Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
De la nieve y las conversaciones sobre la nieve en estos días me había quedado con dos cosas que provocan asombro.
En el colegio de mi hija pequeña las estudiantes no podían calzar botas en días con mucha nieve en la calle porque las botas no se aceptan en las normas del uniforme. Hay una manera inglesa, puntillosa y pedante, que es una de las grandes perversiones del alma humana.
Las conversaciones quejosas de estos días han sido sobre la tardanza de los servicios municipales en responder a la nieve, sobre la falta de sal suficiente, sobre los camiones del reciclaje(pasaron los de basura y vidrio-plástico, pero no los de cartón o comida), sobre la tendencia del país a tomarse unas vacaciones ante el más mínimo contratiempo.
Lo que más ha irritado en general a mis interlocutores ha sido el descubrimiento de que aquí no se puede hacer lo que es obligatorio en otros paises, donde cada vecino debe limpiar de nieve o hielo su tramo de acera (antes de las 7.30 en Dinamarca). No se puede aquí porque, si alguien sufre un accidente después de que tú hayas alterado el estado supuestamente natural de la acera nevada, te puede demandar con posibilidad de éxito.
Hoy llega el epílogo. Un vecino de Oxford filmó esta escena de un grupo de policías jugando en la nieve. Uno se desliza por la pendiente subido en un escudo antidisturbios. El autor del film lo publicó en YouTube, donde la gente lo ha recibido con gracias.
Pero la prensa británica llamó a la jefatura para pedir su reacción ante la prueba de que sus oficiales se divertían en horario laboral.
La respuesta del superintendente Andrew Murray fue casi severa y por supuesto compungida: "He hablado con los oficiales y les he recordado, en términos que no dan lugar a dudas, que jugar a toboganes en el trabajo, sobre material de la policía y a cargo del contribuyente es una muy mala idea para alguien que quiere progresar bajo mi mando".
Ya sé que el precedente de los concursos no incita al optimismo pero de nuevo intentaré imaginar un premio, tras imaginarlo para los concursos aún no fallados, que enviaré a quien escriba la respuesta más ingeniosa, sensata, breve, del portavoz de la policía al recibir la llamada del periodista para pedir una reacción ante tal incidente.
Enjoy the weekend.
Presentación ayer de 'Papa Spy', el libro que Jimmy Burns ha escrito sobre su padre, Tom, que fue agente británico de inteligencia en la Embajada en Madrid durante la posguerra española y la Segunda Guerra Mundial.
Acudí a la presentación- donde bebían vinitos algunos de los mejores periodistas de una generación que se está prejubilando ahora- y leí el prefacio en el tren de regreso a casa.
Es una historia interesante. Burns era un escritor y periodista de la elite católica, pero se fue a Madrid con la misión de contribuir a que Franco mantuviese a España neutral y así evitar la expansión alemana hacia Gibraltar y el norte de África por la península.
El responsable del 'Iberian Desk' en el servicio británico de inteligencia era entonces un agente doble, el comunista Kim Philby, y su segundo era otro escritor católico, Graham Greene. Burns y Philby se llevaron muy mal y Jimmy cuenta esa historia con detalle. Su estilo en el periodismo y en los libros anteriores ha sido siempre de indagación insistente. Seguro que es un buen trabajo.
Cando lo lea les contaré algo más, o cuando se publique la edición española. Tom Burns, el hermano de Jimmy, dijo en la presentación que al fin escribía un libro importante, tras publicar un par de tomos sobre fútbol. Yo, que tras dos libros sobre terrorismo quiero publicar 'Scunthorpe hasta la muerte', que con semejante título sólo puede tratar de fútbol, me sentí insultado. Creo.
Otro buen amigo, Nicholas Rankin, ha publicado recientemente una historia de las
tretas de camuflaje y propaganda utilizadas por los británicos en torno a las dos grandes guerras de la primera mitad del XX.
He tenido el libro en mi rincón de asuntos pendientes de reseña, que al fin puedo hacer ahora con gusto.
