Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

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Escribe hoy Patxo Unzueta en El País algo parecido a lo que FOUR argumentaba aquí el otro día.

Dice Patxo, a quien leo desde que tengo uso de razón e incluso antes, sobre los indultos a presos terroristas en Irlanda que fueron...

"Algo similar a lo que, en aras de la reconciliación y de la convivencia, hubo de hacerse aquí tras la muerte de Franco y de nuevo con motivo de la autodisolución de ETA (p-m), en 1981. Los que entonces defendieron esas medidas son hoy, por lo general, poco partidarios del revisionismo sobre la Transición de quienes proponen, en nombre de la memoria antifranquista que no tienen, derogar la Ley de Amnistía".

Escribía aquí FOUR algo parecido:

"A mí me parece muy bien que se apele a la memoria histórica en España, pero me huelen mal dos cosas: una, que haya tanto fervoroso que no viviera, no ya la guerra civil, sino la represión franquista o los follones de los setenta..."

Regresaba hace un rato de Wimbledon leyendo en el tren la columna de Gillian Tett en el FT sobre el colapso del mercado global de la securitización cuando he encontrado de nuevo la solución a todos nuestros dilemas.

Quienes participaron en la resistencia antifranquista tuvieron un sentimiento real de victoria. Ver el grotesco volapié de tanto sinvergüenza, a dinastías enteras convertidas de la noche a la mañana de semi ilustrísimos valedores de la voluntad del caudillo a liberales de toda la vida fue un cambio real, palpable (ya no tiraban gente por la ventana de las comisarías, por ejemplo), que justificaba los compromisos y cesiones. Los objetivos fundamentales de los antifranquistas- amnistía y libertad- se habían alcanzado. No se aplica este argumento a todos pero quizás a muchos.

Sobre lo de ahora, sobre el afán de mirar al pasado más que al futuro estoy leyendo a John Torpey- Making Whole What Has Been Smashed: On Reparations Politics (Hacer entero lo que ha sido pulverizado: sobre la política de las reparaciones)- y cuando termine de leerlo escribiré algo. Quizás.

Por cierto, by the way, que Tett describe el colapso del mercado global de CDOs y todo aquello y cómo lo han sustituido con urgencia los bancos centrales, pero tampoco ofrece un bosquejo de cómo debería ser el futuro. ¿Securitizazión privada como la que nos llevó al desmadre? ¿La hace el Estado por vía indirecta y todos corremos los riesgos terminales? ¿Hace falta realmente la securitización?

Y ya puestos a preguntar: ¿Será porque el futuro no lo vemos claro o porque nos da miedo que buscamos nuestros goces ahora en el pasado?

Nick Drake. Cello Song.

Enjoy the weekend.

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28 Nov 2009

Resumen de la semana

Nadal es mi semana. Quien atrasa estos devaneos que me entretienen y me esfuerzan tanto como a él sus passing shots. Hay que esperar hasta enero. Este chaval, buenón, del PP de Manacor, es un híbrido amigable de la España de hoy. Dice que tiene que trabajar para ponerse en situación de ser el número uno. Ser el número uno es la tontería deportiva que funciona como trasunto de nuestras coyunturas universales. Pero su obsesión es curiosa. No me aflige escrutarla.

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Sesenta y dos mil millones de libras- ¿lo escribo con numeritos sánscritos para que se hagan una idea más precisa?- es la cantidad de dinero que el Banco de Inglaterra dio a los bancos británicos, cuando aqui el menda escribía sobre pánicos allá en el pretérito otoño, para salvar a la City, oh, el mercado, del momento Minsky, de la catástrofe nuclear .

La cifra es más o menos el diez por ciento del gasto público. No fue un gasto, sino un dinero que se ofrece para hacer frente a las obligaciones a corto plazo y que se aspira a recuperar.

La próxima vez que les hablen del mercado libre y del cúmulo de tonterías intelectuales- hipotética aspiración a la verdad- que los ideólogos les cuenten, repitan conmigo, en sánscrito, más viejo que la pana: 62 billions, 62 mil millones, 62.000.000.000. Es el golpe de estado. Y sólo hemos visto el comienzo de esta historia.

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En la bella Dublín, si tengo una cita, y dependiendo, of course, de la cita, quedo en el salón de té del Shelbourne Hotel, en los bordes del parque de St. Stephen's. . En 1995 quedé allí con una monja.

Estábamos un francés, un holandés y yo, se ruegan chistes, cubriendo juntos el referéndum irlandés por el divorcio. A la cita, que yo había organizado, fuimos el holandés y yo. Mi amigo Bob dijo después que era su mejor entrevista del año. Era una mujer fantástica.

Tras vernos con ella, el francés iba a conducir el coche como Alain Proust- chocamos malamente al día siiguiente- hacia Tuam. Pregunté a monja tan laica, partidaria de la ley del divorcio:

- Pero Irlanda atrae por su idea de pureza, por los ojos iluminados de gentes que parecen vivir un ideal en el que la familia importa, en el que padres y madres viven guiados por algún espíritu que da luz a sus ojos y que exige que hay algo anterior a la corrupción en la que vivimos. Iremos esta noche a Tuam, donde nos encontraremos con personas contrarias al divorcio e inevitablemente nos sentiremos atraidos por su ideal de la pureza.

Ella me dijo algo así:

- Cuando estés en Tuam recuerda que ese ideal de pureza es falso, que se basa en el abuso sexual de niños, en la intimidación y la violencia contra las mujeres.

Abandonamos la provinciana y maravillosa Dublín con el eco de su voz.

