Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Ante una sala repleta de estudiantes se sentaban juntos por primera vez, en el King's College, Brendan Duddy y Michael Oatley. El primero era 'El Contacto' de los servicios británicos de inteligencia, un empresario de Derry, o Londonderry, de ideología nacionalista pero partidario de la política pacífica. El segundo actuaba, con relativa autonomía, como el enviado en Irlanda del Norte del británico Servicio Secreto de Inteligencia, o MI6.
Libros y periódicos los han presentado con frecuencia como urdidores importantes, si no decisivos, del proceso de paz. Su testimonio así quería confirmarlo. A través de ese canal, el servicio secreto entabló un diálogo indirecto con el líder del IRA, Martin McGuinness.
Hasta que, en diciembre de 1993, en vísperas de la Declaración de Downing Street, se filtró a la prensa la existencia de un diálogo entre el Gobierno y el IRA y el canal de comunicación- en el que ya no estaba Oatley, jubilado, sino 'Fred', cuya identidad no ha sido desvelada- fue cerrado.
Creo que en un libro que publiqué en 1998, El Modelo Irlandés, fui más lejos que otros en analizar la continuidad entre los documentos conocidos de aquel diálogo secreto y lo que ocurrió después. Con ese aval tan poco fiable que me doy a mí mismo, añado que el diálogo secreto no sirvió para nada. Las cosas secretas tienen el prestigio que pierden inevitablemente quienes hacen su trabajo cara al público. Eso es todo.
No voy a aburrirles con los detalles, pero les diré que aquel diálogo confluyó, en la primavera de 1993, en una propuesta de negociación del IRA con John Major que los miembros más sensatos del Gabinete abortaron. En el Ejecutivo de Major había patéticos postulantes de líneas duras, pero creo que la influencia decisiva en esa decisión fue la de un ministro que no cultiva el exhibicionismo de las posiciones duras o blandas, Ken Clarke.
Duddy remachó en la charla del otro día la importancia de su tarea; Oatley explicó que en enero estuvo en Líbano hablando con Hizbolá y Hamas. Es la deriva de Irlanda del Norte como plantilla para la resolución de conflictos.
Los amigos que me invitaron a la charla suelen criticar el papel de esos intermediarios, porque creen, en eso estoy de acuerdo, que la política de verdad, la importante, es la política de masas, la que mueve los sentimientos y la conciencia de grandes grupos sociales.

En esta foto, sentados en la parte más alejada, están dos actores, estos sí fundamentales, en el inicio del proceso de paz, John Major y Martin Mansergh.
Y mis amigos dicen también ocasionalmente que esos intermediarios en sus canales secretos perjudican más que benefician, porque fomentan la confusión.
Mis argumentos buscan con frecuencia, mero vicio, la paradoja y por eso, con justificable frecuencia, la gente no me hace caso, porque creen que siempre hablo en broma.
Hace unos años, no sé si también ahora, visitaba el País Vasco con frecuencia un sacerdote redentorista, Alec Reid, que compuso una de las imágenes más emotivas que he visto en Irlanda. Él, cura católico y nacionalista, intentó evitar la muerte de dos soldados británicos que, como consecuencia de su propio error en conducir su coche al aeropuerto, fueron atrapados en un cortejo fúnebre por un miembro del IRA, que recorría el oeste de Belfast. De su brutal linchamiento fui testigo horrorizado, pero no de su asesinato, unas calles más abajo. Reid acudió allí y arrodillado rezó- su vocación- por los soldados.
La foto es de David Cairns. Disculpen que la publique aquí, pero estamos hablando de estas cosas.
Un día entrevisté a Reid antes de que volara hacia Bilbao. Resintió la agresividad de mis preguntas y me dijo algo así: "A mí también me molestaban los mediadores extranjeros que venían a Irlanda del Norte y no entendían los matices de nuestra situación".
No sé si ésa era la razón de mi supuesta agresividad. El cura Reid no me cae mal, aunque me pareciese entonces que no tenía mucha idea de nuestros problemas. Para empezar, los mediadores que van al País Vasco no suelen conocer ninguna de nuestras lenguas. Y eso lo dice ya casi todo.
