Iñigo Gurruchaga
La vida en Londres
Hace unos días fui a Nueva York invitado por el Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización y de la Violencia Política para participar en los debates de una Cumbre sobre la Paz y la Seguridad.
Ahora estoy limpiando mi mesa de papeles que han quedado apilados por el desorden deportivo de julio (la quincena de Wimbledon, la semana del Open de golf en Escocia,...) y voy a dejar aquí algunas notas que escribí en aquellos días.
Las dos jornadas se dividieron en un taller- en el que yo participé tenía por título 'Negociar con Terroristas'- y en varias sesiones públicas.
Era condición de los organizadores que las ponencias y el diálogo en el taller se realizasen sin que nadie pudiera atribuir su contenido a personas específicas. Esa regla es conocida como 'Chatham House rule' y se estipula en este tipo de reuniones para que los participantes puedan hablar con libertad sin el temor a ser citados en un medio.
Mis notas sobre lo que diferentes personas dijeron en el taller:
- Si tienes un montón de muertos, la política se mueve hacia la derecha.
- La gente apoya una victoria a cualquier coste para el enemigo si cree que la victoria es posible.
- Acabar con un grupo terrorista es fácil para un ejército convencional. Pero los gobiernos democráticos tienen dificultades para batallar contra grupos terroristas que se incrustan entre la población porque tienen límites legales y éticos en su conducta de guerra.
- Estados Unidos no tenía mapas contemporáneos del territorio talibán.
- El gran misterio es lo ocurrido en Tora Bora, en 2001, cuando fuerzas especiales de los aliados y grupos tribales antitalibán parecían tener a tiro a Bin Laden y la jerarquía de Al Qaeda. Si no se comete el error de no ir a por ellos, la invasión de Afganistán se hubiese cerrado y nos hubiésemos ido. No teníamos entonces una agenda de construcción nacional o de defensa de los derechos de las mujeres.
- Asistimos a una explicación muy interesante sobre la batalla contra los Tigres Tamil por el Gobierno de Sri Lanka. La clave para sellar por el momento la victoria del Gobierno fue la eliminación física del liderazgo de los TT.
David Trimble presentó, en una sesión pública, una ponencia detallada e interesante sobre Irlanda del Norte, en la que anoté estas cosas:
- La mayor queja en 1968 no era la cuestión nacional o los problemas sociales, de empleo o de vivienda, sino el sentimiento de exclusión, de que eran marginados.
- ¿Por qué no se logró acabar con la violencia veinte años antes? Los detalles son importantes y tiene que estar la gente adecuada en la misma habitación. Recuerden lo que dijo el político nacionalista Seamus Mallon: "El Acuerdo de Viernes Santo(1998) es Sunningdale (1974) para gente con dificultades de aprendizaje".
- Los británicos no quisieron esperar unos años, aunque sabían que podían ganar, porque les interesó que los republicanos se integraran en la política y eso contribuiría a reducir, a minar, el sentimiento de queja.
En una sesión pública sobre el papel de internet anoté que, mientras que algunos europeos apuntaban a los problemas legales para contener la distribución de propaganda porque existen diferentes criterios en diferentes países y hay diversos intereses privados, los americanos ponían más el acento en la promoción de 'narrativas alternativas".
A mitad de la segunda jornada me escapé del hotel Waldorf Astoria, donde tenía lugar la cumbre. No es la primera vez que siento una creciente claustrofobia en este tipo de encuentros. No se debe a un temor a los espacios cerrados sino al sentimiento de náusea que me producían debates públicos en los que la gente intercambia frases breves, ideas que no se desarrollan, impresiones. Hay gente que sufre y muere por este tipo de conflictos y ante eso el 'show business' intelectual me parece un triste circo.