Lo he recordado estos días cuando se ha comprobado lo que ella sabía. Que la pureza de Irlanda, invocadora del Espírtu Santo que De Valera, eu galego, incrustó en su Constitución, ocultó- - el gobierno, la policía, los jueces- el abuso sexual de niños por curas obtusos del catolicismo.

Mujeres. Mujeres. La vergüenza inmisirecorde de la curia.

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Enjoy the weekend.

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Ante una sala repleta de estudiantes se sentaban juntos por primera vez, en el King's College, Brendan Duddy y Michael Oatley. El primero era 'El Contacto' de los servicios británicos de inteligencia, un empresario de Derry, o Londonderry, de ideología nacionalista pero partidario de la política pacífica. El segundo actuaba, con relativa autonomía, como el enviado en Irlanda del Norte del británico Servicio Secreto de Inteligencia, o MI6.

Libros y periódicos los han presentado con frecuencia como urdidores importantes, si no decisivos, del proceso de paz. Su testimonio así quería confirmarlo. A través de ese canal, el servicio secreto entabló un diálogo indirecto con el líder del IRA, Martin McGuinness.

Hasta que, en diciembre de 1993, en vísperas de la Declaración de Downing Street, se filtró a la prensa la existencia de un diálogo entre el Gobierno y el IRA y el canal de comunicación- en el que ya no estaba Oatley, jubilado, sino 'Fred', cuya identidad no ha sido desvelada- fue cerrado.

Creo que en un libro que publiqué en 1998, El Modelo Irlandés, fui más lejos que otros en analizar la continuidad entre los documentos conocidos de aquel diálogo secreto y lo que ocurrió después. Con ese aval tan poco fiable que me doy a mí mismo, añado que el diálogo secreto no sirvió para nada. Las cosas secretas tienen el prestigio que pierden inevitablemente quienes hacen su trabajo cara al público. Eso es todo.

No voy a aburrirles con los detalles, pero les diré que aquel diálogo confluyó, en la primavera de 1993, en una propuesta de negociación del IRA con John Major que los miembros más sensatos del Gabinete abortaron. En el Ejecutivo de Major había patéticos postulantes de líneas duras, pero creo que la influencia decisiva en esa decisión fue la de un ministro que no cultiva el exhibicionismo de las posiciones duras o blandas, Ken Clarke.

Duddy remachó en la charla del otro día la importancia de su tarea; Oatley explicó que en enero estuvo en Líbano hablando con Hizbolá y Hamas. Es la deriva de Irlanda del Norte como plantilla para la resolución de conflictos.

Los amigos que me invitaron a la charla suelen criticar el papel de esos intermediarios, porque creen, en eso estoy de acuerdo, que la política de verdad, la importante, es la política de masas, la que mueve los sentimientos y la conciencia de grandes grupos sociales.


En esta foto, sentados en la parte más alejada, están dos actores, estos sí fundamentales, en el inicio del proceso de paz, John Major y Martin Mansergh.

Y mis amigos dicen también ocasionalmente que esos intermediarios en sus canales secretos perjudican más que benefician, porque fomentan la confusión.

Mis argumentos buscan con frecuencia, mero vicio, la paradoja y por eso, con justificable frecuencia, la gente no me hace caso, porque creen que siempre hablo en broma.

Hace unos años, no sé si también ahora, visitaba el País Vasco con frecuencia un sacerdote redentorista, Alec Reid, que compuso una de las imágenes más emotivas que he visto en Irlanda. Él, cura católico y nacionalista, intentó evitar la muerte de dos soldados británicos que, como consecuencia de su propio error en conducir su coche al aeropuerto, fueron atrapados en un cortejo fúnebre por un miembro del IRA, que recorría el oeste de Belfast. De su brutal linchamiento fui testigo horrorizado, pero no de su asesinato, unas calles más abajo. Reid acudió allí y arrodillado rezó- su vocación- por los soldados.

La foto es de David Cairns. Disculpen que la publique aquí, pero estamos hablando de estas cosas.

Un día entrevisté a Reid antes de que volara hacia Bilbao. Resintió la agresividad de mis preguntas y me dijo algo así: "A mí también me molestaban los mediadores extranjeros que venían a Irlanda del Norte y no entendían los matices de nuestra situación".

No sé si ésa era la razón de mi supuesta agresividad. El cura Reid no me cae mal, aunque me pareciese entonces que no tenía mucha idea de nuestros problemas. Para empezar, los mediadores que van al País Vasco no suelen conocer ninguna de nuestras lenguas. Y eso lo dice ya casi todo.

Me han contado, no sé si es cierto, que, en el último intento de salvar el proceso de paz en 2007, cuando se sentaron en Ginebra socialistas y batasunos- creo que también estaba ETA-, los mediadores internacionales decidieron presentar, cuando vieron que aquello colapsaba, sus propias propuestas de compromiso. Y que quienes estaban allí cayeron entonces en la cuenta de que los mediadores no habían entendido nada. Tiendo a creérmelo.

De sus propuestas no debe esperarse nada, pero no comparto la opinión negativa sobre la confusión que crean en sus contactos y entrevistas con los grupos violentos.

Decía a mis amigos- uno de ellos hizo bastante más por el buen resultado del proceso de paz que estos intermediarios secretos- que, para comprobar la veracidad de esa hipótesis, sería quizás legítimo recurrir a un método común en las ciencias merecedoras de ese nombre, las que se basan en el empirismo. Para observar los efectos de un fenómeno se recurre a menudo, tras analizarlo en pequeña escala, a ampliar la dosis.

Cien, doscientos, mil quinientos curas y mediadores a la irlandesa, todos ellos cargados de buenas intenciones y hablando lenguas extranjeras, caerían en mi experimento sobre quienes quieren entre nosotros mediación. No pongo en duda que extenderían confusión, pero si algo caracteriza a esos grupos es la siniestra nitidez de sus creencias. ¿Efectos negativos? Mmmm...

