Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
La conferencia de Londres aprobó la pasada semana el plan para poner fin a la guerra en Afganistán. Está inspirado por 'el gran empuje' (surge), que redujo radicalmente en 2007 la intensidad de la violencia en Irak. Creo que no va a tener el mismo efecto.
Aunque una parte importante del plan es el aumento de tropas, tiene igual o mayor importancia la elaboración de una estrategia de asentamiento político.
En Irak buena parte de la violencia nacía del conflicto sectario entre dos vertientes religiosas del Islam, sunita y chiíta, tras el derrocamiento de Hussein. En Afganistán no existe una división con las mismas características.
Un factor esencial en la resolución de conflictos es el papel de los países fronterizos. Aunque, en Irak, el apoyo de Irán a algunos grupos insurgentes parece probado, la complejidad de la diplomacia en los países del entorno de Afganistán es extraordinaria.
Irán juega de nuevo un papel importante y en esto vemos una disputa en la política doméstica sobre como tratar la cuestión. La divergencia cristaliza, en el caso de Estados Unidos, en una política de enfriamiento de la tensión por parte de Obama- que habría logrado un compromiso verbal de Teherán para favorecer el asentamiento pacífico de Afganistán- y la posición más conservadora que quiere aumentar la presión sobre el régimen y mantener viva la amenaza de ataque con el afán de neutralizar la ambición nuclear.
Pakistán es el vecino que impide dormir a cualquiera que entienda los riesgos de una victoria talibán. Las fronteras del norte están en la órbita de Rusia. China e India tienen voz e influencia. Arabia Saudí, nuestro fiel amigo en el Golfo, tiene más voz y más influencia. Y el único amigo genuino en la alianza de civilizaciones de Zapatero, Turquía, es el jinete del caballo blanco que nos da supuesta esperanza.
De ese tinglado de intereses no sólo debe venir un compromiso para aplacar la actual guerrilla talibán sino también el compromiso de sostener un futuro gobierno de Kabul cuando, tras la aplicación del plan, se logre el resultado esperado: un pacto basado en la creación de un nuevo gobierno compartido a cambio de la retirada de las tropas de la OTAN.
El nuevo plan se ejecuta cuando la presión política doméstica fuerza a Obama y a otros a alimentar la idea de que nos vamos a marchar en 2011. Es decir, que un enemigo que ahora gana sabe que tenemos prisa.
Estoy leyendo a H.J. Mackinder, que en la frontera de los siglos XIX y XX articuló una visión geoestratégica del mundo según la cual el dominio de esa parte tan remota del mundo crea el hegemón mundial. Creo que eran otros tiempos, de comunicaciones más lentas y una economía política internacional distinta.
Pero Mackinder es tan interesante como los grandes planes contemporáneos. Ninguno menciona explícitamente el argumento para mi pesimismo.
Los más fieles ocupantes de este globo quizás recordarán una casi obsesión sobre nuestras guerras. La semilla se plantó en mi deambular juvenil por el conflicto vasco y germinó con la lección que aprendí en la primera guerra del Golfo, que cubrí para el periódico con más voluntad que acierto.
De los militares americanos- Powell y Schwarzkopf- recordaré siempre su insistencia en exigir lo que les faltó en sus tiempos de soldados en Vietnam. Querían un objetivo preciso para la guerra. George Bush padre se lo dio, echar a Sadam Hussein de Kuwait. Diseñaron un plan de guerra acorde con el objetivo y lo ejecutaron con eficacia.
El objetivo de los ejércitos en Irak y en Afganistán ha sido más difuso, lograr la estabilización de un gobierno. Es algo para lo que los militares- que pasan la mayor parte de sus vidas entre militares, a menudo en academias y bases separadas del resto de la sociedad- no están bien equipados.
Mandos ilustres, como el general Petraeus- asesorado por David Kilcullen (¿recuerdan que recomendó nuestro libro 'Talking to Terrorists'?, abandonen aquí la lectura de esto, es mera propaganda)-, desarrollaron en Irak el 'gran empuje', que era político-militar. Fue su gran mérito.
Lo político-militar consiste en pactar con viejos enemigos su integración en el gobierno ofreciéndoles con saturación de tropas la seguridad comarcal; es decir, que no serán asesinados por sus ex correligionarios. Creando un embrión sólido de estado en las áreas más problemáticas se ha aislado en Irak a los extranjeros de Al Qaeda y a los irredentos.