No hay expertos en terrorismo, aunque haya una proliferación de personajes, especialmente en el mundo académico, de la línea dura o de la mediadora, que se presentan como tales. Uno sabe de un conflicto, o de dos o de tres. Pero el terrorismo es una manifestación de un conflicto político, que se debe conocer en detalle si alguien quiere tener una opinión bien fundada. En el taller cada uno de los ponentes exponía lo que creyó interesante para los demás en su área de especialidad y se discutió sobre esas cosas. Cuando se abre la discusión a las generalizaciones sobre el terrorismo, el resultado es lamentable.
Hay departamentos de estudios de la guerra, que pueden hacer incursiones más genéricas en sus campos de estudio. Pero para que tengan algún valor hay que saber de electrónica y de explosivos, como antes había que saber de tanques o misiles.
Técnica elemental de huida: pasar un buen rato en el baño, hacer que otros participantes y colegas crean que padeces una colitis agua, salir de allí con aire decidido hacia la parte trasera del edificio, saludar con gesto sumario que sugiere una breve gestión inaplazable a organizadores que te dicen que el tiempo del café se ha terminado y la sesión se reanuda, buscar en la parte trasera alguna puerta de servicio sin reducir en ningún momento la velocidad de la marcha, identificar la puerta, avanzar hacia ella con gran decisión,...y encontrarse allí con tu amigo singalés que había tenido la misma idea. Abrazarse. Quedar para otro día. ¡Música!
La que nos envía FOUR(2)
Ayer se presentó en Belfast el informe final de la Comisión de Consulta sobre el Pasado. Puede leer o descargar el informe aquí.
Creo que la comisión fue creada porque el Gobierno británico no podía ya abrir nuevas y muy costosas encuestas judiciales sobre episodios del pasado, como el Domingo Sangriento de Londonderry. El Sinn Fein-IRA pedía la apertura de esas encuestas en lo que pearecía ser un intento de justificar retrospectivamente sus actividades. Es decir, el asesinato sistemático en una sociedad democrática de civiles y miembros de las fuerzas de seguridad.
Durante la presentación del informe hubo protestas de familiares de víctimas del IRA, a los que parece monstruosa especialmente la 'equivalencia moral' de una de las propuestas: que se de un 'pago de reconocimiento' a la persona más próxima a todos los que murieron, incluyendo a los allegados de miembros del IRA o de los grupos del terrorismo lealista.
Salvo que a uno le baste el maniqueísmo, es evidente que en un conflicto como el de Irlanda del Norte no existen en todos los casos el blanco y el negro. No me parece tan terrible como a algunas víctimas del IRA- sé que es muy fácil decirlo cuando uno no ha sido afectado- que se reconozca el sufrimiento de la viuda o los hijos de un miembro de un grupo terrorista.
Pero el dilema es serio. Unos murieron en enfrentamientos. Otros, en actuaciones de las fuerzas del Estado de más que dudosa legalidad. Algunos, mientras preparaban un crimen con una bomba que les explotó. Que la viuda del asesino muerto y del asesinado reciban el mismo 'pago de reconocimiento' indigna a algunos, aunque no a todos. Lo que más me sorprende es que los comisionados hayan traducido la demanda de reconocimiento de las familias de los muertos como el pago de una cantidad de dinero.
El informe contiene un abanico de propuestas, algunas interesantes y otras que no lo son tanto, y utiliza un lenguaje que en el contexto vasco y español suena horrible. Es una prueba adicional, en caso de que fuese necesaria, de que en Irlanda del Norte han ocurrido cosas y se han tomado iniciativas cuyo conocimiento nos interesa, pero que trasladar la experiencia a nuestro caso es absurdo. No parece que los intentos de trasladarla, que siempre han sido parciales y que han fracasado, tengan gran importancia; simplemente, no ocurrirá.
En los últimos años he comprobado el malestar, o la desesperación, que causa entre gente de allí, entre algunas de las personas por quienes más afecto siento, la tergiversación de lo ocurrido como consecuencia de la política del proceso de paz.