En Churchill's Wizards, Nick, cuya biografía de George Steer, Crónicas desde Guernica, me pareció magnífica, describe entre otras cosas unas peripecias muy entretenidas, con enredo matrimonial, del gran espía Juan Pujol. Los aficionados a la historia de aquel período tendrán que leer este libro en inglés.
Más noticias hispano-británicas. Ha aparecido una nueva revista dedicada al públicol español en Londres. Se trata de El Colectivo Magazine, que se publica en versión digital y tiene buena pinta.
Suelen tener los primeros números de estas revistas- espero que nadie se ofenda- una factura similar. Guías a algunas zonas o sectores de interés, una entrevista con alguna personalidad destacada,... En este caso, me encanta el comienzo de la entrevista con el presentador de noticias del canal de 24 horas de la BBC: "Presentador de informativos de la BBC, de Somerset, con intensos ojos azules y modales de gentleman...".
Ah, Somerset, qué bien suena.
Y La Fura dels Baus abre esta semana la temporada de la English National Opera.
Y un festival cultural español- Spain Now!- presenta el próximo fin de semana en el Queen Elizabeth Hall el estreno del ballet The Land of Yes and The Land of No, de la Compañía de Danza Bonachella. Ione Saizar, la fotógrafa con quien tengo el gusto de trabajar, y que ha trabajado también mucho con la compañía, me dice que el montaje es muy bueno.
En fin, que mucho libro y mucho baile y mucha cosa,... un follón, oigan.
Me gusta cuando algún amigo o familiar nos visita montarlos en el coche tras la cena, llevarlos desde el oeste hasta Canary Wharf y, tras recorrer el decorado fantasmal de la nueva City en la isla de los Perros, regresar por el centro de la ciudad iluminada.
La excursión ofrece una visión relajada y agradable de la ciudad. Puedo ser hablador, así que con la gorra de plato ofrezco por el mismo precio una charla sobre la estructura urbana de Londres, sobre algunos de sus edificios notables y sobre... los pasajeros ya han caído dormidos cuando pasamos por delante del pastelón iluminado de Harrods.
El otro día monté en el coche a unos amigos que se hospedaban en un hotel en el centro y nos fuimos hacia el este. Pero era un viernes y descubrí too late que había demasiado tráfico para que el viaje fuese tan placentero como en otras ocasiones.
Cuando cruzábamos Russell Square, me di cuenta de que iba por un carril para autobuses. Conducir en Londres requiere conocer bien el camino. Si no lo conoces, puedes entorpecer el tráfico o meter la pata. No suelo conducir por el centro de la ciudad, que recorro habitualmente en transporte público. Conozco mejor el Russell Square peatonal que sus señales de tráfico.
La multa ha llegado hoy. Con cuatro fotos de cámaras estáticas para probar lo que yo ya sabía. Que me equivoqué. La multa es de 120 libras, pero, si la pago en dos semanas, es de 60.
No soy un cruzado de los derechos del automovilista, pero las multas de tráfico plantean un problema jurídico que me irrita. ¿Cómo es posible que, a diferencia de lo que ocurre con otros delitos, el Estado que sanciona no distinga sobre la intención de quebrar la norma. ¿120 libras por una equivocación?
La tasa de congestión en el centro de Londres es aún más draconiana. A gente tan despistada como yo, que no conduzco habitualmente por el centro de Londres en horario diurno, se le puede olvidar el pago de la tasa a través de internet. La tasa es de 8 libras y la multa de 120, con el descuento por pronto pago. La voluntad de quebrar la norma es en este caso un sinsentido. ¿A quién se le ocurre ahorrarse las 8 libras cuando sabe que las cámaras filman la entrada en la zona de la tasa y que llegarán indudablemente las fotos y la multa de 120?
Por no hablar de las multas que castigan con una cantidad exorbitante a quien excede en unos minutos el importe pagado por el aparcamiento.
El pago de la multa me arrea un guantazo, desde luego, pero creánme si les digo que aún me irrita más esa exigencia del Estado a la perfección ciudadana.
