Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Cuelgo aquí una entrevista de Jeff Randall con David Cameron.
El contexto enriquece lo que es un diálogo entre un periodista que se sabe la lección y pregunta cosas concretas y un líder conservador que habla bonito sin decir casi nada relevante.
El único trabajo que Cameron ha desempeñado fuera de la política- donde entró como asesor de ministros nada más salir de la universidad- fue como director de comunicaciones de la compañía Carlton Television .
Londres es como Nuarbe pero más grande. Y eso explica que alguien como Cameron, a sus 27 años, llegase a tal posición. Su madre era amiga de una familia que...
Randall ha hecho de todo en el periodismo económico. Cuando supo que el tal Cameron, el chico de Carlton a quien trató persiguiendo noticias, había sido elegido como líder de los conservadores, dijo: "No dejaría en sus manos ni la paga de mi hija pequeña. Nunca daba una respuesta directa si podía montar una simulación plausible".
Otros periodistas que recuerdan a Cameron en aquella época han sido igual o más duros. Algunos le han acusado de ser un abusador, un 'bully'. ¿Lleva carga de profundidad la entonación de la primera pregunta de Randall?
Más contexto. Randall, que también publica en el Telegraph, tiene ahora su programa en la televisión Sky, de Rupert Murdoch, cuyo apoyo Cameron ha buscado con ganas. Tengo la sensación, avalada con algunos datos, de que Murdoch confía mucho más en Randall que en Cameron.
Randall es de Romford, en el este ex-proletario de Londres (la última vez que estuve allí fue para asistir a combates de boxeo sin licencia), estudió en una escuela estatal y luego en la Universidad de Nottingham. Cameron, en fin, para qué hablar: cuna, Eton y el resto.
Randall es conservador, pero meritocrático, thatcherista, como Murdoch; no les gustan los aristócratas, los etonianos que están ahí por el acento, las familias, las maneras, la tradición.
Se me ocurren esos rasgos del contexto. Espero que disfruten tanto como yo viendo esto. ¡Ah! El viejo valor de la libertad de prensa tiene efectos saludables en la cultura de los países.
Uno de estos días leí en un artículo una nueva referencia al 'commentariat'. Es una palabra reciente, no tiene veinte años de vida.
El 'commentariat' es el conjunto de voces de los articulistas de opinión en los medios que, al albur de su proliferación en las últimas décadas, son a la sociedad de hoy lo que en los tiempos de la guerra fría se solía conocer como el complejo industrial-militar, la fuerza que supuestamente mueve las cosas.
Es una combinación de 'comment'-comentario- y el sufijo 'ariat', que evoca un poder ejercido con firmeza burocrática o con autoritarismo, como el de un 'secretariat' o un 'commissariat'. Estas dos son palabras inglesas pero tienen la etimología y el aroma de elegante terror que para los pueblos de habla inglesa tiene lo francés.
El precedente del KGB era conocido con la abreviatura NKVD, el 'Commissariat' del Pueblo para Asuntos Internos. En KGB la K es de Komitet.
Una traducción posible de 'commentariat' al español sería 'comentariado', pues existen secretariado o comisariado (ésta en el diccionario del español actual de Seco, aunque no consta ni en el RAE on line ni en el Moliner, donde sí se registra sin embargo comisariato, sinónimo de comisaría).
Pero 'comentariado' no me gusta, se usa ya para otras cosas más leves y no tiene en español la fuerza descriptiva de 'commentariat' en inglés.
Ante tal situación, patentemente dramática, yo me inclinaría por traducir ese nuevo concepto del 'commentariat', ya en curso entre los escribas de habla inglesa, como 'comentatura', que trae el eco de 'nomenclatura', nombre que se dio a la curia soviética.
Mantiene la idea de un poder grueso, pelmazo, que puede ser también arbitrario y borde. Y, como los miembros de la 'nomenclatura', la 'comentatura' es una casta que postula grandes principios, y aún más grandes al día siguiente, para hacer lo que hacemos todos, ganar unas pelas, hombre.
¿No han oído ustedes hablar de la redacción integrada del 'Daily Telegraph'? ¿Del portentoso flujo perpetuo de noticias y bips que desde allí nos anuncia el futuro? ¿No? No se han perdido nada.
