Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
En la conferencia laborista de Brighton, donde el presidente Zapatero pronunció un discurso muy bien recibido por la audiencia.
Me encontré en una escalera antes del almuerzo con Joe Bossano, el ex Ministro Principal de Gibraltar. Charlamos un buen rato. Siempre me ha tratado con cordialidad.
Me dijo que él es partidario de laborismo 'real' y que el de Blair y Brown se ha ido a la caza de votos virtuales abandonando a sus votantes tradicionales.
Tiene setenta años y una vitalidad envidiable. Es el parlamentario con más tiempo de servicio en la Asamblea gibraltareña y ya asistía a las conferencias laboristas cuando los líderes eran James Callaghan o Barbara Castle.
Le dije que nadie representó el socialismo 'real' en aquel tiempo como Michael Foot, que fue aplastado por Margaret Thatcher en las elecciones de 1983. Defendía el desarme nuclear unilateral, la nacionalización de la banca, más impuestos y una política económica intervencionista. Tony Blair y Gordon Brown llegaron al Parlamento en aquellos comicios. Defendiendo un programa electoral que otro diputado, Gerald Kaufman, calificó como "la carta de suicidio más larga de la historia".
Foot perdió por sus vacilaciones sobre la guerra de las Malvinas, me dijo Bossano, a quien se le iluminaron los ojos al hablar de aquel líder laborista. Bossano en aquel momento era el jefe sindicalista de los empleados en huelga de los astilleros de la Royal Navy en el Peñón. Fue a ver al gobernador militar, que le recibió con temor. Bossano le ofreció el trabajo de los huelguistas. En un fin de semana, transformaron un crucero en un barco hospital. Pero, como estaban en huelga, se negaron a cobrar.
Según él, había que parar a un dictador fascista que invade un país. Me dijo que la derrota en la guerra acabó con la dictadura argentina y que, si Margaret Thatcher no hubiese combatido el ataque de la Junta, la dictadura se hubiese prolongado.
Hablamos del socialismo 'real' y de la economía 'off shore'. No tomé notas de la conversación; lo que escribo se basa en mi recuerdo, no es literal.
"Si me viene Gordon Brown y me dice que vamos a acabar con todos los centros 'off shore' en el mundo, soy el primero en la lista para apoyarlo. Pero no va a ocurrir. ¿Y entonces me dices que vas a cerrar Gibraltar y te lo llevas a Bermudas? ¡Véte por ahí, chiquillo! Yo entonces lo quiero para Gibraltar".
La política en el Peñón es una disputa entre los abogados y comerciantes que ganan millones, miles de millones, gracias al papeleo 'off shore' y los sindicalistas de Bossano; entre los contrabandistas grandes y los contrabandistas chicos. España, en su reclamación de soberanía, siempre ha encontrado interlocutores más amenos entre los grandes contrabandistas.
Bossano escuchó el discurso de Zapatero sobre "un nuevo modelo energético que extenderá la igualdad y la democracia", sobre "un mundo en el que ningún hombre, ninguna mujer, sean dominados por otro". Su partido, el PSOE, es hermano del Laborista del país colonizador, pero no reconoce a los socialistas colonizados.
Cuando Zapatero terminó su discurso, me topé con Bossano de nuevo en la escalera. ¡Vamos a verle salir de la sala!, me dijo. Y allí se fue él, con ganas de ver de cerca al socialista español. O quizás de pedirle que le reconozca un día de estos.
Peter Caruana, el actual Ministro Principal, con quien se entiende el Gobierno en el diálogo trilateral, supo en la mañana que hablaba Zapatero, pero no cambió su plan de viaje y regresó a Gibraltar.
Presentamos ayer el libro en una sala de comité de la Cámara de los Comunes. Algunos diputados y lores, diplomáticos, gente de think-tanks, universitarios, la sala llena...y Lourdes Gómez, la excelente corresponsal en Londres de este periódico durante unos cuantos años, más tarde de El País, ahora de Público...
Al terminar el acto, comentaba con John Bew y Martyn Frampton, mis coautores, que algunas preguntas revelaron que un sector del público nos consideraba unos 'hard-liners', gente de la línea dura. No sólo la pretensión de pasar por gente dura por tres tipos que escriben libritos me parecería ridícula, cuando hay gente que se juega la vida en estas batallas. Es que además no es cierto.