Cuando llego a esta casi conclusión, noto que interlocutores con esa deformación del alma que se conoce como sentido del Estado han dejado de escucharme hace ya un buen rato. Cuando expuse mi hipótesis a los amigos con los que había escuchado el farragoso sinsentido de Duddy y Oatley, hubo risas.

Se rieron porque ya compartía con ellos un conocimiento previo: el proceso de paz en Irlanda empezó precisamente en el momento en el que se cerraron los canales secretos y se despidió a los intermediarios.

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Buscaba ayer información adicional sobre la detención de un presunto miembro del IRA Auténtico que ha sido acusado de participar en el asesinato de dos soldados, el pasado marzo, y acabé en la página de 'The Blanket', la manta, una publicación animada por Anthony McIntyre, que fue miembro del IRA.

La revista ha cerrado. Su director y colaboradores habituales la despiden como un foro abierto de 'republicanismo democrático'. Se quejaban habitualmente de que el Sinn Fein de Gerry Adams se ha convertido en una maquinaria política que ahoga toda discusión real, porque su estrategia se ha demostrado tan errada que debe surprimir las voces de quienes señalan que el rey está desnudo.

Que el Sinn Fein opera internamente con una disciplina estricta es indudable. Vienen del mundo paramilitar, donde los generales ordenan.

El fracaso del afán de unificar la isla de Irlanda es también evidente. En el norte, su éxito electoral consiste en haberse convertido en el partido nacionalista más votado. Y eso les da el derecho de compartir gobierno con los unionistas más recalcitrantes, los del DUP de Ian Paisley.

Adams decía que el IRA ya no era necesario porque sus logros en el proceso de paz darían éxito electoral al Sinn Fein también en el Parlamento de Dublín. Si se metían en el gobierno del sur y en el del norte, podrían impulsar las instituciones mixtas diseñadas en el Acuerdo de Viernes Santo y el principal protagonista de ese impulso sería el más viejo partido irlandés, el Sinn Fein, el único con pie en ambos gobiernos. Así funcionaría el motor de la unificación.

Pero los electores de la república irlandesa siguen votando por sus partidos tradicionales. El Sinn Fein fracasa en el sur y pierde militantes. Y el viejo IRA simplemente administra la provincia británica que intentó destruir.

McIntyre y otros señalaban desde hace una década que la estrategia de Adams no llevaría a la unidad irandesa y tenían como inspiración, amigo y héroe a Brendan Hughes, 'El Moreno', que murió el año pasado, antes de cumplir sesenta.

Hughes fue el jefe del IRA en Belfast cuando Adams era su íntimo colaborador. Compartieron detenciones y torturas y ocuparon en la cárcel una celda que los presos llamaban "el ala de los generales".

El historial aventurero y mortífero de 'El Moreno' fue extraordinario. Podría ser descrito como uno de los más hábiles y tenaces militantes del terrorismo irlandés. Una vez leí su relato de cuando, recién salido de la cárcel, dirigía el IRA mientras se hacía pasar por representante de juguetes y vivía en un piso en el barrio de Malone, un agradable distrito de clase media- entonces predominantemente protestante- en el sur de Belfast.

Hughes debió tener algunas relaciones con ETA y dio en Bilbao una rueda de prensa, en 1990, pidiendo amnistía para los presos de ETA. Criticó el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Porque no llevaba a ninguna parte.

Pero su crítica era más atractiva en lo más básico. Se quejaba de que, cuando salió de la cárcel, constructores asociados con gente del IRA le pagaban cuatro pesetas por su trabajo en las obras. Denunciaba la corrupción de los dirigentes, a los que acusaba de moverse por el llamamiento del poder y del dinero. Sentía aún empatía humana por Adams. Sufrir juntos la tortura, confiar en el camarada de la conspiración mortal, sella pactos que la polìtica no puede quebrar totalmente.

Hughes también acusaba a los dirigentes del Sinn Fein de mentir, de embaucar a la clase obrera republicana- a la que pertenecía y quería representar- traicionando la ambición de una república socialista que uniese a los proletarios republicanos y lealistas.

Acuñó así hasta su muerte, causada en parte por los daños sufridos en huelgas de hambre, la imagen del hombre honesto, de quien no se vendió por un plato de lentejas.

Me parece memorable su respuesta a Bernardette McAliskey- a quien en nuestra juventud conocimos con su apellido de soltera, Devlin-, que afirmó en un documental de la BBC que ella hubiese dejado morir al preso Sean McKenna, en la primera gran huelga de hambre de los presos del IRA, porque eso hubiese favorecido la estrategia republicana.

Hughes era el jefe militar de los presos en la cárcel de Maze y había prometido a McKenna que, si entraba en coma, no le dejaría morir. Replicó a Devlin que las consideraciones éticas del caso eran muy superiores a las políticas. Hughes abortó la huelga y McKenna sobrevivió.

Inició la huelga contra los deseos del Consejo Militar del IRA. Y, tras la derrota, fue reemplazado en la jefatura de los presos por Bobby Sands, que lideró la segunda huelga, que acabó con la muerte de diez presos.

Esa trayectoria dolida y honesta inspiraba simpatía. Escribía algo que han escrito muchos: "¿Todo aquello para qué?". Sí, ¿para qué 3.500 muertos? ¿para aceptar lo que podría haberse conseguido pacíficamente? ¿tánta muerte y sufrimiento para que un tipo del Sinn Fein sea ministro en provincias?

