Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

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Un documental sobre Marjorie 'Mo' Mowlam, que fue ministra británica en Irlanda del Norte, ha revelado que su médico le diagnosticó un tumor cerebral maligno pero que ella prefirió ocultarlo y decir a Tony Balir que era benigno. Lo achacan a su deseo de ser ministra.

El médico dice que vivía con angustia lo que ocurría. Esos tumores, explicaba en el documental, provocan faltas de concentración, actitudes desinhibidas,... Al doctor le angustiaba que una persona que padecía el mal que él conocía tuviera responsabilidades tan delicadas en el Gobierno y dice que pensó en hablar con Tony Blair, pero Mowlam cayó del gobierno cuando él ya estaba animándose a llamar al primer ministro.

¿Puede un médico hacer tal cosa? Creo que no.

¿Vemos a Mowlam bajo una luz más tenebrosa por mentir sobre su enfermedad? Creo que tampoco.

Era desinhibida, desde luego. Una vez le pregunté algo que no recuerdo y me dijo: "No tengo ni idea. Dame tu boli." Se lo di y escribió en mi mano el nombre y el teléfono de uno de sus asesores.

Era desinhibida, sí. Cuando llegó a Belfast como ministra en el incipiente proceso de paz, en su primer día salió a la calle, se fue al centro de la ciudad y se puso a hablar con la gente.

Cuando se firmó el Acuerdo de Viernes Santo, organizó un gran concierto de Elton John en el solemne palacio unionista de Stormont. Quería llevar a un famoso homosexual a aquel bastión de puritanismo.

¿Su política en el proceso de paz? Creo que fue incapaz de dedicarse a los detalles, que dejó a otros. Hizo cosas arriesgadas, algunas posiblemente equivocadas.

National Portrait Galley
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Quizás estamos asistiendo a los últimos meses de liderazgo de Gerry Adams en la política norirlandesa. Ya son tres los casos de violación y abusos sexuales denunciados contra miembros prominentes de su partido, el Sinn Fein.

La versión que ofrece Adams sobre su actuación tras conocerlos se ha desvelado parcialmente falsa y deja omisiones múltiples. Una casa de apuestas ofrece momios. La casa cree que es más probable que Peter Robinson, el marido de Mrs. Robinson, caiga.

Un vaticinio que queda aquí escrito para que mis herederos se avergüencen de la impericia de su ancestro al consultar estas disquisiciones en el gran archivo en código html que un día venderá...¿Google? No, para entonces ya será como la General Motors de hoy.

Pronóstico: no cae ninguno o caen los dos.

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Ander anotaba ayer el revuelo creado por la compra de la fábrica chocolatera Cadbury por la americana Kraft. Se han pedido restricciones al libre mercado como consecuencia de esta compra que se lleva a las Américas chocolatinas populares en la infancia de todos los británicos. Hernán Cortés lo trajo y allí vuelve.

No hubo tal intensidad en el disgusto cuando los franceses se quedaron con la energía nuclear británica o cuando Ferrovial compró unos cuantos aeropuertos importantes. O cuando Telefónica compró con O2- luego lo vendió- el sistema de telefonía de emergencia de los servicios británicos de seguridad.

Creo que la crisis- tenemos inflación del 2,9% en este contexto, ¡ieeeeepa!-- ha reavivado el gusto por la vieja industria. Cadbury fue creada por cuáqueros, que pagaban bien a los empleados y construían villas ideales para su residencia. La foto es de la Rest House en el green de Bournville, el pueblo construido por los patronos de Cadbury.

La tendencia monopolista en el capitalismo y todo eso. Kraft financia su adquisición endeudándose hasta las cejas. Es, intuyo, otra comprobación de que en la industria dominan ahora los directores financieros, una magia de ceros sin tan bellas máquinas.

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Si alguien ha tenido paciencia para escuchar este intento de explicar la evolución de conflictos en el mundo mediante una función matemática quizás está de acuerdo con este severo juicio: no vale para nada. O, para decirlo de modo menos tajante, el profesor llega con esas gráficas a una teoría que ya han elaborado otras personas sin recurrir a este método.

El uso de las matemáticas para analizar la evolución de la conducta humana en diferentes circunstancias desarrolla la teoría de juegos. El ejemplo más popular es el dilema del prisionero.

De uno de los grandes patronos de la teoría, John Nash, no he leído nada, aunque vi una película curiosa basada en su vida, Una Mente Maravillosa.

