver asuntos
políticos'
'Con el desarme total de todas las organizaciones paramilitares'
'Con acordar que tal desarme debe ser verificable a la satisfacción de
una comisión independiente'
'Con renunciar para ellos mismos, y oponer todo intento por otros, al
uso de la fuerza, o a la amenaza de usar fuerza, para influir el curso o
el resultado de las negociaciones multipartitas'
'Con acordar someterse a los términos de cualquier acuerdo alcanzado
en las negociaciones multipartitas y a recurrir a métodos democráticos
y exclusivamente pacíficos para intentar alterar cualquier aspecto de ese
resultado con el que puedan estar en desacuerdo, y'
'Con urgir que cesen todos los asesinatos y palizas de castigo y con tomar
acciones efectivas para prevenir tales acciones'.
John Major enfadó a Dublín descartando avanzar de esta manera y se acogió a otra propuesta que aparecía con rango menor en el informe, la de celebrar elecciones en Irlanda del Norte como vía para dar legitimidad en votos a quienes debían negociar. El IRA ya había decidido interrumpir el cese el fuego. El 9 de febrero explotó una gran bomba en la estación de South Quay, en la nueva city crecida en la zona portuaria de Londres.
Hasta el 1 de mayo de 1997, cuando Tony Blair gana las elecciones, el IRA practicó un terrorismo recordatorio de su existencia y los partidos norirlandeses negociaron sin el Sinn Fein en un edificio de Stormont donde nada sustancial ocurrió.
Tras su victoria Blair abrió una nueva vía de diálogo con el Sinn Fein para conocer sus intenciones. Y se acordó reanudar el cese el fuego e incorporar al Sinn Fein a la negociación según el modelo diseñado por la comisión de Mitchell: una negociación política avanzando en paralelo con la negociación del desarme.
El nudo del modelo irlandés de resolución de conflictos es ese paso. ¿Cuáles fueron sus consecuencias?
- Que Sinn Fein entró en la negociación constitucional, que inmediatamente abandonó el partido de Ian Paisley, ahora mayoritario.
- Que no hubo ningún gesto de desarme previo a la firma del acuerdo constitucional, en abril de 1998. Hubo gestos simbólicos después, cuando los gobiernos compartidos formados tras el acuerdo caían porque los otros partidos no aceptaban estar en el mismo Ejecutivo que un partido ligado a un IRA aún semi activo. El IRA llevó a cabo su desarme en 2005.
La idea de que esto se puede aplicar a las circunstancias vascas de hoy me parece peregrina. En lo nuestro sólo cabe el orden de las cosas que intentó imponer John Major, primero te desarmas y luego se negocia, si cabe.
Porque el asunto es muy simple: si ETA no se ha desmantelado antes de cualquier diálogo político posible para ampliar el consenso constitucional en el País Vasco, se celebraría como en Irlanda bajo la amenaza de que si no satisface a los del capuchón podrían volver al crimen.
Es inaceptable y además no ocurrirá.
¿Entretenidos?
Con motivo de los horribles atentados de ETA en los últimos días, se ha atizado de nuevo la discusión sobre la conducta de los medios británicos. En eso hay muestras de chauvinismo extremo y la frecuente convicción por quienes más gritan de que son precisamente ellos quienes más sienten y quienes hacen lo que hay que hacer para acabar con ETA. De eso no merece la pena hablar. Siempre habrá alguien que grita más.
Pero he conversado estos días con amigos sobre el viejo empeño de los gobiernos españoles para convencer a los periodistas británicos de que no escriban que ETA es un grupo separatista y que lo definan como terrorista.
Que ETA es un grupo separatista es para mí tan evidente como que es un grupo terrorista. Los dos adjetivos son igualmente válidos. Y, a partir de ahí, se consideran a menudo cuestiones de estilo en la escritura.
Pero lo que sorprende es que alguien crea a estas alturas que por llamar a ETA terrorista convencemos, avergonzamos o intimidamos a alguno de sus seguidores. E igual de extraño me parece que se piense que los británicos que leen en sus periódicos que "el grupo separatista ETA ha hecho eso..." sienten alguna simpatía por sus crímenes, pero que al decir que es un grupo terrorista la pierden.
La batalla diplomática está perdida de antemano, porque los periodistas británicos saben que en eso tienen la razón de su parte.
Pero, con ánimo de explicar a los posibles interesados lo que pienso sobre ese asunto, he recordado algo que escribí hace unos años. Es un argumento en favor de llamar a ETA grupo terrorista. Reproduzo aquí un fragmento de un artículo que escribí hondamente honrado por la petición de la revista 'Hitzaren Balioa', El Valor de la Palabra, de la Fundación Fernando Buesa.
Quizás estoy equivocado, pero créanme cuando les digo que para escribir un artículo en una publicación que lleva el nombre de un vicepresidente del Gobierno Vasco asesinado por los enemigos de la libertad puse mi mejor empeño.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Un principio elemental del periodismo independiente es que se nombra a las personas o a las instituciones tal como ellas se nombran a sí mismas. Una simple ilustración es llamar al Gobierno Vasco con ese nombre, que es el suyo, el que consta en la ley que lo fundó, y no con el de ‘gobierno vascongado’, por que ésta es una forma de expresar una inmediata opinión sobre su naturaleza, impropia en quien escribe con afán de objetividad una noticia.
Podemos escribir sin preocupación de que alguien vaya a desmentirnos que el gobierno de Vitoria es vasco. Sólo pequeños matices irrelevantes podrían inquietar a un editor que supervisa el mapa del tiempo cuando se encuentra ante la adjetivación de la temperatura para mañana como fría. Y la discusión puede ser interesante si el ministro de economía refuta al columnista del periódico cuando dice que aquel representa la corriente liberal en el gabinete.
Otra cosa es escribir "el grupo terrorista ETA". Por que ni el grupo reivindica para sí el adjetivo de terrorista ni sus simpatizantes toman esa descripción con la supuesta magnanimidad del imaginario ministro. "¡Vosotros sois los terroristas!", nos dicen como respuesta. ¿Qué debemos hacer?
En los últimos años se ha extendido una opinión muy crítica en España sobre los medios o periodistas extranjeros que no califican a ETA como grupo terrorista y prefieren denominarlo como independentista, separatista o simplemente vasco.
En algunos casos, la renuncia a utilizar la palabra terrorista se basa en la reivindicación de un lenguaje más objetivo, que no sea susceptible de interpretación ideológica. Por ejemplo, el ente público británico de radiotelevisión, BBC, ha sido frecuentemente criticado por una supuesta tibieza frente a ETA sin tener en cuenta que, en los momentos más agudos de las campañas del IRA Provisional contra fuerzas británicas en Irlanda del Norte o mediante bombas en ciudades inglesas, sus periodistas tampoco se referían al grupo como terrorista, sino como republicano o irlandés.