Una ilustración. Gerry Adams ha pretendido, en alguna entrevista publicada en la prensa española, que fue un miembro activo del movimiento de derechos civiles que, en los años sesenta, buscó pacíficamente, con la inspiración de Martin Luther King, la igualdad de católicos y protestantes.
Es parecido a la invocación por ETA del antifranquismo, una farsa grotesca, repugnante cuando la formulan los liberticidas.
La realidad es que el primer paso de Adams en la política fue ingresar en el IRA, al que había pertenecido buena parte de su familia, y que el balance más positivo que puede hacerse de su liderazgo es que ha sido capaz de guiar al movimiento republicano en su conjunto a la política. A lograr, tras causar tánta muerte y destrucción, varios ministerios en una estructura constitucional que con gran probabilidad se podía haber alcanzado por vía pacífica en el momento en el que él abrazó la violencia.
En conversaciones con mis amigos de allí he argumentado, sin gran seguridad, que, como ocurrió en la transición española- cuando franquistas, izquierdistas de traca, indiferentes y unos cuantos, muy pocos, avanzados, nos despertamos como demócratas de toda la vida-, la necesidad inmediata dicta una moralidad pragmática.
Los niños de hoy no se educan en Irlanda del Norte con el parte aberrante de los muertos y calamidades de la víspera. Eso debe ser celebrado. Aunque se asiente sobre formas variables de mentiras.
La gente de Irlanda del Norte discute acaloradamente sobre la memoria histórica. Discutir acaloradamente sobre el pasado no constituye un ideal, pero aún asi es mejor que vivir en un país gobernado por dictadura o bajo las sacudidas del crimen.
No estoy seguro sobre mis argumentos, pero estoy convencido de la importancia de la tarea de los buenos historiadores, que construyen el canon, siempre cambiante, sobre lo que en realidad ocurrió. Y que van dando forma lenta y hondamente a la visión que una sociedad tiene de sí misma.
Entrevisté hace unos meses a Hugo Slim, que fue durante varios años el principal teórico, el chief scholar, del Henri Dunant Centre. Acababa de publicar un libro sobre la protección de civiles en situaciones de guerra.
Publico aquí la entrevista tal como la escribí en su día, tras la lectura del libro y la conversación con su autor. Las fotos son de Ione Saizar, con quien tengo la fortuna de trabajar habitualmente.

En junio de 1990, tropas del Frente Patriótico Nacional de Liberia, liderado por Charles Taylor, entraron en Bakedu, una pequeña ciudad en la frontera entre Sierra Leona y Guinea y, en media hora, mataron a 350 personas, hombres, mujeres y niños. Eran simplemente mandingos, según los guerrilleros.
Hugo Slim visitó Bakedu en 2006. Uno de los viejos de la ciudad le señaló el lugar, en el camino hacia el río, donde un soldado de Taylor dejó que quienes huían de la masacre se pusiesen a salvo. Ese soldado desconocido representa, según Slim, “un sentimiento minoritario entre fuerzas violentas”.
“Ese soldado desconocido es el representante conmovedor de ese otro sentimiento humano que siempre existió junto a la masacre y la crueldad en la guerra, el sentido moral de que matar está mal”, escribe Hugo Slim en Killing Civilians (Matar Civiles), que se ha publicado en lengua inglesa.
Es ahora director de Corporates for Crisis, que intenta atraer inversiones privadas a sociedades que se recuperan de guerras y desastres, y antes fue el principal teórico del Centro Henri Dunant, con sede en Ginebra, que ha ganado notoriedad en España por facilitar el diálogo entre el Gobierno y ETA.
La familia Slim tiene tradiciones militares y religiosas. La estatua de su abuelo, William, ocupa un lugar privilegiado en el barrio gubernativo de Whitehall. Fue uno de los grandes generales británicos del siglo XX. Su padre fue también militar, jefe del regimiento de fuerzas especiales, Servicio Especial del Aire, o SAS.