El americano Thomas Schelling y el israelí Robert Aumann también ganaron el Premio Nobel de Economía por su contribución al entendimiento del comportamiento humano en relación con la economía- Schelling escribió un análisis agudo sobre la segregación racial en base a una dinámica de lógicas individuales y grupales a la luz de la teoría de juegos- y el campo de estudio ha crecido exponencialmente.

Leí hace muchos años un análisis del conflicto norirlandés basado en la teoría de juegos, que no me gustó. Creo recordar que se equivocó en casi todo. Aunque quizás lo maltraté por mis prejuicios.

Sobre el conflicto vasco, Ignacio Sánchez Cuenca escribió un interesante libro pero no me convencieron sus matemáticas. De aquel análisis me quedó sin embargo una idea que me pareció correcta. Que una negociación en un conflicto como el nuestro tiene más posibilidad de concluir con éxito si el grupo terrorista toma la iniciativa.

Siempre he creído algo que parece llevar la contraria a ese argumento. Que si un proceso de paz podía desembocar en algo positivo debía partir de los gobiernos- del vasco y del español conjuntamente- y que debían mantener siempre la iniciativa. No es en mi juicio contradictorio, porque yo creía- no sé si merece ya la pena pensar sobre estas cosas- que esa sería la manera adecuada de acotar exactamente el terreno que los otros debían penetrar, el de la negociación con resultado predecible.

Esas son cuestiones relacionadas con las ideas políticas y sociales, con el lenguaje. Todas ellas por supuesto relacionadas con la lógica. Pero no me parece que los números y los gráficos utilizados de esta manera ofrecen cosas interesantes.

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He pasado ya unos cuantos días sin decirles qué importante soy. Voy a recordárselo.

El último número de Foreign Policy, revista bimensual americana dedicada al análisis de la sociedad global, incluye una lista de las cien personas con más influencia intelectual en el mundo. Ben Bernanke, Barack Obama, Zahra Rahnavard, encabezan la lista.

Les preguntan qué libros están leyendo y la revista publica la Selección de Libros de los Pensadores Globales, los manuscritos que leen los más enterados del universo. ¿Adivinan ya la inminente vanagloria?

La respuesta era sencilla para quienes suben a este globo regularmente con ánimo de vuelo, fraternidad y chanza. Talking to Terrorists: Making Peace in Northern Ireland and the Basque Country, el impenetrable tomo que escribí con John Bew y Martyn Frampton y que se publicó en primavera, está en la lista.

Está porque el número 44 en el orden de FP sobre los pensadores más influyentes del mundo, David Kilcullen, lo está leyendo o lo ha leído. Y lo recomienda.

Kilcullen es un teniente coronel del ejército australiano que ha asesorado al de Estados Unidos en las guerras de Irak y Afganistán. Fue miembro del grupo asesor del general Petraeus que diseñó la estrategia del surge, el gran empuje militar de 2007, y pacto con las estructuras locales, que puso fin a la guerra en Irak.

Se le atribuye una descripción de la invasión que comparto en todos sus términos: "fucking stupid" . Él se ha desentendido del primer adjetivo, pero ha reivindicado el segundo como su posición conocida. "La invasión fue la idea más estúpida, un error estratégico de extrema gravedad", es la cita que refleja correctamente su pensamiento. Pero se implicó hondamente en el diseño de una solución en el campo de batalla y en la elaboración intelectual de una estrategia para que Al Qaeda no ganase esa guerra.

Es miembro de CNAS, el 'think-tank' de Washington que ha ganado notoriedad en los últimos años y que ha provisto algunos asesores destacados a la administración de Obama. Otros lo tildan de 'neo-con'.

Me identifico con esa ambigüedad política y me honra que le haya gustado el libro a alguien que viene de ese territorio en Estados Unidos. Los problemas, si lo son, requieren soluciones siempre complejas que, si quieren ser viables, han de operar sobre una realidad que incluye las divisiones ideológicas, que afortunadamente existen y afortunadamente existirán allí donde hay libertad.

Es casi siempre interesante leer a quienes adoptan una posición individualista bien investigada y razonada sobre algún problema, aunque se escriba sin afán de viabilidad política. Entre nosotros, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Aranzadi o Antón Uriarte me parecen en ese sentido admirables. Lo extemporáneo se ha convertido a menudo con el paso del tiempo en lo comúnmente aceptado. Pero casi nunca me parecen interesantes los argumentos de quienes aplican a cualquier problema la plantilla de sus prejuicios partidistas.