Otros argumentan su rechazo a utilizar el adjetivo de terrorista con razonamientos más nítidamente políticos, que pueden resumirse en la afirmación de que unos llaman grupo terrorista a lo que para otros es un movimiento de liberación.
Para aclarar esa cuestión es necesario sustentar los criterios en la ley, que es una referencia tan ineludible en este caso como a la hora de definir un hurto, una violación o una quiebra, términos aceptados en el periodismo para describir esos actos o situaciones porque así son definidos en la ley.
La Organización de Naciones Unidas ha aprobado a lo largo de su historia una docena de convenios relacionados con delitos de ‘terrorismo’ sin utilizar esa palabra- versan sobre el secuestro de aviones o la toma de rehenes-, precisamente porque ha tenido dificultades para definir un criterio común entre sus miembros. Un ejemplo contemporáneo ilustra esa dificultad: ¿Son terroristas los periodistas de la oposición en Zimbawe? El gobierno de Robert Mugabe parece creerlo, porque los procesa judicialmente bajo esa acusación.
En 1937, el organismo precursor de la ONU, la Liga de Naciones, llegó a esta definición del terrorismo: "Todos los actos delictivos dirigidos contra un Estado con el ánimo o el cálculo de crear un estado de terror en las mentes de personas individuales o grupos de personas o el público en general".
Hubo que esperar cuarenta años para que otro organismo internacional relevante, el Consejo de Europa, ofreciese en su Convenio para la Supresión del Terrorismo, de 1977, una nueva definición, que se basa en la decisión por sus signatarios de “no considerar como delito inspirado por motivos políticos” el secuestro de aviones, el ataque grave a los diplomáticos, el secuestro o el uso de bombas para poner en peligro a las personas.
El Tribunal Constitucional español, en 1987, se refirió a esa definición del Consejo de Europa en un comentario al artículo 55.2 de la Constitución de 1978, que ya adelantó la posibilidad de suspensión de derechos de las personas “en relación con las investigaciones correspondientes a la actuación de bandas armadas o elementos terroristas". Pero el texto constitucional no ofrecía una definición de qué debían hacer esos elementos para ser considerados como terroristas.
El Tribunal Constitucional encontró, en su sentencia de 1987, la definición precedente en el derecho internacional que resultaba útil: “el elemento fundamental a tomar en cuenta es que el delito sea cometido por bandas armadas o terroristas, existiendo instrumentos internacionales, muy en particular el Convenio Europeo para la Represión del Terrorismo de 27 de enero de 1977, ratificado por España, que establecen criterios objetivos en la determinación del concepto de terrorismo".
En su resolución de 1999, la ONU condena por primera vez con esas palabras "todos los actos, métodos y prácticas del terrorismo como criminales e injustificables, allí donde se cometan y sea quien sea quien los comete" y, luego, señala que "actos delictivos con el ánimo o el cálculo de provocar un estado de terror en el público en general, un grupo de personas o personas individuales, con objetivos políticos, son en cualquier circunstancia injustificables, cualquiera que sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas o de cualquier tipo que se invoquen para justificarlos".
En los sesenta años que transcurren entre la resolución de la Liga de Naciones y ésta de la ONU ha cambiado la perspectiva. En 1999 no son terroristas solamente los actos "dirigidos contra un Estado", como se decía en 1937, pero lo son todos aquellos que quieren provocar el terror "con objetivos políticos". El Consejo de Europa, en 1977, había querido precisamente quitar el amparo de lo político a la colocación de bombas o al secuestro de personas.
Es interesante por su breve claridad la propuesta que el asesor de la ONU, A. P. Schmid, propuso sin éxito al organismo multinacional en 1992: “Un acto de terrorismo es el equivalente en tiempos de paz a un crimen de guerra”.
En 2002, la Comisión Europea adoptó una decisión marco que ofrece una exhaustiva definición del delito terrorista. Tras advertir que la decisión no rige las actividades de las fuerzas armadas de un Estado en período de conflicto “o en el ejercicio de sus funciones oficiales en la medida en que se rigen por otras normas del Derecho Internacional”, la lista europea de delitos terroristas los enumera. Y también los define más genéricamente como “los actos intencionados que, por su naturaleza o su contexto, puedan lesionar gravemente a un país o a una organización internacional cuando su autor los cometa con el fin de intimidar gravemente a la población, obligar indebidamente a los poderes públicos o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo, o desestabilizar gravemente o destruir las estructuras fundamentales políticas, constitucionales, económicas o sociales de un país o de una organización internacional”.
Esa definición parece tener alguna deuda con la aportada en la reforma del Código Penal español de 1995, que regula en su artículo 571 las condenas a terroristas definidos como quienes "pertenecen, actúan al servicio o colaboran con bandas armadas, organizaciones o grupos cuya finalidad sea la de subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública".
El breve recorrido por la ley internacional y española nos desvela la cuestión política que se oculta tras el dilema de algunos periodistas sobre si deben o no deben llamar a ETA grupo terrorista. Las definiciones del delito no han cambiado mucho desde el primer convenio de la Liga de Naciones. Lo que va oscilando según la temperatura ambiente del mundo o la amplitud internacional del organismo es la definición del actor posible del delito. ¿Serán terroristas sólo quienes actúan por esos métodos- el secuestro de aviones o personas, la colocación de bombas, el asesinato de personas- contra el Estado? ¿O lo será todo aquel, incluidos los gobiernos, que quieren crear el terror entre la población o entre grupos de personas e incluso en personas individuales? ¿Será terrorista quien declare objetivos políticos para sus actos de terror o debe extenderse la definición a los grupos de delincuencia organizada que mediante el crimen o la amenaza logran mayores ganancias económicas y poder?
Ahí está la cuestión con enjundia política y legal, pero que, en el ámbito más reducido del libro de estilo de los periodistas de la actualidad, parece resoluble sin grandes controversias. Porque puede ser políticamente complejo decidir, en la fecha en que esto escribo, si quienes se oponen a las tropas multinacionales en Irak son terroristas o insurgentes- la página web de la Operación Telic, difundida por el Ministerio británico de Defensa, así los llama-, si la penetración de la Mafia en la política italiana o americana obligaría a incluirla en la lista de organizaciones terroristas según los criterios del Consejo de Europa, de la ONU y de la Comisión Europea, o si estuvo justificado el malestar de periodistas con un sentido de la justicia natural más amplio que el estricto articulado de la ley al tener que calificar como terrorista a Umkhonto we Sizwe y describir con asepsia institucional al gobierno sudafricano del ‘apartheid’.
Pero no cabe ninguna duda de que todas las definiciones de terrorismo dictadas por organismos internacionales o por la ley española se aplican a los atentados organizados en su día por Umkhonto we Sizwe e inapelablemente a los que aún perpetra ETA.