Me han contado, no sé si es cierto, que, en el último intento de salvar el proceso de paz en 2007, cuando se sentaron en Ginebra socialistas y batasunos- creo que también estaba ETA-, los mediadores internacionales decidieron presentar, cuando vieron que aquello colapsaba, sus propias propuestas de compromiso. Y que quienes estaban allí cayeron entonces en la cuenta de que los mediadores no habían entendido nada. Tiendo a creérmelo.
De sus propuestas no debe esperarse nada, pero no comparto la opinión negativa sobre la confusión que crean en sus contactos y entrevistas con los grupos violentos.
Decía a mis amigos- uno de ellos hizo bastante más por el buen resultado del proceso de paz que estos intermediarios secretos- que, para comprobar la veracidad de esa hipótesis, sería quizás legítimo recurrir a un método común en las ciencias merecedoras de ese nombre, las que se basan en el empirismo. Para observar los efectos de un fenómeno se recurre a menudo, tras analizarlo en pequeña escala, a ampliar la dosis.
Cien, doscientos, mil quinientos curas y mediadores a la irlandesa, todos ellos cargados de buenas intenciones y hablando lenguas extranjeras, caerían en mi experimento sobre quienes quieren entre nosotros mediación. No pongo en duda que extenderían confusión, pero si algo caracteriza a esos grupos es la siniestra nitidez de sus creencias. ¿Efectos negativos? Mmmm...
Cuando llego a esta casi conclusión, noto que interlocutores con esa deformación del alma que se conoce como sentido del Estado han dejado de escucharme hace ya un buen rato. Cuando expuse mi hipótesis a los amigos con los que había escuchado el farragoso sinsentido de Duddy y Oatley, hubo risas.
Se rieron porque ya compartía con ellos un conocimiento previo: el proceso de paz en Irlanda empezó precisamente en el momento en el que se cerraron los canales secretos y se despidió a los intermediarios.
Presentamos ayer el libro en una sala de comité de la Cámara de los Comunes. Algunos diputados y lores, diplomáticos, gente de think-tanks, universitarios, la sala llena...y Lourdes Gómez, la excelente corresponsal en Londres de este periódico durante unos cuantos años, más tarde de El País, ahora de Público...
Al terminar el acto, comentaba con John Bew y Martyn Frampton, mis coautores, que algunas preguntas revelaron que un sector del público nos consideraba unos 'hard-liners', gente de la línea dura. No sólo la pretensión de pasar por gente dura por tres tipos que escriben libritos me parecería ridícula, cuando hay gente que se juega la vida en estas batallas. Es que además no es cierto.
Las preguntas que revelaban esa percepción se basaban, por gente que muy cordialmente advertía que aún no ha leído el libro, en sus deducciones sobre lo que dijeron John y Martyn en la introducción.
El primero explicó que, en el capítulo sobre Irlanda del Norte, dos tercios del tronco principal, se intenta mostrar algo que subrayamos en las conclusiones. Que muchos entre quienes quieren convertir el proceso de paz en Irlanda del Norte en un modelo a seguir para la resolución de guerras de tipo terrorista en otras partes del mundo no sólo caen en el error de las analogías, que nunca funcionan en la vida real, sino que ofrecen una versión mal fundada sobre lo ocurrido allí.
Esa gente, cuya buena intención nadie pone en duda, ha creado un paradigma del proceso de paz que dice que todas las iniciativas fracasaron hasta que los gobiernos decidieron entablar un diálogo sin condiciones e incluyente.
Lo que John y Martyn muestran en su investigación- muy trabajada- de lo ocurrido en Irlanda del Norte es que el diálogo final, además de iniciarse con condiciones, es una conclusión de una historia más larga y que hay que observar el conjunto para entender también las partes.
En ese sentido, no se puede entender la decisión de Sinn Fein-IRA de avanzar hacia una negociación, cuyo resultado es que no consiguen ninguno de los grandes objetivos programáticos del grupo, sin anotar el éxito de las fuerzas de seguridad británicas en mermar de modo posiblemente definitivo la capacidad del IRA de organizar campañas sostenidas.
No es, como verán, una narración prescriptiva, sino un intento de contar lo que mis coautores, insisto en que están muy bien documentados, creen que realmente ocurrió, y que yo comparto con mi conocimiento más limitado.. Como decía Feijoo, un buen entendimiento, justo, cabal, claro, y perspicaz es quien constituye un buen crítico. Y, esto lo digo yo, estará mejor equipado para extraer las lecciones útiles de lo ocurrido en Irlanda.
