Iñigo Gurruchaga

La vida en Londres

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Ayer se presentó en Belfast el informe final de la Comisión de Consulta sobre el Pasado. Puede leer o descargar el informe aquí.

Creo que la comisión fue creada porque el Gobierno británico no podía ya abrir nuevas y muy costosas encuestas judiciales sobre episodios del pasado, como el Domingo Sangriento de Londonderry. El Sinn Fein-IRA pedía la apertura de esas encuestas en lo que pearecía ser un intento de justificar retrospectivamente sus actividades. Es decir, el asesinato sistemático en una sociedad democrática de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad.

Durante la presentación del informe hubo protestas de familiares de víctimas del IRA, a los que parece monstruosa especialmente la 'equivalencia moral' de una de las propuestas: que se de un 'pago de reconocimiento' a la persona más próxima a todos los que murieron, incluyendo a los allegados de miembros del IRA o de los grupos del terrorismo lealista.

Salvo que a uno le baste el maniqueísmo, es evidente que en un conflicto como el de Irlanda del Norte no existen en todos los casos el blanco y el negro. No me parece tan terrible como a algunas víctimas del IRA- sé que es muy fácil decirlo cuando uno no ha sido afectado- que se reconozca el sufrimiento de la viuda o los hijos de un miembro de un grupo terrorista.

Pero el dilema es serio. Unos murieron en enfrentamientos. Otros, en actuaciones de las fuerzas del Estado de más que dudosa legalidad. Algunos, mientras preparaban un crimen con una bomba que les explotó. Que la viuda del asesino muerto y del asesinado reciban el mismo 'pago de reconocimiento' indigna a algunos, aunque no a todos. Lo que más me sorprende es que los comisionados hayan traducido la demanda de reconocimiento de las familias de los muertos como el pago de una cantidad de dinero.

El informe contiene un abanico de propuestas, algunas interesantes y otras que no lo son tanto, y utiliza un lenguaje que en el contexto vasco y español suena horrible. Es una prueba adicional, en caso de que fuese necesaria, de que en Irlanda del Norte han ocurrido cosas y se han tomado iniciativas cuyo conocimiento nos interesa, pero que trasladar la experiencia a nuestro caso es absurdo. No parece que los intentos de trasladarla, que siempre han sido parciales y que han fracasado, tengan gran importancia; simplemente, no ocurrirá.

En los últimos años he comprobado el malestar, o la desesperación, que causa entre gente de allí, entre algunas de las personas por quienes más afecto siento, la tergiversación de lo ocurrido como consecuencia de la política del proceso de paz.

Una ilustración. Gerry Adams ha pretendido, en alguna entrevista publicada en la prensa española, que fue un miembro activo del movimiento de derechos civiles que, en los años sesenta, buscó pacíficamente, con la inspiración de Martin Luther King, la igualdad de católicos y protestantes.

Es parecido a la invocación por ETA del antifranquismo, una farsa grotesca, repugnante cuando la formulan los liberticidas.

La realidad es que el primer paso de Adams en la política fue ingresar en el IRA, al que había pertenecido buena parte de su familia, y que el balance más positivo que puede hacerse de su liderazgo es que ha sido capaz de guiar al movimiento republicano en su conjunto a la política. A lograr, tras causar tánta muerte y destrucción, varios ministerios en una estructura constitucional que con gran probabilidad se podía haber alcanzado por vía pacífica en el momento en el que él abrazó la violencia.

En conversaciones con mis amigos de allí he argumentado, sin gran seguridad, que, como ocurrió en la transición española- cuando franquistas, izquierdistas de traca, indiferentes y unos cuantos, muy pocos, avanzados, nos despertamos como demócratas de toda la vida-, la necesidad inmediata dicta una moralidad pragmática.

Los niños de hoy no se educan en Irlanda del Norte con el parte aberrante de los muertos y calamidades de la víspera. Eso debe ser celebrado. Aunque se asiente sobre formas variables de mentiras.

La gente de Irlanda del Norte discute acaloradamente sobre la memoria histórica. Discutir acaloradamente sobre el pasado no constituye un ideal, pero aún asi es mejor que vivir en un país gobernado por dictadura o bajo las sacudidas del crimen.

No estoy seguro sobre mis argumentos, pero estoy convencido de la importancia de la tarea de los buenos historiadores, que construyen el canon, siempre cambiante, sobre lo que en realidad ocurrió. Y que van dando forma lenta y hondamente a la visión que una sociedad tiene de sí misma.

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05 Dic 2008

Matar a civiles

Entrevisté hace unos meses a Hugo Slim, que fue durante varios años el principal teórico, el chief scholar, del Henri Dunant Centre. Acababa de publicar un libro sobre la protección de civiles en situaciones de guerra.

Publico aquí la entrevista tal como la escribí en su día, tras la lectura del libro y la conversación con su autor. Las fotos son de Ione Saizar, con quien tengo la fortuna de trabajar habitualmente.