¿Por qué será más difícil en Afganistán? Por la segunda lección que aprendí en la guerra del Golfo. La cubrí desde las bases logísticas de las fuerzas aliadas. Y comprendí que lo aburrido es, como ocurre tan a menudo, lo más importante.
Los corresponsales de guerra, especialmente los de la televisión, que impera en el mundo mediático de hoy, quieren imágenes de combate, soldados saltando por encima de la trinchera, disparos en un paisaje con buen encuadre. Pero el ganador de ese espectáculo de 'play station' mortal vence porque detrás tiene un complejo logístico superior al enemigo.
Ese complejo denso provee alimentos, agua, personal, equipo, comando y control, política, hospitales de campaña, salarios, municiones. Provee la capacidad de sostener la batalla más allá del resultado de un combate.
Hay que remontar siempre el río para entender el corazón de las tinieblas, como nos enseñó deleitando Joseph Conrad.
Las bases logísticas de los insurgentes iraquíes eran fundamentalmente interiores. Sí, Irán apoyó a grupos afines, pero su capacidad para hacerlo era limitada en un contexto internacional hostil.
¿Cuáles son las bases logísticas de las guerrillas afganas?
En primer lugar, una orografía del teatro de operaciones extremadamente compleja con áreas de muy difícil acceso.
En segundo lugar, una frontera fluida con Pakistán; donde el gobierno de Islamabad, desde su fundación, se rindió al estado informal basado en el orden tribal.
La geografía de la guerra afgana ofrece a los taliban guarida y continuidad política y cultural. Es un problema mayúsculo.
Pero creo que el mayor problema es el que nadie parece dispuesto a mencionar, éste:

Es el mapa de la ONU sobre conflictividad y cultivo de opio en Afganistán en 2007-08. Verán que hay una correlación fuerte entre el color rojo del máximo riesgo y el tamaño de los globos de producción de amapolas.
Las provincias con mayor producción de opio son Helmand y Kandahar. Las de mayor conflictividad son... ustedes ya lo han adivinado.
Según el embajador americano en Kabul, E. Anthony Wayne, una investigación de su embajada llegó a la conclusión de que salen de Afganistán cada día 10 millones de dólares en metálico, que son el rendimiento de la producción de opio, que ha aumentado vertiginosamente en los últimos años. Ha caído en el último como consecuencia de precios más bajos debidos a la abundancia de droga en el mercado.
Diez millones de dólares es más o menos lo que ha dado España al fondo creado en el nuevo plan para la reintegración de los talibán, que aspira a contar con un máximo de 500 millones. Es decir, el montante más ambicioso- en Londres se recaudó una cuarta parte- suma menos quie dos meses de producción de opio.
No sé si los talibán cultivan o cobran. Ellos dicen que no, pero no me lo creo. Lo que sí sé, porque es tan obvio, es que quienes producen y cobran necesitan la inestabilidad en las áreas de cultivo y la complicidad de áreas contiguas para que prosiga su negocio. La provincia fronteriza de Herat, donde están las tropas españolas, es una de las más transitadas por el movimiento de la droga. Quizás es posible esta conclusión: el tráfico necesita inestabilidad en las áreas de producción y corrupción estable en las áreas de tránsito.
En Irak el premio a la estabilidad es el rédito del comercio de petróleo, que requiere para su extracción y distribución infraestructuras fijas en el terreno, taladradas en la arena. En Afganistán la prosperidad está asociada a la inaccesibilidad de los cultivos, a la inestabilidad,la fluidez y el desorden.
Ésa es la más importante diferencia para quienes creemos que la 'aburrida' logística es un elemento esencial de la guerra.
¿Tiene usted algún plan para acabar con el incentivo que el opio da a esta guerra tan nuestra?
De estos cuatro miembros de la primera encarnación de 'The Pretenders', que aquí nos conminan a dejar de llorar, dos murieron por sobredosis.
The Pretenders. Stop Your Sobbing. 1980.
Esta semana se ha sabido que una de las más catastróficas predicciones del Panel Internacional para el Cambio Climático- que los glaciares de la cordillera del Himalaya se habrían derretido en 2035- no se sostiene.
No hay estudio ni documento que lo avale. Tras el Climagate llega esto. Y es interesante rebobinar la película para trazar quiénes y cómo incluyeron tal pronóstico en el informe de 2007 del comité de la ONU ganador del Premio Nobel de la Paz- junto al cineasta Al Gore- y algún episodio intermedio.
