Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Encuentro de periodistas extranjeros con Richard Murphy, que es el gran experto en paraísos fiscales que asesora a la coalición de organizaciones no gubernamentales que hacen campaña contra los centros off shore.
Fue contable durante diecisiete años en Londres. Sabe de lo que habla y dice que el cambio de atmósfera política sobre esos regímenes fiscales especiales, que están basados en los bajos impuestos y en el secreto sobre la titularidad de las cuentas, muestra que viene el cambio.
Decía, para ilustrarlo, que hace diez años presentaron una nueva ONG, Tax Justice Network, sin interés de los periodistas y que ahora da charlas con la sala llena. No me atreví a decirle que, cuando se presentó esa ONG, formada por organizaciones caritativas cristianas y sindicatos, en una sala de la Cámara de los Comunes, hace diez años, yo fui el único periodista presente, británico o extranjero.
Murphy y John Christensen han sido los motores de ese movimiento en Reino Unido, que tiene un grupo asociado en España. Y, como llevan mucho tiempo en esto, son realistas. Saben que la cumbre del G20 del próximo jueves sólo va a reiterar el compromiso que suscribieron en Washington de perseguir la evasión fiscal, que no habrá una lista negra de centros off shore en el comunicado final, que posiblemente los mandatarios del mundo encomendarán a la OCDE que siga con su trabajo de identificación de los centros que no firman acuerdos de compartir información con otros estados.
Y eso no es nada. Porque esos acuerdos ponen en marcha un mecanismo por el que una agencia tributaria de un Estado que investiga un posible fraude fiscal tiene que solicitar información al paraíso fiscal identificando el banco que tiene una cuenta sospechosa, el titular de la cuenta y el número de la cuenta.
¿Quién consigue esa información cuando el sistema legal británico y el que se ha copiado en los centros off shore, y en otras latitudes, permite la creación de trusts que son administrados por apoderados, que son habitualmente los abogados y contables que ganan fortunas creando esa papelería legal que oculta la identidad de sus clientes?
Han ocurrido algunas cosas curiosas en los últimos días.
Los conservadores británicos han reprochado hipocresía a los laboristas, porque uno de los más importantes colaboradores de Gordon Brown en la política de contención de la crisis bancaria y de supresión de los paraísos fiscales es Paul Myners, secretario de Servicios Financieros en el Ministerio de Hacienda y que, además de ocupar múltiples cargos directivos en bancos, fue el presidente de fondos de inversión basados en centros off shore.
El periódico que destaca en los ataques a Myners es The Times, que forma parte del grupo News International. A pesar de que tiene en Reino Unido The Times, The Sunday Times, The Sun, The News of the World, la televisión Sky,... apenas paga impuestos a la Hacienda de Su Majestad. Tiene unas sesenta subsidiarias en paraísos fiscales y su jefe, Rupert Murdoch, ha creado sociedades off shore para guarecer su fortuna personal.
Los laboristas han señalado que el nuevo responsable conservador de Industria, Kenneth Clarke, ha sido hasta fecha reciente asesor de Centaurus, un fondo de inversión riesgo administrado desde Londres, pero con sede fiscal en las islas Caimán. El ex presidente español, José María Aznar, que fue en su juventud inspector fiscal, era también asesor de Centaurus y lo sigue siendo de News International.
El partido Conservador, y algunos de sus miembros para la financiación de sus oficinas de apoyo, reciben donaciones de directivos de fondos de inversión riesgo que, como Centaurus, tienen habitualmente su sede fiscal en paraísos.
Seamos serios. La City de Londres es el mayor centro off shore del mundo. De aquí surgen las leyes y aquí se diseñan las estructuras para la evitación o evasión- elijan ustedes- del pago de impuestos. No es una práctica singular o anecdótica. Es común.
Otra ilustración. El gran banco Barclays, que está intentando evitar por todos los medios el recurso a la ayuda de la Hacienda pública para recapitalizarse- porque, entre otras cosas, eso obligaría a limitar los salarios y bonificaciones a sus directivos- tiene una trama de estructuras ficticias, treinta sucursales en paraísos fiscales, para evitar también el pago de impuestos.