En junio de 1990, tropas del Frente Patriótico Nacional de Liberia, liderado por Charles Taylor, entraron en Bakedu, una pequeña ciudad en la frontera entre Sierra Leona y Guinea y, en media hora, mataron a 350 personas, hombres, mujeres y niños. Eran simplemente mandingos, según los guerrilleros.

Hugo Slim visitó Bakedu en 2006. Uno de los viejos de la ciudad le señaló el lugar, en el camino hacia el río, donde un soldado de Taylor dejó que quienes huían de la masacre se pusiesen a salvo. Ese soldado desconocido representa, según Slim, “un sentimiento minoritario entre fuerzas violentas”.

“Ese soldado desconocido es el representante conmovedor de ese otro sentimiento humano que siempre existió junto a la masacre y la crueldad en la guerra, el sentido moral de que matar está mal”, escribe Hugo Slim en Killing Civilians (Matar Civiles), que se ha publicado en lengua inglesa.

Es ahora director de Corporates for Crisis, que intenta atraer inversiones privadas a sociedades que se recuperan de guerras y desastres, y antes fue el principal teórico del Centro Henri Dunant, con sede en Ginebra, que ha ganado notoriedad en España por facilitar el diálogo entre el Gobierno y ETA.

La familia Slim tiene tradiciones militares y religiosas. La estatua de su abuelo, William, ocupa un lugar privilegiado en el barrio gubernativo de Whitehall. Fue uno de los grandes generales británicos del siglo XX. Su padre fue también militar, jefe del regimiento de fuerzas especiales, Servicio Especial del Aire, o SAS.

El hijo, Hugo, siguió por la otra senda familiar, la de la Iglesia, y, tras estudiar Teología en Oxford, encontró en las ONG de ayuda internacional un campo en el que combinar la preocupación religiosa y la llamada del hombre de acción. Su libro responde también a esa doble preocupación.

“Creo que siempre habrá guerras y que lo más práctico es paliar sus efectos”, dice Slim, cuyo empeño es dar cuerpo teórico al movimiento de protección de civiles. Describe cómo se mata a no combatientes o se comete la violación sistemática de mujeres en guerras actuales o pasadas y desmenuza las ‘ideologías anticiviles”.

Enumera éstas: pensamiento genocida o maniqueo, afán de poder mediante la dominación y la subyugación, afán de revancha o de castigo, eficacia de matar civiles, réditos económicos, posibilidad de erradicar al enemigo, ineptitud en la furia de la guerra, lamento sobre la necesidad de matarlos,...

Otra ideología que sustenta el asesinato de civiles es la ‘necesidad asimétrica’, que lo justifica por la desventaja de uno de los oponentes. Se aplica particularmente al terrorismo, que Slim considera “totalmente injustificable, porque mata civiles como un objetivo secundario, con el fin de apelar al Gobierno”.

Slim analiza en su libro la dificultad para promover la protección de civiles por la frecuente ambigüedad de su papel. Los civiles eligen o siguen a sus líderes, sostienen sus economías o, como la joven soprano Maria Callas en la Atenas ocupada de 1942, hacen más agradable la vida de los oficiales de un Ejército brutal.

“Es un problema complejo, con contradicciones”, afirma. Experimentos psicológicos y estudios sobre reclutamiento y atrocidades muestran que, si se dan determinadas condiciones, el 80% de la población participa directamente en actos de violencia, el 10% rehusa y pide que se le asigne a otro puesto y otro 10% resiste activamente lo que percibe como injusto.

La protección de civiles requiere, según Slim, la promoción constante de la filosofía de la guerra limitada, exigir a los que hacen la guerra que acepten “que todos los no combatientes tienen una identidad humana fundamentalmente vulnerable y mixta”. Requiere cosas prácticas que pueden resultar paradójicas, como el adiestramiento de ejércitos y guerrillas.

Hugo Slim cree que, a pesar de que los civiles muertos en conflictos del siglo XX se cifran en 217 millones y que aún queda en la sombra la amenaza nuclear, hay mejoras. La tecnología de armas inteligentes y la extensión de la cultura militar pro-civil explican, por ejemplo, un marcado cambio en la conducta de la guerra en Vietnam y en Irak por Estados Unidos.

Charles Taylor es ahora juzgado por masacres como las de Bakedu en el Tribunal Penal Internacional, un avance para el sentimiento de justicia que puede, sin embargo, empujar a autores de crímenes de guerra hasta la última resistencia.

El telón de fondo de las regulaciones de la conducta de guerra está compuesto por las convenciones de Ginebra. Slim cree que, tras su aprobación en 1949 y su ampliación en 1977, hay ahora una convergencia de intereses para renovarlas.

Enjoy the weekend.

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Sobre este blog

Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres, la ciudad en la que vivo. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Ainhoa Paredes, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Para explicar nuestro trabajo, me amparo en el recuerdo de un aforismo de Karl Kraus- "No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista"- y en la confesión de Pío Baroja: "Tengo normalmente la preocupación de desear el mayor bien para mi país; pero no el patriotismo de mentir".

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