¿Sabia usted, amable lector, que Berlín es una ciudad milagrosa?. El 5 de julio conté en este blog que el peor tirano que haya conocido la humanidad, el famoso Adolf Hitler, había muerto por segunda vez gracias a la valiente hazaña de un ex policía de 41 años.
Es cierto. El milagro ocurrió cuando el museo Madame Tussauds abrió sus puertas al público en esta ciudad. En menos de cinco minutos, el ex policía, al grito de “¡nunca más guerra!” se abalanzó sobre la figura de cera del dictador y le arrancó la cabeza.
HItler murió en el acto, pero una portavoz del museo admitió entonces que un equipo de especialistas intentaría devolverle la vida al dictador. Los trabajos de cirugía duraron más de dos meses y el sábado pasado Hitler reapareció en el museo,
Pero los artesanos que le devolvieron la vida al dictador, en una tardía venganza, decidieron mostrar a Hitler casi al borde de la locura. La primera vez que el muñeco fue presentado al público, Hitler lucía un rostro adusto, con el cabello peinado y el nudo de la corbata bien ajustado.
El milagro de la resurrección cambió el gesto del dictador y ahora Hitler luce un rostro descompuesto, el pelo totalmente despeinado y con el cuello de la camisa abierto y la corbata colgando.
La dirección del museo también ordenó un cambio de escenografía para mostrar al público su principal atracción. El escenario original mostraba a Hitler sentado a un escritorio y en una pared se podía ver un amplio mapa de Europa.
Desde el sábado, el publico puede contemplar al dictador, que esta vez se encuentra encerrado en algo parecido a una cárcel de cartón, a través de tres ventanas protegidas con vidrios a prueba de balas.

La dirección del Museo no quiso dar explicaciones acerca de los cambios introducidos y solo se limitó a dar a conocer un comunicado donde reitera que Hitler es una parte significativa de la historia alemana. “Por eso su figura de cera es una parte legitima de nuestra exhibición, señala el Museo para justificar la resurrección del dictador.
Pero nadie sabe cuanto tiempo durara la tercera vida de Hitler en el museo. Para evitar un nuevo atentado, el Führer, esta vez, está acompañado por un fornido guardián de carne y hueso.