¿Qué une a Barclays y a Tax Justice Network? La ONG que persigue la evasión fiscal está financiada por la Fundación Joseph Rowntree. El benefactor que dio el nombre a la fundación hizo su fortuna inventando las golosinas Kit Kat y Smarties, entre otras. Rowntree era un cuáquero, como los fundadores del banco Barclays.
¿Qué une a los paraísos fiscales con la Corona que da nombre a la Hacienda británica y de quien dependen los 'territorios dependientes'? Si hay una firma que está presente en todos los paraísos fiscales ésa es la gran auditora KPMG, cuya P viene de uno de sus fundadores, sir William Barclay Peat. Sí, Barclay, de la banca cuáquera, y Peat de KPMG. Y sir Michael Peat, antes directivo de KPMG y secretario del príncipe Carlos y ahora Tesorero de la Reina, es su biznieto.
Regresemos a los paraísos. No habrá grandes novedades en el G20, pero Richard Murphy está convencido de que se ha iniciado un proceso que llevará a la extinción de la mayoría de los centros off shore. Porque, con el aumento de regulación sobre los bancos y el sector financiero, se corre el peligro de que el dinero huya aún con más vigor a esos refugios. Porque los gobiernos van a necesitar todos los ingresos que puedan recaudar para amortizar la estratosférica deuda pública que se está acumulando para salvarnos- el pronóstico es aún incierto- de la debacle. Y también porque la reforma de la directiva europea sobre imposición de los ahorros va camino de obligar a mayor transparencia.
Transparencia es la palabra clave. ¿Por qué tenemos usted y yo que demostrar que somos quienes decimos ser cuando abrimos una cuenta en un banco y se permite la opacidad de la titularidad de las cuentas en otro lugar, que a veces es un territorio minúsculo y ficticiamente autogobernado?
¿Por qué se permite que sociedades multinacionales presenten contabilidades y repartan beneficios sin desvelar todos los lugares en los que están presentes y cómo están presentes, de tal modo que se pueda comprobar públicamente lo que todo el mundo ya sabe: que muchas, la práctica totalidad, de esas sociedades ejecutan infinidad de operaciones financieras entre sucursales de la propia sociedad de tal modo que los beneficios quedan en paraísos donde la fiscalidad es bajísima o nula?
El impulso de Murphy y de Christiansen fue cristiano- la ong Christian Aid, en la cabeza del movimiento- y a ellos se sumaron grupos comprometidos con la ayuda al desarrollo de países pobres.
Sus estimaciones: unos 800.000 millones de dólares pasan cada año desde el mundo pobre al mundo rico a través de paraísos fiscales. La suma de nuestra ayuda al desarrollo es de unos 100.000 millones de dólares.
De esos 800.000 millones, entre el 3% y el 5% procedería de la corrupción de los gobernantes, el 30% de las formas diversas de la delincuencia organizada, el 65% de sociedades de evasión fiscal, creadas, por ejemplo, por empresas extractoras de materias primas.
Si esto no es un problema de conciencia, quizás la estimación de los fondos depositados por personas ricas en paraísos fiscales, unos 11.5 billones de dólares, según la estimación de Murphy, nos da una idea, más egoísta, de que nuestras haciendas públicas podrían afrontar lo que viene con los impuestos evadidos sin estrujarnos tanto a los que tenemos rentas vulgares.
Richard Murphy y otra gente mantendrán unos blogs sobre el G20 en esta dirección.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Lourdes Gómez, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Soy coautor de 'Tormenta del Desierto'(1991), sobre la primera guerra en el Golfo, donde trabajé como corresponsal en Bahrain y Arabia Saudí, y, con John Bew y Martyn Frampton, de 'Talking to Terrosists' (2009), que fue incluido en la lista del Global Thinkers Book Club por la revista Foreign Policy en diciembre de ese año. Soy autor de 'El Modelo Irlandés' (1998), reportaje sobre el proceso de paz hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo, y de 'Scunthorpe hasta la Muerte' (2010), basado en el el itinerario de Alex Calvo-García en el fútbol inglés.
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