Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

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Un documental sobre Marjorie 'Mo' Mowlam, que fue ministra británica en Irlanda del Norte, ha revelado que su médico le diagnosticó un tumor cerebral maligno pero que ella prefirió ocultarlo y decir a Tony Balir que era benigno. Lo achacan a su deseo de ser ministra.

El médico dice que vivía con angustia lo que ocurría. Esos tumores, explicaba en el documental, provocan faltas de concentración, actitudes desinhibidas,... Al doctor le angustiaba que una persona que padecía el mal que él conocía tuviera responsabilidades tan delicadas en el Gobierno y dice que pensó en hablar con Tony Blair, pero Mowlam cayó del gobierno cuando él ya estaba animándose a llamar al primer ministro.

¿Puede un médico hacer tal cosa? Creo que no.

¿Vemos a Mowlam bajo una luz más tenebrosa por mentir sobre su enfermedad? Creo que tampoco.

Era desinhibida, desde luego. Una vez le pregunté algo que no recuerdo y me dijo: "No tengo ni idea. Dame tu boli." Se lo di y escribió en mi mano el nombre y el teléfono de uno de sus asesores.

Era desinhibida, sí. Cuando llegó a Belfast como ministra en el incipiente proceso de paz, en su primer día salió a la calle, se fue al centro de la ciudad y se puso a hablar con la gente.

Cuando se firmó el Acuerdo de Viernes Santo, organizó un gran concierto de Elton John en el solemne palacio unionista de Stormont. Quería llevar a un famoso homosexual a aquel bastión de puritanismo.

¿Su política en el proceso de paz? Creo que fue incapaz de dedicarse a los detalles, que dejó a otros. Hizo cosas arriesgadas, algunas posiblemente equivocadas.

National Portrait Galley
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Quizás estamos asistiendo a los últimos meses de liderazgo de Gerry Adams en la política norirlandesa. Ya son tres los casos de violación y abusos sexuales denunciados contra miembros prominentes de su partido, el Sinn Fein.

La versión que ofrece Adams sobre su actuación tras conocerlos se ha desvelado parcialmente falsa y deja omisiones múltiples. Una casa de apuestas ofrece momios. La casa cree que es más probable que Peter Robinson, el marido de Mrs. Robinson, caiga.

Un vaticinio que queda aquí escrito para que mis herederos se avergüencen de la impericia de su ancestro al consultar estas disquisiciones en el gran archivo en código html que un día venderá...¿Google? No, para entonces ya será como la General Motors de hoy.

Pronóstico: no cae ninguno o caen los dos.

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Ander anotaba ayer el revuelo creado por la compra de la fábrica chocolatera Cadbury por la americana Kraft. Se han pedido restricciones al libre mercado como consecuencia de esta compra que se lleva a las Américas chocolatinas populares en la infancia de todos los británicos. Hernán Cortés lo trajo y allí vuelve.

No hubo tal intensidad en el disgusto cuando los franceses se quedaron con la energía nuclear británica o cuando Ferrovial compró unos cuantos aeropuertos importantes. O cuando Telefónica compró con O2- luego lo vendió- el sistema de telefonía de emergencia de los servicios británicos de seguridad.

Creo que la crisis- tenemos inflación del 2,9% en este contexto, ¡ieeeeepa!-- ha reavivado el gusto por la vieja industria. Cadbury fue creada por cuáqueros, que pagaban bien a los empleados y construían villas ideales para su residencia. La foto es de la Rest House en el green de Bournville, el pueblo construido por los patronos de Cadbury.

La tendencia monopolista en el capitalismo y todo eso. Kraft financia su adquisición endeudándose hasta las cejas. Es, intuyo, otra comprobación de que en la industria dominan ahora los directores financieros, una magia de ceros sin tan bellas máquinas.

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La política británica ha comenzado el año con un rasgo dominante que ya marcó el anterior: un descrédito creciente de los políticos por su corrupción.

No creo que hay ahora más corrupción que en el pasado. Aunque hay factores nuevos que contribuyen a ella- el aumento del gasto en campañas electorales, la vulgarización y pérdida de prestigio del poder político o la expansión de un sector, el de la construcción, tan dependiente de las administraciones para la obtención de licencias-, creo que se conocen más casos de corrupción porque el sistema es más transparente.

El caso de España es clamoroso en ese sentido. En el régimen de Franco gobernantes, empresarios o sindicalistas adictos amasaron fortunas aprovechando su posición, pero sin una justicia o una prensa más o menos independientes, sin una oposición fiscalizadora, su corrupción fue impune.

Aquí la clase política ha sufrido en 2009 el descrédito de la divulgación de los gastos que los parlamentarios cargan al contribuyente. Lo que ha cambiado es la obligación reciente de registro meticuloso y su publicación. Las soluciones propuestas para paliar el descrédito van lógicamente por el camino de ampliar la transparencia, el poder de fiscalización de los electores sobre las actividades de los elegidos.

En Irlanda del Norte se han desvelado en las últimas semanas dos casos que tendrán consecuencias. Quizás hayan leído en el periódico las crónicas sobre el romance de Iris Robinson, esposa del ministro principal, con un joven que tenía 19 años- ella, 59- cuando lo comenzaron.

El ánimo racionalista de la justicia obliga a que distingamos siempre entre la inviolabilidad de la vida privada y las cuestiones relacionadas con la administración de las cosas públicas.