Polémicas similares ocurren con otras palabras. Guerra, ejecución, víctimas de la violencia, conflicto,...son vocablos y expresiones que han provocado reserva o crítica, porque en su interpretación se cruzan lo que dice la ley, el significado asignado por la academia o su uso por diferentes actores.
Llamar a ETA ‘grupo terrorista’ no distorsiona el lenguaje objetivo al que aspira el periodista independiente, como tampoco lo vulnera el llamar a ETA grupo independentista, o separatista, o vasco.
Quienes renuncian a llamar terrorista a ETA, por afán de neutralidad o por consideraciones políticas más hondas, se equivocan. Pero, ¿es tan importante que los medios reflejen en sus artículos que tal o cual actividad se enmarca dentro de los delitos tipificados como terroristas? ¿Contribuyen con su error los periodistas que renuncian a esa calificación a la consideración más benigna por sus lectores de los actos que describen? Es posible. Pero mi opinión es que los principales retos éticos que el terrorismo plantea al redactor de noticias no están en el uso de los adjetivos.
Presentamos ayer el libro en una sala de comité de la Cámara de los Comunes. Algunos diputados y lores, diplomáticos, gente de think-tanks, universitarios, la sala llena...y Lourdes Gómez, la excelente corresponsal en Londres de este periódico durante unos cuantos años, más tarde de El País, ahora de Público...
Al terminar el acto, comentaba con John Bew y Martyn Frampton, mis coautores, que algunas preguntas revelaron que un sector del público nos consideraba unos 'hard-liners', gente de la línea dura. No sólo la pretensión de pasar por gente dura por tres tipos que escriben libritos me parecería ridícula, cuando hay gente que se juega la vida en estas batallas. Es que además no es cierto.
Las preguntas que revelaban esa percepción se basaban, por gente que muy cordialmente advertía que aún no ha leído el libro, en sus deducciones sobre lo que dijeron John y Martyn en la introducción.
El primero explicó que, en el capítulo sobre Irlanda del Norte, dos tercios del tronco principal, se intenta mostrar algo que subrayamos en las conclusiones. Que muchos entre quienes quieren convertir el proceso de paz en Irlanda del Norte en un modelo a seguir para la resolución de guerras de tipo terrorista en otras partes del mundo no sólo caen en el error de las analogías, que nunca funcionan en la vida real, sino que ofrecen una versión mal fundada sobre lo ocurrido allí.
Esa gente, cuya buena intención nadie pone en duda, ha creado un paradigma del proceso de paz que dice que todas las iniciativas fracasaron hasta que los gobiernos decidieron entablar un diálogo sin condiciones e incluyente.
Lo que John y Martyn muestran en su investigación- muy trabajada- de lo ocurrido en Irlanda del Norte es que el diálogo final, además de iniciarse con condiciones, es una conclusión de una historia más larga y que hay que observar el conjunto para entender también las partes.
En ese sentido, no se puede entender la decisión de Sinn Fein-IRA de avanzar hacia una negociación, cuyo resultado es que no consiguen ninguno de los grandes objetivos programáticos del grupo, sin anotar el éxito de las fuerzas de seguridad británicas en mermar de modo posiblemente definitivo la capacidad del IRA de organizar campañas sostenidas.
No es, como verán, una narración prescriptiva, sino un intento de contar lo que mis coautores, insisto en que están muy bien documentados, creen que realmente ocurrió, y que yo comparto con mi conocimiento más limitado.. Como decía Feijoo, un buen entendimiento, justo, cabal, claro, y perspicaz es quien constituye un buen crítico. Y, esto lo digo yo, estará mejor equipado para extraer las lecciones útiles de lo ocurrido en Irlanda.
Martyn dedicó su introducción a ilustrar, con el ejemplo irlandés, que la idea de que hablar con grupos terroristas es siempre bueno no está nada clara a la luz del análisis sobre la coincidencia de grandes atentados y campañas con intentos gubernamentales de dialogar con el IRA. Cuyos dirigentes pudieron llegar a la conclusión de que, aunque Londres les decía que no aceptaba sus propuestas- la retirada inmediata de la provincia, por ejemplo-, el mero hecho de que el gobierno mantenía la puerta abierta del diálogo era una señal de que con un empujón más podrían doblegarlo.
En la breve historia de ETA y de los diálogos y procesos en España, ofrecemos una visión descriptiva de esta misma faceta. Y, en la presentación del libro, hace unos días, respondí a una pregunta sobre esta cuestión recordando los años en los que, en el camino hacia 1992, el gobierno de Felipe González se empeñó, tras el fracaso de Argel, en reabrir contactos y diálogos con ETA, que perpetró, en fechas significativas en relación con lo que estaba ocurriendo en la trastienda del diálogo, algunos de sus atentados más crueles y siniestros.
Y también podría citarse el ejemplo de la campaña- todos los adjetivos ya han sido usados, me ahorro el esfuerzo- que ETA lanzó coincidiendo con el fracaso del Pacto de Lizarra/Estella.
Pero, como dicen los buenos científicos, 'correlation is not causality'. Que se pueda mostrar en un gráfico una correlación entre fechas y bombas no significa que las primeras sean causa de las últimas. Lo que decimos es: ahí está la correlación. Para invitar a quien esté interesado a sumarse a nuestro 'quizás'.
Me gusta algo que John Bew ha repetido unas cuantas veces cuando le preguntan por Oriente Próximo e Irlanda del Norte. Dice, en mi opinión con muy buen sentido, que el éxito del proceso de paz echó sus raíces en la estabilidad y el compromiso de los dos estados democráticos que se enfrentaban al problema. Lo mismo podría decirse de ETA, España y Francia. Y que eso no tiene analogía posible, a día de hoy, en el entorno de Israel y Palestina.
Y anoto que, sea en inglés o en castellano, no consigo que la gente me siga cuando expongo un argumento que he defendido desde hace años. Que la misma debilidad de ETA hace más difícil un proceso de paz, entendido como una negociación. El IRA, gracias a la sagacidad política de Gerry Adams y Martin McGuinness, fue capaz de montar un gran teatro de la rendición militar porque antes de dejar las armas podía vivir de la ilusión de su relativa fuerza. Pero ¿qué logro, qué ceremonia, puede imaginar una organización a la que le detienen tres jefes militares en cinco meses, por hablar sólo del tiempo reciente?
Esa paradoja me parece obvia y por eso creo, no sólo que es inconcebible un proceso a la irlandesa en España, sino que el beneficio de ese proceso- que ETA se disuelva y por tanto nuestros amenazados puedan al fin vivir libres de la amenaza- requeriría en nuestro caso una imaginación más osada. ¿Conocen a alguien en la izquierda patriótica vasca cuya imaginación les inspire optimismo?
La sala del comité daba al Támesis. Yo estaba sentado en el lado izquierdo de la mesa y no veía los rostros de quienes estaban de espaldas al ventanal neogótico. Eran siluetas negras, gruesas o enjutas, voces también góticas que venían de algún eco, testas enhiestas o que cabeceaban, sin que pudiera discernir si alguien lloraba o reía.
