Fernando Pescador
La vida en Bruselas
Leo en un blog técnico que el Internet a través de los teléfonos móviles va a verse muy potenciado por la extinción definitiva de la televisión analógica. La Comisión europea ha dado ya su visto bueno al formato de TV para móviles, y todo parece indicar que nos encontramos en puertas de una nueva revolución digital: Internet completo y en el bolsillo.
Nada que objetar: Yo soy de los que creen que en un futuro más o menos inmediato, la información, en formato multimedia, la llevaremos a cuestas.
Lo que no me parece nada bien son los abusos que se vislumbran ya de esas nuevas tecnologías. Leo en un periódico económico que una empresa alemana ha puesto a punto una tecnología para saber en todo momento qué sitios de Internet visitan los usuarios de teléfonos móviles. 2009, según la información, va a ser determinante para escoger el modelo de negocio que servirá con el Internet móvil. El director de Estrategia de uno de los principales institutos de mercado del mundo, GfK, el cuarto a escala planetaria, asegura disponer ya de la herramienta correcta “para seguir con precisión el recorrido de usuario de Internet móvil”. La técnica consiste en “situar sondas en la red de un operador, mediante las que podemos descubrir la hora de conexión, la página visitada, el tipo de terminal conectado, el tiempo transcurrido…” ¿Qué hacer con toda esa información?: “preservando la identidad del internauta móvil, se puede hacer llegar al operador, de manera que este les ofrezca a los anunciantes la mejor medición posible del impacto de sus anuncios”.
Yo no sé lo que pensarán ustedes, pero a mí, esta historia me parece una aberración. Como periodista, he tenido que contarles a los lectores un montón de veces las vicisitudes de la Directiva de Protección de Datos y ahora me encuentro con que unos espabilados están en condiciones de coleccionar datos de comportamiento de usuarios por Internet, a efectos publicitarios. Sí, ya sé que Google lo hace habitualmente, pero yo puedo utilizar ese motor de búsqueda, o no.
De lo que hablamos ahora es distinto: se trata de que una empresa de análisis de mercado, en connivencia con mi operador de Internet, subrepticiamente, coleccione enormes volúmenes de información de los usuarios de la Red. El número del teléfono que navega por esas páginas está incluido en esa información, pero GfK dice que “preservará el anonimato” del usuario, cuando comunique los datos a los operadores para que estos, a su vez, les digan a los anunciantes cómo y por dónde tienen que orientar su mensaje. GfK supongo, estará sometida a la Directiva de Protección de Datos pero, qué quieren que les diga, a mí, que llevo décadas manejando datos con ordenadores, no me reporta ningún consuelo.
Estoy convencido de que permitir estas prácticas es nocivo para la libertad individual. No debería estar autorizado coleccionar información sobre los hábitos de las personas. Se trata de información sensible que un día puede ser utilizada por los anunciantes, otro por los políticos y un tercero por los dictadores o por cualquier enemigo de las libertades individuales. Con resultados catastróficos. El otro día discutía de este asunto en casa, con unos amigos: me tachaban de retrógrado. Por lo visto, es el progreso y hay que apechar con sus servidumbres. Yo no lo creo así, sobre todo porque las nuevas tecnologías, estas del rastreo por Internet combinadas (que se puede) con las RFID (siglas de Radio Frequency Identification Device, pequeñas etiquetas adheridas a todo género de objetos que transmitirán información a unas microantenas desplegadas por cualquier lugar, y por ellas a enormes bancos de datos), van a desnudarnos mucho más que el scanner ese de los aeropuertos. Y una vez desnudos, ya nos vestirán otra vez los publicitarios, y nos volverán a desnudar cuando nuestra ropa sea identificada públicamente (por un error del sistema, claro) como de la temporada pasada, a través de las etiquetas RFID.
¿No me creen?. Al tiempo.
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Oscar Gomez Barbero dijo
Efectivamente será el tiempo el que al final demuestre si algunos de estos temores son infundados o no. Pero desde luego el plantearlos me parece importante, aunque sólo sea para que nos concienciemos cada vez más.
Txiguin dijo
No te voy a creer jajja. Totalmente de acuerdo, esa es la palabra y en plural y vale para femenino y masculino y es = a ESPIAS.
Porque "espios" que yo sepa el Lazaro Carreter (o Academia de la Lengua Española, que fija y da esplendor, para ser exactos,) no ha aceptado tovaia el "palabro" "espios" que seria el masculino de espias (èsta -espias- vale tanto para hombres como para mujeres) y que me dicen de la Tecnologia con la que se ecucha, recopila y se procesa la informacion (pues eso que las ondas -del tipo que sean, bien del microondas como herzianas como analogicas o digitales- no son ni masculinas ni femeninas y ya el politicamente correcto y correcta va tener por donde "escaparse")
Llamar Retrogrado a un amigo ya un poco "mayor", como dice el refràn donde hay confianza da asco.
Estamos controlodos y controladas y el/la que no lo quiera asumir que feliz tiene que estar (no hay mayor felicidad que una cabeza vacia o ausente de preoucpaciones y datos)
Suerte por ahi arriba Fernado.
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