Creo que el ministro principal de la autonomía, Peter Robinson, tendrá que dimitir en los próximos días por el argumento formal: no va a ser capaz de limpiar su nombre sobre el aspecto 'público' de esta historia, qué hizo cuando supo que su mujer pidió unos 55.000 euros a dos constructores, que entregó a su amante para crear una cafetería. Cuya licencia fue concedida además por el ayuntamiento en el que élla es concejal.

La distinción entre lo privado y lo político tiene muchos matices. Los impone el público, que lee por ejemplo con más avidez las noticias que dan detalles del romance sexual y de lo que ocurrió en la familia Robinson que las que indagan en el tango administrativo de unos cuantos euros.

Esa avidez responde a un interés morboso que puede no ser legítimo, pero también refleja algo que no es desdeñable. Cuando alguien, como Iris Robinson, propone públicamente una versión estricta de la Biblia y al mismo tiempo la incumple en su vida privada de modo tan flagrante, el cuento moral tiene inevitablemente consecuencias 'políticas'.

Creo que es legítimo publicar las informaciones escabrosas que desvelan la falsedad profunda de quien se postula como líder de la sociedad, como persona capaz de elaborar un discurso público que quiere influir en nuestras conductas.

Pero me parece aún peor lo que persigue a Gerry Adams. Su sobrina le explicó que su padre, hermano del político, la sometió a múltiples y graves abusos sexuales desde que tenía cuatro años. Gerry Adams ha dicho que creyó a su sobrina, que aún la cree y que por eso apartó a su hermano del Sinn Fein cuando intentó desempeñar un papel dirigente en la organización del partido.

Pero eso es mentira. Esta foto que publicó el dominical irlandés 'Sunday Tribune' demuestra que Gerry Adams mintió, que su hermano- que también se empleó en centros de asistencia a niños y jóvenes en el vecindario donde vive la familia Adams, en la Iglesia a la que acude regularmente Gerry- fue amparado por el líder del republicanismo irlandés años después de conocer lo que hizo.

Su partido, en sus publicaciones, acusa a los 'periodistas predecibles' de iniciar una caza de brujas contra Gerry Adams. Es sin embargo más cierto que el periodismo irlandés está siendo mucho más cuidadoso en el 'caso Adams' que lo que sería ante cualquier otro dirigente político y social que fuese descubierto en semejante irresponsabilidad e impostura. Se habría forzado su dimisión hace ya días.

Lo que ocurre ahora en Irlanda del Norte es posiblemente una consecuencia del fin relativo de la violencia. Las soflamas patrióticas y heroicas, los disparos y el miedo, sirven siempre para ocultar cuestiones relevantes.

Por último, estos episodios son aireados en la prensa, ese poder que contribuye a la transparencia, que se arroga la valiosa ética de fiscalizar las actividades de otros poderes. Lo hace, por el momento, con la relativa impunidad que ha logrado para su propio poder, que no está sometido a las mismas demandas de transparencia.

Es una situación que no puede durar, pero tampoco en la prensa hay liderazgo para limpiar nuestra casa, para articular reglas creíbles de nuestra transparencia. Quien lo hiciese posiblemente ganaría lectores y con ellos más poder para ejercer su negocio y sus funciones.

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Buscaba ayer información adicional sobre la detención de un presunto miembro del IRA Auténtico que ha sido acusado de participar en el asesinato de dos soldados, el pasado marzo, y acabé en la página de 'The Blanket', la manta, una publicación animada por Anthony McIntyre, que fue miembro del IRA.

La revista ha cerrado. Su director y colaboradores habituales la despiden como un foro abierto de 'republicanismo democrático'. Se quejaban habitualmente de que el Sinn Fein de Gerry Adams se ha convertido en una maquinaria política que ahoga toda discusión real, porque su estrategia se ha demostrado tan errada que debe surprimir las voces de quienes señalan que el rey está desnudo.

Que el Sinn Fein opera internamente con una disciplina estricta es indudable. Vienen del mundo paramilitar, donde los generales ordenan.

El fracaso del afán de unificar la isla de Irlanda es también evidente. En el norte, su éxito electoral consiste en haberse convertido en el partido nacionalista más votado. Y eso les da el derecho de compartir gobierno con los unionistas más recalcitrantes, los del DUP de Ian Paisley.

Adams decía que el IRA ya no era necesario porque sus logros en el proceso de paz darían éxito electoral al Sinn Fein también en el Parlamento de Dublín. Si se metían en el gobierno del sur y en el del norte, podrían impulsar las instituciones mixtas diseñadas en el Acuerdo de Viernes Santo y el principal protagonista de ese impulso sería el más viejo partido irlandés, el Sinn Fein, el único con pie en ambos gobiernos. Así funcionaría el motor de la unificación.

Pero los electores de la república irlandesa siguen votando por sus partidos tradicionales. El Sinn Fein fracasa en el sur y pierde militantes. Y el viejo IRA simplemente administra la provincia británica que intentó destruir.

McIntyre y otros señalaban desde hace una década que la estrategia de Adams no llevaría a la unidad irandesa y tenían como inspiración, amigo y héroe a Brendan Hughes, 'El Moreno', que murió el año pasado, antes de cumplir sesenta.