Por una extraordinaria coincidencia, entré en la sala tras cruzar el pasillo, porque, exactamente al otro lado, puerta contra puerta, asistí durante una hora, en el Consejo Privado- es decir, los Lores Jueces convertidos en máxima instancia judicial de los territorios dependientes de la Commonwealth-, a los debates que se desarrollaban sobre un asunto fascinante.
El Gobierno de Gibraltar destituyó al Chief Justice, la máxima autoridad judicial de su territorio. El abojado del juez destituído presentaba en aquel momento unos argumentos finísimos sobre las diferencias entre qué significa mal comportamiento y qué incapacidad en el ejercicio de un juez.
No se pierdan las crónicas que dos buenos periodistas y hospitalarios llanitos, Dominique Searle y Brian Reyes, publican sobre el apasionante caso en el que dicen que es el diario más antiguo de la Península, el Gibraltar Chronicle.
Entrevista con Jonathan Powell
Fotos de Ione Saizar
Jonathan Powell fue el jefe de gabinete de Tony Blair en sus últimos años como líder de la oposición y en todo su tiempo como primer ministro. Fue su mano derecha en el proceso de paz en Irlanda del Norte y el negociador directo con el Sinn Fein. Hijo de un militar, su hermano, Charles, fue el íntimo asesor de Margaret Thatcher en política exterior.
En abril del pasado año, coincidiendo con el décimo aniversario de la firma del Acuerdo de Viernes Santo, publicó ‘Great Hatred, Little Room. Making Peace in Northern Ireland’ (Grandes Odios, Poco Espacio, Hacer la Paz en Irlanda del Norte).
Powell reconoce en su libro que escribió los borradores de algunos comunicados del IRA y describe, entre otras cosas, sus incursiones en barrios republicanos para encontrarse secretamente con Gerry Adams o Martin McGuinness.
Aunque reacio inicialmente a dar entrevistas a la prensa vasca o española, un encuentro fortuito en una charla de Michael Burleigh con José María Aznar en el think tank Policy Exchange, me permitió acercarme a Jonathan Powell.

Publicamos en su día que Blair había ofrecido a José Luis Rodríguez Zapatero el contacto con Powell como vía para informarse sobre lo ocurrido en Irlanda del Norte. La entrevista se celebró, el pasado octubre, con la condición de que versase exclusivamente sobre Irlanda del Norte.
Jonathan Powell me dijo que su papel en el diálogo entre el Gobierno español y ETA fue asesorar al centro Henri Dunant sobre los detalles del proceso irlandés, cuando el instituto ginebrino ejerció el papel de facilitador.
Pero aceptó amablemente responder, en el comienzo de la entrevista, a la pregunta más larga que jamás he planteado a un interlocutor y que tenía relación con cosas vasco-españolas.
P. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero dijo, en una entrevista con El País, tras la declaración de alto el fuego de ETA, que Blair le había recomendado mantener siempre un canal de comunicación, como él había hecho, incluso después de la bomba en Canary Wharf. Aunque comete un error sobre las fechas de la historia, la declaración de Zapatero refleja una filosofía que confirmó después el socialista vasco Jesús Eguiguren, al decir que el Gobierno volvió a hablar con ETA, hace ahora dos años, tras la bomba en la T4, porque Tony Blair y Gerry Adams se lo recomendaron. Pero usted escribe en el libro que ni a Blair ni a usted les gustó que John Major hablase con el IRA tras la bomba en Canary Wharf. Y, luego, en las conclusiones, recomienda mantener el diálogo con los grupos terroristas. ¿Cómo casa todo esto?
R. Es una pregunta importante y la respuesta es complicada. Si tomamos primero el caso de Canary Wharf, un problema al negociar con estos grupos es que, si les das un mensaje de que, si regresan a la violencia, van a tener éxito, nunca dejarán la violencia. Tienes que dejarlo claro. Tanto Tony Blair como yo mismo lo dijimos explíticamente a Adams y McGuinness: si volvéis a Canary Wharf, no hablaremos nunca más con vosotros. Porque no puedes, como Gobierno democrático, negociar bajo la amenaza de violencia. Una vez dicho esto, el Gobierno británico estuvo en contacto con el IRA desde los años setenta hasta los años noventa. Mantener ese contacto durante todo ese tiempo facilitó el alto el fuego de 1994. Si no hubiese existido ese contacto secreto, no se ve cómo podría llegarse a la fase del alto el fuego. Por un lado, el Gobierno británico no podía ser visto hablando con un grupo terrorista que mataba a su gente. Por otro, el IRA no podía dejar la violencia si no veía que era posible una senda política. Y el canal secreto permitió a ambas partes llegar a un entendimiento. También cuando hablábamos con el Sinn Fein mientras estábamos en el Gobierno, hubo momentos difíciles. El partido Conservador pretendió que había un enfoque compartido, pero intentó complicarnos la vida. Por ejemplo, cuando el IRA rehusaba el decomiso de las armas, nos metieron mucha presión para parar la puesta en libertad de presos. O en el robo del Northern Bank. Era el mayor robo en la historia británica y sabíamos que era el IRA. Esa misma mañana había volado para verme con Gerry Adams y Martin McGuinness en un monasterio en Belfast Oeste y me informaron del robo al aterrizar. Era una situación muy difícil. Decidí ir al encuentro.
P. Es decir, que si el IRA hubiese matado en el robo de bancos o en otras acciones, ustedes hubiesen suspendido el proceso.
R. Hubiese sido muy difícil. Si colocan una bomba y matan a gente, como en Canary Wharf, creo que hubiésemos roto las negociaciones, aunque mantendríamos un contacto secreto con el IRA, esperando regresar al proceso. Pero no podrías seguir con esa negociación abierta y pública, porque estarías enviando el mensaje equivocado. El objetivo consistía en acabar con su estrategia dual desde los años ochenta, la urna en una mano y la metralleta en la otra. Teníamos que lograr que dejasen la metralleta. Si les permites eso, seguirán haciéndolo, porque les resulta mucho más fácil. Hay muchas áreas grises en todo esto, porque había palizas de castigo, expulsiones de gente de sus barrios e incluso en nuestro primeros meses mataron a dos policías. Nos aclararon que era un comando escindido, y nos aseguraron que no ocurriría de nuevo. Hay muchas áreas grises en todo esto. Los gobiernos tienen una papeleta difícil, pero es importante mantener ese contacto que, al principio, casi siempre va a ser secreto, mientras la violencia sigue. Pero creo que no hay que descartar el hablar con el grupo, porque estás cerrando la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz. Ésa es la razón por la que digo que ahora hay que hablar con el Talibán y con Al Qaida, si se puede.
P. Usted cree que Adams y McGuinness tenían dificultades para convencer al resto del IRA ¿Se basaba en la inteligencia secreta sobre el grupo o en lo que le decían?