La primera aparición de esa hipótesis tiene su origen en una entrevista que Syed Hasnain, presidente del grupo de estudio sobre los glaciares del Himalaya en el Comité Internacional de la Nieve y el Hielo, dio en 1999, mediante correos electrónicos, a la revista New Scientist, propiedad de la gran empresa editora Reed.
Hasnain decía en su correo- no publicó ningún estudio científico al respecto- que corrían peligro de desaparición los glaciares en el centro y el este de la cordillera.
Esa afirmación fue copiada por el WWF, que la incorporó a sus declaraciones sobre el cambio climático en 2005. Aquí pueden consultar la lista de presidentes de esa aristocrática ong.
Y en 2007 el IPCC, basándose en el documento del WWF, extendió el peligro a toda la cordillera en su informe, que sirve para justificar las políticas internacionales actuales(si existieran o existiesen).
Cuando científicos indios dijeron a su Gobierno que no hay cambios anormales en los glaciares y que la afirmación del IPCC no se sostenía, el ministro de Medio Ambiente, Jairam Ramesh, calificó el informe del panel Nobel como 'alarmista'. El presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, le dijo que el Gobierno indio basaba su crítica en 'ciencia vudú' y que el panel "sabe muy bien lo que ocurre en los glaciares".

Pachauri ha reconocido ahora cómo se incluyó ese dato y subraya que un error no invalida la copiosa ciencia de sus informes. No tiene intención de dimitir. Aún esperamos las conclusiones de la investigación sobre el Climagate en la Universidad de East Anglia.
Y les recuerdo que todo esto comenzó así .
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Pasan estos días ante un panel de funcionarios y expertos británicos los políticos que decidieron y apoyaron la invasión de Irak. Quien espere alguna revelación extraordinaria de este panel no está en su sano juicio, en mi siempre inmodesta opinión.

Hace unos días compareció Alastair Campbell, el hombre de Tony 'llamadme Tony' Blair para encandilar y domeñar a la prensa. Quizás escriba un día de estos algo sobre este personaje y alguna de sus teorías sobre la comunicación y la guerra. Voy a concentrarme ahora en un episodio específico de la preguerra en Irak.
(A día de hoy han muerto entre 95.069 y 103.727 civiles como consecuencia de la violencia en el país desde la invasión, el 20 de marzo de 2003).
En agosto de 2002 el Servicio Secreto de Inteligencia, o MI6, recibió de una fuente indirecta- se ha dicho que fue un taxista que llevó como pasajero a un general y el servicio ya considera desacreditada a la fuente- información sobre la capacidad del Ejército de Sadam Hussein de desplegar armas químicas o biológicas en el campo de batalla en un tiempo de entre 20 y 45 minutos.
El Comité Conjunto de Inteligencia(JIC), que ofrece al Gobierno la evaluación global de la información confidencial obtenida por sus servicios, elaboraba para Tony Blair un dossier que justificara la invasión.
El 9 de setiembre de 2002 su evaluación decía:
"Irak probablemente ha diseminado sus armas especiales, incluyendo las armas QB. La inteligencia indica que las unidades militares podrían tener municiones químicas y biológicas dispuestas para el disparo en 20-45 minutos".
Siete días después, tras los comentarios recibidos de funcionarios de inteligencia y del entorno de Tony Blair, el borrador decía:
"El Ejército iraquí puede ser capaz de desplegar armas químicas y biológicas antes de 45 minutos después de recibir la orden".
Ha desaparecido la palabra municiones, que sugiere su uso táctico en el campo de batalla y ya cabe el despliegue en misiles de largo alcance. El precio a pagar por esa ambigüedad es eliminar la idea de que puede desplegarlos en 20 minutos.
Campbell, juntaletras como el que suscribe, dijo al jefe del comité y ahora del MI6, John Scarlett, cuando leyó ese párrafo, que el "puede ser" parecía más débil que las afirmaciones del sumario que resumía el informe.
El dossier publicado eliminaba la duda. Decía:
"La inteligencia indica que los militares iraquíes son capaces de desplegar armas químicas y biológicas en menos de 45 minutos tras recibir la orden".
El prólogo de Tony 'llamadme Tony' Blair incluía ese mismo dato.
En el dossier esa información basada en una fuente indirecta y alterada en las discusiones internas de Downing Street se publicó en el capítulo 3.