Hughes fue el jefe del IRA en Belfast cuando Adams era su íntimo colaborador. Compartieron detenciones y torturas y ocuparon en la cárcel una celda que los presos llamaban "el ala de los generales".

El historial aventurero y mortífero de 'El Moreno' fue extraordinario. Podría ser descrito como uno de los más hábiles y tenaces militantes del terrorismo irlandés. Una vez leí su relato de cuando, recién salido de la cárcel, dirigía el IRA mientras se hacía pasar por representante de juguetes y vivía en un piso en el barrio de Malone, un agradable distrito de clase media- entonces predominantemente protestante- en el sur de Belfast.

Hughes debió tener algunas relaciones con ETA y dio en Bilbao una rueda de prensa, en 1990, pidiendo amnistía para los presos de ETA. Criticó el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Porque no llevaba a ninguna parte.

Pero su crítica era más atractiva en lo más básico. Se quejaba de que, cuando salió de la cárcel, constructores asociados con gente del IRA le pagaban cuatro pesetas por su trabajo en las obras. Denunciaba la corrupción de los dirigentes, a los que acusaba de moverse por el llamamiento del poder y del dinero. Sentía aún empatía humana por Adams. Sufrir juntos la tortura, confiar en el camarada de la conspiración mortal, sella pactos que la polìtica no puede quebrar totalmente.

Hughes también acusaba a los dirigentes del Sinn Fein de mentir, de embaucar a la clase obrera republicana- a la que pertenecía y quería representar- traicionando la ambición de una república socialista que uniese a los proletarios republicanos y lealistas.

Acuñó así hasta su muerte, causada en parte por los daños sufridos en huelgas de hambre, la imagen del hombre honesto, de quien no se vendió por un plato de lentejas.

Me parece memorable su respuesta a Bernardette McAliskey- a quien en nuestra juventud conocimos con su apellido de soltera, Devlin-, que afirmó en un documental de la BBC que ella hubiese dejado morir al preso Sean McKenna, en la primera gran huelga de hambre de los presos del IRA, porque eso hubiese favorecido la estrategia republicana.

Hughes era el jefe militar de los presos en la cárcel de Maze y había prometido a McKenna que, si entraba en coma, no le dejaría morir. Replicó a Devlin que las consideraciones éticas del caso eran muy superiores a las políticas. Hughes abortó la huelga y McKenna sobrevivió.

Inició la huelga contra los deseos del Consejo Militar del IRA. Y, tras la derrota, fue reemplazado en la jefatura de los presos por Bobby Sands, que lideró la segunda huelga, que acabó con la muerte de diez presos.

Esa trayectoria dolida y honesta inspiraba simpatía. Escribía algo que han escrito muchos: "¿Todo aquello para qué?". Sí, ¿para qué 3.500 muertos? ¿para aceptar lo que podría haberse conseguido pacíficamente? ¿tánta muerte y sufrimiento para que un tipo del Sinn Fein sea ministro en provincias?

Hugues y McIntyre eran cotizados como voces críticas con el Sinn Fein-IRA de Adams y no apoyaban a los grupos disidentes aún empeñados en seguir con el terrorismo. Aunque en su exigencia de debate incluían voces próximas a ellos.

No me gustó nunca su disidencia. El IRA ha tenido disidentes más interesantes. Como Shane O'Doherty, que publicó un libro admirable, 'The Volunteer', en el que describe cómo durante su estancia en la cárcel se arrepintió de su vida militante, que ahora contemplaba como inmoral. O Sean O'Callaghan, quien, también arrepentido de su participación en un asesinato, ingresó de nuevo en el IRA para informar a la policía y contribuir a su destrucción. Publicó 'The Informer'.

Una vez, McIntyre me dijo que fue simpatizante de ETA pero que el asesinato de 'Yoyes' le hizo cambiar de opinión. La explicación es deprimente.

La admiración que sienten algunas personas por McIntyre y especialmente por Brendan Hughes me recuerda al Jorge Semprún de la 'Autobiografía de Federico Sánchez', un relato detallado de su militancia y abandono del Partido Comunista de España.

Semprún es tan honesto en su memoria que incluye un poema que escribió ante la muerte de Stalin. No es romántico sobre su pasado, no lo reviste con galas. Recuerda las hondas complicidades humanas que se forjan entre los clandestinos- Simón Sánchez Montero, of course- pero no intenta defender su política.

Aunque no tengo el libro aquí, recuerdo su relato de la última reunión del Comité Central en la que fue expulsado. Recuerdo sus sentimientos de mayor simpatía por Dolores Ibarruri, que votaría indefectiblemente por aquello que fuera a decidirse allí, que por Santiago Carrillo, cuya deriva creía más inteligente, pero al que contemplaba como el político sin principios que operaba en las tinieblas y mediante sucias maniobras.

Todo lo absoluto pertenece a la patología, escribió Nietzsche. Pero a los humanos nos atraen las aspiraciones risibles de la perfección social y politica, de la absoluta honestidad o dignidad.

Siento simpatía humana por los autores de 'The Blanket', pero su desaparición no me parece una pérdida notable para el desarrollo de las ideas en Irlanda.

Enjoy the weekend.

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Entrevista con Jonathan Powell
Fotos de Ione Saizar

Jonathan Powell fue el jefe de gabinete de Tony Blair en sus últimos años como líder de la oposición y en todo su tiempo como primer ministro. Fue su mano derecha en el proceso de paz en Irlanda del Norte y el negociador directo con el Sinn Fein. Hijo de un militar, su hermano, Charles, fue el íntimo asesor de Margaret Thatcher en política exterior.