R. En una combinación de las fuentes de información que teníamos y también en lo que nos decían, en cómo se comportaban. Llegamos a un mutuo entendimiento a lo largo de todo este tiempo sobre aquello a lo que se enfrentaban y sobre aquello a lo que nos enfrentábamos. Se plantea la cuestión de aceptar si existe diferencia entre el IRA y el Sinn Fein. Para esos movimientos terroristas resulta conveniente tener una rama política a la que la gente vota, que le da legitimidad y que habla en su nombre públicamente y para los gobiernos puede ser conveniente tener una organización más o menos respetable con la que pueden hablar. Eso plantea peligros morales, porque te puedes encontrar pretendiendo que no estás hablando con un movimiento terrorista cuando en realidad lo estás haciendo. Pero hay capas de complicaciones en todo esto. Es cierto que resulta beneficioso en una negociación presentar a una gente con la que tienes que negociar y por otro lado a una gente en la sombra que se dice que es más difícil. Pero en este caso creo que es cierto que tuvieron dificultades. Tony decía que era una relación similar a la del grupo parlamentario laborista y la Ejecutiva Nacional del partido. Tenían unas broncas tremendas. Creo que es una buena analogía. Adams y McGuinness no podían pacificar al IRA simplemente porque así lo quisiesen, aunque estaban estrechamente vinculados al grupo. Adams y McGuinness tenían muchos problemas con los comunicados del IRA (que acordábamos). Iban a negociar con la gente del IRA, en la noche, con el sonido del motor de un tractor en marcha para evitar las escuchas, intentando que aceptasen lo que se les proponía. Siempre volvían con cambios, que hacían las cosas más difíciles. Pero esa relación es muy importante y en otros países no existe de la misma manera. ¿Está el partido político totalmente sometido al movimiento militar? Ésas son las cuestiones que se plantean en todo el mundo, desde Turquía a España, Sri Lanka o Filipinas. Hay que evaluarlo en cada caso.

P. En el caso de Al Qaida, es aún más dificil, al no estar estructurado de una manera convencional.
R. No está estructurado en absoluto, es una organización amorfa, no está nada claro lo que es...
P. Y la idea de diálogo...
R. Lo de Al Qaida es muy complicado, pero cabe imaginar que, si persuades a Al Zawahiri o a Bin Laden para que renuncien al terrorismo, eso puede tener un gran impacto en la organización. Si pueden convencer a cada unidad en todo el mundo es otra cuestión. Lo mismo puede decirse del MNLF en Filipinas, no está claro que puedan convencer a todos los clanes que luchan. Yo no quiero sugerir que Irlanda del Norte es una plantilla que sirve para cualquier lugar del mundo. Su disputa era diferente a otras disputas y la solución que encontramos es diferente. Las lecciones son más sobre la manera de actuar para alcanzar la paz que sobre las peculiaridades de Irlanda del Norte. Hay gente aquí de la derecha que dice que no hay ninguna lección. Eso me parece tonto, porque lo que es llamativo es lo interesados que están líderes políticos de todo el mundo. Pero lo importante no es aprender sobre el acuerdo final sino sobre los errores que cometimos, sobre cómo llegamos al acuerdo final.
P. Elogia a los líderes políticos norirlandeses en el libro, pero también los describe negativamente. Adams y McGuinness pretenden ser grandes estrategas pero, tras cada retirada de la mesa, tuvieron que ceder. Trimble y Malone discutían delante del presidente de Estados Unidos. Gente bien cualificada no participa en política en lugares violentos.
R. El punto general es correcto: gente de calidad no participaba en la política de Irlanda del Norte, porque no podía lograr nada. Se les pedía entrar en un movimiento de protesta. Sin embargo, Adams, McGuinness, Trimble, Paisley, Hume, son políticos de estatura considerable. Estaban dispuestos a correr riesgos, algo que no muchos políticos hacen. Creo que Irlanda del Norte fue increíblemente afortunada de tener esos políticos, que entraron de alguna manera en el sistema y estaban en el lugar adecuado en el momento adecuado. Por supuesto, son humanos, como todos los demás, cometieron errores, como nosotros cometimos errores. Intenté escribir el libro sin el beneficio de la perspectiva, de tal modo que se pudieran ver los errores, los callejones sin salida en los que nos metimos y cómo retrocedimos desde allí. Porque la gente tiene esa idea de que lograr la paz en Irlanda del Norte era inevitable. Nunca fue inevitable.
P. Adams y McGuinness habían estado en el liderazgo del IRA muchos años y Paisley casi inició el conflicto. Hay una continuidad en los extremos, que quizás es importante.
R. Creo que hay algo interesante en eso. Una de las críticas de la derecha en este país es que sacrificamos al centro moderado y dimos todo a los extremos. Pero, primero, intentamos construir con el centro moderado, con el SDLP y los unionistas, pero el SDLP dijo que no avanzaría sin los republicanos. O sea que teníamos que incluir a los republicanos. Y seguimos con Trimble hasta 2003. Blair encendió velas por Trimble mucho después de que el Gobierno de Dublín, nuestro Ministerio para Irlanda del Norte, su propio partido y los electores de Irlanda del Norte se hubiesen hartado de él. Intentamos construir desde el centro con toda nuestra fuerza. Pero quizás es realmente más sencillo alcanzar un acuerdo entre los extremos, porque, bajo el principio 'Nixon va a China', no hay nadie que les pueda desbordar, que les haga la vida difícil. Como digo en el libro, en España, el PP constantemente acosó al PSOE cuando intentaba llegar a un acuerdo con ETA. Pero, cuando el PP intentó llegar a un acuerdo con ETA, fue más fácil porque nadie le atacaba. Es decir, que ocurre también en otros países, es más fácil para esos extremos llegar a acuerdos.
P. La disputa en Irlanda del Norte sobre las interpretaciones opuestas de la autodeterminación se resuelve finalmente con el fomento de la multilateralidad.