Hugues y McIntyre eran cotizados como voces críticas con el Sinn Fein-IRA de Adams y no apoyaban a los grupos disidentes aún empeñados en seguir con el terrorismo. Aunque en su exigencia de debate incluían voces próximas a ellos.

No me gustó nunca su disidencia. El IRA ha tenido disidentes más interesantes. Como Shane O'Doherty, que publicó un libro admirable, 'The Volunteer', en el que describe cómo durante su estancia en la cárcel se arrepintió de su vida militante, que ahora contemplaba como inmoral. O Sean O'Callaghan, quien, también arrepentido de su participación en un asesinato, ingresó de nuevo en el IRA para informar a la policía y contribuir a su destrucción. Publicó 'The Informer'.

Una vez, McIntyre me dijo que fue simpatizante de ETA pero que el asesinato de 'Yoyes' le hizo cambiar de opinión. La explicación es deprimente.

La admiración que sienten algunas personas por McIntyre y especialmente por Brendan Hughes me recuerda al Jorge Semprún de la 'Autobiografía de Federico Sánchez', un relato detallado de su militancia y abandono del Partido Comunista de España.

Semprún es tan honesto en su memoria que incluye un poema que escribió ante la muerte de Stalin. No es romántico sobre su pasado, no lo reviste con galas. Recuerda las hondas complicidades humanas que se forjan entre los clandestinos- Simón Sánchez Montero, of course- pero no intenta defender su política.

Aunque no tengo el libro aquí, recuerdo su relato de la última reunión del Comité Central en la que fue expulsado. Recuerdo sus sentimientos de mayor simpatía por Dolores Ibarruri, que votaría indefectiblemente por aquello que fuera a decidirse allí, que por Santiago Carrillo, cuya deriva creía más inteligente, pero al que contemplaba como el político sin principios que operaba en las tinieblas y mediante sucias maniobras.

Todo lo absoluto pertenece a la patología, escribió Nietzsche. Pero a los humanos nos atraen las aspiraciones risibles de la perfección social y politica, de la absoluta honestidad o dignidad.

Siento simpatía humana por los autores de 'The Blanket', pero su desaparición no me parece una pérdida notable para el desarrollo de las ideas en Irlanda.

Enjoy the weekend.

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Tuve el primer contacto íntimo con la obra de Mark Wallinger hace poco más de dos años, en la Tate Britain. Había montado allí lo que la policía había desmontado, el andamiaje de la protesta de Brian Haw. Que llevaba seis años plantado en el césped que hay frente al Parlamento protestando, primero, contra el bloqueo comercial al régimen de Sadam Hussein y, después, contra la invasión de Iraq.

Había visto la protesta de Haw desde la acera opuesta cientos de veces, pero por primera vez percibí la hondura quebrada de su mensaje en la reconstrucción de Wallinger. Allí estaban los inocentes eslóganes, los fragmentos de ropas ensangrentadas y fotos e informaciones garabateadas en cartulinas sobre los niños muertos o mutilados, que aquel loco había plantado en el césped.

El Gobierno introdujo en 2005 una ley prohibiendo manifestaciones en un entorno de una milla alrededor del Parlamento. Desmontaron la de Haw, que tuvo que irse a casa. Y Wallinger 'colgó' su obra- la de Haw- en la Tate Britain, justo fuera del perímetro de la prohibición. Le dieron por ello el Premio Turner de 2007.

Junto a la emoción por ver el mensaje sentimentalmente estrafalario y doliente de Haw yo había sentido, sin embargo, un rechazo por la obra. Porque eliminaba la otra parte de la protesta, la que era para mí, desde la otra acera, esencial: el horroroso ruido con el que Haw castigaba diariamente a todos los que pasábamos por allí y más aún a los que estaban siempre, con su megáfono y su constante letanía demente. Eliminar lo feo, lo obviamente cruel de aquella protesta, la estilizaba y la esteriliizaba. Me pareció un acto de Wallinger que en lo político es lo peor que a mi juicio se puede hacer: abrazar el maniqueísmo, lo simple, lo unilateral.

Luego vi su proyecto de caballo gigante para la marca de Ebbsfleet, del que ya di cuenta en este globo. Es una obra soberbia de arte totémico.

Mark Wallinger es uno de los artistas más versátiles que he conocido. Recurre a lenguajes diversos para expresar sentimientos también muy variados, aunque con frecuencia se refieren certeramente a cuestiones profundas de la cultura: desde su híbrido Ecce Homo en el pabellón británico de la Bienal de Venecia a su Oximoron, esa Union Jack con los colores de la Irlanda republicana, que ondea humorista y perturbadora en los jardines del Jubileo.

Fui esta semana a la Hayward Gallery para ver 'The Russian Linesman', una exposición insólita. Wallinger es el comisario, qué palabro, de una muestra en la que junta cosas de otros artistas, de nuevo muy diversas. Es un juego serio de asociaciones y de ecos, una nueva forma de ver las artes.

Y, ya que estaba en la Hayward, vi la exposición antológica de Annette Messager. ¡Qué coincidencia feliz! Esta obra de andamiajes domésticos, infantiles, religiosos, oscuros, feministas, teatrales, contraheroicos, es una elegante bofetada en el momento oportuno.


Si están en Londres, si planean una visita en estas vacaciones, les recomiendo que pasen una mañana en la Hayward.


Y no se puede hablar hoy de arte sin nombrar a Conor Crasby, profesor de enseñanza secundaria en Dublín, que puede ser procesado, quizás encarcelado, por colgar en la Galería Nacional de Irlanda su retrato del primer ministro, Brian Cowen.

Quedó allí una hora, pero la televisión pública, RTÉ, le dedicó unos segundos en un telediario y, como se cuenta en este artículo, ha tenido que pedir disculpas públicas y contrictas al insigne mandatario.