El 2 concluía con una descripción de los misiles de largo alcance en posesión de Hussein. Y el 3, donde se encajaba el párrafo de los 45 minutos, concluía con este mapa:

Como verán, los misiles podrían atacar- cualquier arma de Hussein y en 45 minutos- Chipre, donde Reino Unido tiene dos bases soberanas.
Hablando de bases soberanas he recordado que un ocupante de este globo me ha pedido privadamente y sin desasosiego reseñable la publicación de otra foto de Claudia Cardinale. Creo que aquí encaja perfectamente.

La publicación del dossier fue saludada por The Sun, propiedad de Rupert Murdoch, con este titular tan sucinto: "Brits 45 mins from doom" (Británicos a 45 minutos de la fatalidad). The Star, propiedad de un gran patrón de la pornografía, tituló: "El loco de Sadam a 45 minutos de una guerra química". El Evening Standard, propiedad entonces de los vizcondes de Rothermere, simpatizantes de Hitler en aquellos tiempos, ahora propiedad de un oligarca ruso ex agente del KGB, a toda página: "A 45 minutos de un ataque".
Preguntaron a Campbell en la encuesta sobre Irak ahora en curso y de la que, me repito, sólo los locos, tan inocentes, pueden esperar algo, si esos titulares y la referencia a los 45 minutos en el resto de los medios le impulsó a corregir el malentendido. Al fin y al cabo se trataba de la seguridad y del bienestar de los británicos.
Campbell, es cosa ya sabida, se despachó a gusto un buen rato contra la prensa por publicar cualquier cosa en el torbellino de las 24 horas, cada minuto, cada hora, cada día, todos los días. Tiene razón. Pero él fue un periodista vergonzoso de los sensacionalistas; está él como para impartir lecciones.
Además de sus consabidos desprecios, ¿qué dijo el otrora flamante Director de Comunicación y Estrategia del Gobierno de Tony Blair? Que no hizo nada para corregir el error, que si tuviese que corregir todos los errores de la prensa no podría dormir, el pobre. Aquí el diálogo:

Luego le preguntaron si no le parecía fuerte que el prólogo de Blair- ¿obra de su juntaletras preferido?, desde luego bajo su supervisión- afirmase que "la evaluación de la inteligencia ha probado sin ninguna duda que Sadam Hussein ha seguido produciendo armas químicas y biológicas, que sigue intentando lograr armas nucleares y que ha sido capaz de extender su programa de misiles de largo alcande".
Campbell dijo que no lo sabía, que no lo recordaba, que tendría que releerlo.
Enjoy the weekend.
Hay días en los que la radio repite cada hora noticias horribles:
Ayer, una mujer fue condenada a nueve años mínimos de prisión por matar a su hijo con una inyección de heroína. El hijo, de 22 años, había sufrido graves daños cerebrales al caer de una ambulancia que le transportaba tras sufrir lesiones en una pelea. Algunos testigos dicen que cayó de la ambulancia porque se resistía a que le llevaran al hospital. La madre dijo en el juicio: "No podía dejar a mi hijo vivir ese infierno".
Ésta ha sido bien recibida:
Ayer, fue puesto en libertad un hombre que causó lesiones graves a uno de los ladrones que habían entrado a su casa y maltrataban a él y a su familia. El hijo pequeño escapó, avisó a su tío, que provocó la huida de los ladrones. A quienes los dos hermanos persiguieron. Alcanzaron a uno, a quien dieron la paliza que le causó el daño. Hubo protestas cuando fue condenado. Ahora le han reducido la condena y ha salido de la cárcel.
De un discurso que algún día leí, guardé este párrafo:
Hay ahora menos guerras que en ningún tiempo de la historia. Los conflictos armados han caído el 40% desde el fin del comunismo, el número de refugiados se redujo a la mitad entre 1992 y 2003. En 1963 hubo 25 golpes o intentos de golpe de estado; en 2003 hubo diez. En 1990 había 17 guerras civiles importantes en el mundo. En 2006 había cinco.
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No conseguí entrada para escuchar a Laura Veirs, que esta noche estará en un escenario de Londres. Escuché esta canción en la radio y me gustó.
¿En qué se basó el imperio español? Olvídense de la formación de una casta guerrera y gobernante durante la llamada Reconquista, de las innovaciones en la navegación.