R. Yo trabajaba en el Foreign Office en 1989 cuando se estaba acabando el comunismo, y escribí un informe sobre la autodeterminación, prediciendo la quiebra de la Unión Soviética y de Yugoslavia, que fue muy criticado. La autodeterminación es efectivamente un concepto muy difícil porque ¿cómo puedes definir la unidad que se autodetermina? ¿Es Chechenia? ¿Es Abjasia? ¿Es Georgia? ¿Es Rusia? Ésa fue siempre la falla lógica en la posición del IRA, que decía que sólo la isla de Irlanda tenía el derecho de autodeterminación. ¿Por qué? ¿Por qué no Escocia o Gales? ¿Un pueblo, una calle? No hay una manera sencilla de definir la unidad. Por tanto, llegas a la conclusión de que el asunto no es la autodeterminación sino el consenso de la población. Si vas a gobernar esa población durante un período largo de tiempo, tienes que obtener su consenso. El ejemplo interesante en todo esto es Transilvania, que fue disputada por Hungría y Rumanía durante siglos. Pero ahora, cuando se les han reconocido sus derechos y se les permite su expresión política, el problema se ha resuelto en general. Si miras a Escocia, tiene un gobierno del SNP pero el apoyo por la independencia ha bajado a un 30%. O sea que dándoles su poder autonómico, con su Parlamento, ahora gobernado por los nacionalistas como una reacción al largo dominio del partido Laborista, realmente reduces la presión por la separación y la autodeterminación. Y creo que también lo ves en Irlanda del Norte por la manera en lo que lo hicimos. La manera de diluirlo es que la gente se concentre en la cuestión del consenso más que en la autodeterminación y, al final, se llegó al acuerdo de que el estatus de Irlanda del Norte sólo se puede cambiar con el consenso de la gente. Una vez que tienes eso, es más fácil resolver el asunto político. Ahora bien, si estás en un lugar como Cachemira, no está nada claro que la gente vaya a votar para quedarse donde está. O sea que no resuelve el problema en todo el mundo, lo hizo en Irlanda del Norte. Pero para India sería muy difícil aceptar el principio del consenso. Pero, si realmente vas a gobernar ese territorio durante mucho tiempo y en paz, tienes que llegar a un consenso. Y eso tiene que ver casi seguro con autonomía, respeto por la identidad y derechos culturales. Es interesante que en Turquía el PKK ya no está pidiendo independencia sino derechos culturales y de uso de su idioma.
P. ¿Cree que habrá algún día una Irlanda unida?
R. No lo sé, nadie lo sabe, pero no lo creo. Creo que la idea de una Irlanda unida dejará de ser tan relevante. Porque, cuando la UE deviene más importante, la frontera se convierte en menos relevante. Siempre recuerdo la vez en que Ian Paisley vino a vernos, en el momento de la fiebre aftosa, y nos dijo: “Nuestro pueblo es británico pero nuestras vacas son irlandesas”. Si las vacas son irlandesas, quizás la frontera no importe tanto.
P. ¿Tenía el proceso de paz que ser tan largo?
R. Cuando, para escribir el libro, leí las minutas archivadas de las reuniones, que el Gobierno me dejó consultar, detecté cosas que alguien había dicho y que yo no oí en aquel momento. Pensé: ‘Ah, dijo eso; ahora sé lo que quería decir’. Si lo hubiese entendido entonces, creo que podíamos haberlo hecho todo en dos semanas. Pero es sólo una broma. Lo más importante es que, aunque llegues a un acuerdo como el del Viernes Santo, eso no reconcilia a la gente. Han estado peleando durante treinta años. Alcanzar un gran acuerdo es una catarsis, pero no resuelve todo. No se fiaban los unos de los otros. Creo que necesitabas todo ese tiempo para crear la confianza. Y no ha terminado.
Aquí tenemos fiesta, Bank Holiday, el lunes. Me despido hasta el martes.
Enjoy the weekend.
Tras los asesinatos de soldados y policías en Irlanda del Norte, al principio de esta semana, he escuchado y leído de nuevo comparaciones sobre lo que ocurre en Irlanda y en el País Vasco. Es inevitable, entre otras cosas porque cualquiera que conozca un poco la historia de ETA sabe que la inspiración del IRA existe desde el mismo momento de su nacimiento. Los interesados por este aspecto pueden leer el epílogo de Patxo Unzueta a 'La Historia de ETA'.
He hablado estos días con amigos sobre la posibilidad de interpretar que la ETA de hoy es equivalente a los grupos disidentes republicanos, el resultado de las purgas de todos aquellos que han intentando llevar al movimiento patriótico vasco hacia la política.
Algún amigo me ha dicho también que le parece que puede existir simetría entre la amnistía de 1978 y la puesta en libertad de los miembros del IRA tras el Acuerdo de Viernes Santo y que la diferencia es que ETA no ha conseguido aún un trozo de poder en Ajuria-Enea.
Podríamos enredarnos con esas comparaciones durante un buen rato, pero dos cosas me empujan contra hacerlo aquí. Una, que me he arrepentido siempre que me he metido en esa tarea, muy pocas veces, y lo he publicado. La segunda es más grave. Al poco de visitar Irlanda por primera vez, en tiempos de Viriato, pastor lusitano, me pareció que la cultura del nacionalismo vasco comparte algunos rasgos fuertes con la de los unionistas.
Alguna vez he escrito esto y alguno ha caracterizado el argumento como digno de chiste, como un insulto rebuscado al nacionalismo vasco. Sin caer en la cuenta, imagino, de que el unionismo irlandés tiene en mi juicio algunos rasgos que me parecen loables.
Pero el resultado de esta visión que arrastro, en compañía del joven Unamuno nacionalista- que escribió 'soy vasco, luego soy unionista', según cita de Jon Juaristi- es que las comparaciones directas, sean simpatizantes o detractoras de la hermandad patriótica vasco-irlandesa, me dejan confuso o perplejo.
Los confusos y perplejos disfrutamos con las paradojas y contradicciones que habitan en cada uno de nosotros, así que me lanzo ahora casi alegre al precipicio de las comparaciones, porque en los últimos meses he tenido que pensarlas para escribir, junto a John Bew y Martyn Frampton, un libro- Talking to Terrorists, Making peace in Northern Ireland and the Basque Country- cuyas penúltimas pruebas de imprenta he recibido hoy y que publicará esta primavera, según me cuentan, Hurst en Londres y Columbia University Press en Nueva York.
El libro versa sobre cómo los gobiernos se han enfrentado y han dialogado con IRA y ETA y, como epílogo, escribimos unas conclusiones, que me parecen leves y poco pretenciosas, sobre lo que puede decirse en común sobre ambas experiencias. Aquí les doy cuenta de las que más me atraen.
La primera comparación es una diferencia y puede estar relacionada con esa idea de que ETA es hoy la destilación de todas las disidencias militaristas en su larga historia. Y se debe en gran medida a la lectura de los libros de un autor que publica en este periódico sus tan bien informados comentarios sobre la actualidad vasca, Florencio Domínguez Iribarren.
Las dificultades que ha tenido el movimiento patriótico vasco para avanzar hacia la política, en condiciones que me parecen hasta fecha reciente más benignas que las del IRA, pueden deberse en buena medida a la diferente estructura organizativa.
En Irlanda, las cúpulas del Sinn Fein y del IRA han estado unidas. Gerry Adams y Martin McGuinness han sido miembros del Consejo Militar del IRA- quizás lo son todavía, porque no se ha disuelto- y al mismo tiempo son los dirigentes más destacados del Sinn Fein. Las personas que están sometidas a las presiones del mundo exterior tienen así peso en las decisiones del grupo terrorista y su legitimidad y autoridad como militantes con ambos pies en cada pata del movimiento es fuerte ante unos y ante otros.