Martyn dedicó su introducción a ilustrar, con el ejemplo irlandés, que la idea de que hablar con grupos terroristas es siempre bueno no está nada clara a la luz del análisis sobre la coincidencia de grandes atentados y campañas con intentos gubernamentales de dialogar con el IRA. Cuyos dirigentes pudieron llegar a la conclusión de que, aunque Londres les decía que no aceptaba sus propuestas- la retirada inmediata de la provincia, por ejemplo-, el mero hecho de que el gobierno mantenía la puerta abierta del diálogo era una señal de que con un empujón más podrían doblegarlo.
En la breve historia de ETA y de los diálogos y procesos en España, ofrecemos una visión descriptiva de esta misma faceta. Y, en la presentación del libro, hace unos días, respondí a una pregunta sobre esta cuestión recordando los años en los que, en el camino hacia 1992, el gobierno de Felipe González se empeñó, tras el fracaso de Argel, en reabrir contactos y diálogos con ETA, que perpetró, en fechas significativas en relación con lo que estaba ocurriendo en la trastienda del diálogo, algunos de sus atentados más crueles y siniestros.
Y también podría citarse el ejemplo de la campaña- todos los adjetivos ya han sido usados, me ahorro el esfuerzo- que ETA lanzó coincidiendo con el fracaso del Pacto de Lizarra/Estella.
Pero, como dicen los buenos científicos, 'correlation is not causality'. Que se pueda mostrar en un gráfico una correlación entre fechas y bombas no significa que las primeras sean causa de las últimas. Lo que decimos es: ahí está la correlación. Para invitar a quien esté interesado a sumarse a nuestro 'quizás'.
Me gusta algo que John Bew ha repetido unas cuantas veces cuando le preguntan por Oriente Próximo e Irlanda del Norte. Dice, en mi opinión con muy buen sentido, que el éxito del proceso de paz echó sus raíces en la estabilidad y el compromiso de los dos estados democráticos que se enfrentaban al problema. Lo mismo podría decirse de ETA, España y Francia. Y que eso no tiene analogía posible, a día de hoy, en el entorno de Israel y Palestina.
Y anoto que, sea en inglés o en castellano, no consigo que la gente me siga cuando expongo un argumento que he defendido desde hace años. Que la misma debilidad de ETA hace más difícil un proceso de paz, entendido como una negociación. El IRA, gracias a la sagacidad política de Gerry Adams y Martin McGuinness, fue capaz de montar un gran teatro de la rendición militar porque antes de dejar las armas podía vivir de la ilusión de su relativa fuerza. Pero ¿qué logro, qué ceremonia, puede imaginar una organización a la que le detienen tres jefes militares en cinco meses, por hablar sólo del tiempo reciente?
Esa paradoja me parece obvia y por eso creo, no sólo que es inconcebible un proceso a la irlandesa en España, sino que el beneficio de ese proceso- que ETA se disuelva y por tanto nuestros amenazados puedan al fin vivir libres de la amenaza- requeriría en nuestro caso una imaginación más osada. ¿Conocen a alguien en la izquierda patriótica vasca cuya imaginación les inspire optimismo?
La sala del comité daba al Támesis. Yo estaba sentado en el lado izquierdo de la mesa y no veía los rostros de quienes estaban de espaldas al ventanal neogótico. Eran siluetas negras, gruesas o enjutas, voces también góticas que venían de algún eco, testas enhiestas o que cabeceaban, sin que pudiera discernir si alguien lloraba o reía.
Por una extraordinaria coincidencia, entré en la sala tras cruzar el pasillo, porque, exactamente al otro lado, puerta contra puerta, asistí durante una hora, en el Consejo Privado- es decir, los Lores Jueces convertidos en máxima instancia judicial de los territorios dependientes de la Commonwealth-, a los debates que se desarrollaban sobre un asunto fascinante.
El Gobierno de Gibraltar destituyó al Chief Justice, la máxima autoridad judicial de su territorio. El abojado del juez destituído presentaba en aquel momento unos argumentos finísimos sobre las diferencias entre qué significa mal comportamiento y qué incapacidad en el ejercicio de un juez.
No se pierdan las crónicas que dos buenos periodistas y hospitalarios llanitos, Dominique Searle y Brian Reyes, publican sobre el apasionante caso en el que dicen que es el diario más antiguo de la Península, el Gibraltar Chronicle.