El Papa Inocencio VIII decretó en 1484 que aquellos que practicasen el control de natalidad debían ser condenados a muerte- ay, nuestras queridas brujas- y la población Europa creció de manera exponencial.
La importación de la patata y del maíz debió de tener un efecto. Y, con el crecimiento de la población, el sistema de mayorazgo dejó a los segundones con tiempo y ganas de conquistas.
En 1500, de cada mil hombres que poblaban el mundo en la edad de guerrear, entre los 15 y los 29 años, cien procedían de Europa. Antes de la Primera Guerra Mundial, eran 350 europeos o de origen europeo. Ésa es la explicación de la hegemonía imperial europea y de las guerras de competencia entre los diversos imperios.
Hoy, hemos regresado a las magnitudes de 1500. Ciento veinte hombres por cada mil en el mundo en la edad de los soldados son 'blancos'.
En esa transición demográfica se encierrra el cambio del mundo entre las gestas evangelizadoras de Pizarro- y, ya puestos, el genocidio de los incas- y la conversión de tantos jóvenes musulmanes en islamistas que quieren matarnos a todos nosotros, los cafres.
Un buen gráfico vale más que mil palabras. Echen un vistazo a éste.
Es la evolución de la población de Pakistán, de la tasa de natalidad por mujer y de la renta per cápita. Tres cosas: el aumento vertiginoso de población, la reducción reciente de la tasa de natalidad y la puesta en duda de que los jóvenes islamistas realmente se rebelan contra su pobreza.
Esas cifras significan que hoy hay 28 millones entre 15 y 29 años en Pakistán. Detrás tienen 33 millones por debajo de los 15 años. De los quince millones de hombres afganos, siste tienen menos de quince años. Cada año, 350.000 afganos llegan a la edad de la guerra. En Irak, la población entre 1955 y 2005 se multiplicó por cinco, de cinco a 25 millones.
Estados Unidos tiene 31 millones de niños y adolescentes por debajo de los 15 años, y el 25% es obeso.
En el año 2020, habrá mil millones de jóvenes entre 15 y 29 años en el mundo. Noventa millones serán de Europa y Estados Unidos. Y hay que seguir descontando a los obesos.
Estas cifras son las que explican que unos quieran construir una fortaleza en occidente o que buena parte de la juventud europea se declare pacifista.
Es el argumento de Gunnar Heinshon, que añade que nuestra política de fomento de desarrollo de los países pobres- entre ellos, los musulmanes- genera cuando tiene éxito la conciencia y la casta dirigente de los islamistas.
Y aquí una buena crítica a Heinshon.
El profeta Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén, de Rembrandt Harmenszoon van Rijn .
Sobre cómo el periodismo puede empeorar algunas cosas no se piensa o se habla suficientemente. Aunque se hace de cuando en cuando allí y aquí. La lectura de los periódicos provoca estos días a menudo sobrecogimiento. ¡Hasta Martin Wolf se ha sumado a la tarea de concatenar hipótesis para concluir que el riesgo de que se cumplan todas las malas previsones es que esta crisis, que en algunos aspectos es sólo comparable a la de los años veinte y treinta del siglo XX, desemboque como entonces en una gran guerra!
¿Un primer párrafo ideal para empezar la semana? Pues el segundo es peor.
¿Qué ocurre si, a los peligros evidentes en la pugna internacional para repartir el coste de la salida de esta crisis, se añade el horizonte de que la ambición de un futuro más equilibrado está cegada porque faltarán recursos energéticos para sostener nuestras economías?
La jeremiada no es mi género literario preferido, pero es que gente con buen conocimiento técnico promueve la teoría del cénit del petróleo, del tapón inventado de la catástrofe climática, de la hipótesis de inviabilidad de sostener tal nivel de población- cerca de siete mil millones- con recursos limitados, incluídos los alimentos, que en general han sido explotados hasta ahora con la energía procedente de los hidrocarburos.
Basta ver las guerras recientes y sus motivaciones hondas para adivinar el horror que podría avecinarse.
En esta foto, el ex presidente José María Aznar habla al Senado de Estados Unidos delante del aún vicepresidente, Dick Cheney, quien más descarnadamente, entre los más poderosos, ha articulado las cuestiones geopolíticas del petróleo y del acceso a fuentes de energía.
La confianza en el futuro es necesaria para salir de la crisis. ¿Lo que se divisa en el horizonte en una pelea por la supervivencia, por el control del petróleo o del gas natural, de las materias primas o del agua? Si es así, que el último apague la luz.