Las preguntas que revelaban esa percepción se basaban, por gente que muy cordialmente advertía que aún no ha leído el libro, en sus deducciones sobre lo que dijeron John y Martyn en la introducción.
El primero explicó que, en el capítulo sobre Irlanda del Norte, dos tercios del tronco principal, se intenta mostrar algo que subrayamos en las conclusiones. Que muchos entre quienes quieren convertir el proceso de paz en Irlanda del Norte en un modelo a seguir para la resolución de guerras de tipo terrorista en otras partes del mundo no sólo caen en el error de las analogías, que nunca funcionan en la vida real, sino que ofrecen una versión mal fundada sobre lo ocurrido allí.
Esa gente, cuya buena intención nadie pone en duda, ha creado un paradigma del proceso de paz que dice que todas las iniciativas fracasaron hasta que los gobiernos decidieron entablar un diálogo sin condiciones e incluyente.
Lo que John y Martyn muestran en su investigación- muy trabajada- de lo ocurrido en Irlanda del Norte es que el diálogo final, además de iniciarse con condiciones, es una conclusión de una historia más larga y que hay que observar el conjunto para entender también las partes.
En ese sentido, no se puede entender la decisión de Sinn Fein-IRA de avanzar hacia una negociación, cuyo resultado es que no consiguen ninguno de los grandes objetivos programáticos del grupo, sin anotar el éxito de las fuerzas de seguridad británicas en mermar de modo posiblemente definitivo la capacidad del IRA de organizar campañas sostenidas.
No es, como verán, una narración prescriptiva, sino un intento de contar lo que mis coautores, insisto en que están muy bien documentados, creen que realmente ocurrió, y que yo comparto con mi conocimiento más limitado.. Como decía Feijoo, un buen entendimiento, justo, cabal, claro, y perspicaz es quien constituye un buen crítico. Y, esto lo digo yo, estará mejor equipado para extraer las lecciones útiles de lo ocurrido en Irlanda.
Martyn dedicó su introducción a ilustrar, con el ejemplo irlandés, que la idea de que hablar con grupos terroristas es siempre bueno no está nada clara a la luz del análisis sobre la coincidencia de grandes atentados y campañas con intentos gubernamentales de dialogar con el IRA. Cuyos dirigentes pudieron llegar a la conclusión de que, aunque Londres les decía que no aceptaba sus propuestas- la retirada inmediata de la provincia, por ejemplo-, el mero hecho de que el gobierno mantenía la puerta abierta del diálogo era una señal de que con un empujón más podrían doblegarlo.
En la breve historia de ETA y de los diálogos y procesos en España, ofrecemos una visión descriptiva de esta misma faceta. Y, en la presentación del libro, hace unos días, respondí a una pregunta sobre esta cuestión recordando los años en los que, en el camino hacia 1992, el gobierno de Felipe González se empeñó, tras el fracaso de Argel, en reabrir contactos y diálogos con ETA, que perpetró, en fechas significativas en relación con lo que estaba ocurriendo en la trastienda del diálogo, algunos de sus atentados más crueles y siniestros.
Y también podría citarse el ejemplo de la campaña- todos los adjetivos ya han sido usados, me ahorro el esfuerzo- que ETA lanzó coincidiendo con el fracaso del Pacto de Lizarra/Estella.
Pero, como dicen los buenos científicos, 'correlation is not causality'. Que se pueda mostrar en un gráfico una correlación entre fechas y bombas no significa que las primeras sean causa de las últimas. Lo que decimos es: ahí está la correlación. Para invitar a quien esté interesado a sumarse a nuestro 'quizás'.
Me gusta algo que John Bew ha repetido unas cuantas veces cuando le preguntan por Oriente Próximo e Irlanda del Norte. Dice, en mi opinión con muy buen sentido, que el éxito del proceso de paz echó sus raíces en la estabilidad y el compromiso de los dos estados democráticos que se enfrentaban al problema. Lo mismo podría decirse de ETA, España y Francia. Y que eso no tiene analogía posible, a día de hoy, en el entorno de Israel y Palestina.
Y anoto que, sea en inglés o en castellano, no consigo que la gente me siga cuando expongo un argumento que he defendido desde hace años. Que la misma debilidad de ETA hace más difícil un proceso de paz, entendido como una negociación. El IRA, gracias a la sagacidad política de Gerry Adams y Martin McGuinness, fue capaz de montar un gran teatro de la rendición militar porque antes de dejar las armas podía vivir de la ilusión de su relativa fuerza. Pero ¿qué logro, qué ceremonia, puede imaginar una organización a la que le detienen tres jefes militares en cinco meses, por hablar sólo del tiempo reciente?