Kilcullen es un militar que acentúa la importancia del análisis económico, social, cultural, de los conflictos. En CNAS intentan estudiar los problemas de seguridad mediante la colaboración de militares y civiles, otro bien de su trabajo.

He encontrado esta conferencia reciente en la que ofreció análisis e informaciones que me parecen fascinantes sobre las guerras en Irak y Afganistán.

Él nos recomienda, yo lo recomiendo; el manido pasteleo, oigan. La distancia les evitan en este caso abrazos ridículos, palmadas muy sentidas en la espalda, la harto empalagosa camaradería del mutuo halago. Que por alguna salutífera perversión que engendré en mi infancia asocio siempre a la Falange. Pero que debe ser una cosa más general, porque sigue y sigue.

David Kilcullen. Autor de 'The accidental guerrilla'.

Enjoy the weekend.

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Tras publicar críticas a la política, debo puntualizar.

Una cosa es la política en países donde no existe libertad y los ciuadanos no pueden expresarse y organizarse- Birmania o Cuba- y otra la nuestra.

Una vez, cubría unas elecciones en un barrio duro de Dublín y vi que se acercaba al colegio electoral un hombre joven, con una chupa de cuero y el aire de vivir al margen de aquellas cosas.

Me acerqué simulando simpatía- artesanía básica del periodista- y le hice una pregunta en la que se suponía lo superfluo de todo aquello. Nada de esto es superfluo, me respondió, hay gente en el mundo que muere o es encarcelada porque quiere lograr el derecho a hacer lo que yo voy a hacer. Fue una lección que no olvidaré jamás.

Pero la política de partidos en los países democráticos occidentales ha perdido relevancia porque los partidos se asemejan. Basta ver lo que ha ocurrido con la crisis reciente. ¿Qué gobernante detuvo la deriva del delirio financiero o de la especulación inmobiliaria? Ninguno.

Ni en Estados Unidos, donde Bill Clinton mantuvo al otrora heroico presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quien nombró su George Bush padre, a quien mantuvo George Bush hijo.

Ni en Reino Unido, donde Gordon Brown pide un mercado con moral ahora tras celebrar, días antes del gran colapso, la edad de oro de la City.

Ni en España, donde creció la burbuja inmobiliaria con sucesivos gobiernos.

Pero hay diferencias. Y la política nos afecta. El mayor reproche que se puede hacer a las castas burocráticas que disputan el poder- un primer mandato popular, un segundo fatigoso a la espera del relevo, un tercero que, si se da, ya es hastío, ése ya es el ciclo universal- es que su prioridad es el corto plazo, la reelección. Pero nuestras necesidades no se definen en plazos de cuatro o cinco años. Juan, que suele caer por aquí de vez en cuando, ha convertido este argumento en uno de sus mantras. Es un buen argumento.

Hay otra política, la del largo plazo, que Amartya Sen expone aquí de manera admirable.

Cuando el entrevistador le pregunta por su carrera académica, él responde que su vida ha estado marcada también por la acción, por ejemplo a través de su papel en Oxfam. Cuando le pregunta por la amplitud de sus intereses académicos, por su cruce de los límites en la clasificación de su disciplina, él responde que simplemente ha entendido su disciplina, la economía, la filosofía política, en un sentido amplio.

Esto es política grande. Hay otros, pero este Sen que es Premio Nobel de Economía y que, en su último libro, analiza la dialéctica entre la justicia como institución y la de la conducta individual justa, manifiesta aquí su creencia en el razonamiento público. Eso a mí siempre me ha parecido apasionante.

Sobre la relación entre poder y reducción de las opciones y de la información, Sen dice, respondiendo a una pregunta magníficamente formulada, que es totalmente equivocado creer que, si no tienes poder, no puedes tener influencia. También defiende la importancia de cómo se articulan las ideas en ese poder que nos parece tan a menudo irrelevante o estéril. O de la libertad para tener un buen servicio público de salud.

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Mientras escuchaba al líder en la cámara hueca donde resuenan las invocaciones a la patria y las grandes ideas, en este tinglado innecesario que confunde las escalas, pensé otra vez que éramos cuatro y el inevitable tambor quienes escuchábamos.