El argumento sobre el cénit inminente, o ya ocurrido, del petróleo lleva dando vueltas unas cuantas décadas, pero, en noviembre, se sumó a la causa hasta la Agencia Internacional de Energía, una organización a la que tampoco hay que dar gran crédito- se ha equivocado con una insistencia llamativa-, pero que en teoría establece el canon de los recursos existentes.
Pasé las Navidades leyendo sobre estas cosas y el pasado viernes fui a la presentación de un informe del Energy Watch Group. Son gente seria, alemanes, suizos y tal, no británicos, que sólo servimos para la otra tarea esencial del mundo, la comedia. Fui a la conferencia de prensa temiendo salir apesadumbrado.
¡Fue la más optimista a la que he asistido en los últimos meses!
El diputado suizo Rudolf Reichsteiner presentó un informe en el que argumenta, con útiles de la economía y de la ciencia, sobre la capacidad de la energía eólica de sustituir al petróleo, para convertirse en nuestra fuente esencial de energía. De los datos que dio ofrezco tres. El primero es que bastaría la ocupación del uno por cien de la superficie del globo por turbinas de viento para proveer el actual consumo de energía en el planeta, de un cuadrado de doscientos kilómetros de lado para abastecer a la UE. El segundo es que las convenciones de Kyoto y la futurible de Copenhague o los acuerdos europeos sobre reducción de emisiones de CO2, son irrelevantes, porque las fuerzas siempre adulteradas del mercado pueden conducir a un suministro renovable. El tercero es su confianza en que se pueden resolver los problemas de continuidad y almacenamiento que ponen en cuestión la viabilidad de los molinos. Fueron elogiosos de la política energética en España.
No sé si el análisis está bien fundado, pero es el pronóstico de gente que desde hace años presenta los aspectos más oscuros de nuestro futuro y que, en medio de este temporal, nos dice que podemos salir con bien de este lío.
Un tránsito inesperado del profeta Jeremías al baladista de la generación beatnik.
Entrevisté hace unos meses a Hugo Slim, que fue durante varios años el principal teórico, el chief scholar, del Henri Dunant Centre. Acababa de publicar un libro sobre la protección de civiles en situaciones de guerra.
Publico aquí la entrevista tal como la escribí en su día, tras la lectura del libro y la conversación con su autor. Las fotos son de Ione Saizar, con quien tengo la fortuna de trabajar habitualmente.

En junio de 1990, tropas del Frente Patriótico Nacional de Liberia, liderado por Charles Taylor, entraron en Bakedu, una pequeña ciudad en la frontera entre Sierra Leona y Guinea y, en media hora, mataron a 350 personas, hombres, mujeres y niños. Eran simplemente mandingos, según los guerrilleros.
Hugo Slim visitó Bakedu en 2006. Uno de los viejos de la ciudad le señaló el lugar, en el camino hacia el río, donde un soldado de Taylor dejó que quienes huían de la masacre se pusiesen a salvo. Ese soldado desconocido representa, según Slim, “un sentimiento minoritario entre fuerzas violentas”.
“Ese soldado desconocido es el representante conmovedor de ese otro sentimiento humano que siempre existió junto a la masacre y la crueldad en la guerra, el sentido moral de que matar está mal”, escribe Hugo Slim en Killing Civilians (Matar Civiles), que se ha publicado en lengua inglesa.
Es ahora director de Corporates for Crisis, que intenta atraer inversiones privadas a sociedades que se recuperan de guerras y desastres, y antes fue el principal teórico del Centro Henri Dunant, con sede en Ginebra, que ha ganado notoriedad en España por facilitar el diálogo entre el Gobierno y ETA.
La familia Slim tiene tradiciones militares y religiosas. La estatua de su abuelo, William, ocupa un lugar privilegiado en el barrio gubernativo de Whitehall. Fue uno de los grandes generales británicos del siglo XX. Su padre fue también militar, jefe del regimiento de fuerzas especiales, Servicio Especial del Aire, o SAS.
El hijo, Hugo, siguió por la otra senda familiar, la de la Iglesia, y, tras estudiar Teología en Oxford, encontró en las ONG de ayuda internacional un campo en el que combinar la preocupación religiosa y la llamada del hombre de acción. Su libro responde también a esa doble preocupación.