Esa paradoja me parece obvia y por eso creo, no sólo que es inconcebible un proceso a la irlandesa en España, sino que el beneficio de ese proceso- que ETA se disuelva y por tanto nuestros amenazados puedan al fin vivir libres de la amenaza- requeriría en nuestro caso una imaginación más osada. ¿Conocen a alguien en la izquierda patriótica vasca cuya imaginación les inspire optimismo?
La sala del comité daba al Támesis. Yo estaba sentado en el lado izquierdo de la mesa y no veía los rostros de quienes estaban de espaldas al ventanal neogótico. Eran siluetas negras, gruesas o enjutas, voces también góticas que venían de algún eco, testas enhiestas o que cabeceaban, sin que pudiera discernir si alguien lloraba o reía.
Por una extraordinaria coincidencia, entré en la sala tras cruzar el pasillo, porque, exactamente al otro lado, puerta contra puerta, asistí durante una hora, en el Consejo Privado- es decir, los Lores Jueces convertidos en máxima instancia judicial de los territorios dependientes de la Commonwealth-, a los debates que se desarrollaban sobre un asunto fascinante.
El Gobierno de Gibraltar destituyó al Chief Justice, la máxima autoridad judicial de su territorio. El abojado del juez destituído presentaba en aquel momento unos argumentos finísimos sobre las diferencias entre qué significa mal comportamiento y qué incapacidad en el ejercicio de un juez.
No se pierdan las crónicas que dos buenos periodistas y hospitalarios llanitos, Dominique Searle y Brian Reyes, publican sobre el apasionante caso en el que dicen que es el diario más antiguo de la Península, el Gibraltar Chronicle.
Nunca había oído a un gobernante británico una declaración tan explícita contra los paraísos fiscales como la que escuché el viernes a Lord Malloch-Brown. Actúa ahora como enviado del Gobierno británico para el G20 que se celebrará en Londres el 2 de abril (¡menos mal que dura un día porque el séquito de nuestro presidente incluye a 38 personas!).
La labor del enviado consiste en viajar por todo el mundo recabando la opinión de países que asistirán a la cumbre y de otros que no acudirán y que también quieren dar a conocer sus puntos de vista.
Un colega francés le preguntó si no había hipocresía en su afirmación inicial de que se planea un crack down de los paraísos fiscales, cuando el Gobierno británico tiene unos cuantos en sus territorios de ultramar.
Mis notas de su respuesta dicen: "Hacerlo será una medida de nuestra seriedad. Los problemas no empezaron en los paraísos fiscales, pero el problema es que, si tienes más regulación en los mercados financieros, vas a exprimirlos y el mercado financiero se va a marchar de Nueva York, de Londres o Hong Kong, a lugares con falta de transparencia, que pueden además causar futuros problemas".
Y añadió: "Se van a formular una reglas globales, que se aplicarán al nivel nacional a todos los mercados".
En algún mensaje anterior arrojado desde este globo, he mostrado mi escepticismo sobre las intenciones británicas. Basado en que el informe encargado por el Ministerio de Hacienda sobre los centros off shore de soberanía británica está motivado, según yo lo entendí, por la preocupación de que en su mayoría- no es el caso de Gibraltar- no tienen una garantía de los depósitos en sus bancos. ¿Es el Tesoro de Londres el responsable subsidiario que garantiza esos depósitos? Yo creí que ésa era la motivación del informe del Tesoro.
El escepticismo fue avalado por las reticencias británicas al fortalecimiento del comité de la ONU sobre cooperación internacional en materia de impuestos durante la Conferencia sobre Financiación al Desarrollo, que se celebró en Doha al fin de 2008. Estados Unidos, entonces aún pendiente del cambio en su administración, lideró la resistencia a ese fortalecimiento, con apoyo británico.
Pero parece que las cosas han cambiado. Veremos. Dicen que Obama, que ya presentó un proyecto de ley contra los paraísos fiscales cuando era un senador desconocido, ha presionado a Brown y que han llegado al acuerdo de publicar una lista de malos paraísos. Esto de los paraísos y las listas tiene tradición. Aquí les pngo una muestra.