En abril del pasado año, coincidiendo con el décimo aniversario de la firma del Acuerdo de Viernes Santo, publicó ‘Great Hatred, Little Room. Making Peace in Northern Ireland’ (Grandes Odios, Poco Espacio, Hacer la Paz en Irlanda del Norte).
Powell reconoce en su libro que escribió los borradores de algunos comunicados del IRA y describe, entre otras cosas, sus incursiones en barrios republicanos para encontrarse secretamente con Gerry Adams o Martin McGuinness.

Aunque reacio inicialmente a dar entrevistas a la prensa vasca o española, un encuentro fortuito en una charla de Michael Burleigh con José María Aznar en el think tank Policy Exchange, me permitió acercarme a Jonathan Powell.


Publicamos en su día que Blair había ofrecido a José Luis Rodríguez Zapatero el contacto con Powell como vía para informarse sobre lo ocurrido en Irlanda del Norte. La entrevista se celebró, el pasado octubre, con la condición de que versase exclusivamente sobre Irlanda del Norte.

Jonathan Powell me dijo que su papel en el diálogo entre el Gobierno español y ETA fue asesorar al centro Henri Dunant sobre los detalles del proceso irlandés, cuando el instituto ginebrino ejerció el papel de facilitador.

Pero aceptó amablemente responder, en el comienzo de la entrevista, a la pregunta más larga que jamás he planteado a un interlocutor y que tenía relación con cosas vasco-españolas.

P. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero dijo, en una entrevista con El País, tras la declaración de alto el fuego de ETA, que Blair le había recomendado mantener siempre un canal de comunicación, como él había hecho, incluso después de la bomba en Canary Wharf. Aunque comete un error sobre las fechas de la historia, la declaración de Zapatero refleja una filosofía que confirmó después el socialista vasco Jesús Eguiguren, al decir que el Gobierno volvió a hablar con ETA, hace ahora dos años, tras la bomba en la T4, porque Tony Blair y Gerry Adams se lo recomendaron. Pero usted escribe en el libro que ni a Blair ni a usted les gustó que John Major hablase con el IRA tras la bomba en Canary Wharf. Y, luego, en las conclusiones, recomienda mantener el diálogo con los grupos terroristas. ¿Cómo casa todo esto?

R. Es una pregunta importante y la respuesta es complicada. Si tomamos primero el caso de Canary Wharf, un problema al negociar con estos grupos es que, si les das un mensaje de que, si regresan a la violencia, van a tener éxito, nunca dejarán la violencia. Tienes que dejarlo claro. Tanto Tony Blair como yo mismo lo dijimos explíticamente a Adams y McGuinness: si volvéis a Canary Wharf, no hablaremos nunca más con vosotros. Porque no puedes, como Gobierno democrático, negociar bajo la amenaza de violencia. Una vez dicho esto, el Gobierno británico estuvo en contacto con el IRA desde los años setenta hasta los años noventa. Mantener ese contacto durante todo ese tiempo facilitó el alto el fuego de 1994. Si no hubiese existido ese contacto secreto, no se ve cómo podría llegarse a la fase del alto el fuego. Por un lado, el Gobierno británico no podía ser visto hablando con un grupo terrorista que mataba a su gente. Por otro, el IRA no podía dejar la violencia si no veía que era posible una senda política. Y el canal secreto permitió a ambas partes llegar a un entendimiento. También cuando hablábamos con el Sinn Fein mientras estábamos en el Gobierno, hubo momentos difíciles. El partido Conservador pretendió que había un enfoque compartido, pero intentó complicarnos la vida. Por ejemplo, cuando el IRA rehusaba el decomiso de las armas, nos metieron mucha presión para parar la puesta en libertad de presos. O en el robo del Northern Bank. Era el mayor robo en la historia británica y sabíamos que era el IRA. Esa misma mañana había volado para verme con Gerry Adams y Martin McGuinness en un monasterio en Belfast Oeste y me informaron del robo al aterrizar. Era una situación muy difícil. Decidí ir al encuentro.

P. Es decir, que si el IRA hubiese matado en el robo de bancos o en otras acciones, ustedes hubiesen suspendido el proceso.

R. Hubiese sido muy difícil. Si colocan una bomba y matan a gente, como en Canary Wharf, creo que hubiésemos roto las negociaciones, aunque mantendríamos un contacto secreto con el IRA, esperando regresar al proceso. Pero no podrías seguir con esa negociación abierta y pública, porque estarías enviando el mensaje equivocado. El objetivo consistía en acabar con su estrategia dual desde los años ochenta, la urna en una mano y la metralleta en la otra. Teníamos que lograr que dejasen la metralleta. Si les permites eso, seguirán haciéndolo, porque les resulta mucho más fácil. Hay muchas áreas grises en todo esto, porque había palizas de castigo, expulsiones de gente de sus barrios e incluso en nuestro primeros meses mataron a dos policías. Nos aclararon que era un comando escindido, y nos aseguraron que no ocurriría de nuevo. Hay muchas áreas grises en todo esto. Los gobiernos tienen una papeleta difícil, pero es importante mantener ese contacto que, al principio, casi siempre va a ser secreto, mientras la violencia sigue. Pero creo que no hay que descartar el hablar con el grupo, porque estás cerrando la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz. Ésa es la razón por la que digo que ahora hay que hablar con el Talibán y con Al Qaida, si se puede.