Esta política es un mal teatro. Cómo puede alguien aún ponerse en pie, aplaudir y vibrar ante el líder, que nunca habla en voz baja. Hombres tan ridículos. Lo menudo es lo interesante. Y esta vanagloria de partidos y proclamas para ser consumida en televisores sin zapping parece cosa de siglos pasados. Los rayos catódicos antes deslumbraron y ahora ya sólo desvelan el esqueleto de la farsa.

Príncipe de Aquitania, en su torre abolida. Jaime Gil de Biedma.

Una clara conciencia de lo que ha perdido,
es lo que le consuela. Se levanta
cada mañana a fallecer, discurre por estancias
en donde sórdamente duele el tiempo
que se detuvo, la herida mal cerrada.
Dura en ningún lugar este otro mundo,
y vuelve por la noche en las paradas
del sueño fatigoso... Reino suyo
dorado, cuántas veces
por él pregunta en la mitad del día,
con el temor de olvidar algo!
Las horas, largo viaje desabrido.
La historia es un instante preferido,
un tesoro en imágenes, que él guarda
para su necesaria consulta con la muerte.
Y el final de la historia es esta pausa.

John Prine y otros. That's the way the world goes around.

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Dicen que hoy se cumple el plazo para el acuerdo entre Prisa e Imagina, el consorcio formado por Mediapro y Grupo Árbol. Ahora que la política es, en casi todos los países desarrollados, una contienda entre alianzas político-empresariales-mediáticas, lo que se cuece en nuestro pacto de la pela- los derechos del fútbol, quién lo iba a decir- y del poder, de Zapatero y los demás, es... Se lo digo sinceramente: si no ha seguido esto, no se ha enterado de mucho en la política española de los últimos años.

Y avanzando hacia el corazón de las tinieblas, ¿qué encuentra usted? No encuentra a Kurtz, la deidad exótica e ida de Joseph Conrad, que ya no podemos separar de la cabeza rapada y cúbica del extraordinario Marlon Brando en el apocalipsis ahora de Ford Coppola. This was the end of the river all right.

Encontrará a un inglés menudo y judío, que alguna vez debió decir que la receta de la vida es "actuar británico, pensar yidis". Encontrará a Sir Martin Sorrell, que es un accionista importante de Mediapro.

Lo es su compañía, WPP. Pero, para hacerse una idea de qué es eso, hay, como siempre, que conocer un poco de la historia.

Sorrell era el director financiero de la compañía publicitaria que definió la década de los ochenta aquí y quizás allende los mares, Saatchi & Saatchi. Inventaron el eslogan que fue tan efectivo contra los laboristas en 1979, el que llevó a Margaret Thatcher al poder. Aquí abajo.


Tengo que interrumpir la emisión. De todos los ínclitos de esa agencia mi preferido es Tim Bell, fiel, romántico, golfo, carcamal, creativo.

Sigamos. Sorrell era el del dinero. Se marchó y compró unas acciones en una empresa desconocida, WPP, que fabricaba cestos con alambre. Hoy es luna de las mayores empresas mediáticas del mundo. El gran comprador de espacios publicitarios, el gestor de una enorme red de agencias de publicidad. Y de consultoría de imagen, de comunicación, de marketing,...

Su sistema es aparentemente simple. Un gran cerebro financiero en el corazón de la empresa, que libera a las subisidiarias de pensar en números para concentrarse en la creatividad.

Compartí conversación con Sorrell hace unos días con un grupo de corresponsales extranjeros en Londres. Es impresionante y picajoso. A un colega francés, un joven periodista como mandan los cánones- serio en la documentación y la búsqueda, distante de todo poder real, buena persona- le dio un revolcón público porque osó preguntarle sobre las disputas en la compañía sobre su papel supremo y los planes sucesorios. El narcisismo explotó. Fue lo más humano de la mañana.

Lo demás fue un espectáculo. Este ejecutivo que predice que los brotes verdes de la recuperación- eso de los brotes verses también es británico, otro día quizás más- están en los BRIC y que de aquí saldremos con menos medios escritos en papel que los que estamos, otea el horizonte del mundo entero con una precisión de cifras y análisis que sobrecoge.

Bestia numérica y estructural, Sorrell no es un manirroto. Decía por ejemplo que el desarrollo de las comunicaciones permite ahorrar mucho en aviones. Y eso lo disfraza de ecológico, que tan bien viste. La videoconferencia como amenaza letal a los superfluos billetes en primera clase en avión de tantos ejecutivos.

La compañía de la que fue director financiero hizo aquella campaña para Thatcher. La empresa que creó de la nada hizo la campaña para la reelección de Robert Mugabe. Y ahora está en el corazón de la tragicomedia socialdemócrata española.