Cuadro de paraísos fiscales extraído de Global Policy Forum: http://www.globalpolicy.org/
Según datos de Tax Justice Network, una red internacional que agrupa a grupos voluntarios, algunos de ellos con inspiración cristiana, los fondos en centros off shore pueden ser unos 11.5 billones de dólares y la pérdida global de ingresos fiscales de unos 250.000 millones de dólares. Esos impuestos perdidos suman cinco veces lo que el Banco Mundial estima que costaría reducir a la mitad la pobreza en el mundo en 2015. Y los centros off shore atraen además a quienes operan en países pobres con sistemas muy débiles de recaudación fiscal.
¿Traerá esta crisis un cambio en este asunto? ¿Usted qué opina?
Aquí puede leer un argumento en contra de la presión actual sobre los centros financieros off shore. Bueno, en mi opinión, se presenta así, pero yo creo que el autor está diciendo que países económicamente débiles se pueden beneficiar de bajos impuestos y que esos centros cumplen un papel en la gestión fiscal de empresas que comercian internacionalmente.
Cuelgo aquí una imagen del paraíso. ¿Usted no caería en la tentación de defraudar, a la Hacienda, para empezar por alguien, si el premio es éste?

Este globero parte, sin embargo, cabizbajo y meditabundo hacia Irlanda del Norte. La gloriosa invención del cibercafé permite enviar las crónicas sin necesidad de viajar con el portátil. Los mensajes de estos días, si los hay, pueden quedar colgados a cualquier hora.
La princesa Ana inicia una visita de dos días en Gibraltar. Y, como ha ocurrido antes con otras visitas reales, la diplomacia española ha protestado- 'inoportuna', es el calificativo moderado que ha utilizado el Gobierno, que se sienta con el del Peñón y con el británico en el Foro Trilateral- y políticos de distinto signo han declarado su malestar por lo que consideran un acto hostil, un recordatorio de la soberanía británica.
Hace 55 años, la reina Isabel visitó por primera y única vez la colonia, para conmemorar el 250 aniversario de su posesión. Y hubo notabilísimas protestas. La de Macaulay, por ejemplo. Es realmente extraño que Francisco Franco eligiera como nom de plume el de un historiador inglés, que era liberal y que pronunció su primer discurso en la Cámara de los Comunes en apoyo del proyecto de ley que derogaba las barreras impuestas a los judíos para la plena participación política. No conozco ninguna explicación a la elección de ese seudónimo.
Franco había recibido en 1949 el carnet número uno de la asociación de la prensa y el título de Primer Periodista y publicaba sus artículos especialmente en el diario de la Falange, Arriba. Fue el autor de uno muy sonado condenando la visita de la reina a Gibraltar en 1954. "Los ingleses tienen la mala propiedad de considerar al mundo tonto", escribía el falso Macaulay.
Franco vivía su momento más optimista tras la guerra civil. Había firmado el Concordato con el Vaticano y el pacto bilateral con Estados Unidos, por el que su Gobierno recibió 226 millones de dólares para equipamiento militar y la construcción de infraestructuras de apoyo logístico a las bases americanas, que se establecían en Torrejón, Sevilla, Zaragoza, Morón de la Frontera, Rota, además de bases aéreas y estaciones de reavituallamiento para la Armada americana en diversos puertos.
Tras ceder partes del territorio español a Estados Unidos, que veía a Franco como un aliado imprescindible en las nuevas líneas estratégicas de la Guerra Fría, el dictador quizás se sintió fuerte para reclamar la soberanía de Gibraltar. Macaulay escribió en Arriba un artículo- lo pueden leer aquí en la reproducción que hizo al día siguiente La Vanguardia- en el que se quejaba de la visita real y reprochaba a los británicos que no hubiesen cumplido la palabra dada por Winston Churcill y su embajador en Madrid, sir Samuel Hoare, sobre la devolución de la colonia, si Franco no permitía a las tropas de Hitler asentarse en España en los días de la Segunda Guerra Mundial.
Los archivos nacionales británicos publicaron hace unos años algunos documentos y correspondencia que probarían que no existió tal promesa, que se basaba fundamentalmente en los informes del embajador de España en Londres, el duque de Alba, en los que aseguraba que Churchill prometió la devolución en un almuerzo en la embajada y en una sesión secreta de los Comunes sobre la evolución de la guerra. No conozco documentación española que ofrezca una versión distinta.
