La crisis llega a la torre Eiffel

La crisis no perdona nada ni a nadie. Ni la torre Eiffel se salva del vértigo que da asomarse al abismo de la recesión. A partir del 22 de setiembre la dama de hierro parisiense centelleará la mitad de tiempo: de diez minutos pasará a chisporrotear cinco cada hora. Es el otoño de la matriarca. Las bombillas muertas van a ser recogidas a paladas, cantaría Yves Montad.

El ahoro energético va a ser más simbólico que otra cosa. Pero para eso se trata de un monumento emblemático. Las 400 horas de rayos y centellas anuales quedarán reducidas a la mitad. Menos da una piedra. “El ahorro en la factura no es enorme, pero en cuestión de imagen mostrará que nos ocupamos del desarrollo sostenible”, ha declarado Jean-Bernard Bros, teniente de alcalde de Turismo. Es como hacer el amor con la luz apagada, primer punto del decálogo ‘Sexo verde’ de Greenpeace-México. El ahorro del perejil en las recetas de Arguiñano.

La SNTE, empresa propietaria, asegura que la electricidad procede al cien por cien de energías renovables. También anuncia un estudio sobre la posibilidad de colocar paneles solares sobre los tejados de los dos restaurantes que alberga la versión vertical del Puente Colgante. Uno de los accionistas es la compañía eléctrica EDF, que detenta el 8% del capital al igual que otras cuatro sociedades privadas: Eiffage, Unibail, Dexia Crédit Local y LVMH. El 60% restante está en manos del Ayuntamiento.

El centelleo se puede contemplar cada hora en punto a partir del anochecer hasta las dos de la mañana. La cosa queda así:


El dispositivo fue estrenado el 31 de diciembre de 1999 para dar la campanada en el paso al año 2000. Dieciocho meses después la reina de la República quedó desnuda del vestido de diamantes. Pero las protestas consiguieron vestir al santo y seña de la ciudad. En 2003 le instalaron 20.000 nuevas bombillas y desde entonces faroleaba torera de su traje de luces diez minutos cada hora.

Hasta que a un iluminado se le han cruzado los cables y nos la deja a media luz. Como en el tango. El último en París. Hoy usarían margarina. Vamos de culo.

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