ETA Militar nació precisamente para negar ese desdoblamiento político y desde su creación tiene la oficina política como parte de la dirección del ejército, como ellos llaman a esa cosa. El máximo jefe político del movimiento patriótico es un hombre con pasamontañas- últimamente, con chapela y capirote del Ku Klux Klan- que lo dirige, antes a través de KAS y ahora de EKIN.
Aunque en las direcciones de las sucesivas ramas electorales que ha promovido ETA hay miembros de KAS-EKIN-ETA, hay otros que no lo son, aunque se les puede definir como colaboracionistas íntimos. Algunos de sus líderes más prominentes no tienen esa doble autoridad política y militar que tienen Adams y McGuinness.
Cuando, sometidos a la presión del mundo exterior y con percepciones más amplias de la sociedad, esos líderes vascos han promovido vías hacia la política, la última palabra, siempre militarista por pura inercia lógica, la ha tenido el jefe máximo, que es el estratega del capirote, que escribe instrucciones en su ordenador, en algún lugar de Francia.
Si alguien está mejor informado, por favor, que me corrija para beneficio de los ocupantes de este globo.
La segunda comparación es una similitud y me parece esencial. Imagino que alguien lo ha escrito antes y que no lo he leído. Por eso, creo, posiblemente por error, que es mi aportación más original, desde luego la más insistente, a las conclusiones del libro.
El terrorismo es una táctica de los militarmente débiles; desde la secta de los asesinos colgados del hashis, los hashishiyyin de la Baja Edad Media, hasta los revolucionarios de la cocaína colombiana. Como no pueden enfrentarse en un terreno abierto a las fuerzas de seguridad del Estado que quieren derrotar, ponen en práctica una forma de guerra basada en atacar y huir.
Lo que lleva inmediatamente al siguiente argumento. Para que esa táctica pueda sostenerse a lo largo del tiempo, es imprescindible tener un lugar más o menos seguro al que huir, un safe haven, un 'santuario'.
El IRA lo ha tenido en la República de Irlanda y ETA en Francia. Y allí donde he mirado, a Sri Lanka, a la provincia North-West de Pakistán, a Kurdistán, a Colombia,... grupos que practican el terrorismo de forma duradera han tenido un territorio logístico a sus espaldas, marcado por una frontera internacional o por la inaccesibilidad geográfica.
¿Han sido eliminadas las organizaciones de este tipo que han operado dentro de las lindes accesibles del territorio del Estado enemigo y han durado las que han podido crear áreas logísticas inaccesibles tras una frontera internacional o por la orografía o naturaleza del terreno? No se me ocurren ejemplos que permitan responder negativamente a esa hipótesis generalizadora.
Cuando se analiza la factura de un grupo terrorista, hay que empezar con el mismo primer paso que se da cuando se trata de evaluar la fortaleza de un ejército convencional: hay que mirar la estructura logística de mando y control y de aprovisionamiento para estimar su capacidad de sostener sus ataques o su resistencia.
El IRA tuvo la fortuna de tener líderes orgánicamente fuertes y políticamente astutos que, sabedores de que la prolongación de su guerra les llevaba a la debilidad creciente, guiaron al movimiento hacia la política cuando aún era temible. Y antes del 11-S y con la ayuda de Tony Blair.
Su desarme confirma la importancia estructural de la retaguardia logística. Se realizó, según las informaciones disponibles, que son escasas, en nichos esparcidos por la República de Irlanda. Que compartía constitucionalmente el mismo afán del IRA- grupo materno, fundacional, de la República-, unificar la isla.
Desde que ETA perdió su santuario francés- en el libro intento recapitular las fechas de la historia para avalar mi opinión de que fue como consecuencia del GAL- su suerte como grupo capaz de campañas terroristas sostenidas está echada, aunque mantenga, como hizo el IRA y como deben hacer estos grupos para preservar la relativa tolerancia en el santuario, su política de no atacar a las fuerzas de seguridad de su territorio logístico.
Las consecuencias ya visibles con el paso de los años de la pérdida, también relativa, de su santuario me llevó a titular el capítulo del libro sobre nuestro desastre como 'ETA en el País Vasco: crecimiento, declive y la política de la rendición'.
Pero la tercera comparación que no me crea ahora incomodidad especulativa- ya llegará de nuevo el arrepentimiento- arroja alguna preocupación sobre el presente y el futuro inmediato. En Irlanda y en el País Vasco, la llama de la violencia conspirativa prendió en el contexto de disputas políticas con larga historia y se extendió en ambos casos en tiempos de cambio con desorden constitucional. Pero la violencia alcanzó su apogeo cuando ambas regiones se enfrentaban en los años setenta a una crisis económica colosal, que afectó directamente a sus industrias más importantes.
Los ejércitos se nutren de jóvenes. Los autores de la inmensa mayoría de crímenes que se cometen en el mundo son hombres de entre 18 y 30 años.
No pretendo pasar como historiador de la Escuela de los Annales, tan injustamente demodé, pero elaboré un gráfico, que pego aquí abajo, con una yuxtaposición de las cifras de los asesinatos de ETA y del desempleo juvenil en el País Vasco. Intuía la correlación y, cuando la encontré expresada de manera tan fuerte en el gráfico, decidí publicarlo. La metí en mi capítulo tímidamente como pie de página, pero mis coautores, que son ilustres doctores de la Universidad de Cambridge, además de gente estupenda, me incitaron a meterla en el texto general, porque les llamó la atención.
En rojo, la línea de víctimas mortales de ETA. Ninguno de ellos fue juzgado; todos ellos inocentes. En negro, la línea con las cifras, en miles, de desempleados del País Vasco con menos de 25 años.

¿Tiene la crisis económica de ahora mismo el potencial de retrotraernos a los tiempos de la desesperación? ¿Lo que está ocurriendo en Irlanda del Norte es un síntoma de la quiebra creciente de la confianza en el futuro? Esperemos que no. Porque los puntos de partida de los disidentes del IRA y de la ETA de hoy, antes de que la crisis tenga su previsible impacto pleno en el empleo, son muy diferentes en aspectos relevantes.
Y hay además una diferencia demográfica fundamental entre estos tiempos y aquellos. En 1982, 39.282 vascos cumplieron 18 años, el mayor número que registran los censos. En 1996, cuando ETA había perdido la inviolabilidad de su refugio vasco-francés y el sentimiento de invulnerabilidad tras la detención de Artapalo y de sucesivos dirigentes, nacieron en el País Vasco 15.987 niños.
Quizás ese descenso tan agudo de la natalidad traerá otros males económicos y sociales, pero ETA ha perdido también cerca del 60% de su base de reclutamiento.
Estas son las comparaciones que me atrevo a hacer. Lo demás lo dejamos para la tertulia privada.
Y, tras cargar últimamente este blog con noticias densas o graves- ETA kanpora, Viva la libertad-, cuelgo aquí una tonadilla para seguir bailando.