Cowen es miembro de un partido cuyos penúltimos líderes han tenido que dimitir por acusaciones de corrupción, es el ex ministro de Hacienda y ahora primer ministro que ha bendecido la senda de Irlanda hacia una crisis económica descomunal.

¿Que ya no pueden los bufones de la corte caricaturizar a tan portentosos líderes? Copie la imagen y pásela.

Enjoy the weekend.

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Tras los asesinatos de soldados y policías en Irlanda del Norte, al principio de esta semana, he escuchado y leído de nuevo comparaciones sobre lo que ocurre en Irlanda y en el País Vasco. Es inevitable, entre otras cosas porque cualquiera que conozca un poco la historia de ETA sabe que la inspiración del IRA existe desde el mismo momento de su nacimiento. Los interesados por este aspecto pueden leer el epílogo de Patxo Unzueta a 'La Historia de ETA'.

He hablado estos días con amigos sobre la posibilidad de interpretar que la ETA de hoy es equivalente a los grupos disidentes republicanos, el resultado de las purgas de todos aquellos que han intentando llevar al movimiento patriótico vasco hacia la política.

Algún amigo me ha dicho también que le parece que puede existir simetría entre la amnistía de 1978 y la puesta en libertad de los miembros del IRA tras el Acuerdo de Viernes Santo y que la diferencia es que ETA no ha conseguido aún un trozo de poder en Ajuria-Enea.

Podríamos enredarnos con esas comparaciones durante un buen rato, pero dos cosas me empujan contra hacerlo aquí. Una, que me he arrepentido siempre que me he metido en esa tarea, muy pocas veces, y lo he publicado. La segunda es más grave. Al poco de visitar Irlanda por primera vez, en tiempos de Viriato, pastor lusitano, me pareció que la cultura del nacionalismo vasco comparte algunos rasgos fuertes con la de los unionistas.

Alguna vez he escrito esto y alguno ha caracterizado el argumento como digno de chiste, como un insulto rebuscado al nacionalismo vasco. Sin caer en la cuenta, imagino, de que el unionismo irlandés tiene en mi juicio algunos rasgos que me parecen loables.

Pero el resultado de esta visión que arrastro, en compañía del joven Unamuno nacionalista- que escribió 'soy vasco, luego soy unionista', según cita de Jon Juaristi- es que las comparaciones directas, sean simpatizantes o detractoras de la hermandad patriótica vasco-irlandesa, me dejan confuso o perplejo.

Los confusos y perplejos disfrutamos con las paradojas y contradicciones que habitan en cada uno de nosotros, así que me lanzo ahora casi alegre al precipicio de las comparaciones, porque en los últimos meses he tenido que pensarlas para escribir, junto a John Bew y Martyn Frampton, un libro- Talking to Terrorists, Making peace in Northern Ireland and the Basque Country- cuyas penúltimas pruebas de imprenta he recibido hoy y que publicará esta primavera, según me cuentan, Hurst en Londres y Columbia University Press en Nueva York.

El libro versa sobre cómo los gobiernos se han enfrentado y han dialogado con IRA y ETA y, como epílogo, escribimos unas conclusiones, que me parecen leves y poco pretenciosas, sobre lo que puede decirse en común sobre ambas experiencias. Aquí les doy cuenta de las que más me atraen.

La primera comparación es una diferencia y puede estar relacionada con esa idea de que ETA es hoy la destilación de todas las disidencias militaristas en su larga historia. Y se debe en gran medida a la lectura de los libros de un autor que publica en este periódico sus tan bien informados comentarios sobre la actualidad vasca, Florencio Domínguez Iribarren.

Las dificultades que ha tenido el movimiento patriótico vasco para avanzar hacia la política, en condiciones que me parecen hasta fecha reciente más benignas que las del IRA, pueden deberse en buena medida a la diferente estructura organizativa.

En Irlanda, las cúpulas del Sinn Fein y del IRA han estado unidas. Gerry Adams y Martin McGuinness han sido miembros del Consejo Militar del IRA- quizás lo son todavía, porque no se ha disuelto- y al mismo tiempo son los dirigentes más destacados del Sinn Fein. Las personas que están sometidas a las presiones del mundo exterior tienen así peso en las decisiones del grupo terrorista y su legitimidad y autoridad como militantes con ambos pies en cada pata del movimiento es fuerte ante unos y ante otros.

ETA Militar nació precisamente para negar ese desdoblamiento político y desde su creación tiene la oficina política como parte de la dirección del ejército, como ellos llaman a esa cosa. El máximo jefe político del movimiento patriótico es un hombre con pasamontañas- últimamente, con chapela y capirote del Ku Klux Klan- que lo dirige, antes a través de KAS y ahora de EKIN.

Aunque en las direcciones de las sucesivas ramas electorales que ha promovido ETA hay miembros de KAS-EKIN-ETA, hay otros que no lo son, aunque se les puede definir como colaboracionistas íntimos. Algunos de sus líderes más prominentes no tienen esa doble autoridad política y militar que tienen Adams y McGuinness.

Cuando, sometidos a la presión del mundo exterior y con percepciones más amplias de la sociedad, esos líderes vascos han promovido vías hacia la política, la última palabra, siempre militarista por pura inercia lógica, la ha tenido el jefe máximo, que es el estratega del capirote, que escribe instrucciones en su ordenador, en algún lugar de Francia.

Si alguien está mejor informado, por favor, que me corrija para beneficio de los ocupantes de este globo.

La segunda comparación es una similitud y me parece esencial. Imagino que alguien lo ha escrito antes y que no lo he leído. Por eso, creo, posiblemente por error, que es mi aportación más original, desde luego la más insistente, a las conclusiones del libro.