P. Usted cree que Adams y McGuinness tenían dificultades para convencer al resto del IRA ¿Se basaba en la inteligencia secreta sobre el grupo o en lo que le decían?

R. En una combinación de las fuentes de información que teníamos y también en lo que nos decían, en cómo se comportaban. Llegamos a un mutuo entendimiento a lo largo de todo este tiempo sobre aquello a lo que se enfrentaban y sobre aquello a lo que nos enfrentábamos. Se plantea la cuestión de aceptar si existe diferencia entre el IRA y el Sinn Fein. Para esos movimientos terroristas resulta conveniente tener una rama política a la que la gente vota, que le da legitimidad y que habla en su nombre públicamente y para los gobiernos puede ser conveniente tener una organización más o menos respetable con la que pueden hablar. Eso plantea peligros morales, porque te puedes encontrar pretendiendo que no estás hablando con un movimiento terrorista cuando en realidad lo estás haciendo. Pero hay capas de complicaciones en todo esto. Es cierto que resulta beneficioso en una negociación presentar a una gente con la que tienes que negociar y por otro lado a una gente en la sombra que se dice que es más difícil. Pero en este caso creo que es cierto que tuvieron dificultades. Tony decía que era una relación similar a la del grupo parlamentario laborista y la Ejecutiva Nacional del partido. Tenían unas broncas tremendas. Creo que es una buena analogía. Adams y McGuinness no podían pacificar al IRA simplemente porque así lo quisiesen, aunque estaban estrechamente vinculados al grupo. Adams y McGuinness tenían muchos problemas con los comunicados del IRA (que acordábamos). Iban a negociar con la gente del IRA, en la noche, con el sonido del motor de un tractor en marcha para evitar las escuchas, intentando que aceptasen lo que se les proponía. Siempre volvían con cambios, que hacían las cosas más difíciles. Pero esa relación es muy importante y en otros países no existe de la misma manera. ¿Está el partido político totalmente sometido al movimiento militar? Ésas son las cuestiones que se plantean en todo el mundo, desde Turquía a España, Sri Lanka o Filipinas. Hay que evaluarlo en cada caso.


P. En el caso de Al Qaida, es aún más dificil, al no estar estructurado de una manera convencional.

R. No está estructurado en absoluto, es una organización amorfa, no está nada claro lo que es...

P. Y la idea de diálogo...

R. Lo de Al Qaida es muy complicado, pero cabe imaginar que, si persuades a Al Zawahiri o a Bin Laden para que renuncien al terrorismo, eso puede tener un gran impacto en la organización. Si pueden convencer a cada unidad en todo el mundo es otra cuestión. Lo mismo puede decirse del MNLF en Filipinas, no está claro que puedan convencer a todos los clanes que luchan. Yo no quiero sugerir que Irlanda del Norte es una plantilla que sirve para cualquier lugar del mundo. Su disputa era diferente a otras disputas y la solución que encontramos es diferente. Las lecciones son más sobre la manera de actuar para alcanzar la paz que sobre las peculiaridades de Irlanda del Norte. Hay gente aquí de la derecha que dice que no hay ninguna lección. Eso me parece tonto, porque lo que es llamativo es lo interesados que están líderes políticos de todo el mundo. Pero lo importante no es aprender sobre el acuerdo final sino sobre los errores que cometimos, sobre cómo llegamos al acuerdo final.

P. Elogia a los líderes políticos norirlandeses en el libro, pero también los describe negativamente. Adams y McGuinness pretenden ser grandes estrategas pero, tras cada retirada de la mesa, tuvieron que ceder. Trimble y Malone discutían delante del presidente de Estados Unidos. Gente bien cualificada no participa en política en lugares violentos.

R. El punto general es correcto: gente de calidad no participaba en la política de Irlanda del Norte, porque no podía lograr nada. Se les pedía entrar en un movimiento de protesta. Sin embargo, Adams, McGuinness, Trimble, Paisley, Hume, son políticos de estatura considerable. Estaban dispuestos a correr riesgos, algo que no muchos políticos hacen. Creo que Irlanda del Norte fue increíblemente afortunada de tener esos políticos, que entraron de alguna manera en el sistema y estaban en el lugar adecuado en el momento adecuado. Por supuesto, son humanos, como todos los demás, cometieron errores, como nosotros cometimos errores. Intenté escribir el libro sin el beneficio de la perspectiva, de tal modo que se pudieran ver los errores, los callejones sin salida en los que nos metimos y cómo retrocedimos desde allí. Porque la gente tiene esa idea de que lograr la paz en Irlanda del Norte era inevitable. Nunca fue inevitable.

P. Adams y McGuinness habían estado en el liderazgo del IRA muchos años y Paisley casi inició el conflicto. Hay una continuidad en los extremos, que quizás es importante.