El punk-rock fue otra consecuencia, turbia y con brotes de belleza, de aquel desempleo juvenil, de sus nihilismos, de su energía y de sus rabias.
The Undertones. Derry. Teenage Kicks. 1978.
Ayer se presentó en Belfast el informe final de la Comisión de Consulta sobre el Pasado. Puede leer o descargar el informe aquí.
Creo que la comisión fue creada porque el Gobierno británico no podía ya abrir nuevas y muy costosas encuestas judiciales sobre episodios del pasado, como el Domingo Sangriento de Londonderry. El Sinn Fein-IRA pedía la apertura de esas encuestas en lo que pearecía ser un intento de justificar retrospectivamente sus actividades. Es decir, el asesinato sistemático en una sociedad democrática de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad.
Durante la presentación del informe hubo protestas de familiares de víctimas del IRA, a los que parece monstruosa especialmente la 'equivalencia moral' de una de las propuestas: que se de un 'pago de reconocimiento' a la persona más próxima a todos los que murieron, incluyendo a los allegados de miembros del IRA o de los grupos del terrorismo lealista.
Salvo que a uno le baste el maniqueísmo, es evidente que en un conflicto como el de Irlanda del Norte no existen en todos los casos el blanco y el negro. No me parece tan terrible como a algunas víctimas del IRA- sé que es muy fácil decirlo cuando uno no ha sido afectado- que se reconozca el sufrimiento de la viuda o los hijos de un miembro de un grupo terrorista.
Pero el dilema es serio. Unos murieron en enfrentamientos. Otros, en actuaciones de las fuerzas del Estado de más que dudosa legalidad. Algunos, mientras preparaban un crimen con una bomba que les explotó. Que la viuda del asesino muerto y del asesinado reciban el mismo 'pago de reconocimiento' indigna a algunos, aunque no a todos. Lo que más me sorprende es que los comisionados hayan traducido la demanda de reconocimiento de las familias de los muertos como el pago de una cantidad de dinero.
El informe contiene un abanico de propuestas, algunas interesantes y otras que no lo son tanto, y utiliza un lenguaje que en el contexto vasco y español suena horrible. Es una prueba adicional, en caso de que fuese necesaria, de que en Irlanda del Norte han ocurrido cosas y se han tomado iniciativas cuyo conocimiento nos interesa, pero que trasladar la experiencia a nuestro caso es absurdo. No parece que los intentos de trasladarla, que siempre han sido parciales y que han fracasado, tengan gran importancia; simplemente, no ocurrirá.
En los últimos años he comprobado el malestar, o la desesperación, que causa entre gente de allí, entre algunas de las personas por quienes más afecto siento, la tergiversación de lo ocurrido como consecuencia de la política del proceso de paz.
Una ilustración. Gerry Adams ha pretendido, en alguna entrevista publicada en la prensa española, que fue un miembro activo del movimiento de derechos civiles que, en los años sesenta, buscó pacíficamente, con la inspiración de Martin Luther King, la igualdad de católicos y protestantes.
Es parecido a la invocación por ETA del antifranquismo, una farsa grotesca, repugnante cuando la formulan los liberticidas.
La realidad es que el primer paso de Adams en la política fue ingresar en el IRA, al que había pertenecido buena parte de su familia, y que el balance más positivo que puede hacerse de su liderazgo es que ha sido capaz de guiar al movimiento republicano en su conjunto a la política. A lograr, tras causar tánta muerte y destrucción, varios ministerios en una estructura constitucional que con gran probabilidad se podía haber alcanzado por vía pacífica en el momento en el que él abrazó la violencia.
En conversaciones con mis amigos de allí he argumentado, sin gran seguridad, que, como ocurrió en la transición española- cuando franquistas, izquierdistas de traca, indiferentes y unos cuantos, muy pocos, avanzados, nos despertamos como demócratas de toda la vida-, la necesidad inmediata dicta una moralidad pragmática.
Los niños de hoy no se educan en Irlanda del Norte con el parte aberrante de los muertos y calamidades de la víspera. Eso debe ser celebrado. Aunque se asiente sobre formas variables de mentiras.
La gente de Irlanda del Norte discute acaloradamente sobre la memoria histórica. Discutir acaloradamente sobre el pasado no constituye un ideal, pero aún asi es mejor que vivir en un país gobernado por dictadura o bajo las sacudidas del crimen.
No estoy seguro sobre mis argumentos, pero estoy convencido de la importancia de la tarea de los buenos historiadores, que construyen el canon, siempre cambiante, sobre lo que en realidad ocurrió. Y que van dando forma lenta y hondamente a la visión que una sociedad tiene de sí misma.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Lourdes Gómez, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Soy coautor de 'Tormenta del Desierto'(1991), sobre la primera guerra en el Golfo, donde trabajé como corresponsal en Bahrain y Arabia Saudí, y, con John Bew y Martyn Frampton, de 'Talking to Terrosists' (2009), que fue incluido en la lista del Global Thinkers Book Club por la revista Foreign Policy en diciembre de ese año. Soy autor de 'El Modelo Irlandés' (1998), reportaje sobre el proceso de paz hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo, y de 'Scunthorpe hasta la Muerte' (2010), basado en el el itinerario de Alex Calvo-García en el fútbol inglés.
Otros corresponsales
Mis tags
Últimos comentarios
La restauración de El Gatopardo
7 comentarios asier I Gurruchaga JuanKar asier Di- 11 comentarios I Gurruchaga I Gurruchaga JuanKar txiguin JuanKar
- 2 comentarios JuanKar txiguin
- 26 comentarios I Gurruchaga jotajuslibol Cantabrico Ander I Gurruchaga
DJ INVITADO: MICHAEL BYRNE EN VERANO (10)
5 comentarios I Gurruchaga Beth Nelson Deeptorpe renata asier- 1 comentario Raül Romero
- 35 comentarios Cantabrico JuanKar Cantabrico Cantabrico txiguin
- 2 comentarios JuanKar Ander
DJ INVITADO: MICHAEL BYRNE EN VERANO (15)
2 comentarios asier Renata- 33 comentarios Pombo I Gurruchaga Eugenio Juan I Gurruchaga
Categorías
Enlaces
Secciones
Archivos por meses
- Septiembre 2010
- Agosto 2010
- Julio 2010
- Junio 2010
- Mayo 2010
- Abril 2010
- Marzo 2010
- Febrero 2010
- Enero 2010
- Diciembre 2009
- Noviembre 2009
- Octubre 2009
- Septiembre 2009
- Agosto 2009
- Julio 2009
- Junio 2009
- Mayo 2009
- Abril 2009
- Marzo 2009
- Febrero 2009
- Enero 2009
- Diciembre 2008
- Noviembre 2008
- Octubre 2008
- Septiembre 2008
- Agosto 2008
- Julio 2008
- Junio 2008
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
PUBLICIDAD