Enjoy the weekend.

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Buscaba ayer información adicional sobre la detención de un presunto miembro del IRA Auténtico que ha sido acusado de participar en el asesinato de dos soldados, el pasado marzo, y acabé en la página de 'The Blanket', la manta, una publicación animada por Anthony McIntyre, que fue miembro del IRA.

La revista ha cerrado. Su director y colaboradores habituales la despiden como un foro abierto de 'republicanismo democrático'. Se quejaban habitualmente de que el Sinn Fein de Gerry Adams se ha convertido en una maquinaria política que ahoga toda discusión real, porque su estrategia se ha demostrado tan errada que debe surprimir las voces de quienes señalan que el rey está desnudo.

Que el Sinn Fein opera internamente con una disciplina estricta es indudable. Vienen del mundo paramilitar, donde los generales ordenan.

El fracaso del afán de unificar la isla de Irlanda es también evidente. En el norte, su éxito electoral consiste en haberse convertido en el partido nacionalista más votado. Y eso les da el derecho de compartir gobierno con los unionistas más recalcitrantes, los del DUP de Ian Paisley.

Adams decía que el IRA ya no era necesario porque sus logros en el proceso de paz darían éxito electoral al Sinn Fein también en el Parlamento de Dublín. Si se metían en el gobierno del sur y en el del norte, podrían impulsar las instituciones mixtas diseñadas en el Acuerdo de Viernes Santo y el principal protagonista de ese impulso sería el más viejo partido irlandés, el Sinn Fein, el único con pie en ambos gobiernos. Así funcionaría el motor de la unificación.

Pero los electores de la república irlandesa siguen votando por sus partidos tradicionales. El Sinn Fein fracasa en el sur y pierde militantes. Y el viejo IRA simplemente administra la provincia británica que intentó destruir.

McIntyre y otros señalaban desde hace una década que la estrategia de Adams no llevaría a la unidad irandesa y tenían como inspiración, amigo y héroe a Brendan Hughes, 'El Moreno', que murió el año pasado, antes de cumplir sesenta.

Hughes fue el jefe del IRA en Belfast cuando Adams era su íntimo colaborador. Compartieron detenciones y torturas y ocuparon en la cárcel una celda que los presos llamaban "el ala de los generales".

El historial aventurero y mortífero de 'El Moreno' fue extraordinario. Podría ser descrito como uno de los más hábiles y tenaces militantes del terrorismo irlandés. Una vez leí su relato de cuando, recién salido de la cárcel, dirigía el IRA mientras se hacía pasar por representante de juguetes y vivía en un piso en el barrio de Malone, un agradable distrito de clase media- entonces predominantemente protestante- en el sur de Belfast.

Hughes debió tener algunas relaciones con ETA y dio en Bilbao una rueda de prensa, en 1990, pidiendo amnistía para los presos de ETA. Criticó el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Porque no llevaba a ninguna parte.

Pero su crítica era más atractiva en lo más básico. Se quejaba de que, cuando salió de la cárcel, constructores asociados con gente del IRA le pagaban cuatro pesetas por su trabajo en las obras. Denunciaba la corrupción de los dirigentes, a los que acusaba de moverse por el llamamiento del poder y del dinero. Sentía aún empatía humana por Adams. Sufrir juntos la tortura, confiar en el camarada de la conspiración mortal, sella pactos que la polìtica no puede quebrar totalmente.

Hughes también acusaba a los dirigentes del Sinn Fein de mentir, de embaucar a la clase obrera republicana- a la que pertenecía y quería representar- traicionando la ambición de una república socialista que uniese a los proletarios republicanos y lealistas.

Acuñó así hasta su muerte, causada en parte por los daños sufridos en huelgas de hambre, la imagen del hombre honesto, de quien no se vendió por un plato de lentejas.

Me parece memorable su respuesta a Bernardette McAliskey- a quien en nuestra juventud conocimos con su apellido de soltera, Devlin-, que afirmó en un documental de la BBC que ella hubiese dejado morir al preso Sean McKenna, en la primera gran huelga de hambre de los presos del IRA, porque eso hubiese favorecido la estrategia republicana.

Hughes era el jefe militar de los presos en la cárcel de Maze y había prometido a McKenna que, si entraba en coma, no le dejaría morir. Replicó a Devlin que las consideraciones éticas del caso eran muy superiores a las políticas. Hughes abortó la huelga y McKenna sobrevivió.

