Mariano Rajoy termina hoy su periplo colombiano. El presidente del PP incrementará a partir de ahora su presencia en el exterior. José María Aznar, antes de alcanzar La Moncloa en 1996, se había recorrido casi toda América Latina y países tan claves en política internacional como Israel. Rajoy, que visita una media de seis localidades españolas a la semana, sabe que tiene que usar más el pasaporte. Suele repetir que no se quiere marchar lejos, porque hay muchas cosas por hacer… Rajoy ha comprobado la necesidad de compaginar su apretada agenda doméstica con la exterior. También que hay paíases en los que las ruedas de prensa en el palacio presidencial pueden tener público, tal y como muestra la fotografía. Por cierto, que uno de los testigos acidentales le gritó. “Duro con Chavez”. Colombia, inmersa en plena campaña de las presidenciales -que sérán en mayo- sigue conviviendo con el asesinato de periodistas a manos de presuntos grupos paramilitares y anuncios como que solo quedan 79 secuestrados por las FARC, de los 2800 casos que había registrados en 2007. Pese a ello, la imagen que se da de Bogotá, como una de las ciudades sin ley del continente, dista mucho de la realidad. Es un destino coqueto y en alza.
Más viajes al exterior
Arte, colores, bomberos y ETA
El estruendo de las bombas hace mucho que cesó en Bogotá. El jefe de nacional en Colpisa los recuerda muy bien, porque en la época de mayor agitación él era corresponsal de El Correo en Colombia. Ahora la violencia callejera preocupa más que la terrorista, muy localizada en ciertos departamentos del país. Pero esta ciudad, que apenas tuvo tiempo de visitar Mariano rajoy, porque se marchó con su esposa a Cartagena de Indias, representa hoy una explosión de arte. El festival Iberoamericano de Teatro ha tomado las calles, llenando todo de colores, una mezcla que le gustaría, sin duda, a Lucia. La imagen muestra la fachada del Capitolio, literalmente tomada por una espectacular marabunta. La noticia de que la policía ha confundido a cinco bomberos catalanes con miembros de ETA ha pillado a Rajoy en Cartagena de Indias. Lo curioso es que, horas antes del suceso, el líder del PP y ex ministro del Interior, comentó su preocupación porque se publicaran demasiadas noticias sobre los operativos contra ETA, sobre todo porque podían darle pistas al enemigo…
Azules, colorados y rincones de Bogotá
Muy cerca del palacio Nariño, en el centro histórico de Bogotá, hay una calle coqueta, pero que sorprende más por su nombre: la calle del Divorcio. Mariano Rajoy y toda la comitiva que le acompaña en su periplo colombiano tuvo pasó por ella para acceder a la sede presiencial donde se entrevisto con Álvaro Uribe. Los periódicos de Bogotá han destacado el encuentro con cierto despliegue tipográfico, claro que la noticia política de la semana en Colombia es la postulación de Noemí Sanín como candidata a la presidencia por los azules, es decir, por el Partido Conservador. Volviendo a la calle Divorcio, la historia de la ciudad narra que por los adoquines de esta vía transitó un amor sin suerte, similar al de Romeo y Julieta. Lo curioso es que, según la versión popular, los amantes que no pudieron estar juntos profirieron una maldición que afecta a todas las parejas que por allí transitan…alguna periodista española conoció la leyenda tarde, porque ya se había tomado una instantánea…No todo en un viaje de 48 horas puede ser política, también debe haber un hueco, aunque sea pequeño, para paseos y leyendas.
Al madrugón, buena cara
Seis menos cuarto de la mañana. Eso dice el reloj. Lo difícil es poder concretar si de España o de Colombia. La vigilia te hace dudar. Bogotá amanece, y lo hace demasiado temprano en mi caso debido a la caótica circulación que padece esta urbe en hora punta y a los tres controles que hay que pasar para acceder a la Casa Nariño, el palacio presidencial de Colombia, donde Álvaro Uribe a Mariano Rajoy a las nueve de la mañana. Salimos del hotel a las seis y media de la madrugada. Al madrugón, solo queda dedicarla buena cara, como demuestran las dos fotografías que incluye este post, en las que se observa a algunos de los compañeros y compañeras de viaje. Rajoy tiene previsto anunciar que, si llega a La Moncloa, todos los residentes españoles de acá tendrán derecho a misma la tarjeta sanitaria que los que viven allá, una aspiración añeja para los emigrantes o hijos de emigrantes. Los periodistas colombianos, co amabilidad y su dulce acento, pregunta como hay que llamar a Rajoy: “licenciado, doctor, señor…” También quieren saber si es arisco o amable. Los periodistas españoles dan respuestas para todos los gustos. Los colegas de Bogotá traen la lección aprendida: “pero este señor Rajoy estará feliz si le preguntamos por Venezuela o Cuba, no…”
En los dominios del PP, tampoco se pone el sol
En Bogotá, una ciudad con ocho millones de habitantes, viven unos 10.000 españoles o descendientes directos de españoles, es decir, que tienen derecho a votar en los comicios que se celebren en España. Un grupo de entusiastas del PP han inaugurado una sede, con Mariano Rajoy como gran invitado. Fue todo un acontecimiento social, con cánticos y bailes regionales (no faltó el ballenato, ‘Rajoy, por tí mato..’). El líder del PP, al comienzo de su alocución, se mostró orgulloso de ser galleo y de la capacidad de sus compatriotas para buscar prosperidad en cualquier rincón del mundo (una acepción del término que tal vez no maneja con soltura Rosa Diez). Hubo muchos discursos, demasiados si uno lleva diez horas de avión y casi dos de inauguración, pero lo cierto es que algunas intervenciones dejaron perlas como la de Carmen Tiago, entusiasta secretaria del PP en Colombia. Recordando la cita histórica de Carlos I, aquella sobre que en sus dominios nunca se ponía el sol, exclamó: “Mariano, en los dominios del PP tampoco se pone el sol, porque mientras el PP de España duerme, el PP de Colombia trabaja y brilla…” Claro que no todo se ciñó al guión previsto. Un grupo de payasos callejeros, atraídos por tanto foco, también buscó su rinconcito de gloria, tal y como muestra la fotografía.
