Poco a poco se despeja el misterio sobre la paternidad de la futura hija de Rachida Dati, que espera dar a luz en enero. Por eliminación. Tras el desmentido de José María Aznar, ahora el secretario de Estado de Deportes ha negado ser el padre de la criatura que gesta la ministra de Justicia francesa. Bernard Laporte lo proclamó a los cuatro vientos al término de un discurso en presencia de la interesada, que reaccionó con una risita embarazosa.
El rumor viene de unas imágenes grabadas el pasado 14 de Julio en la fiesta campera organizada en el palacio del Elíseo con motivo del día nacional. En ellas se ve a la ministra de Justicia tonteando poco juiciosa con su compañero de gabinete y ex-seleccionador de rugby. Las malas lenguas atribuyen sus andares desequilibrados a que había bebido un poco más de la cuenta. Lo mejor es contemplarlas para hacerse un juicio:
Los chascarrillos sobre un romance entre Rachida y Bernard resurgieron por culpa de Nicolas Sarkozy. El mes pasado el semanario ‘Le Canard Enchaîné’ contó que el presidente se presentó por sorpresa en un almuerzo que la ministra del Interior, Michèle Alliot-Marie, ofrecía a las demás mujeres del Ejecutivo. “Yo sé quien es el padre de la niña de Rachida Dati. Es un miembro del Gobierno”, lanzó el presidente francés en tono de cachondeo. La ministra embarazada aquella vez no dibujó ni una sonrisa embarazosa.
Los desmentidos de Aznar y Laporte les ha valido ser tildados de puercos y machistas por Bernard Henry-Lévy. En un programa de Canal +, el filósofo aprovechó la oportunidad para dar una nueva prueba de su capacidad para dar lecciones. “Esta banda de machitos y de cerdos que desfilan para hacer comunicados de prensa, para decir que no son el padre del hijo de Rachida Dati, es absolutamente inmundo”, declaró en el plató del programa ‘Le Grand Journal’.
“Había Aznar. Ahora hay Laporte.. Pero bueno. Un caballero no dice nada… si es que se sospecha de él”, concluyó BHL, como se conoce al viejo nuevo filósofo. Que no se toma las cosas con filosofía.





La crisis no perdona nada ni a nadie. Ni la torre Eiffel se salva del vértigo que da asomarse al abismo de la recesión. A partir del 22 de setiembre la dama de hierro parisiense centelleará la mitad de tiempo: de diez minutos pasará a chisporrotear cinco cada hora. Es el otoño de la matriarca. Las bombillas muertas van a ser recogidas a paladas, cantaría Yves Montad.