Entrevista con Jonathan Powell
Fotos de Ione Saizar
Jonathan Powell fue el jefe de gabinete de Tony Blair en sus últimos años como líder de la oposición y en todo su tiempo como primer ministro. Fue su mano derecha en el proceso de paz en Irlanda del Norte y el negociador directo con el Sinn Fein. Hijo de un militar, su hermano, Charles, fue el íntimo asesor de Margaret Thatcher en política exterior.
En abril del pasado año, coincidiendo con el décimo aniversario de la firma del Acuerdo de Viernes Santo, publicó ‘Great Hatred, Little Room. Making Peace in Northern Ireland’ (Grandes Odios, Poco Espacio, Hacer la Paz en Irlanda del Norte).
Powell reconoce en su libro que escribió los borradores de algunos comunicados del IRA y describe, entre otras cosas, sus incursiones en barrios republicanos para encontrarse secretamente con Gerry Adams o Martin McGuinness.
Aunque reacio inicialmente a dar entrevistas a la prensa vasca o española, un encuentro fortuito en una charla de Michael Burleigh con José María Aznar en el think tank Policy Exchange, me permitió acercarme a Jonathan Powell.

Publicamos en su día que Blair había ofrecido a José Luis Rodríguez Zapatero el contacto con Powell como vía para informarse sobre lo ocurrido en Irlanda del Norte. La entrevista se celebró, el pasado octubre, con la condición de que versase exclusivamente sobre Irlanda del Norte.
Jonathan Powell me dijo que su papel en el diálogo entre el Gobierno español y ETA fue asesorar al centro Henri Dunant sobre los detalles del proceso irlandés, cuando el instituto ginebrino ejerció el papel de facilitador.
Pero aceptó amablemente responder, en el comienzo de la entrevista, a la pregunta más larga que jamás he planteado a un interlocutor y que tenía relación con cosas vasco-españolas.
P. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero dijo, en una entrevista con El País, tras la declaración de alto el fuego de ETA, que Blair le había recomendado mantener siempre un canal de comunicación, como él había hecho, incluso después de la bomba en Canary Wharf. Aunque comete un error sobre las fechas de la historia, la declaración de Zapatero refleja una filosofía que confirmó después el socialista vasco Jesús Eguiguren, al decir que el Gobierno volvió a hablar con ETA, hace ahora dos años, tras la bomba en la T4, porque Tony Blair y Gerry Adams se lo recomendaron. Pero usted escribe en el libro que ni a Blair ni a usted les gustó que John Major hablase con el IRA tras la bomba en Canary Wharf. Y, luego, en las conclusiones, recomienda mantener el diálogo con los grupos terroristas. ¿Cómo casa todo esto?
R. Es una pregunta importante y la respuesta es complicada. Si tomamos primero el caso de Canary Wharf, un problema al negociar con estos grupos es que, si les das un mensaje de que, si regresan a la violencia, van a tener éxito, nunca dejarán la violencia. Tienes que dejarlo claro. Tanto Tony Blair como yo mismo lo dijimos explíticamente a Adams y McGuinness: si volvéis a Canary Wharf, no hablaremos nunca más con vosotros. Porque no puedes, como Gobierno democrático, negociar bajo la amenaza de violencia. Una vez dicho esto, el Gobierno británico estuvo en contacto con el IRA desde los años setenta hasta los años noventa. Mantener ese contacto durante todo ese tiempo facilitó el alto el fuego de 1994. Si no hubiese existido ese contacto secreto, no se ve cómo podría llegarse a la fase del alto el fuego. Por un lado, el Gobierno británico no podía ser visto hablando con un grupo terrorista que mataba a su gente. Por otro, el IRA no podía dejar la violencia si no veía que era posible una senda política. Y el canal secreto permitió a ambas partes llegar a un entendimiento. También cuando hablábamos con el Sinn Fein mientras estábamos en el Gobierno, hubo momentos difíciles. El partido Conservador pretendió que había un enfoque compartido, pero intentó complicarnos la vida. Por ejemplo, cuando el IRA rehusaba el decomiso de las armas, nos metieron mucha presión para parar la puesta en libertad de presos. O en el robo del Northern Bank. Era el mayor robo en la historia británica y sabíamos que era el IRA. Esa misma mañana había volado para verme con Gerry Adams y Martin McGuinness en un monasterio en Belfast Oeste y me informaron del robo al aterrizar. Era una situación muy difícil. Decidí ir al encuentro.