Inició la huelga contra los deseos del Consejo Militar del IRA. Y, tras la derrota, fue reemplazado en la jefatura de los presos por Bobby Sands, que lideró la segunda huelga, que acabó con la muerte de diez presos.

Esa trayectoria dolida y honesta inspiraba simpatía. Escribía algo que han escrito muchos: "¿Todo aquello para qué?". Sí, ¿para qué 3.500 muertos? ¿para aceptar lo que podría haberse conseguido pacíficamente? ¿tánta muerte y sufrimiento para que un tipo del Sinn Fein sea ministro en provincias?

Hugues y McIntyre eran cotizados como voces críticas con el Sinn Fein-IRA de Adams y no apoyaban a los grupos disidentes aún empeñados en seguir con el terrorismo. Aunque en su exigencia de debate incluían voces próximas a ellos.

No me gustó nunca su disidencia. El IRA ha tenido disidentes más interesantes. Como Shane O'Doherty, que publicó un libro admirable, 'The Volunteer', en el que describe cómo durante su estancia en la cárcel se arrepintió de su vida militante, que ahora contemplaba como inmoral. O Sean O'Callaghan, quien, también arrepentido de su participación en un asesinato, ingresó de nuevo en el IRA para informar a la policía y contribuir a su destrucción. Publicó 'The Informer'.

Una vez, McIntyre me dijo que fue simpatizante de ETA pero que el asesinato de 'Yoyes' le hizo cambiar de opinión. La explicación es deprimente.

La admiración que sienten algunas personas por McIntyre y especialmente por Brendan Hughes me recuerda al Jorge Semprún de la 'Autobiografía de Federico Sánchez', un relato detallado de su militancia y abandono del Partido Comunista de España.

Semprún es tan honesto en su memoria que incluye un poema que escribió ante la muerte de Stalin. No es romántico sobre su pasado, no lo reviste con galas. Recuerda las hondas complicidades humanas que se forjan entre los clandestinos- Simón Sánchez Montero, of course- pero no intenta defender su política.

Aunque no tengo el libro aquí, recuerdo su relato de la última reunión del Comité Central en la que fue expulsado. Recuerdo sus sentimientos de mayor simpatía por Dolores Ibarruri, que votaría indefectiblemente por aquello que fuera a decidirse allí, que por Santiago Carrillo, cuya deriva creía más inteligente, pero al que contemplaba como el político sin principios que operaba en las tinieblas y mediante sucias maniobras.

Todo lo absoluto pertenece a la patología, escribió Nietzsche. Pero a los humanos nos atraen las aspiraciones risibles de la perfección social y politica, de la absoluta honestidad o dignidad.

Siento simpatía humana por los autores de 'The Blanket', pero su desaparición no me parece una pérdida notable para el desarrollo de las ideas en Irlanda.

Enjoy the weekend.

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Hace unas semanas les conté que Carol Ann Duffy era la primera mujer Poeta Laureada. Ahora, ha publicado sus primeros versos en ese rol. Y, como pueden ver en mi traducción- las correcciones son bienvenidas-, ha lanzado un puñetazo al hígado de la política, ahora tan desacreditada en Reino Unido.

El verso antepenúltimo contiene aquel 'educación, educación, educación' que fue lema de Tony Blair en 1997. El último menciona la 'brújula moral' que Gordon Brown suele invocar. Hay justa rabia y aciertos, pero quizás pudo pulirlo más.

POLÍTICA

Cómo hace de tu rostro una roca

a la que las lágrimas duelen, de tu corazón un puño,

cerrado o latente, que suda sangre, de tu lengua

un cerrojo de hierro sin puerta. Cómo hace de tu mano derecha

un desafío, de tu izquierda una marioneta de guante, de tu risa

una hoja seca que vuela el viento, de tu música preferida

un disco rallado, hace de las palabras en tus labios un dado

que nunca cae en el seis. Cómo te corta

la respiración, el pis, hace de tu beso una moneda perdida,

hace de tus promesas latín, galimatías, contexto, estático,

de tu pelo una peluca, de tu andar la tortura del tablón. Cómo dice esto-

política- a tu educación, educación, educación; grita esto-

¡Política!- a tu salud y riqueza; cómo ruge, a tu

conciencia brújula moral verdad, POLÍTICA POLÍTICA POLÍTICA.