El ministro español de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, estuvo el lunes en Londres. Tenía una cita a las 12 con su colega británica, Jacqui Smith. El vuelo de Madrid a Heathrow llegó puntual y Rubalcaba iba a llegar, como estaba previsto, a las 11.45, a la sede del Ministerio británico de Interior. Llegó algo más de dos horas más tarde. ¿Qué ocurrió? Que el ministro se olvidó los donuts y tuvo que volver a Madrid.
Not really. Lo que ocurrió fue lo siguiente. Desde el aeropuerto de Heathrow, en el oeste de la capital, a Marsham Street, donde tiene su despacho la ministra británica, el trayecto es de unos cuarenta minutos.
Pero, donde la silueta de su itinerario se quiebra en dirección sur, cerca del barrio de Fulham, que aparece mencionado en el mapa, se produjo un accidente.
A las 3 de la madrugada. Un BMW se estrelló contra una farola en Talgarth Road. Esta avenida está en el centro de este mapa.
El mapa de abajo les da una imagen más detallada de la trama urbana en torno a Talgarth Road.
La policía metropolitana, o Scotland Yard, recibió información del hospital donde había sido ingresado uno de los ocupantes del vehículo sobre la gravedad de su estado. El otro ocupante resultó ileso. Se supo después que el herido estaba fuera de peligro.
Pero Scotland Yard cerró Talgarth Road para investigar la escena de un posible homicidio. El análisis forense concluyó nueve horas más tarde.
El cierre de Talgarth Road colapsó también el tráfico en el viaducto de Hammersmith, el Hammersmith Flyover, que ven dibujado como una estrecha franja verde en el mapa de arriba. Y el atasco provocado por el cierre de una de las arterias de acceso al centro de la ciudad desde el oeste, provocó un atasco de más de 12 kilómetros.
Tras una hora y media de espera en su coche- y sin donuts-, Rubalcaba y sus acompañantes fueron rescatados del embotellamiento en la glorieta de Chiswick y conducidos con escolta policial al encuentro con la ministra.
En el mapa de abajo, Chiswick está en la linde de la izquierda- la glorieta es la bifurcación de las vías verdes- y el lugar del accidente está marcado con un círculo rojo.
Rubalcaba y sus acompañantes llegaron con algo más de dos horas de retraso a la cita con Smith, que comparte con el alcalde de Londres la responsabilidad de la Policía Metropolitana.
La reunión, de la que se da cuenta en esta noticia, fue más breve de lo que estaba previsto. Y, después, el ministro fue a la Embajada española para dar una conferencia de prensa. El químico Rubalcaba manifestó cierto alivio comparativo por el tráfico de Madrid y pidió que la conferencia de prensa fuese breve para evitar que él y sus colaboradores, que no habían almorzado, padecieran una hipoglucemia.
Welcome to gridlock, el colapso del tráfico por carretera, que es una de las amenazas perennes de la ciudad; y a esa parsimonia metódica del funcionario inglés, con sus precisas reglas.
Dicen que no había nevado así desde hace veinte años, pero tampoco parece algo tan extremo como para paralizar una gran ciudad del norte.
La radio decía en la mañana que no había autobuses, que había un servicio mínimo de trenes, que algunas líneas de metro se habían cerrado y que nadie debía viajar si no era imprescindible.
Pero yo tenía un viaje imprescindible.
A las siete menos cinco de la mañana, suena el móvil y es el conductor del taxi que me va a llevar al aeropuerto. Salgo a la calle, creyendo que ha venido con unos minutos de antelación, como ocurre a menudo, y me quedo pasmado.
Me dice en un inglés a veces ininteligible- desde hace años uso esa misma compañía de conductores pakistaníes y afganos- que el trtáfico está muy mal y que va a tardar mucho tiempo en llegar. Le pregunto cuánto tiempo tardará y no entiendo la respuesta. Lo que sí entiendo es que tendré que pagarle el doble de la tarifa habitual.
La manera inglesa de mandar a alguien a freir espárragos es agudizar la frialdad, ser breve y decir, si cabe, sólo un bye; y no dos- bye, bye-, que suena más cordial. Le mando a freir espárragos en inglés. Luego, me entero de que los taxis estaban pidiendo tarifa doble a todo el mundo.