P. Es decir, que si el IRA hubiese matado en el robo de bancos o en otras acciones, ustedes hubiesen suspendido el proceso.
R. Hubiese sido muy difícil. Si colocan una bomba y matan a gente, como en Canary Wharf, creo que hubiésemos roto las negociaciones, aunque mantendríamos un contacto secreto con el IRA, esperando regresar al proceso. Pero no podrías seguir con esa negociación abierta y pública, porque estarías enviando el mensaje equivocado. El objetivo consistía en acabar con su estrategia dual desde los años ochenta, la urna en una mano y la metralleta en la otra. Teníamos que lograr que dejasen la metralleta. Si les permites eso, seguirán haciéndolo, porque les resulta mucho más fácil. Hay muchas áreas grises en todo esto, porque había palizas de castigo, expulsiones de gente de sus barrios e incluso en nuestro primeros meses mataron a dos policías. Nos aclararon que era un comando escindido, y nos aseguraron que no ocurriría de nuevo. Hay muchas áreas grises en todo esto. Los gobiernos tienen una papeleta difícil, pero es importante mantener ese contacto que, al principio, casi siempre va a ser secreto, mientras la violencia sigue. Pero creo que no hay que descartar el hablar con el grupo, porque estás cerrando la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz. Ésa es la razón por la que digo que ahora hay que hablar con el Talibán y con Al Qaida, si se puede.
P. Usted cree que Adams y McGuinness tenían dificultades para convencer al resto del IRA ¿Se basaba en la inteligencia secreta sobre el grupo o en lo que le decían?
R. En una combinación de las fuentes de información que teníamos y también en lo que nos decían, en cómo se comportaban. Llegamos a un mutuo entendimiento a lo largo de todo este tiempo sobre aquello a lo que se enfrentaban y sobre aquello a lo que nos enfrentábamos. Se plantea la cuestión de aceptar si existe diferencia entre el IRA y el Sinn Fein. Para esos movimientos terroristas resulta conveniente tener una rama política a la que la gente vota, que le da legitimidad y que habla en su nombre públicamente y para los gobiernos puede ser conveniente tener una organización más o menos respetable con la que pueden hablar. Eso plantea peligros morales, porque te puedes encontrar pretendiendo que no estás hablando con un movimiento terrorista cuando en realidad lo estás haciendo. Pero hay capas de complicaciones en todo esto. Es cierto que resulta beneficioso en una negociación presentar a una gente con la que tienes que negociar y por otro lado a una gente en la sombra que se dice que es más difícil. Pero en este caso creo que es cierto que tuvieron dificultades. Tony decía que era una relación similar a la del grupo parlamentario laborista y la Ejecutiva Nacional del partido. Tenían unas broncas tremendas. Creo que es una buena analogía. Adams y McGuinness no podían pacificar al IRA simplemente porque así lo quisiesen, aunque estaban estrechamente vinculados al grupo. Adams y McGuinness tenían muchos problemas con los comunicados del IRA (que acordábamos). Iban a negociar con la gente del IRA, en la noche, con el sonido del motor de un tractor en marcha para evitar las escuchas, intentando que aceptasen lo que se les proponía. Siempre volvían con cambios, que hacían las cosas más difíciles. Pero esa relación es muy importante y en otros países no existe de la misma manera. ¿Está el partido político totalmente sometido al movimiento militar? Ésas son las cuestiones que se plantean en todo el mundo, desde Turquía a España, Sri Lanka o Filipinas. Hay que evaluarlo en cada caso.