El caso es que la visita de la reina Isabel llevó al primer gesto significactivo de protesta española, la retirada del cónsul en Gibraltar, que desembocaría en una creciente tensión hasta el cierre de la verja y al establecimiento de la 'doctrina Castiella' como la filosofía sostenida por los gobiernos españoles. Se fundó en el éxito del ministro Fernando Castiella al conseguir en la ONU que Gibraltar se incluyese como territorio del proceso de la descolonización.
He escuchado a personas muy inteligentes de la democracia española defender con vigor que el desenlace de la doctrina Castiella- el cierre de la verja, en 1969- es lo único que molesta a los británicos. Un día me contaron que, cuando Adolfo Suárez fue a a Londres en vísperas de la aprobación de la Constitución, planteó a James Callaghan la cuestión gibraltareña y que el primer ministro laborista le respondió: "Abran la verja". Me sigue pareciendo extraño que una política basada en utilizar una verja construida por los británicos realmente beneficie a los españoles o que perjudicase gravemente a Londres.
Que el aumento de la presión española para recuperar la soberanía fuese contra la corriente de las instituciones civiles creadas laboriosamente por los gibraltareños para darse autogobierno y reducir el mando de los militares sobre ellos nunca fue considerado como relevante. Tampoco que el cierre de la verja fomentase un profundo rencor de los llanitos ante la pérdida de libertad de movimientos. O el daño que se hizo a la vida y la economía de los linenses.
La política española en la época democrática ha dado algunos bandazos que creo que le ha restado credibilidad. De lo que adolece es de claridad de objetivos y de medios para lograrlos. ¿Se persigue la devolución de la soberanía? Entonces, el único medio realista parece el de entablar un pleito legal sobre la ocupación del istmo no cedido en el Tratado de Utrecht. Pero la reclamación legal de soberanía sobre el istmo posiblemente ha sido debilitada por la cadena de decisiones y eventos de esta larga historia.
Si no se recurre a ese arriesgado enfrentamiento legal, las cosas se complican. Mediante el establecimiento de su alianza internacional con Estados Unidos y Reino Unido y también por la sobriedad con la que encajó el trastorno de la presencia en Gibraltar del submarino nuclear averiado, Tireless, el gobierno de José María Aznar estableció una complicidad con Londres para avanzar hacia un acuerdo de cosoberanía. Pero Aznar guardó en el cajón la última propuesta británica, que le exigía una cosoberanía por tiempo indefinido y no satisfacía a Madrid en la modalidad de presencia española en la base militar británica en el Peñón.
Como aquel preacuerdo provocó las iras de la población gibraltareña, se celebró un referéndum, supuestamente ilegal, pero en el que los llanitos rechazaron de tal manera la cosoberanía que enfrió los ánimos de Londres para enredarse con nuevas propuestas.
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cambió de rumbo y abrazó enteramente la política de ósmosis de las poblaciones que patrocinó en su día el ministro Gregorio Morán. Se creó un organismo de cooperación local y el Foro Tripartito, que cuenta por primera vez con presencia de Gibraltar con su propia bandera. Esa última expresión tiene miga, porque el Foro cambia la política tradicional española- 'tres voces, dos banderas'-, por la que Gibraltar tendría que ser siempre parte de la delegación británica.
El Foro avanzó rápidamente en algunas cosas pendientes: el pago de pensiones debidas a los jubilados españoles del Campo de Gibraltar, la normalización de la telefonía móvil, el uso conjunto del aeropuerto(que no ha dado el fruto comercial esperado, porque el desarrollo de las infraestructuras de transporte en Andalucía ha restado mucha importancia al aeropuerto de Gibraltar) o la apertura de un Instituto Cervantes.
El objetivo actual de Gibraltar en el Foro es conseguir que España acepte la existencia de su centro financiero y le quite el supuesto sambenito de paraíso fiscal. Eso coincide con un movimiento internacional en varios frentes contra los paraísos fiscales. Pero creo que están equivocados quienes creen que Londres tiene intención de acabar con las economías off shore crecidas en la periferia de su viejo Imperio. La presión puede venir de la nueva administración de Estados Unidos, de la UE, de la ONU y de la OCDE.
Con el Foro pendiente de estas cosas y con la población local beneficiándose del flujo más libre de las comunicaciones, las protestas sobre la visita de la prinesa Ana parecen poco más que folclore diplomático.