Quito la nieve que cubre los cristales del coche y me voy a Heathrow, lento pero sin problemas. En el aeropuerto, cuando voy a recoger mi tarjeta de embarque, una azafata me impide el paso y me dice que el vuelo está suspendido. En mi destino, no nieva. Le pregunto cuándo se reanudarán los vuelos y me dice que no hay planes para volar hoy a aeropuertos en Reino Unido o en el 'continente'. Que el único destino abierto es Moscú. Parece un chiste de Gila.
El alcalde de Londres decía en la tele que no tiene sentido económico comprar quitanieves para usarlos sólo de vez en cuando y, para tocarnos además las narices a unos cuantos, que, como se calienta el planeta, según le cuentan, harán menos falta en el futuro. Pero, ¿tampoco el aeropuerto de Heathrow, el que más tráfico internacional tiene en el mundo y que tiene sus pistas libres durante la noche, puede comprarse unos quitanieves?
Un par de horas de espera estéril, porque se van cancelando todos los vuelos. Pero el mismo aeropuerto incapaz de ofrecer el servicio que te ha vendido luego te cobra un precio exorbitante por el aparcamiento.
El trato de estas grandes empresas, en situaciones a menudo de monopolio, a sus clientes me parece abominable. Tienes que hacer tú todas las cancelaciones y peticiones de reembolso. El otro día, la compañía de trenes tenía un enredo incomprensible en mi estación. Resultado: llegué a Waterloo con mucho retraso, tuve que ir corriendo hasta el teatro, llegué tarde, perdí el importe de la entrada. Y la compañía te recompensa sugiriéndote que, si quieres pedir un reembolso sólo del billete de tren, que no te garantiza, tienes que añadir a tu vida un lío de formularios y gestiones para recuperar cinco libras.
Pero mañana será otro día y hay quien se lo ha pasado estupendamente con la nieve, sin ir al colegio en un lunes de invierno o en las improvisadas pistas de Primrose Hill.
Un 26.2% de los británicos se siente aislado y con un débil vínculo de pertenencia a la localidad en la que reside. Y hace treinta años esa anomia era sufrida por el 18.7%.
Imagino que tales datos no harán que los visitantes de este blog cierren súbitamente el ordenador, corran hacia la calle y, tras advertir a todo aquel que se cruce en su camino que efectivamente ya viene el fin del mundo, se vayan a esperar el apocalipsis a... la playa de Conil. No es para tumbarse ya a morir- o para encamarse por lo que dure la decadencia, como hizo el inefable Onetti- pero tiene su interés.
El informe encargado por la BBC y presentado mediáticamente como un 'índice de la soledad' ha sido elaborado por investigadores de la Universidad de Sheffield.
Contiene algunos datos que no conocía. La de Londres es la población más joven del reino, con 37.1 años de promedio. Hay en la capital más niños por debajo de los cinco años(7%) que en cualquier otra región del país. Y hay también menos jubilados, 15% de la población. En el plácido sudoeste hay un 24% de jubilados.
El estudio desvela que los británicos viven más segregados que en el pasado. Que ahora viven en vecindarios con más proporción que hace treinta años de gente de su misma edad y con parecidos niveles de riqueza.
Por favor, que los expertos en estadística sociológica no me llenen el blog de improperios. Yo también soy consciente de lo dificíl que es medir eso, en la escala de un país con cerca de sesenta millones de habitantes, con un mínimo grado de precisión. Pero hay gente que se atreve a hacerlo, en Sheffield, otrora capital mundial de la cubertería.
Me interesa lo de la anomia. Es 'Solo en la bolera', de Robert Putnam, en versión británica. Y la razón por la que estamos más solos, siguiendo a Putnam, es que las mujeres dejaron de hacer el nitty-gritty que nos mantenía asociados y que la televisión, el entretenimeinto doméstico, nos ha metido en casa; y, luego, a cada uno en su habitación, viendo su propia tele o su play o su ordenador.
