Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
The Maze of Cadiz (El laberinto de Cádiz), la primera novela de Aly Monroe, ha tenido en general buenas críticas en la prensa británica.
Creí que la acción evocaría algunos episodios conocidos del espionaje en la zona, cuando Kim Philby y Graham Greene se ocupaban de la oficina española en el servicio británico de inteligencia y deambulaban por Algeciras agentes nazis detectando el movimiento de buques a través del estrecho.
Pero no. Monroe sitúa su primera entrega de las peripecias del agente Peter Cotton en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial.
El protagonista tiene que ir a Cádiz porque el agente británico destinado allí, May, se está gastando el dinero del Gobierno sin ofrecer explicaciones y últimamente no responde a los cables codificados que le envía Londres.
El agente tenía como misión principal detectar si se colaba tungsteno en los puertos con rumbo a Alemania. Servía para endurecer el acero, una aplicación directa de la industria de guerra. Y el tránsito por España, con participación en algún caso de la purísima banca suiza, es real.
A mí me parece que la novela empieza bien y no acaba tan bien. Creo que peca de algo frecuente en las ficciones detectivescas o de espías. El autor abre unas cuantas tramas y las resuelve en el capítulo final con una spaghetti junction. Mi veredicto perpetuo a este tipo de desenlace: ¡pues vale!
Pero el de este laberinto gaditano al menos estaba claramente pensado desde el inicio de la escritura, no es un simple recurso para desprenderse de personajes que se han montado en la chepa del autor, y además sorprende.
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Aly Monroe, cuya página en la web pueden visitar aquí y que promete una serie de aventuras de su protagonista, ha vivido mucho tiempo en España y se nota en la construcción de personajes y escenarios.
Hay en esto de situar la acción de una novela en países extranjeros casos cómicos. Hace unos años, tuvo éxito un libro de viajes de Jason Webster, 'Duende, A Journey in Search of Flamenco', en el que presentaba como verdadera su conversión de aterrizado profesor de inglés a guitarrista flamenco profesional en el transcurso de unas semanas.
Todo acababa, como es lógico, con un tiroteo en Vallecas, la zona vasca de Madrid, según el autor, en la que se notaba la pobreza resentida y sempiterna de los vascos, que emborronaban los muros de Madrid con sus pintadas identificables por la abundancia de la letra k.
Intenté entrevistarle, pero la editorial me dio largas. Asistí a un debate en el que participó y decía Webster allí que no le interesaba una traducción de su tomo, porque la gente española es un poco paranoica sobre lo que se dice de ella. Trrrrraatrrrraatraaaan... Toma lo precedente como un guitarreo, Webster, mate.
Aly Murray es otra cosa muy distinta. La textura de los personajes y de los paisajes es hondamente extranjera para el lector inglés, reconocible para el lector ibérico. Y, obviamente, en Cádiz, una novelista que sabe de lo que escribe y tiene vista, oído y olfato, agita persianas y desasosiega almas con unos cuantos días de viento de Levante.
Saco a colación aquel regodeo de Webster porque me asombró que, antes del sexo al borde de la playa, a la tan deseosa amante del protagonista le entrase, antes de ir por primera vez a la cama, un apetito irrefrenable por zamparse una paella.
En la novela de Murray, hay una escena sexual, rara, turbia y sutil, en la que Antoñita también come, pero dos galletas, hombre, dos galletas, justo lo necesario cuando alguien está metida en las artes de matar todas las hambres.
La siguiente aventura de Cotton será en Washington. Lo despido de las costas del sur con respeto: me parece que hay maneras más aburridas de pasar una tarde de invierno que leyendo El laberinto de Cádiz.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Lourdes Gómez, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Soy coautor de 'Tormenta del Desierto'(1991), sobre la primera guerra en el Golfo, donde trabajé como corresponsal en Bahrain y Arabia Saudí, y, con John Bew y Martyn Frampton, de 'Talking to Terrosists' (2009), que fue incluido en la lista del Global Thinkers Book Club por la revista Foreign Policy en diciembre de ese año. Soy autor de 'El Modelo Irlandés' (1998), reportaje sobre el proceso de paz hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo, y de 'Scunthorpe hasta la Muerte' (2010), basado en el el itinerario de Alex Calvo-García en el fútbol inglés.
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