P. En el caso de Al Qaida, es aún más dificil, al no estar estructurado de una manera convencional.
R. No está estructurado en absoluto, es una organización amorfa, no está nada claro lo que es...
P. Y la idea de diálogo...
R. Lo de Al Qaida es muy complicado, pero cabe imaginar que, si persuades a Al Zawahiri o a Bin Laden para que renuncien al terrorismo, eso puede tener un gran impacto en la organización. Si pueden convencer a cada unidad en todo el mundo es otra cuestión. Lo mismo puede decirse del MNLF en Filipinas, no está claro que puedan convencer a todos los clanes que luchan. Yo no quiero sugerir que Irlanda del Norte es una plantilla que sirve para cualquier lugar del mundo. Su disputa era diferente a otras disputas y la solución que encontramos es diferente. Las lecciones son más sobre la manera de actuar para alcanzar la paz que sobre las peculiaridades de Irlanda del Norte. Hay gente aquí de la derecha que dice que no hay ninguna lección. Eso me parece tonto, porque lo que es llamativo es lo interesados que están líderes políticos de todo el mundo. Pero lo importante no es aprender sobre el acuerdo final sino sobre los errores que cometimos, sobre cómo llegamos al acuerdo final.
P. Elogia a los líderes políticos norirlandeses en el libro, pero también los describe negativamente. Adams y McGuinness pretenden ser grandes estrategas pero, tras cada retirada de la mesa, tuvieron que ceder. Trimble y Malone discutían delante del presidente de Estados Unidos. Gente bien cualificada no participa en política en lugares violentos.
R. El punto general es correcto: gente de calidad no participaba en la política de Irlanda del Norte, porque no podía lograr nada. Se les pedía entrar en un movimiento de protesta. Sin embargo, Adams, McGuinness, Trimble, Paisley, Hume, son políticos de estatura considerable. Estaban dispuestos a correr riesgos, algo que no muchos políticos hacen. Creo que Irlanda del Norte fue increíblemente afortunada de tener esos políticos, que entraron de alguna manera en el sistema y estaban en el lugar adecuado en el momento adecuado. Por supuesto, son humanos, como todos los demás, cometieron errores, como nosotros cometimos errores. Intenté escribir el libro sin el beneficio de la perspectiva, de tal modo que se pudieran ver los errores, los callejones sin salida en los que nos metimos y cómo retrocedimos desde allí. Porque la gente tiene esa idea de que lograr la paz en Irlanda del Norte era inevitable. Nunca fue inevitable.
P. Adams y McGuinness habían estado en el liderazgo del IRA muchos años y Paisley casi inició el conflicto. Hay una continuidad en los extremos, que quizás es importante.
R. Creo que hay algo interesante en eso. Una de las críticas de la derecha en este país es que sacrificamos al centro moderado y dimos todo a los extremos. Pero, primero, intentamos construir con el centro moderado, con el SDLP y los unionistas, pero el SDLP dijo que no avanzaría sin los republicanos. O sea que teníamos que incluir a los republicanos. Y seguimos con Trimble hasta 2003. Blair encendió velas por Trimble mucho después de que el Gobierno de Dublín, nuestro Ministerio para Irlanda del Norte, su propio partido y los electores de Irlanda del Norte se hubiesen hartado de él. Intentamos construir desde el centro con toda nuestra fuerza. Pero quizás es realmente más sencillo alcanzar un acuerdo entre los extremos, porque, bajo el principio 'Nixon va a China', no hay nadie que les pueda desbordar, que les haga la vida difícil. Como digo en el libro, en España, el PP constantemente acosó al PSOE cuando intentaba llegar a un acuerdo con ETA. Pero, cuando el PP intentó llegar a un acuerdo con ETA, fue más fácil porque nadie le atacaba. Es decir, que ocurre también en otros países, es más fácil para esos extremos llegar a acuerdos.
P. La disputa en Irlanda del Norte sobre las interpretaciones opuestas de la autodeterminación se resuelve finalmente con el fomento de la multilateralidad.