La versión original en inglés:

How it makes of your face a stone
that aches to weep, of your heart a fist,
clenched or thumping, sweating blood, of your tongue
an iron latch with no door. How it makes of your right hand
a gauntlet, a glove-puppet of the left, of your laugh
a dry leaf blowing in the wind, of your desert island discs
hiss hiss hiss, makes of the words on your lips dice
that can throw no six. How it takes
the breath away, the piss, makes of your kiss a dropped pound coin,
makes of your promises latin, gibberish, feedback, static,
of your hair a wig, of your gait a plankwalk. How it says this–
politics – to your education education education; shouts this
– Politics! – to your health and wealth; how it roars, to your
conscience moral compass truth, POLITICS POLITICS POLITICS.



Este fin de semana ha regresado Blur. Nunca fui un seguidor, pero, cuando suena 'Song 2 ' en la radio, subo el volumen.


Una vez leí que sir Harold Evans , que es votado regularmente como el mejor director británico de periódicos por quienes ejercen la profesión ahora y le recuerdan al frente de 'The Sunday Times', había dicho algo así: "Me horroriza pensar en el número de noticias que se han perdido porque el periodista, en vez de escuchar, estaba hablando". Es gracioso. Y es verdad.

Quizás el mejor periodista con el que he trabajado es Carl Shoettler, del Baltimore Sun. Viajamos juntos alguna vez y compartimos entrevistas. Trabajar con alguien que no es de tu país es una buena manera para un corresponsal de sumar esfuerzos y evitar las reservas inevitables cuando se comparten espacios con colegas de la competencia.

Cuando escuchaba las grabaciones de nuestras entrevistas solía avergonzarme. Yo hablaba más y tendía hacia el diálogo abstracto con el interlocutor- la influencia franchute en el periodismo español, tan cultivador de ideas y temas en vez de noticias y buenas historias-, pero admiraba después la voz de Carl identificando anécdotas que podían desovillarse. Y luego salía como un volcán de su habitación en el hotel porque había encontrado la frase para asociar a Ian Paisley con el capitán Ahab, de Moby Dick. Un gran tipo, ocupado exclusivamente en lo esencial de este oficio.

El mejor periodista español que he conocido es José Martí Gómez, otro reportero silencioso. Asistía con simulado interés a las justas retóricas de colegas más inexpertos y, tras la paciente espera, preguntaba sobre algo concreto, aparentemente minúsculo, y deslumbrante.

Todo esto para decirles que al fin han logrado callarme. El miércoles, habrá una presentación y un debate sobre el libro Talking to Terrorists, Making Peace in Northern Ireland and the Basque Country, del que soy coautor con John Bew y Martyn Frampton. La cosa, en la Committee Room 5 de la Cámara de los Comunes, está patrocinada por el diputado John Spellar y la Henry Jackson Society, a la que están ligados John y Martyn. Si los londinenses que suben a este globo padecen algún tipo de enajenación mental y quieren acudir, han de seguir los pasos que se explican aquí. El acto promete, porque yo no hablaré.

Todos mis seguidores- mmmmmmuá- en Belfast pueden acudir el jueves, a las cinco de la tarde, la hora lorquiana en la que las heridas quemaban como soles y el gentío rompía las ventanas, a la presentación del arriba mencionado y ya glorioso tomo en la librería de la Universidad Queen's. Este acto promete aún más, porque, con la tarea que tengo en Londres, no podré acudir.

El libro ha tenido por el momento un par de buenas críticas. Una y dos.

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El otro día acudí a una cita en la London School of Economics, que tiene una reputación por haber sido un hervidero de política radical. Fue fundada por socialistas fabianos, pero creo que la reputación reciente se basa en que la escuela fue tomada por los estudiantes en el 1968 inglés, más leve que el de París.

El dramaturgo Tom Stoppard, de familia checa, lo calificó alguna vez como algo parecido a las fiestas romanas conocidas como saturnales. Un año después de la revuelta estudiantil de la LSE, se jubilaba el creador de su departamento de filosofía, Karl Popper. Quizás ese dato sirva para mostrar que la LSE nunca fue tan radical como se pretende.

Cogí un ejemplar de The Beaver, la revista que edita el sindicato de estudiantes, que en su último número publica un interesante y divertido sondeo sobre las opiniones de los alumnos.

El 48% dice que no se considera activista político, pero participa en cosas que le interesan. El 40% dice que no es activista político en absoluto. Y el 12% que sí, que es muy activista y muy político.