Como esplendorosa ilustración de esta atomización social, yo recuerdo el dato que me dio un profesor universitario- lo llamaré X porque ni mi memoria ni Google me han servido en este caso para nada- al que entrevisté poco después del atentado del 7-J en Londres. Se perdieron más horas laborables en 2004 por gente que llamó al trabajo diciendo que estaba estresada que las que se perdieron en el famoso invierno del descontento de 1979, cuyas huelgas llevaron a Margaret Thatcher al Gobierno.
Sí, esto es un nuevo paradigma; pero no se me encamen. Concluía Putnam y sus seguidores que hay que enmendar nuestra soledad y reconstruir- porque esto debió de existir en el pasado- una sociedad más unida y vibrante. Pero, vamos a ver. ¿A quién de ustedes le apetece vivir en una sociedad vibrante?
Quedé con S. en el Coach and Horses, que no había pisado en bastantes años.
Ya no recuerdo con quien estaba cuando el dueño del pub se fue hacia una mujer con la apariencia de vagabunda, sentada a mi lado, y la echó del bar de mala manera.
Me marché inmediatamente. Un chico indio que debió escuchar mi leve protesta me siguió por la calle e intentó convencerme de que estaba dando la espalda a una leyenda del Soho, al propietario del Coach and Horses.
Regresó al bar, volvió corriendo y me entregó la tarjeta del dueño, con su nombre, que no me apetece escribir, y su título, "The rudest pub landlord in Britain".
No me hizo gracia. Me marché de allí y nunca volví a entrar.
Hasta el otro día, en el que me dio pereza explicar a mi amigo S. aquel viejo rencor contra un pub en el que un día compartí barra con el ínclito Jeffrey Bernard, tras ver en un teatro vecino la obra basada en su vida, que interpretó otro regular, Peter O'Toole. ¿Más clientes? Dos grandes artistas: Francis Bacon, John Hurt. Allí se juntan para almorzar, beber y discutir el contenido de sus ejemplares mis admirados colegas de Private Eye.
Estábamos sentados saboreando sendas pintas de London Pride cuando vino una mujer a nuestra mesa y nos entregó esta foto de un retrato que pintó Rupert Shrive. S. no le hizo caso. Yo cogí la foto:
- Dicen que soy un icono del Soho y, si me das dos libras, te doy este retrato que hicieron de mi y así podré pagarme una cama para esta noche.
- Si te damos todos dos libras, podrás pagarte mucho más que la cama de esta noche- le dije yo, muy afectado, como se puede ver, por la autodenominada crisis.
Ella me miró como si sintiera perplejidad ante mis palabras, como si nounca hubiese oído hablar inglés tan mal a nadie.
- Te doy una libra- le dije.
Se calló un rato.
- No puedo hacerlo, cobro a otra gente dos libras y no puedo cobrarte una a ti.
Ante semejante declaración de honestidad comercial, le di las dos libras.
Se llama Pam y lleva media vida recorriendo así el Soho. Y entra ahora a dar la murga en el Coach and Horses porque su dueño, que la echaba en cuanto la veía, ha vendido el pub.
El otro día acudí a una cita en la London School of Economics, que tiene una reputación por haber sido un hervidero de política radical. Fue fundada por socialistas fabianos, pero creo que la reputación reciente se basa en que la escuela fue tomada por los estudiantes en el 1968 inglés, más leve que el de París.
El dramaturgo Tom Stoppard, de familia checa, lo calificó alguna vez como algo parecido a las fiestas romanas conocidas como saturnales. Un año después de la revuelta estudiantil de la LSE, se jubilaba el creador de su departamento de filosofía, Karl Popper. Quizás ese dato sirva para mostrar que la LSE nunca fue tan radical como se pretende.
Cogí un ejemplar de The Beaver, la revista que edita el sindicato de estudiantes, que en su último número publica un interesante y divertido sondeo sobre las opiniones de los alumnos.

El 48% dice que no se considera activista político, pero participa en cosas que le interesan. El 40% dice que no es activista político en absoluto. Y el 12% que sí, que es muy activista y muy político.
Me parece interesante el aparente derrape en la correlación entre las ideas políticas y económicas de los estudiantes.
Política: 20% izquierdista, 39% izquierda del centro, 15% centrista, 12% derecha del centro, 3% derechista, 6% no está seguro, 4%, otros.