El terrorismo es una táctica de los militarmente débiles; desde la secta de los asesinos colgados del hashis, los hashishiyyin de la Baja Edad Media, hasta los revolucionarios de la cocaína colombiana. Como no pueden enfrentarse en un terreno abierto a las fuerzas de seguridad del Estado que quieren derrotar, ponen en práctica una forma de guerra basada en atacar y huir.

Lo que lleva inmediatamente al siguiente argumento. Para que esa táctica pueda sostenerse a lo largo del tiempo, es imprescindible tener un lugar más o menos seguro al que huir, un safe haven, un 'santuario'.

El IRA lo ha tenido en la República de Irlanda y ETA en Francia. Y allí donde he mirado, a Sri Lanka, a la provincia North-West de Pakistán, a Kurdistán, a Colombia,... grupos que practican el terrorismo de forma duradera han tenido un territorio logístico a sus espaldas, marcado por una frontera internacional o por la inaccesibilidad geográfica.

¿Han sido eliminadas las organizaciones de este tipo que han operado dentro de las lindes accesibles del territorio del Estado enemigo y han durado las que han podido crear áreas logísticas inaccesibles tras una frontera internacional o por la orografía o naturaleza del terreno? No se me ocurren ejemplos que permitan responder negativamente a esa hipótesis generalizadora.

Cuando se analiza la factura de un grupo terrorista, hay que empezar con el mismo primer paso que se da cuando se trata de evaluar la fortaleza de un ejército convencional: hay que mirar la estructura logística de mando y control y de aprovisionamiento para estimar su capacidad de sostener sus ataques o su resistencia.

El IRA tuvo la fortuna de tener líderes orgánicamente fuertes y políticamente astutos que, sabedores de que la prolongación de su guerra les llevaba a la debilidad creciente, guiaron al movimiento hacia la política cuando aún era temible. Y antes del 11-S y con la ayuda de Tony Blair.

Su desarme confirma la importancia estructural de la retaguardia logística. Se realizó, según las informaciones disponibles, que son escasas, en nichos esparcidos por la República de Irlanda. Que compartía constitucionalmente el mismo afán del IRA- grupo materno, fundacional, de la República-, unificar la isla.

Desde que ETA perdió su santuario francés- en el libro intento recapitular las fechas de la historia para avalar mi opinión de que fue como consecuencia del GAL- su suerte como grupo capaz de campañas terroristas sostenidas está echada, aunque mantenga, como hizo el IRA y como deben hacer estos grupos para preservar la relativa tolerancia en el santuario, su política de no atacar a las fuerzas de seguridad de su territorio logístico.

Las consecuencias ya visibles con el paso de los años de la pérdida, también relativa, de su santuario me llevó a titular el capítulo del libro sobre nuestro desastre como 'ETA en el País Vasco: crecimiento, declive y la política de la rendición'.

Pero la tercera comparación que no me crea ahora incomodidad especulativa- ya llegará de nuevo el arrepentimiento- arroja alguna preocupación sobre el presente y el futuro inmediato. En Irlanda y en el País Vasco, la llama de la violencia conspirativa prendió en el contexto de disputas políticas con larga historia y se extendió en ambos casos en tiempos de cambio con desorden constitucional. Pero la violencia alcanzó su apogeo cuando ambas regiones se enfrentaban en los años setenta a una crisis económica colosal, que afectó directamente a sus industrias más importantes.

Los ejércitos se nutren de jóvenes. Los autores de la inmensa mayoría de crímenes que se cometen en el mundo son hombres de entre 18 y 30 años.

No pretendo pasar como historiador de la Escuela de los Annales, tan injustamente demodé, pero elaboré un gráfico, que pego aquí abajo, con una yuxtaposición de las cifras de los asesinatos de ETA y del desempleo juvenil en el País Vasco. Intuía la correlación y, cuando la encontré expresada de manera tan fuerte en el gráfico, decidí publicarlo. La metí en mi capítulo tímidamente como pie de página, pero mis coautores, que son ilustres doctores de la Universidad de Cambridge, además de gente estupenda, me incitaron a meterla en el texto general, porque les llamó la atención.

En rojo, la línea de víctimas mortales de ETA. Ninguno de ellos fue juzgado; todos ellos inocentes. En negro, la línea con las cifras, en miles, de desempleados del País Vasco con menos de 25 años.


¿Tiene la crisis económica de ahora mismo el potencial de retrotraernos a los tiempos de la desesperación? ¿Lo que está ocurriendo en Irlanda del Norte es un síntoma de la quiebra creciente de la confianza en el futuro? Esperemos que no. Porque los puntos de partida de los disidentes del IRA y de la ETA de hoy, antes de que la crisis tenga su previsible impacto pleno en el empleo, son muy diferentes en aspectos relevantes.

Y hay además una diferencia demográfica fundamental entre estos tiempos y aquellos. En 1982, 39.282 vascos cumplieron 18 años, el mayor número que registran los censos. En 1996, cuando ETA había perdido la inviolabilidad de su refugio vasco-francés y el sentimiento de invulnerabilidad tras la detención de Artapalo y de sucesivos dirigentes, nacieron en el País Vasco 15.987 niños.

Quizás ese descenso tan agudo de la natalidad traerá otros males económicos y sociales, pero ETA ha perdido también cerca del 60% de su base de reclutamiento.

Estas son las comparaciones que me atrevo a hacer. Lo demás lo dejamos para la tertulia privada.

Y, tras cargar últimamente este blog con noticias densas o graves- ETA kanpora, Viva la libertad-, cuelgo aquí una tonadilla para seguir bailando.