En 1969, según nos cuenta Peter Preston- que fue durante muchos años director de 'The Guardian' y ahora analiza los medios en 'The Observer,- el 'Telegraph' vendía 1.390.401 ejemplares cada día. 'The Guardian', 302.404; 'The Times', 448.116; el 'Financial Times', 171.837.
En octubre el 'Telegraph' vendió 767.894. No son todo ventas porque en los últimos cuarenta años se ha extendio el marketing de los ejemplares gratuitos en el hotel o en el avión, distribuidos con afán de captar más publicidad pero que no dan ingresos por venta. El 'Telegraph' habría vendido en octubre al precio de portada unos 371.535 ejemplares.
'The Guardian', 311.878, con muy pocos regalos. 'The Times', 571.783, de los que 442.129 son a precio de portada. Y el 'FT', 412.854.
Ah, 'The Independent' no existía en 1969 y en octubre vendió 187.000 ejemplares.
Es decir que, comparando las cifras históricas entre la prensa de calidad publicada en Londres, es el 'Telegraph' quien ha sufrido la gran pérdida de lectores en las últimas cuatro décadas.
¿Qué hacemos los demás? Hablar de las innovaciones tecnológicas del 'Telegraph' y en ocasiones incluso imitarlas, en este afán que le ha entrado a la asustada prensa por captar a un 'lector joven'.
La tecnología de las redacciones y el diseño de nuevas maquetas es algo que excita siempre a quienes trabajan dentro de un periódico. Donde proliferan ahora gurus, adivinos y santeros, aunque ninguno evitó que la prensa ofreciese sus contenidos gratis en la red. Es algo insólito, chocante, que no ha ocurrido posiblemente jamás en ninguna industria. Y que Murdoch, gran patrón de News International' y el más sagaz patrón de prensa de nuestro tiempo, intenta ahora rectificar.
El 'Telegraph' ha tenido al fin éxito este año. Pero no se debió a una conexión cibernética con el planeta Zog. Alguien ofreció a los jefes un CD con la documentación de los gastos de los parlamentarios británicos. El director lo compró, único entre sus colegas. Y metió a un numeroso grupo de lacayos en una sala apartada del mundanal ruido para que cotejasen los datos de los diputados y la realidad de sus vidas.
La saga recopilada por los sabuesos hizo que todos leyéramos con avidez el 'Telegraph', un diario que fue paulatinamente abandonado por su lectores porque era pesado, tan pomposo en evitar noticias frescas como cargado de opiniones predecibles.
Este señor de la izquierda ha vivido un desgarro y un triunfo.
Fue director durante cuatro años del News of the World, el dominical que más vende en el país a base de fútbol y gente famosa, todo ello presidido siembre por una pregunta que nos desvela: ¿quién se ha acostado y cómo lo hizo con quién sin que lo supiera aquel, aquella o aquello?
También cuentan alguna historia interesante, no todo es patético y trivial.
Se llama Andy Coulson y tuvo que testificar ante un comité parlamentario cuando se supo que, durante su mandato, un repotero dedicado a noticias de la realeza pagaba a un detective privado que intervino el teléfono del príncipe Guillermo y otras gentes de la Casa Real.
Dijo que no sabía nada, lo que suena francamente chungo en boca del director de un periódico. Y lamentó el castigo que ha sufrido. Había llegado a la cumbre tras veinte años en la carrera y tuvo que dimitir por un incidente aislado.
Luego, el diario 'The Guardian', que publica estas cosas porque es propiedad de una Fundación, mientras los propietarios rivales de la prensa de Londres tienen la sana costumbre de no meterse unos a otros el dedito en el ojo, publicó que en realidad la intercepción de teléfonos era una práctica más extendida bajo su dirección.
Y reveló que el patrón, Rupert Murdoch, tuvo que pagar de su bolsillo 850.000 euros de vellón como compensación a tres personas cuyos teléfonos fueron interceptados, con la condición de que no airearan el pago.
Coulson dimitió de la dirección del periódico cuando su reportero real y el detective fueron encarcelados.