R. Creo que hay algo interesante en eso. Una de las críticas de la derecha en este país es que sacrificamos al centro moderado y dimos todo a los extremos. Pero, primero, intentamos construir con el centro moderado, con el SDLP y los unionistas, pero el SDLP dijo que no avanzaría sin los republicanos. O sea que teníamos que incluir a los republicanos. Y seguimos con Trimble hasta 2003. Blair encendió velas por Trimble mucho después de que el Gobierno de Dublín, nuestro Ministerio para Irlanda del Norte, su propio partido y los electores de Irlanda del Norte se hubiesen hartado de él. Intentamos construir desde el centro con toda nuestra fuerza. Pero quizás es realmente más sencillo alcanzar un acuerdo entre los extremos, porque, bajo el principio 'Nixon va a China', no hay nadie que les pueda desbordar, que les haga la vida difícil. Como digo en el libro, en España, el PP constantemente acosó al PSOE cuando intentaba llegar a un acuerdo con ETA. Pero, cuando el PP intentó llegar a un acuerdo con ETA, fue más fácil porque nadie le atacaba. Es decir, que ocurre también en otros países, es más fácil para esos extremos llegar a acuerdos.

P. La disputa en Irlanda del Norte sobre las interpretaciones opuestas de la autodeterminación se resuelve finalmente con el fomento de la multilateralidad.

R. Yo trabajaba en el Foreign Office en 1989 cuando se estaba acabando el comunismo, y escribí un informe sobre la autodeterminación, prediciendo la quiebra de la Unión Soviética y de Yugoslavia, que fue muy criticado. La autodeterminación es efectivamente un concepto muy difícil porque ¿cómo puedes definir la unidad que se autodetermina? ¿Es Chechenia? ¿Es Abjasia? ¿Es Georgia? ¿Es Rusia? Ésa fue siempre la falla lógica en la posición del IRA, que decía que sólo la isla de Irlanda tenía el derecho de autodeterminación. ¿Por qué? ¿Por qué no Escocia o Gales? ¿Un pueblo, una calle? No hay una manera sencilla de definir la unidad. Por tanto, llegas a la conclusión de que el asunto no es la autodeterminación sino el consenso de la población. Si vas a gobernar esa población durante un período largo de tiempo, tienes que obtener su consenso. El ejemplo interesante en todo esto es Transilvania, que fue disputada por Hungría y Rumanía durante siglos. Pero ahora, cuando se les han reconocido sus derechos y se les permite su expresión política, el problema se ha resuelto en general. Si miras a Escocia, tiene un gobierno del SNP pero el apoyo por la independencia ha bajado a un 30%. O sea que dándoles su poder autonómico, con su Parlamento, ahora gobernado por los nacionalistas como una reacción al largo dominio del partido Laborista, realmente reduces la presión por la separación y la autodeterminación. Y creo que también lo ves en Irlanda del Norte por la manera en lo que lo hicimos. La manera de diluirlo es que la gente se concentre en la cuestión del consenso más que en la autodeterminación y, al final, se llegó al acuerdo de que el estatus de Irlanda del Norte sólo se puede cambiar con el consenso de la gente. Una vez que tienes eso, es más fácil resolver el asunto político. Ahora bien, si estás en un lugar como Cachemira, no está nada claro que la gente vaya a votar para quedarse donde está. O sea que no resuelve el problema en todo el mundo, lo hizo en Irlanda del Norte. Pero para India sería muy difícil aceptar el principio del consenso. Pero, si realmente vas a gobernar ese territorio durante mucho tiempo y en paz, tienes que llegar a un consenso. Y eso tiene que ver casi seguro con autonomía, respeto por la identidad y derechos culturales. Es interesante que en Turquía el PKK ya no está pidiendo independencia sino derechos culturales y de uso de su idioma.

P. ¿Cree que habrá algún día una Irlanda unida?

R. No lo sé, nadie lo sabe, pero no lo creo. Creo que la idea de una Irlanda unida dejará de ser tan relevante. Porque, cuando la UE deviene más importante, la frontera se convierte en menos relevante. Siempre recuerdo la vez en que Ian Paisley vino a vernos, en el momento de la fiebre aftosa, y nos dijo: “Nuestro pueblo es británico pero nuestras vacas son irlandesas”. Si las vacas son irlandesas, quizás la frontera no importe tanto.

P. ¿Tenía el proceso de paz que ser tan largo?

R. Cuando, para escribir el libro, leí las minutas archivadas de las reuniones, que el Gobierno me dejó consultar, detecté cosas que alguien había dicho y que yo no oí en aquel momento. Pensé: ‘Ah, dijo eso; ahora sé lo que quería decir’. Si lo hubiese entendido entonces, creo que podíamos haberlo hecho todo en dos semanas. Pero es sólo una broma. Lo más importante es que, aunque llegues a un acuerdo como el del Viernes Santo, eso no reconcilia a la gente. Han estado peleando durante treinta años. Alcanzar un gran acuerdo es una catarsis, pero no resuelve todo. No se fiaban los unos de los otros. Creo que necesitabas todo ese tiempo para crear la confianza. Y no ha terminado.


Aquí tenemos fiesta, Bank Holiday, el lunes. Me despido hasta el martes.

Enjoy the weekend.

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Tras los asesinatos de soldados y policías en Irlanda del Norte, al principio de esta semana, he escuchado y leído de nuevo comparaciones sobre lo que ocurre en Irlanda y en el País Vasco. Es inevitable, entre otras cosas porque cualquiera que conozca un poco la historia de ETA sabe que la inspiración del IRA existe desde el mismo momento de su nacimiento. Los interesados por este aspecto pueden leer el epílogo de Patxo Unzueta a 'La Historia de ETA'.