“Creo que siempre habrá guerras y que lo más práctico es paliar sus efectos”, dice Slim, cuyo empeño es dar cuerpo teórico al movimiento de protección de civiles. Describe cómo se mata a no combatientes o se comete la violación sistemática de mujeres en guerras actuales o pasadas y desmenuza las ‘ideologías anticiviles”.
Enumera éstas: pensamiento genocida o maniqueo, afán de poder mediante la dominación y la subyugación, afán de revancha o de castigo, eficacia de matar civiles, réditos económicos, posibilidad de erradicar al enemigo, ineptitud en la furia de la guerra, lamento sobre la necesidad de matarlos,...
Otra ideología que sustenta el asesinato de civiles es la ‘necesidad asimétrica’, que lo justifica por la desventaja de uno de los oponentes. Se aplica particularmente al terrorismo, que Slim considera “totalmente injustificable, porque mata civiles como un objetivo secundario, con el fin de apelar al Gobierno”.
Slim analiza en su libro la dificultad para promover la protección de civiles por la frecuente ambigüedad de su papel. Los civiles eligen o siguen a sus líderes, sostienen sus economías o, como la joven soprano Maria Callas en la Atenas ocupada de 1942, hacen más agradable la vida de los oficiales de un Ejército brutal.
“Es un problema complejo, con contradicciones”, afirma. Experimentos psicológicos y estudios sobre reclutamiento y atrocidades muestran que, si se dan determinadas condiciones, el 80% de la población participa directamente en actos de violencia, el 10% rehusa y pide que se le asigne a otro puesto y otro 10% resiste activamente lo que percibe como injusto.
La protección de civiles requiere, según Slim, la promoción constante de la filosofía de la guerra limitada, exigir a los que hacen la guerra que acepten “que todos los no combatientes tienen una identidad humana fundamentalmente vulnerable y mixta”. Requiere cosas prácticas que pueden resultar paradójicas, como el adiestramiento de ejércitos y guerrillas.
Hugo Slim cree que, a pesar de que los civiles muertos en conflictos del siglo XX se cifran en 217 millones y que aún queda en la sombra la amenaza nuclear, hay mejoras. La tecnología de armas inteligentes y la extensión de la cultura militar pro-civil explican, por ejemplo, un marcado cambio en la conducta de la guerra en Vietnam y en Irak por Estados Unidos.
Charles Taylor es ahora juzgado por masacres como las de Bakedu en el Tribunal Penal Internacional, un avance para el sentimiento de justicia que puede, sin embargo, empujar a autores de crímenes de guerra hasta la última resistencia.
El telón de fondo de las regulaciones de la conducta de guerra está compuesto por las convenciones de Ginebra. Slim cree que, tras su aprobación en 1949 y su ampliación en 1977, hay ahora una convergencia de intereses para renovarlas.
Enjoy the weekend.
Hoy enseñé a unos alemanes sobre Irlanda del Norte.
Como estaban muy interesados, simulé ser un pistolero
en Falls Road. La muerte siempre llama la atención.
¡BANG! Se metieron bajo los asientos y escapé.
"Un violinista en el campo de concentración"
No entendieron nada.
La única honestidad es el silencio.
Busco en Google a Morrisey y encuentro una entrevista en la que dice que su poeta preferido es el australiano Les Murray . Busco a Murray y encuentro este poema, 'El significado de la existencia', de su libro "Poems of the size of Photographs"(Poemas del tamaño de una fotografía). Lo traduzco así:
Todo salvo el lenguaje
sabe el significado de la existencia.
Árboles, planetas, ríos, tiempo,
no conocen otra cosa. La expresan
momento a momento, como el universo.
Incluso este cuerpo idiota la vive en parte y en ella
disfrutaría de absoluta dignidad
si no fuese por la libertad ignorante
de mi mente habladora.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Lourdes Gómez, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Soy coautor de 'Tormenta del Desierto'(1991), sobre la primera guerra en el Golfo, donde trabajé como corresponsal en Bahrain y Arabia Saudí, y, con John Bew y Martyn Frampton, de 'Talking to Terrosists' (2009), que fue incluido en la lista del Global Thinkers Book Club por la revista Foreign Policy en diciembre de ese año. Soy autor de 'El Modelo Irlandés' (1998), reportaje sobre el proceso de paz hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo, y de 'Scunthorpe hasta la Muerte' (2010), basado en el el itinerario de Alex Calvo-García en el fútbol inglés.
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