Ahora, un periodista deportivo del diario ha recibido otros 900.000 euros como compensación de su despido, tras probarse que fue víctima de acosos y abusos sistemáticos, dirigidos por el propio Coulson.
¿Qué hace uno cuando su carrera de periodista culmina con tales éxitos? Dedicarse al servicio público. Coulson es el director de comunicaciones del partido Conservador, el ayudante de David Cameron para sus relaciones con la prensa.
¿Contrataría usted como director de comunicación a un periodista que ha costado recientemente cerca de dos millones de euros a uno de los grandes patronos de la prensa?
Las páginas de los dominicales venían cargadas de reportajes y teorías sobre Dubai. Aunque conozco unos cuantos países vecinos, sólo he estado de tránsito en su aeropuerto, así que mis ideas sobre aquello se basan en lo que he leído.
Hace unos días se adjudicaron los premios anuales de la Asociación de la Prensa Extranjera en Londres. Los príncipes de Asturias presideieron la gala. Pueden leer aquí el discurso del príncipe.
Fui jurado de los premios y una de mis tareas fue elegir, con dos colaboradores, la lista de tres candidatos al premio al mejor reportaje publicado en prensa escrita.
El premio final fue a parar al que más me gustaba, la historia de un reportero del Telegraph que, cuando se dispone a viajar empotrado con una unidad británica en una operación delicada recibe la noticia de que su hermano, soldado en otra unidad, ha sido herido gravemente por una bomba. Lo pueden leer aquí.
Pero no creo desvelar ningún secreto de sumario al decir que buena parte del jurado- en esta categoría nuestra opinión estuvo más dividida que en las demás- quería dar el premio a un excelente reportaje que se publicó con el título 'El lado oscuro de Dubai'.
No había leído antes ningún artículo que explorase como éste las condiciones de semi esclavitud en las que viven los inmigrantes asiáticos que construyen los fastuosos edificios del emirato.
En el Observer leo ahora un artículo que critica suavemente ese tipo de reportajes- plantea un argumento sobre las condiciones de trabajo de los inmigrantes basado en los tiempos históricos del desarrollo económico en el mundo- y demuestra un buen conocimiento de la vida en el emirato en todos los niveles de su sociedad.
Las vicisitudes económicas de aquel paraíso artificioso, que no tiene petróleo para financiar la deuda que sus grandes empresas intentan ahora renegociar, son una buena lectura dominical, pero no tienen gran trascendencia en nuestras vidas. Una subsidiaria de Dubai World es propietaria del ferry Bilbao-Porstmouth, hasta ahí llega mi conocimiento sobre la conexión española, aunque habrá otras.
Me asombra leer a colegas que creen que la crisis en Dubai puede provocar otra crisis financiera en Europa o Estados Unidos. Las cifras no lo sostienen. La deuda de Dubai World parece ser de unos 60.000 millones de dólares.
Es la cifra mágica del momento. Ya les contaba el otro día que el Gobierno británico tuvo que entregar 60.000 millones de libras a dos bancos para evitar su cierre en aquellos días del pasado otoño.
Estos sesenta mil eran un préstamo para evitar el colapso por falta de liquidez y ya se han devuelto. Los 60.000 de Dubai son deuda, más que tres o cuatro bonolotos pero no tantos como para tumbar bancos europeos, ni siquiera los británicos, que están metidos allí con más ganas que otros.
Willem Buiter escribe en su blog un sabio comentario sobre estas cosas.
Su argumento es que la crisis en Dubai puede desembocar, si no hay solidaridad financiera de los hermanos mayores, y petroleros, de Emiratos Árabes Unidos con el joven díscolo, en una supensión de pagos del estado. Y que la idea de impago por un estado incapaz de hacer frente a sus deudas trae a la vida doméstica el miedo a que la enfermedad se contagie. Grecia, Irlanda, Italia, Islandia,...¿España? ¿Reino Unido? ¿Estados Unidos?...podrían seguir la misma senda.