He hablado estos días con amigos sobre la posibilidad de interpretar que la ETA de hoy es equivalente a los grupos disidentes republicanos, el resultado de las purgas de todos aquellos que han intentando llevar al movimiento patriótico vasco hacia la política.

Algún amigo me ha dicho también que le parece que puede existir simetría entre la amnistía de 1978 y la puesta en libertad de los miembros del IRA tras el Acuerdo de Viernes Santo y que la diferencia es que ETA no ha conseguido aún un trozo de poder en Ajuria-Enea.

Podríamos enredarnos con esas comparaciones durante un buen rato, pero dos cosas me empujan contra hacerlo aquí. Una, que me he arrepentido siempre que me he metido en esa tarea, muy pocas veces, y lo he publicado. La segunda es más grave. Al poco de visitar Irlanda por primera vez, en tiempos de Viriato, pastor lusitano, me pareció que la cultura del nacionalismo vasco comparte algunos rasgos fuertes con la de los unionistas.

Alguna vez he escrito esto y alguno ha caracterizado el argumento como digno de chiste, como un insulto rebuscado al nacionalismo vasco. Sin caer en la cuenta, imagino, de que el unionismo irlandés tiene en mi juicio algunos rasgos que me parecen loables.

Pero el resultado de esta visión que arrastro, en compañía del joven Unamuno nacionalista- que escribió 'soy vasco, luego soy unionista', según cita de Jon Juaristi- es que las comparaciones directas, sean simpatizantes o detractoras de la hermandad patriótica vasco-irlandesa, me dejan confuso o perplejo.

Los confusos y perplejos disfrutamos con las paradojas y contradicciones que habitan en cada uno de nosotros, así que me lanzo ahora casi alegre al precipicio de las comparaciones, porque en los últimos meses he tenido que pensarlas para escribir, junto a John Bew y Martyn Frampton, un libro- Talking to Terrorists, Making peace in Northern Ireland and the Basque Country- cuyas penúltimas pruebas de imprenta he recibido hoy y que publicará esta primavera, según me cuentan, Hurst en Londres y Columbia University Press en Nueva York.

El libro versa sobre cómo los gobiernos se han enfrentado y han dialogado con IRA y ETA y, como epílogo, escribimos unas conclusiones, que me parecen leves y poco pretenciosas, sobre lo que puede decirse en común sobre ambas experiencias. Aquí les doy cuenta de las que más me atraen.

La primera comparación es una diferencia y puede estar relacionada con esa idea de que ETA es hoy la destilación de todas las disidencias militaristas en su larga historia. Y se debe en gran medida a la lectura de los libros de un autor que publica en este periódico sus tan bien informados comentarios sobre la actualidad vasca, Florencio Domínguez Iribarren.

Las dificultades que ha tenido el movimiento patriótico vasco para avanzar hacia la política, en condiciones que me parecen hasta fecha reciente más benignas que las del IRA, pueden deberse en buena medida a la diferente estructura organizativa.

En Irlanda, las cúpulas del Sinn Fein y del IRA han estado unidas. Gerry Adams y Martin McGuinness han sido miembros del Consejo Militar del IRA- quizás lo son todavía, porque no se ha disuelto- y al mismo tiempo son los dirigentes más destacados del Sinn Fein. Las personas que están sometidas a las presiones del mundo exterior tienen así peso en las decisiones del grupo terrorista y su legitimidad y autoridad como militantes con ambos pies en cada pata del movimiento es fuerte ante unos y ante otros.

ETA Militar nació precisamente para negar ese desdoblamiento político y desde su creación tiene la oficina política como parte de la dirección del ejército, como ellos llaman a esa cosa. El máximo jefe político del movimiento patriótico es un hombre con pasamontañas- últimamente, con chapela y capirote del Ku Klux Klan- que lo dirige, antes a través de KAS y ahora de EKIN.

Aunque en las direcciones de las sucesivas ramas electorales que ha promovido ETA hay miembros de KAS-EKIN-ETA, hay otros que no lo son, aunque se les puede definir como colaboracionistas íntimos. Algunos de sus líderes más prominentes no tienen esa doble autoridad política y militar que tienen Adams y McGuinness.

Cuando, sometidos a la presión del mundo exterior y con percepciones más amplias de la sociedad, esos líderes vascos han promovido vías hacia la política, la última palabra, siempre militarista por pura inercia lógica, la ha tenido el jefe máximo, que es el estratega del capirote, que escribe instrucciones en su ordenador, en algún lugar de Francia.

Si alguien está mejor informado, por favor, que me corrija para beneficio de los ocupantes de este globo.

La segunda comparación es una similitud y me parece esencial. Imagino que alguien lo ha escrito antes y que no lo he leído. Por eso, creo, posiblemente por error, que es mi aportación más original, desde luego la más insistente, a las conclusiones del libro.

El terrorismo es una táctica de los militarmente débiles; desde la secta de los asesinos colgados del hashis, los hashishiyyin de la Baja Edad Media, hasta los revolucionarios de la cocaína colombiana. Como no pueden enfrentarse en un terreno abierto a las fuerzas de seguridad del Estado que quieren derrotar, ponen en práctica una forma de guerra basada en atacar y huir.