Economía: 12% izquierdista, socialista, comunista, 30% izquierda del centro, 16% centrista, 22% derecha del centro, 13% derecha-capitalista del mercado, 5% no está seguro, 2% otros.
El mundo está abierto para los que rechazan el maniqueísmo y la truculencia.
Estas son otras respuestas, sobre cuestiones más fundamentales:
Primera. Coldplay son:
1. El equivalente musical de ser atropellado por un tren y luego comido por gusanos que no tienen hambre, 21%
2. Casi música, 17%.
3. Casi tan buenos como Keane, 9%.
4. La banda más inspirada de nuestro tiempo, 7%.
5. Travis, 5%.
Segunda. La libertad es...
1. Sobrevalorada, 16%.
2. Algo sobre lo que a Isaiah Berlin le encantaba escribir, 16%.
3. No ponerse sujetador, 13%.
4. Vivir tan lejos de tus padres como sea posible, 10%.
5. Un producto para el acné, 4%.
Tercera. ¿Cual de los siguientes describe tu peor día?
1. Ser atacado por niños en un autobús, 22%.
2. Desarrollar una adicción por el crack, 20%.
3. Perder un sandwich, 9%.
4. Ser excomulgado, 6%.
5. Hablar con tus padres, 3%.
Éste es un video de un estudiante o intruso merodeando por el campus de la LSE.
Cuando regresé de la oficina, mi familia se había congregado ante la pantalla de la televisión para ver la cobertura sobre la victoria de Obama, que repetía en su discurso de la victoria en Chicago el lema que ha marcado su campaña. Yes, we can. ¡Qué gran predicador!
Pero me habían hecho una faena.
- Ha venido un par de veces un vendedor de X y volverá dentro de media hora para hablar contigo- me dijeron.
Los representantes de suministradores de energía son una plaga. Desde que se privatizaron los monopolios, van de puerta en puerta ofreciéndote que cambies de compañía de gas, o de electricidad, o de gas y de electricidad. Saben que la población les acoge con cierta simpatía porque, según dicen los que han estudiado el asunto, lo más barato es cambiar a menudo de suministrador, aprovechar las ofertas. La cuestión es si uno está dispuesto a escuchar la palabrería de los vendedores para ahorrar unas pocas libras.
Y los vendedores suelen ser negros o indios. Es un trabajo duro.
- La victoria de Obama os ha emocionado y por eso habéis citado al vendedor. Estoy seguro de que es negro- dije y, esto es algo insólito, acerté.
Al cabo de media hora, llamó a la puerta. Era un chaval y venía hecho un pimpollo. El pelo con rulos y brillantina, un pendiente de oro en cada oreja, una sonrisa de un millón de dólares, una incongruente gabardina, y unos extraordinarios zapatos acharolados y terminados en una punta muy larga y muy aguda.
Nos sentamos en el comedor y comenzó a sacar fichas:
- X te ofrece un descuento anual de cien libras cada año. ¡Todos los años van a descontarte cien libras de tu factura!
La vida del corresponsal es durísima, no se la deseo a nadie, así que le pedí, por favor, que cortara el rollo.
- ¿Me aseguras que sale más barato si contrato ahora la electricidad con X?
- Sí- respondió él.
- Pues hagamos los papeles.
- ¿De dónde eres?- me preguntó.
- De España.
- ¿De España? I love Spain, man. I love Spain. Voy cada año.
- ¿A dónde vas?
- Voy a ese lugar... Soy tan malo con los nombres... ¡Hay un hotel muy grande y una playa! Aaaaghhh!... No recuerdo... I love to dance.
Quizás se estaba dando cuenta de la envidia que me daban sus zapatos.
- ¿Ibiza?
- What?
- Aibissa?.
- That's it. That's it...I think.
Mientras charlábamos, me iba pidiendo los datos para rellenar sus papeles. Ya me había preguntado la fecha de nacimiento.
- Pareces mucho más joven- me mintió-. ¿Haces deporte?
- Si, corro, juego al tenis. ¿Y tú?
- Voy al gimnasio. Para hacer músculos, porque como tanta junk food que estoy gordo. Es increíble la cantidad de junk food que puedo comer.