El hijo, Hugo, siguió por la otra senda familiar, la de la Iglesia, y, tras estudiar Teología en Oxford, encontró en las ONG de ayuda internacional un campo en el que combinar la preocupación religiosa y la llamada del hombre de acción. Su libro responde también a esa doble preocupación.
“Creo que siempre habrá guerras y que lo más práctico es paliar sus efectos”, dice Slim, cuyo empeño es dar cuerpo teórico al movimiento de protección de civiles. Describe cómo se mata a no combatientes o se comete la violación sistemática de mujeres en guerras actuales o pasadas y desmenuza las ‘ideologías anticiviles”.
Enumera éstas: pensamiento genocida o maniqueo, afán de poder mediante la dominación y la subyugación, afán de revancha o de castigo, eficacia de matar civiles, réditos económicos, posibilidad de erradicar al enemigo, ineptitud en la furia de la guerra, lamento sobre la necesidad de matarlos,...
Otra ideología que sustenta el asesinato de civiles es la ‘necesidad asimétrica’, que lo justifica por la desventaja de uno de los oponentes. Se aplica particularmente al terrorismo, que Slim considera “totalmente injustificable, porque mata civiles como un objetivo secundario, con el fin de apelar al Gobierno”.
Slim analiza en su libro la dificultad para promover la protección de civiles por la frecuente ambigüedad de su papel. Los civiles eligen o siguen a sus líderes, sostienen sus economías o, como la joven soprano Maria Callas en la Atenas ocupada de 1942, hacen más agradable la vida de los oficiales de un Ejército brutal.
“Es un problema complejo, con contradicciones”, afirma. Experimentos psicológicos y estudios sobre reclutamiento y atrocidades muestran que, si se dan determinadas condiciones, el 80% de la población participa directamente en actos de violencia, el 10% rehusa y pide que se le asigne a otro puesto y otro 10% resiste activamente lo que percibe como injusto.
La protección de civiles requiere, según Slim, la promoción constante de la filosofía de la guerra limitada, exigir a los que hacen la guerra que acepten “que todos los no combatientes tienen una identidad humana fundamentalmente vulnerable y mixta”. Requiere cosas prácticas que pueden resultar paradójicas, como el adiestramiento de ejércitos y guerrillas.
Hugo Slim cree que, a pesar de que los civiles muertos en conflictos del siglo XX se cifran en 217 millones y que aún queda en la sombra la amenaza nuclear, hay mejoras. La tecnología de armas inteligentes y la extensión de la cultura militar pro-civil explican, por ejemplo, un marcado cambio en la conducta de la guerra en Vietnam y en Irak por Estados Unidos.
Charles Taylor es ahora juzgado por masacres como las de Bakedu en el Tribunal Penal Internacional, un avance para el sentimiento de justicia que puede, sin embargo, empujar a autores de crímenes de guerra hasta la última resistencia.
El telón de fondo de las regulaciones de la conducta de guerra está compuesto por las convenciones de Ginebra. Slim cree que, tras su aprobación en 1949 y su ampliación en 1977, hay ahora una convergencia de intereses para renovarlas.
Enjoy the weekend.
Sobre este blog
Nací en San Sebastián y disfruto ahora en el viaje interminable por Londres. Cuando estoy ocupado o de vacaciones, una colega admirable, Lourdes Gómez, cubre también la corresponsalía de los diarios regionales de Vocento. Soy coautor de 'Tormenta del Desierto'(1991), sobre la primera guerra en el Golfo, donde trabajé como corresponsal en Bahrain y Arabia Saudí, y, con John Bew y Martyn Frampton, de 'Talking to Terrosists' (2009), que fue incluido en la lista del Global Thinkers Book Club por la revista Foreign Policy en diciembre de ese año. Soy autor de 'El Modelo Irlandés' (1998), reportaje sobre el proceso de paz hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo, y de 'Scunthorpe hasta la Muerte' (2010), basado en el el itinerario de Alex Calvo-García en el fútbol inglés.
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