Franco 'Macaulay' descubrió los límites de su reivindicación cuando el Departamento de Estado americano hizo saber, en aquellos días de 1954, que apoyaba a los británicos en Gibraltar. La base formaba parte de la red de puestos militares importantes.
¿Lo sigue siendo hoy? Según creo, en Gibraltar hay un puesto de comunicaciones- es decir, de escuchas y vigilancia del Estrecho- que forma parte de la red Echelon, reducto de inteligencia reservado a países de habla inglesa, y el puerto sigue siendo interesante para el avituallamiento de submarinos nucleares tanto británicos como americanos, que con la renovación del pacto militar bilateral vieron limitada su presencia en puertos españoles y en Gibraltar lo pueden hacer con más libertad.
Que las guerras de hace tres siglos y la deriva de la historia hayan creado un sedimento de población que se siente British en un punto de la Península Ibérica me parece estupendo, añade colores al mosaico de la humanidad. Pero, ¿no es evidente que quienes están interesados en el mantenimiento de la frontera son los propios gibraltareños? Porque los problemas reales serán en todo caso éstos:
- Los efectos sobre el entorno y sobre el ancho mundo de la creación de un centro financiero creado específicamente para hacer lo que los británicos y gibraltareños- y españoles- que viven del off shore dicen que no entendemos: la flexibilidad de la ley consuetudinaria para el planeamiento fiscal. O sea, de un centro financiero creado para evadir impuestos. Y eso es así, aunque haya regulaciones que limitan algunos abusos.
- La presencia en el punto central del eje estratégico de la defensa española de una base que no se comparte. Sobre esto hay que saber más de lo que yo sé para tener una opinión respetable, pero tiene pinta de que ni británicos ni americanos aceptarían algo parecido.
- La creación de una economía que alimenta a una pequeña población y que, sin compartir responsabilidad fiscal, se siente libre, en nombre de su poder económico, para usar recursos limitados para su propio beneficio. Como quizás está ocurriendo con los áridos que se utilizan para la creación del complejo Eastside.
Y cosas de este tenor. Que ilustran lo que suelen decir los linenses: 'A los llanitos les gusta la tostada mantecada por los dos lados'. Y eso quizás está pasado de moda.
La primera barrera para el acceso a la conferencia laborista es la interpuesta contra la amenaza del vehículo-bomba.

La segunda es la de los miembros de grupos que hacen campañas sobre algún asunto y reparten octavillas.

La conferencia se celebra en una reconvertida estación de tren.

En el interior, uno se encuentra en primer lugar con los puestos de organizaciones que quieren extender su red de influencia en el partido Laborista. Una presencia inflalible es la del Gobierno de Gibraltar.
Allí me encontré con el ex ministro principal, Joe Bossano, tan divertido como siempre. Me contó sus planes para 2013, por si alguien piensa que se va a jubilar. El patriarca del socialismo off shore teme que la crisis financiera puede provocar acuerdos internacionales para acabar con los paraísos fiscales, pero estaba contento porque la suspensión de los vuelos de Iberia entre Madrid y Gibraltar por falta de negocio elimina la a su juicio inaceptable intromisión de España en la soberanía de Gibraltar por el sistema acordado para el control de pasaportes como parte de la nueva política de colaboracion. Parece una comedia de puertas.
Bossano buscaba a los delegados del PSOE- estaba en la conferencia Juan Fernando López Aguilar- para darles "un abrazo fraterno". Contaba que hace 22 años Elena Flores le dijo que el PSOE no podía permitir la admisión en la Internacional Socialista de su partido, porque lo de Gibraltar era cosa muy sentida en España y podía costar al PSOE un millón de votos. Para evitar ser la causa de semejante tragedia, Bossano aplazó su deseo. Y así sigue la Internacional, con los socialistas del país colonizador dentro y los socialistas colonizados, fuera.
Uno se da cuenta de que está cerca de los líderes por la decoración interior.
Y, desde la parte de atrás de la sala de la conferencia, se ve así.
Lo que ocurre en el interior del salón de conferencias de los partidos es ahora un ritual para ser consumido en la televisión. Pero las asambleas anuales han tenido sus momentos divertidos. Éste es el paseo triunfal de Neil Kinnock, cuando fue elegido lider, en 1983.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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