El punk-rock fue otra consecuencia, turbia y con brotes de belleza, de aquel desempleo juvenil, de sus nihilismos, de su energía y de sus rabias.

The Undertones. Derry. Teenage Kicks. 1978.

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Ayer se presentó en Belfast el informe final de la Comisión de Consulta sobre el Pasado. Puede leer o descargar el informe aquí.

Creo que la comisión fue creada porque el Gobierno británico no podía ya abrir nuevas y muy costosas encuestas judiciales sobre episodios del pasado, como el Domingo Sangriento de Londonderry. El Sinn Fein-IRA pedía la apertura de esas encuestas en lo que pearecía ser un intento de justificar retrospectivamente sus actividades. Es decir, el asesinato sistemático en una sociedad democrática de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad.

Durante la presentación del informe hubo protestas de familiares de víctimas del IRA, a los que parece monstruosa especialmente la 'equivalencia moral' de una de las propuestas: que se de un 'pago de reconocimiento' a la persona más próxima a todos los que murieron, incluyendo a los allegados de miembros del IRA o de los grupos del terrorismo lealista.

Salvo que a uno le baste el maniqueísmo, es evidente que en un conflicto como el de Irlanda del Norte no existen en todos los casos el blanco y el negro. No me parece tan terrible como a algunas víctimas del IRA- sé que es muy fácil decirlo cuando uno no ha sido afectado- que se reconozca el sufrimiento de la viuda o los hijos de un miembro de un grupo terrorista.

Pero el dilema es serio. Unos murieron en enfrentamientos. Otros, en actuaciones de las fuerzas del Estado de más que dudosa legalidad. Algunos, mientras preparaban un crimen con una bomba que les explotó. Que la viuda del asesino muerto y del asesinado reciban el mismo 'pago de reconocimiento' indigna a algunos, aunque no a todos. Lo que más me sorprende es que los comisionados hayan traducido la demanda de reconocimiento de las familias de los muertos como el pago de una cantidad de dinero.

El informe contiene un abanico de propuestas, algunas interesantes y otras que no lo son tanto, y utiliza un lenguaje que en el contexto vasco y español suena horrible. Es una prueba adicional, en caso de que fuese necesaria, de que en Irlanda del Norte han ocurrido cosas y se han tomado iniciativas cuyo conocimiento nos interesa, pero que trasladar la experiencia a nuestro caso es absurdo. No parece que los intentos de trasladarla, que siempre han sido parciales y que han fracasado, tengan gran importancia; simplemente, no ocurrirá.

En los últimos años he comprobado el malestar, o la desesperación, que causa entre gente de allí, entre algunas de las personas por quienes más afecto siento, la tergiversación de lo ocurrido como consecuencia de la política del proceso de paz.

Una ilustración. Gerry Adams ha pretendido, en alguna entrevista publicada en la prensa española, que fue un miembro activo del movimiento de derechos civiles que, en los años sesenta, buscó pacíficamente, con la inspiración de Martin Luther King, la igualdad de católicos y protestantes.

Es parecido a la invocación por ETA del antifranquismo, una farsa grotesca, repugnante cuando la formulan los liberticidas.

La realidad es que el primer paso de Adams en la política fue ingresar en el IRA, al que había pertenecido buena parte de su familia, y que el balance más positivo que puede hacerse de su liderazgo es que ha sido capaz de guiar al movimiento republicano en su conjunto a la política. A lograr, tras causar tánta muerte y destrucción, varios ministerios en una estructura constitucional que con gran probabilidad se podía haber alcanzado por vía pacífica en el momento en el que él abrazó la violencia.

En conversaciones con mis amigos de allí he argumentado, sin gran seguridad, que, como ocurrió en la transición española- cuando franquistas, izquierdistas de traca, indiferentes y unos cuantos, muy pocos, avanzados, nos despertamos como demócratas de toda la vida-, la necesidad inmediata dicta una moralidad pragmática.

Los niños de hoy no se educan en Irlanda del Norte con el parte aberrante de los muertos y calamidades de la víspera. Eso debe ser celebrado. Aunque se asiente sobre formas variables de mentiras.

La gente de Irlanda del Norte discute acaloradamente sobre la memoria histórica. Discutir acaloradamente sobre el pasado no constituye un ideal, pero aún asi es mejor que vivir en un país gobernado por dictadura o bajo las sacudidas del crimen.

No estoy seguro sobre mis argumentos, pero estoy convencido de la importancia de la tarea de los buenos historiadores, que construyen el canon, siempre cambiante, sobre lo que en realidad ocurrió. Y que van dando forma lenta y hondamente a la visión que una sociedad tiene de sí misma.

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Hace treinta años, un equipo de rugby del condado irlandés de Munster batió 12-0 a los All Blacks de Nueva Zelanda, que tenían la reputación de ser invencibles. Si siguen este enlace, encontrarán algunos artículos de The Times sobre aquel partido del martes 31 de octubre de 1978.

Similar a la larga escapada del gregario que gana una etapa en el Tour de Francia, al KO del boxeador sólo conocido en su país y que destrona al famoso campeón bajo los focos de la gran ciudad, aquel partido de rugby en Limerick ha sido una fuente constante de inspiración para el periodismo y el arte.

No sé si algo provoca alegrías colectivas como este tipo de triunfos deportivos. El ensayo de Christy Cantillon que se muestra en esta película, el único de aquel partido, es afortunado y bonito, pero no seré el único que se queda tan fascinado por las imágenes de la espectación y del júbilo del público.

Treinta años después, los All Blacks- que siempre parecen invencibles hasta que llega el Campeonato del Mundo, que jamás salvo en aquel partido de hace treinta años han perdido contra un equipo irlandés- batieron ayer, 16-18, a Munster en el partido del aniversario.