Me parece interesante el aparente derrape en la correlación entre las ideas políticas y económicas de los estudiantes.

Política: 20% izquierdista, 39% izquierda del centro, 15% centrista, 12% derecha del centro, 3% derechista, 6% no está seguro, 4%, otros.

Economía: 12% izquierdista, socialista, comunista, 30% izquierda del centro, 16% centrista, 22% derecha del centro, 13% derecha-capitalista del mercado, 5% no está seguro, 2% otros.

El mundo está abierto para los que rechazan el maniqueísmo y la truculencia.

Estas son otras respuestas, sobre cuestiones más fundamentales:

Primera. Coldplay son:

1. El equivalente musical de ser atropellado por un tren y luego comido por gusanos que no tienen hambre, 21%

2. Casi música, 17%.

3. Casi tan buenos como Keane, 9%.

4. La banda más inspirada de nuestro tiempo, 7%.

5. Travis, 5%.

Segunda. La libertad es...

1. Sobrevalorada, 16%.

2. Algo sobre lo que a Isaiah Berlin le encantaba escribir, 16%.

3. No ponerse sujetador, 13%.

4. Vivir tan lejos de tus padres como sea posible, 10%.

5. Un producto para el acné, 4%.

Tercera. ¿Cual de los siguientes describe tu peor día?

1. Ser atacado por niños en un autobús, 22%.

2. Desarrollar una adicción por el crack, 20%.

3. Perder un sandwich, 9%.

4. Ser excomulgado, 6%.

5. Hablar con tus padres, 3%.

Éste es un video de un estudiante o intruso merodeando por el campus de la LSE.

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asier ayales recordaba el otro día en un comentario a mis noticias desde Reikiavik la decisión del Gobierno británico de requisar fondos de las sucursales de bancos islandeses en Reino Unido.

Y añadía: "Me gustaría que comentaras qué opinas del hecho de que el gobierno británico haya aplicado la ley antiterrorista a Islandia para salvar sus intereses (y, por qué no decirlo, su dinero). ¿Debido a esto los ciudadanos islandeses también serán considerados terroristas? ¿Podrán salir al extranjero sin ser detenidos? Lo absurdo ha llegado al paroxismo".

Lo absurdo ronda realmente nuestras vidas con frecuencia y este episodio es una buena prueba. Desmontemos las piezas para hallarlo en el interior del enredo.

En diciembre de 2001, semanas después del horror de las Torres Gemelas, el parlamento británico renovó la ley Antiterrorista, que se suele reformar anualmente y que esa vez, dadas las circunstancias, tenía más provisiones que lo habitual. Políticos de la oposición liberal-demócrata reprocharon al Gobierno que incluyese en la nueva ley apartados que no se referían al terrorismo. El Gobierno de Tony Blair y su aplastante mayoría no les hizo caso.

Un día intentaré encontrar estadísticas que tuve una vez en mis manos sobre la diferencia entre el número de leyes que aprobaban los gobiernos hace medio siglo y el de ahora. Vivimos la era de los bonos basura, de la televisión basura y también de la legislación basura. No paramos, oiga. ¡Yo mismo tengo un blog!

La imagen de arriba es del apartado segundo de aquella ley. La Hacienda, según 2.4.2.a., 2.4.2.b. y 2.4.3.a., adquiere el poder de congelar fondos si cree que las acciones de una o varias personas o de un Gobierno pueden perjudicar la economía del país o a la vida o bienes de ciudadanos británicos. No hay ninguna mención al terrorismo.

La Hacienda británica recurrió a este apartado tras una conversación telefónica entre el ministro, Alistair Darling, y su colega islandés, Árni M. Mathiesen. Si pinchan aquí, pueden leer una transcripción, publicada en Islandia, de la conversación de ambos ministros.

La chapucera ley Antiterrorista da esos poderes al Gobierno, pero no convierte en sospechoso de terrorismo a la persona o entidad a la que se le aplica.

Esto es así de aburrido, pero los medios prefirieron publicar la noticia con titulares más picantes, que se referían a la ley Antiterrorista. Por oportunismo comercial; lo que se suele llamar sensacionalismo. Les costará creerlo, pero ocurre a menudo y en las mejores familias.

El Gobierno islandés estudia una denuncia contra Londres ante los tribunales, que imagino que se basará contra el fundamento legal de la requisa. Y en los supermercados de Reikiavik se recogen firmas para esta campaña.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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