R. Yo trabajaba en el Foreign Office en 1989 cuando se estaba acabando el comunismo, y escribí un informe sobre la autodeterminación, prediciendo la quiebra de la Unión Soviética y de Yugoslavia, que fue muy criticado. La autodeterminación es efectivamente un concepto muy difícil porque ¿cómo puedes definir la unidad que se autodetermina? ¿Es Chechenia? ¿Es Abjasia? ¿Es Georgia? ¿Es Rusia? Ésa fue siempre la falla lógica en la posición del IRA, que decía que sólo la isla de Irlanda tenía el derecho de autodeterminación. ¿Por qué? ¿Por qué no Escocia o Gales? ¿Un pueblo, una calle? No hay una manera sencilla de definir la unidad. Por tanto, llegas a la conclusión de que el asunto no es la autodeterminación sino el consenso de la población. Si vas a gobernar esa población durante un período largo de tiempo, tienes que obtener su consenso. El ejemplo interesante en todo esto es Transilvania, que fue disputada por Hungría y Rumanía durante siglos. Pero ahora, cuando se les han reconocido sus derechos y se les permite su expresión política, el problema se ha resuelto en general. Si miras a Escocia, tiene un gobierno del SNP pero el apoyo por la independencia ha bajado a un 30%. O sea que dándoles su poder autonómico, con su Parlamento, ahora gobernado por los nacionalistas como una reacción al largo dominio del partido Laborista, realmente reduces la presión por la separación y la autodeterminación. Y creo que también lo ves en Irlanda del Norte por la manera en lo que lo hicimos. La manera de diluirlo es que la gente se concentre en la cuestión del consenso más que en la autodeterminación y, al final, se llegó al acuerdo de que el estatus de Irlanda del Norte sólo se puede cambiar con el consenso de la gente. Una vez que tienes eso, es más fácil resolver el asunto político. Ahora bien, si estás en un lugar como Cachemira, no está nada claro que la gente vaya a votar para quedarse donde está. O sea que no resuelve el problema en todo el mundo, lo hizo en Irlanda del Norte. Pero para India sería muy difícil aceptar el principio del consenso. Pero, si realmente vas a gobernar ese territorio durante mucho tiempo y en paz, tienes que llegar a un consenso. Y eso tiene que ver casi seguro con autonomía, respeto por la identidad y derechos culturales. Es interesante que en Turquía el PKK ya no está pidiendo independencia sino derechos culturales y de uso de su idioma.
P. ¿Cree que habrá algún día una Irlanda unida?
R. No lo sé, nadie lo sabe, pero no lo creo. Creo que la idea de una Irlanda unida dejará de ser tan relevante. Porque, cuando la UE deviene más importante, la frontera se convierte en menos relevante. Siempre recuerdo la vez en que Ian Paisley vino a vernos, en el momento de la fiebre aftosa, y nos dijo: “Nuestro pueblo es británico pero nuestras vacas son irlandesas”. Si las vacas son irlandesas, quizás la frontera no importe tanto.
P. ¿Tenía el proceso de paz que ser tan largo?
R. Cuando, para escribir el libro, leí las minutas archivadas de las reuniones, que el Gobierno me dejó consultar, detecté cosas que alguien había dicho y que yo no oí en aquel momento. Pensé: ‘Ah, dijo eso; ahora sé lo que quería decir’. Si lo hubiese entendido entonces, creo que podíamos haberlo hecho todo en dos semanas. Pero es sólo una broma. Lo más importante es que, aunque llegues a un acuerdo como el del Viernes Santo, eso no reconcilia a la gente. Han estado peleando durante treinta años. Alcanzar un gran acuerdo es una catarsis, pero no resuelve todo. No se fiaban los unos de los otros. Creo que necesitabas todo ese tiempo para crear la confianza. Y no ha terminado.
Aquí tenemos fiesta, Bank Holiday, el lunes. Me despido hasta el martes.
Enjoy the weekend.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".
Otros corresponsales
Mis tags
Últimos comentarios
Una velada no tan inocente con Doris Day
1 comentario Fernando Ortiz de Urbina RodríguezConcurso: el mejor pie de foto y otras instantáneas
12 comentarios Cantabrico ulises (juju de Bilbao) Joan asier Hache- 5 comentarios Cantabrico JuanKar Cantabrico asier JuanKar
- 14 comentarios Cantabrico Cantabrico txiguin Ander Canal
Comedia de trenes en Clapham Junction
5 comentarios asier txiguin JuanKar Renata Jabi- 3 comentarios I Gurruchaga Ander JuanKar
Aquí los colores no son inocentes
9 comentarios txiguin txiguin Cantabrico I Gurruchaga Cantabrico- 15 comentarios Cantabrico txiguin I Gurruchaga qué risa JuanKar
¿Somos realmente un país de gilipollas?
16 comentarios Cantabrico JuanKar asier I Gurruchaga EugenioSi Borges despertase de su sueño
24 comentarios txiguin Fernando Ortiz de Urbina Rodríguez Fernando Ortiz de Urbina Pinto Cantabrico Cantabrico
Categorías
Enlaces
Secciones
Archivos por meses
Suscríbete
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):
PUBLICIDAD