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Islandia. Algo más de trescientos mil habitantes. El Gobierno nacionalizó el tercer banco, Glitnir, pero el gráfico de la evolución de los CDS- observatorio avanzado del momento actual de la humanidad- para el primer banco del país, Kaupthing, dice que hay mucha gente que piensa que su colapso es inminente.


La garantía gubernamental de los depósitos tiene patetismo. El valor del banco es el 623% del PIB islandés.

El descalabro islandés puede castigar a los habitantes de la isla durante muchos años. Y dañará a los británicos. Las ramas de la propiedad de la juguetería Hamleys, de la cadena de comercios Debenhams o del club de fútbol West Ham se meten en la 'gran' banca islandesa.

Irlanda. Algo menos de cuatro millones y medio de habitantes. Los dos Brian- Cowen, el Taoiseach o primer ministro, y Leniham, el ministro de Hacienda- no consultaron con nadie antes de garantizar todos los depósitos de los bancos irlandeses. ¿Fue un despiste o un síntoma de nacionalismo?

Pero hay irlandeses con gran sentido del humor. Aquí cuelgo el montaje de algún gracioso sobre la reunión de Cowen, Leniham y sus colegas de Gabinete tras el no al Tratado constitucional europeo.

Lo nuestro.
En un gráfico dinámico del FT que no puedo cargar,

dos bancos españoles, el Popular y el Sabadell, aparecen segundo y tercero respectivamente en el ranking de bancos europeos con mayor proporción de préstamos por depósitos, con 205% y 190% respectivamente. El primero es el problemático Hypo Real Estate, que ha llevado a Angela Merkel a ejecutar, el domingo, su propia variante de la unilateralidad irlandesa. Pero la ratio del Hypo es del 786%.

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UNA. Hace unos días colgué un post con el texto que no había entrado en el periódico de una entrevista con Nigel Lawson, autor de un libro- An appeal to reason- que analiza la economía de la gran alarma climática. Lord Lawson me envía una nota contándome que la editorial Gota a Gota, de la Fundación FAES, va a publicar el libro en español en la próxima primavera.

Quedan advertidos. Se acerca la contraofensiva de los simpatizantes de un ciudadano injustamente maltratado por el periodismo y la política falaces: aquel primo de Rajoy, profesor universitario, que no estaba de acuerdo con esa apabullante mayoría de los firmemente convencidos de que el clima también nos va a matar.

DOS. Jeremy Irons en 'Never so good'. Es una recreación de la vida de Harold Macmillan, el ex primer ministro británico. Margaret Thatcher y lo que vino con ella fue, en parte, una reacción contra gente como Macmillan: el péndulo tory.

Comienza la obra con Irons, en el papel protagonista, narrando desde el proscenio los primeros pasos de su vida, que se despliegan en el escenario.

Al principio, el público creyó que era el sonido de un móvil; luego, de algún localizador. Pero siguió sonando, varios minutos. Irons se hizo cargo del asunto. Sin salir del personaje y con la voz supuesta del viejo Macmillan envuelto en reminiscencias, dijo algo así:

- Desde hace ya un rato se oye un agudo pitido en la sala. Alguien ha debido dejar un desfibrilador en su bolsa. Por favor, que lo apague y así podemos seguir tranquilos.

Ovación del público. Sigue la obra. El sonido también sigue imperturbable y al cabo de un buen rato el pitidito agoniza y se extingue.

Al final de obra, Irons, notorio fumador, tose varias veces. Una, dentro del personaje, creo yo. Otras dos, gratis. Tiene una dicción extraordinaria y en este papel hay ecos entre su porte estoico y la personalidad de Macmillan.

TRES. ¡Cómo han mejorado las cosas en Irlanda del Norte y mi vida profesional como consecuencia de ello! Hace unas semanas, asistimos a la despedida de Ian Paisley y a la formación de un nuevo Ejecutivo autonómico. Pero, tras la pompa, la verdad del Ulster. El Ejecutivo no se ha reunido aún. Unos dicen que lleva un mes sin reunirse. Otros, que lleva casi tres, que la cosa ya venía de antes. Los ministros no se aguantan. Viejos rencores. Y no hay artículos sobre tan extraño caso en la prensa británica. A nadie le importa mientras no haya tiros.

Mis jefes en el periódico siempre han combatido mi pereza para escribir tánto como hemos publicado sobre las cosas norirlandesas: "Tú allí no te das cuenta, pero aquí a la gente le interesa mucho".

Tanto insistir, acabé aprendiendo algo. Mañana me voy de vacaciones- do not cry yet, dejaré un gran post de mi adorada como despedida- y esta vez las necesito. El pasado agosto lo pasé encerrado aquí, escribiendo mi parte de Talking to terrorists, Making peace in Northern Ireland and the Basque Country. Escribirlo en inglés ha sido una big challenge. Está escrito con dos tipos muy listos, John Bew y Martyn Frampton, y lo publicará Hurst en el principio del próximo año. Inshallah.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Lourdes Gómez, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Soy coautor de 'Tormenta del Desierto'(1991), sobre la primera guerra en el Golfo, donde trabajé como corresponsal en Bahrain y Arabia Saudí, y, con John Bew y Martyn Frampton, de 'Talking to Terrosists' (2009), que fue incluido en la lista del Global Thinkers Book Club por la revista Foreign Policy en diciembre de ese año. Soy autor de 'El Modelo Irlandés' (1998), reportaje sobre el proceso de paz hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo, y de 'Scunthorpe hasta la Muerte' (2010), basado en el el itinerario de Alex Calvo-García en el fútbol inglés.

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