Estamos aún lejos de que algo así suceda. Con ignorancia proverbialmente atrevida sobre estos asuntos, yo creo que eso no sucederá si se cumplen los pronósticos de las haciendas nacionales y de los organismos internacionales sobre las tasas de crecimiento que viviremos una vez que la crisis financiera, de la construcción, del comercio internacional, etcétera, hayan causado toda su destrucción.
Creo que son optimistas y creo también que en esa opinión mi ignorancia es compartida por los autores de los pronósticos.
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De la prensa dominical también.
Hay una película nueva sobre Ian Dury , uno de los personajes más interesantes del movimiento punk inglés. Era un chico de barrio popular al que la expansión de los años cincuenta permitió estudiar arte, que expresó en la crisis de los setenta. Era un letrista fino, descarnado y agudo. Sufría de polio, que contrajo bañándose cuando era un niño en una piscina.
Expresa bien el espíritu desafiante y truculento del punk que Dury, el hombre deformado por la enfermedad, quisiese titular su primer disco: "En directo desde Lourdes".
Le encargaron una canción para el Día de los Minusválidos y la BBC, asustada, prohibió su emisión.
Era ésta.
Spasticus Autisticus. Ian Dury.
José Luis Rodríguez Zapatero visita hoy la Conferencia Laborista en Brighton. Celebrará allí su primer encuentro bilateral con Gordon Brown. Han estado juntos en Nueva York, en Pittsburg, se ven a menudo en ágapes europeos, pero hoy se sientan frente a frente y durante cincuenta minutos, más o menos, hablan de tú a tú. Quizás el turno español de la presidencia europea es lo más interesante de la agenda; quizás.
Luego, Zapatero se sentará en la mesa del salón de la conferencia y charlará sobre ecología y políticas verdes con otros dignatarios: el primer ministro de Noruega y un ministro británico.
De una conversación nentre políticos ante una audiencia numerosa en un salón en el que hay cámaras de televisión, que transmiten en directo todo lo que ocurre en el plenario de la conferencia, no se deben esperar cosas muy interesantes.
Las conferencias son ahora así. En el pasado, liberales y laboristas solían celebrarlas como una asamblea anual para la actualización de sus políticas- los conservadores tienen una forma de organización distinta-, pero con el paso del tiempo se han convertido en espectáculos.
Ya se han celebrado la de los sindicatos y la de los liberales-demócratas. Ahora llega la laborista y la siguiente semana, la conservadora. Siempre se sigue este orden.
El periodismo crea una burbuja en torno a la política en la que lo más importante son las disputas de las personalidades, del poder y de la imagen. Muy pocas veces los periodistas políticos tienen conocimientos de políticas concretas, sectoriales, que son las que realmente importan, las que afectan a la sociedad.
Además, los propios periodistas se han convertido en los actores de la política. Cuando llegué a este país, los periódicos publicaban una reproducción taquigráfica de los principales discursos que se habían pronunciado la víspera en el Parlamento. Ahora, la crónica parlamentaria es la del sketch writer, que es un humorista que trata el debate parlamentario como un teatrillo de vanidades.
Para atravesar la neblina que en torno a su actividad crean los periodistas y comunicarse directamente con la población, los partidos británicos han afinado la presentación de las conferencias de tal modo que se vean mejor en televisión.
Hay un ciclo predecible: el partido que celebró la semana pasada la conferencia sube en los sondeos por la cobertura excepcional y, al final de todos los espectáculos políticos del otoño, las cosas siguen como están. Es decir, con la política y el periodismo perdiendo interés y credibilidad.
De lo ocurrido en recientes conferencias laboristas, lo más asombroso fue la expulsión por unos matones del servicio de seguridad de un veterano militante del partido al que se le ocurrió decir, cuando Jack Straw explicaba la guerra de Irak, que el ministro estaba mintiendo.
Que un miembro del partido diga a algún gran líder que lo que dice es una tontería o una mentira queda muy mal en la tele. Así que hay que esterelizar las salas para que la gente aplauda y los telespectadores capten el mensaje.
Este reportaje de la BBC cuenta la historia de aquel día, culminada con las disculpas del entonces secretario general del partido, el hombre con tirantes y sin hambre que aparece al final.