Se tocaba la tripa y es cierto que parecía fuerte y musculado.
- Antes hacía atletismo, velocidad, pero el entrenador me ha dicho que tengo que bajar el peso antes de correr de nuevo.
- ¿Cien metros?
- Sí, cien metros. Soy muy rápido.
- ¿Cual es tu mejor tiempo?
- Once segundos. Soy rápido. Quiero correr en los Juegos de Londres, en 2012.
- ¿Mmm...? La final de Pekín se corrió en 9.6 o 9.7- le dije, intentando recordar-. Para bajar de once segundos a 9.7 hace falta trabajar mucho.
Y entonces mi vendedor preferido me miró con los ojos grandes como platos, la boca abierta, y exclamó consternado:
- ¿9.7?...¿9.7?...¡Entonces no podré correr en los Juegos Olímpicos!
No sé si se reía de mi. Es muy probable. Es probable también que acabe pagando más por la electricidad que lo que pagaba. Pero prefiero eso al sentimiento de que, mientras una buena parte del planeta disfrutaba con la llegada de un hombre negro a la presidencia de un país con mayoría blanca, yo fastidié el sueño olímpico de un glotón de hamburguesas que sólo tiene una gabardina para los días fríos.
Eso sí. ¡Vaya zapatos!
Este fin de semana, en el Hollywood Bowl, Van Morrison y la banda que grabó Astral Weeks, hace exactamente cuarenta años, tocará por primera vez íntegramente uno de los grandes discos del...¿a qué género pertenece realmente esta música? Esta versión de 'Ballerina'- con guitarra desafinada incluida- da la medida de cuán impredecible es el genio hosco de Belfast.
Enjoy the weekend.
Se publican estos días dos libros que merecen ser leídos. El primero es 'Aventuras en la Nostalgia'. Lo ha editado la escritora y antropóloga Lala Isla y es un compendio de relatos de españoles jubilados que han pasado buena parte de su vida adulta en Inglaterra.
Se reunían cada viernes, un par de horas, como el 'Spanish Memories Group', dentro de la Sociedad de Historia de Comunidad del barrio de Kensington & Chelsea.
Y de la experiencia de contarse historias han pasado a escribirlas. Las he leído y algunas son impresionates. Nos traen colores y aromas de infancias remotas, aventuras juveniles precoces recorriendo Europa, historias también de guerra y tristeza. Pero sobre todo, de emigración, de desplazamiento. También son historias de cuando los españoles eran emigrantes.

El segundo libro es de Luis Santamaría. Se titula 'Agur Euskadi, hasta nunca'. Y es la despedida desgarrada de uno de los niños evacuados de Bilbao, en 1937, en el barco Habana, con rumbo a Southampton. La emigración de los años cincuenta a Londres procede de Galicia y de la Línea de la Concepción. Pero los 'niños vascos' forman el núcleo principal de los emigrados, o exiliados, de los años treinta.
Santamaría es uno de los narradores de 'Aventuras...', pero en su libro rememora especialmente la experiencia del grupo de los niños. Zarparon hacia Inglaterra tres hermanos, con doce, diez y nueve años. Y Luis cuenta su historia con su memoria prodigiosa, llena de color y de voces con rostro humano.
Edita ambos libros la Subdirección General de Información Administrativa y Publicaciones del Ministerio de Trabajo e Inmigración y se pueden comprar aquí y pronto debería ser posible comprarlos aquí.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Lourdes Gómez, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Soy coautor de 'Tormenta del Desierto'(1991), sobre la primera guerra en el Golfo, donde trabajé como corresponsal en Bahrain y Arabia Saudí, y, con John Bew y Martyn Frampton, de 'Talking to Terrosists' (2009), que fue incluido en la lista del Global Thinkers Book Club por la revista Foreign Policy en diciembre de ese año. Soy autor de 'El Modelo Irlandés' (1998), reportaje sobre el proceso de paz hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo, y de 'Scunthorpe hasta la Muerte' (2010), basado en el el itinerario de Alex Calvo-García en el fútbol inglés.
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