Hitler vuelve a morir en Berlín


Es raro que un personaje de la historia mundial muera dos veces, pero no es imposible. Todo el mundo sabe que Adolf Hitler se disparó un balazo en la cabeza, cuando el imperio que debía durar mil años, estaba a punto de colapsar.

63 años después de la desaparición del III Reich y del suicidio del Führer, el odiado dictador logró regresar a Berlín convertido en un muñeco de cera y preparado para convertirse en una nueva atracción turística de la capital.

El milagro tiene su origen en Londres. Cuando el famoso museo de cera Madame Tussauds decidió abrir una sucursal en Berlin, creyó oportuno incluir en su galería de personajes famosos, a uno de los hombres más odiados del planeta tierra “Si uno quiere reflejar la historia de Alemania no puede excluir a Hitler”, fue el argumento que utilizó el museo para defender la presencia del polémico personaje.

Para silenciar las críticas, el museo presentó a Hitler como una persona abatida y aislada en un búnker de cartón. Pero, en un gesto de humildad y respeto a la victimas del Holocausto, el museo prohibió que las visitas acariciaran la figura de cera o se dejaran fotografiar al lado del dictador.


Hace unos días, el nuevo museo de Berlín abrió sus puertas a la prensa. Más de 200 periodistas, fotógrafos y cámaras solo tenían ojos para ver al solitario muñeco que representa a Hitler. “La figura despertará interés”, admitió una de las responsables del museo, pero seria una vergüenza si esto domina todo”.

Debo admitir que el regreso de Hitler a Berlín me hizo feliz por una razón egoísta. En vísperas de la apertura del Museo, existía el justificado temor de que la solitaria figura de cera podía convertirse en un peligroso lugar de peregrinación de los nietos del dictador, una rica veta para nuevas crónicas.

Pero nadie, yo incluido, pudo sospechar que la segunda vida de Hitler en Berlín solo duraría cinco minutos a causa de la solitaria y valiente decisión de un berlinés de 41 años. Este sábado, Andreas L. fue uno de los primeros en llegar al museo, ubicado en la avenida Unter den Linden y ocupó el segundo lugar en la cola que esperaba a la entrada.

Cuando el museo abrió sus puertas, Andreas L. solo demoró cinco minutos en llegar hasta el búnker de cartón y, ante la sorpresa de dos vigilantes, el hombre saltó sobre el escritorio para intentar acariciar el muñeco. Los dos guardines intentaron detenerle, pero en la breve batalla cuerpo a cuerpo, Andreas L., después de gritar “¡nunca más guerra!” tuvo éxito en arrancarle la cabeza a Hitler.

Hitler murió en el acto y su cadáver de cera fue llevado a una bodega, donde los expertos estudiarán la posibilidad de devolverle la cabeza al dictador. Pero su regreso a la vida del museo es incierto. “Depende de los daños que haya sufrido”, dijo la portavoz del museo Natalie Ruoss, al recordar que la confección del muñeco había costado 200 mil euros.

Mientras llega la hora de la resurrección, a los turistas sólo les está permitido contemplar el solitario escritorio donde se llevó a cabo el primer atentado contra Hitler que culminó con éxito.

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elcorreo.com

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