Algunas veces, un político calibra mal su discurso y se desprestigia. Le ocurrió al laborista David Miliband el pasado año y de modo notorio al hijo de exiliado español, Michael Portillo, tras este estridente alegato cuando era, en 1995, uno de los grandes conspiradores para sustituir a John Major. Le salió el tiro por la culata y el exceso de palabrería bélica y patriótica acentuó los rasgos de su retrato como un advenedizo con demasiada ambición para los 'tories' de toda la vida.
Estaba el otro día con la azada intentado levantar un trozo de tierra en el que plantar las patatas que nos alimentarán cuando la crisis nos deje también sin patatas, a partir del primer trimestre de 2011, y con cada golpe sentía el temor de desenterrar el inevitable cadáver que habría enterrado en el jardín algún previo morador de vida muy ordenada y notable desparrame sentimental.
Encontré un brazo y también un antebrazo, rematado con una mano de cuatro dedos. Es de un Madelman de goma, que seguro que fue asesinado y enterrado por el hijo de un previo morador de vida muy...
Enviaré el siniestro hallazgo a quien acierte el nombre de la figura a la que aquel cabrón de niño arrancó el brazo. Que no, que no, que es broma. A quien se acerque más a la respuesta correcta a la siguiente pregunta.
Quizás hayan leído ustedes que el actual director de comunicaciones del partido Conservador, Andy Coulson, está en las comidillas de Westminster porque, según 'The Guardian', las intercepciones de teléfonos y las obtenciones fraudulentas de datos privados eran generalizadas durante su tiempo como director del 'News of the World'.
Los partidos que llegan al gobierno sienten ahora aquí y acullá la necesidad de nombrar a algún practicante experto de la magia negra mediática para lidiar a los de su ex gremio. Tony Blair fue como en todo lo suyo un pionero, contratando a Alastair Campbell.
¿Qué tienen en común Campbell y Coulson? Pues que ambos hicieron su carrera en la prensa sensacionalista antes de ocuparse de la información pública del estado. Quienes hayan acertado la respuesta a esa interrogante son gente que sabe qué mal va el mundo y ya se hacen cargo de que por eso no hay premio.
Hay premio, el hierático saludo cuatridédico del amputado brazo de un monigote de goma, para quien responda a la siguiente, que formulo ya sin más prolegómeno.
Antes de que llegase al gobierno San Tony, llamadme Tony, Blair, lo ocupaba un hombre gris, de una grisura sobrecogedoramente gris. Su nombre ya por todos olvidado era John Major. Y para sus relaciones con la prensa contó con un diplomático, Christopher Meyer.
Quien al llegar al 10 de Downing Street quiso acelerar súbitamente el ritmo laboral del departamento de prensa. Quería recibir las primeras ediciones de los periódicos de Londres para estar en condiciones de ofrecer un resumen sintético y bien fundamentado al primer ministro a las siete de la mañana. No había internet ni televisión de 24 horas, recuerden. ¿Qué hizo? ¿Qué ocurrió? Recuerden también que la sabiduría siempre está en la sencillez.
La respuesta correcta- la que más se acerque- no será avalada por un chascarrillo, no vayan ustedes a pensar mal, sino por una docta cita del libro de un profesor universitario. Si alguien acierta también el libro, le envío el brazo amputado de dos monigotes: el que encontré en el jardín y con harto dolor también el mío.
Plazo hasta el domingo. Good luck.
PS. Esta semana cubriré el Abierto Británico de golf para el periódico. Sin conexión a internet en la granja en la que pernocto, el globo volará según le de el viento y es posible que algunos días se quede sin salir del hoyo.
Leí ayer, liberado del tenis en Wimbledon, un artículo que tenía guardado sobre el debate entre Chris Anderson y Malcolm Gladwell en torno a 'Free', gratis, un libro del primero.
Argumenta que a medida que decrecen los precios de proceso y almacenamiento de datos y de la capacidad de banda, los negocios en la red tienden al coste marginal cero. Y, por tanto, la fuerza de la gratuidad es imparable y hay que crear planes de negocio a partir de esa constatación.