Confesiones a once mil metros
El avión sale con retraso. Un viajero no aparece, pero su maleta sí está en la bodega. El protocolo de seguridad obliga a desembarcarla. Entonces el comandante dice por megafonía que no llegaremos tarde, porque va a correr más. Una pregunta, si pueden correr más, por qué no lo hacen como norma general (aunque no haya maletas sin dueño) para que todos los vuelos lleguen antes. El Airbus 340/600 alcanza sin problemas su altitud máxima de once mil metros. Mariano Rajoy y su esposa Elvira (que le acompaña en este viaje) conversan con Jorge Moragas, responsable de política exterior del PP. Sonsoles ,Onega, de Tele 5, y su cámara quieren tomar imágenes. Rajoy accede con toda cordialidad, pero surge un problema inesperado: dos sobrecargos del avión nos dicen que está prohibido grabar o tomar fotografías en el interior, aunque la persona a filmar dé su consentimiento. “¿Viene Shakyra?”, pregunto con un tono de quinceañero del que me arrepiento al instante. No, no hay estrellas a bordo. El motivo resulta ser más curioso. Uno de los auxiliares de vuelo pregunta a los periodistas: “¿Y si el compañero de fila es un señor que viaja a Bogotá con su querida o sin que lo sepan sus jefes?”. La respuesta, pese a resultar un tanto desconcertante, tiene su lógica: la intimidad, divino tesoro. Una gestión de Carmen Martínez Castro, responsable de comunicación del presidente del PP, permite que finalmente los compañeros de Tele 5 hagan su trabajo y, de paso, dejen a este polizón sin ventanilla hacer su trabajo. No puedo evitarlo, de regreso a la clase turista echo un vistazo de soslayo al resto de filas de ‘clase bussines’ en busca de presuntos o hipotéticos amantes…
Almendras amargas
Mentalizarse para afrontar un viaje en avión de más de once horas requiere una paciencia de la que carezco, pero los aeropuertos ofrecen la coartada perfecta para no pensar en nada. El olor a perfume que emana de las incontables tiendas es tan intenso que haría olvidar, incluso, al genial Florentino Ariza que el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. Lo que, en efecto, resulta inevitable es evocar a Gabriel García Márquez cuando uno viaja a Colombia. Pero divagar en un bar de aeropuerto tiene sus riesgos. La pareja de la mesa de al lado lee con pasión…el horóscopo de una revista. “Lo ves, no tienes nada que temer, porque el tuyo solo te dice cosas buenas”, le comenta una al otro. “Tienes razón, pero sabes que me pone nervioso volar, aunque es cierto que hasta que todo está escrito y hasta que no llegue tú día…”, le responde el uno a la otra. “Esperemos que hoy no sea el día del piloto…”, apostillo yo, para ayudar. Mariano Rajoy seguro que vive estos minutos previos al embarque intercambiando opiniones con sus asesores. Cuatro días fuera de esta España tan convulsa puede deparar sorpresas, aunque con un puente de por medio, resulta improbable que cuando regrese se encuentre resueltas la sentencia del Tribunal Supremo sobre el Estatut, el levantamiento del sumario del caso Gürtel o las imputaciones contra el juez Garzón…Al menos la rebelión, la del IVA digo, seguro que le esperará hasta el lunes.
No, no vamos en helicóptero
Tengo una excelente cosecha de amigos perversos. Nada más enterarse de que mañana me marcho a Colombia a contar el periplo de Mariano Rajoy en Bogotá me hicieron una pregunta. “¿No te montarás con él en helicóptero?” Y es que la gente tiene memoria sólo para lo que quiere. Que Rajoy tuviera un percance, por cierto junto a la lideresa Esperanza Aguirre, no le convierte en ningún gafe aéreo.
En la campaña electoral de 2008, al candidato popular le hicieron un vallenato en el que, a modo de corrido mexicano, se contaban sus hazañas y sus bondades. Este incunable tal vez nunca llegó a Colombia, santuario de este ritmo. Llevo una copia, por supuesto, para comprobar qué reacción produce.
Rajoy se entrevistará con el presidente Álvaro Uribe para demostrar que el demonio, además de cuernos y tridente, luce una gorra calada al estilo del Che y discurso de visionario bolivariano. ¡Alo, presidente!
Mi amigo Matias Nieto, sin duda, uno de los mejores fotógrafos del universo (y más allá) no para de hacerme fotografías mientras escribo este post. “Por si no vuelves”, bromea. En fin, ya empezamos.