Lo que lleva inmediatamente al siguiente argumento. Para que esa táctica pueda sostenerse a lo largo del tiempo, es imprescindible tener un lugar más o menos seguro al que huir, un safe haven, un 'santuario'.

El IRA lo ha tenido en la República de Irlanda y ETA en Francia. Y allí donde he mirado, a Sri Lanka, a la provincia North-West de Pakistán, a Kurdistán, a Colombia,... grupos que practican el terrorismo de forma duradera han tenido un territorio logístico a sus espaldas, marcado por una frontera internacional o por la inaccesibilidad geográfica.

¿Han sido eliminadas las organizaciones de este tipo que han operado dentro de las lindes accesibles del territorio del Estado enemigo y han durado las que han podido crear áreas logísticas inaccesibles tras una frontera internacional o por la orografía o naturaleza del terreno? No se me ocurren ejemplos que permitan responder negativamente a esa hipótesis generalizadora.

Cuando se analiza la factura de un grupo terrorista, hay que empezar con el mismo primer paso que se da cuando se trata de evaluar la fortaleza de un ejército convencional: hay que mirar la estructura logística de mando y control y de aprovisionamiento para estimar su capacidad de sostener sus ataques o su resistencia.

El IRA tuvo la fortuna de tener líderes orgánicamente fuertes y políticamente astutos que, sabedores de que la prolongación de su guerra les llevaba a la debilidad creciente, guiaron al movimiento hacia la política cuando aún era temible. Y antes del 11-S y con la ayuda de Tony Blair.

Su desarme confirma la importancia estructural de la retaguardia logística. Se realizó, según las informaciones disponibles, que son escasas, en nichos esparcidos por la República de Irlanda. Que compartía constitucionalmente el mismo afán del IRA- grupo materno, fundacional, de la República-, unificar la isla.

Desde que ETA perdió su santuario francés- en el libro intento recapitular las fechas de la historia para avalar mi opinión de que fue como consecuencia del GAL- su suerte como grupo capaz de campañas terroristas sostenidas está echada, aunque mantenga, como hizo el IRA y como deben hacer estos grupos para preservar la relativa tolerancia en el santuario, su política de no atacar a las fuerzas de seguridad de su territorio logístico.

Las consecuencias ya visibles con el paso de los años de la pérdida, también relativa, de su santuario me llevó a titular el capítulo del libro sobre nuestro desastre como 'ETA en el País Vasco: crecimiento, declive y la política de la rendición'.

Pero la tercera comparación que no me crea ahora incomodidad especulativa- ya llegará de nuevo el arrepentimiento- arroja alguna preocupación sobre el presente y el futuro inmediato. En Irlanda y en el País Vasco, la llama de la violencia conspirativa prendió en el contexto de disputas políticas con larga historia y se extendió en ambos casos en tiempos de cambio con desorden constitucional. Pero la violencia alcanzó su apogeo cuando ambas regiones se enfrentaban en los años setenta a una crisis económica colosal, que afectó directamente a sus industrias más importantes.

Los ejércitos se nutren de jóvenes. Los autores de la inmensa mayoría de crímenes que se cometen en el mundo son hombres de entre 18 y 30 años.

No pretendo pasar como historiador de la Escuela de los Annales, tan injustamente demodé, pero elaboré un gráfico, que pego aquí abajo, con una yuxtaposición de las cifras de los asesinatos de ETA y del desempleo juvenil en el País Vasco. Intuía la correlación y, cuando la encontré expresada de manera tan fuerte en el gráfico, decidí publicarlo. La metí en mi capítulo tímidamente como pie de página, pero mis coautores, que son ilustres doctores de la Universidad de Cambridge, además de gente estupenda, me incitaron a meterla en el texto general, porque les llamó la atención.

En rojo, la línea de víctimas mortales de ETA. Ninguno de ellos fue juzgado; todos ellos inocentes. En negro, la línea con las cifras, en miles, de desempleados del País Vasco con menos de 25 años.


¿Tiene la crisis económica de ahora mismo el potencial de retrotraernos a los tiempos de la desesperación? ¿Lo que está ocurriendo en Irlanda del Norte es un síntoma de la quiebra creciente de la confianza en el futuro? Esperemos que no. Porque los puntos de partida de los disidentes del IRA y de la ETA de hoy, antes de que la crisis tenga su previsible impacto pleno en el empleo, son muy diferentes en aspectos relevantes.

Y hay además una diferencia demográfica fundamental entre estos tiempos y aquellos. En 1982, 39.282 vascos cumplieron 18 años, el mayor número que registran los censos. En 1996, cuando ETA había perdido la inviolabilidad de su refugio vasco-francés y el sentimiento de invulnerabilidad tras la detención de Artapalo y de sucesivos dirigentes, nacieron en el País Vasco 15.987 niños.

Quizás ese descenso tan agudo de la natalidad traerá otros males económicos y sociales, pero ETA ha perdido también cerca del 60% de su base de reclutamiento.

Estas son las comparaciones que me atrevo a hacer. Lo demás lo dejamos para la tertulia privada.

Y, tras cargar últimamente este blog con noticias densas o graves- ETA kanpora, Viva la libertad-, cuelgo aquí una tonadilla para seguir bailando.

El punk-rock fue otra consecuencia, turbia y con brotes de belleza, de aquel desempleo juvenil, de sus nihilismos, de su energía y de sus rabias.

The Undertones. Derry. Teenage Kicks. 1978.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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