Gladwell niega el argumento. De una manera sintética expresa el suyo con el ejemplo de YouTube. El coste marginal de añadir un nuevo vídeo es efectivamente casi cero, pero millones y millones de casi ceros suman un pastón.
Es un debate interesante para todos, que afecta a mi profesión directamente. Y a la experiencia de los consumidores de contenidos mediáticos. Me apresuro a declarar mi convicción. Contenidos de gran valor, como ensayos de alta calidad, nunca produjeron grandes rentas. Pero los periódicos que sobrevivan tendrán que ser capaces de producir algo más valioso que en la actualidad.
Periódicos importantes iniciaron la publicación de sus contenidos en la red con un plan de negocio que consistía en ofrecer una parte gratuita y otra de pago. La extensión de la gratuidad llevó a la gran mayoría a ofrecer todos los contenidos gratis y a confiar en que la publicidad en las ediciones digitales generase nuevos ingresos. Esa publicidad no tiene a día de hoy el suficiente volumen y algunos periódicos grandes, como el Wall Street Journal, están cambiando el modelo hacia una combinación de contenido gratuito y de microcompras para artículos de pago.
Pero la gente se ha acostumbrado al contenido gratuito y habrá que ver cómo funciona ese plan de negocio que ahora gana popularidad.
Dice Anderson que en el futuro nadie pagará por ideas. Gladwell afirma que la única regla fija obvia en este contexto cambiante en el que vivimos es que no hay reglas fijas.
Viajando por el debate en torno al libro de Gladwell en internet, encontré en Techdirt gratuitamente esta idea: "Los grandes periódicos contrajeron deudas enormes en las dos últimas décadas. Muchos dan aún beneficios, pero no tántos como para amortizar sus deudas. Y cuando a eso se añade que no han sido innovadores, que no han comprometido a la comunidad (su capital más valioso) y que no hacen periodismo real, sino que actúan simplemente como estenógrafos, ¿es realmente extraño que su negocio tenga problemas?".
¿Estenógrafos? ¡Qué afirmación más optimista! Creo que el sentimiento más común de quienes tienen que tratar con periodistas hoy es que su información sea presentada de manera inexacta.
Me gusta este párrafo que explica lo que quieren decir: "Repiten como un loro lo que alguien les ha dicho y después quizás presentan un punto de vista alternativo sin el más mínimo esfuerzo para aclarar quién está en lo cierto. Es como si los periodistas creyesen que la información equilibrada es presentar dos versiones de la historia y dejar que tú hagas el trabajo de verdad".
Seguí un enlace y encontré esta joya: "Mi profesión está en dificultades porque durante más de una década ha perseguido los falsos ídolos de la fama y la fortuna. Mientras los perseguía, olvidó a sus lectores y la necesidad de ofrecer un producto comercial que atraiga a la audiencia y a su vez capte anunciadores que paguen por ello. Mientras los propietarios buscaban más beneficios, más valor de sus acciones y mayores salarios, directores y reporteros se centraron crecientemente en ganar premios y en aparecer en televisión".

"!Estar de nuevo en el principio! ¡Conocer apenas nada!", dice Valentine Coverley, en Arcadia, para expresar el sentimiento de que la teoría del caos ha arrinconado las firmes convicciones de la física newtoniana y que un tiempo maravilloso de preguntas que aún no tienen respuesta y de exploraciones por territorios no pisados se ha abierto.
Una vez un actor me dijo que la televisión había acabado con nuestra capacidad de maravillarnos. Que paisajes antes misteriosos y vírgenes, que rostros y costumbres que tan solo imaginábamos, que palabras que habría que inventar para nombrar lo intuido, parecen ya familiares y usadas.
No es cierto. El arte aún tiene la capacidad de asombrarnos. 'Arcadia', la obra de Tom Stoppard que se estrenó en 1993, nos lo recuerda dieciseis años después. Dicen algunos críticos que es la mejor obra del teatro de nuestro tiempo, pero no hay cosa más gastada en el mundo de hoy que los superlativos. Sobriamente, 'Arcadia' es una gran obra de teatro.
La vi de nuevo esta semana. Tenía un vago recuerdo de la conmoción que me causó cuando la vi por primera vez, hace quizás diez años.
Es, como las ecuaciones que Thomasina promete en 1809, cuando insiste a su tutor, Septimus Hodge, que ella, una niña de 16 años, va a resolver el último teorema de Fermat, un enredo lógico que se mueve desde el centro del laberinto hacia su exterior.
El centro del laberinto es la pugna entre razón y sentimiento, entre el caos y el orden, la honestidad y la tentación, el humor y la gravedad. Las ecuaciones que brotan de ese núcleo están escritas por un dramaturgo excepcional que entrecruza con inteligencia dos tramas, una en el principio del siglo XIX, otra en el pasado reciente, ambas en el salón 'regency' de la gran mansión de Sidley Park.
Si quieren pasar un gran día de teatro, gástense sus últimas libras en un asiento en el Duke of York.
Stoppard tiene además un humor excelente. Cuando el jardinero Richard Noakes explica a Lady Croom que ha incluido una ermita en su parque, la dueña, quejosa con un diseño que le parece destructivo, le dice que no tiene sentido terner una ermita sin ermitaño. ¿Dónde vamos a encontrar un ermitaño? ¿Mediante un anuncio en el periódico? Y ella misma se responde: "No se puedel tener absoluta confianza en un ermitaño que lee periódicos".
En 'Night and Day', Stoppard, emigrado judío de Checoslovaquia en 1939, reportero sin estudios universarios en el principio de su carrera inglesa, ya ofrecía una cita memorable sobre su viejo oficio:
JACOB MILNE: Sé que las cosas no son perfectas, pero, cuando existe libertad de prensa, todo se puede corregir, y, cuando no existe, todo puede ocultarse.
RUTH CARLSON: Yo estoy de acuerdo con la libertad de prensa. Lo que no soporto son los periódicos.
Aquí, cuando el profesor Bernard Nightingale llega a la mansión, con su empeño de ganar la fama descubriendo la razón por la que Lord Byron huyó de Inglaterra, despliega su cháchara y su estampa, su maletín, sus embustes y su simpatía oportunista. Provoca el asco inicial de la concienzuda Hannah Jarvis, que le dice: "¿Eres periodista?".
No hay que tenérselo en cuenta. Este Stoppard actor, dramaturgo y padre de actores, ya puso en boca del líder del grupo de cómicos que irrumpe en la acción de 'Rosencraft y Guildenstein están muertos' una condena memorable a su último gremio: "¡Somos actores, somos lo contrario a las personas!" No había visto nunca a Neil Pearson dominar un papel y el escenario como en esta obra.
Enjoy the weekend.
En el programa The Long View, de BBC Radio 4, han rememorado la figura del chef Alexis Soyer.
Es apropiado porque ahora hay en Reino Unido cocineros- Gordon Ramsey y Jamie Oliver, en particular- que son más famosos que Michael Gambon. Y Michael Gambon tendría que ser al menos tan famoso como ellos.
En fin, que Soyer fue, en la mitad del XIX, un chef célebre, tras cocinar en el Reform Club, lugar de encuentro de los liberales: hear, hear. Publicó libros de recetas muy populares, como éste. Y creó, cuando la Expo de 1851 se desplegaba en Hyde Park, un Simposium Gastronómico de Todas las Naciones, más conocido como el Simposium, en Gore House, en el lugar en el que ahora se levanta el Royal Albert Hall.
Quería servir cinco mil comidas al día en su restaurante con menús de todas las cocinas del mundo. Y, antes de fracasar lógicamente en el empeño, hizo lo que cualquier persona cabal hace en estos casos. Invitó a comer gratis a trescientos periodistas una semana antes de su apertura.
Pero, según Ruth Cowen, biógrafa de Soyer, hubo un gacetillero que intentó colarse en el evento pretendiendo que era el corresponsal de una revista que había cerrado dos años antes. ¿Quién era este espécimen que desacreditaba tan precozmente la noble profesión que nos ocupa? Yes, todos ustedes lo han adivinado: Karl Marx.
El cuadro de Frida Khalo tiene como título 'El marxismo dará salud a los enfermos'. Y el gorrón es retratado aquí como un ángel.
With thanks to S for the tip.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
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