Rafael M. Mañueco
La vida en Moscú
Resulta que el líder de la revolución libia, Muammar al Gadafi, es admirador de la legendaria cantante francesa Mireille Mathieu desde hacía tiempo. El primer ministro ruso, Vladímir Putin, lo sabía. Así que, para romper el hielo y propiciar unas conversaciones fructíferas, hizo coincidir el sábado el último concierto en Moscú del “ruiseñor de Aviñón” con la visita de Gadafi.
Fue toda una sorpresa para el dirigente árabe. Putin quedó con él en una de las estancias contiguas a los camerinos del auditorio del Palacio del Kremlin, justo en el intermedio del espectáculo ofrecido por Mathieu el sábado. «Gracias a usted tuve el honor de actuar en
Gadafi apareció de repente, saludó y se quedó mirando sorprendido a la cantante. «¡Pero si es...!». «Sí, efectivamente, es Mireille Mathieu», le interrumpió Putin. Se inició en ese momento una animada conversación sobre Francia, su capital y la belleza y elegancia de las féminas galas. El jefe revolucionario dijo que su última visita a París tuvo lugar el año pasado y resaltó el hecho de que su programa oficial incluyera un encuentro con una organización feminista.
«Pues ahora tenemos la oportunidad de escuchar a una auténtica representante de la mujer francesa», afirmó Putin. Sin esperar más, los dos altos mandatarios se incorporaron a la segunda parte del espectáculo en la inmensa sala del Palacio que en otros tiempos acogía los multitudinarios congresos del Partido Comunista de
Mathieu continuó su actuación con más entrega, si cabe, que en la primera parte. Por supuesto, interpretó la famosa canción de Edith Piaf “Non, je ne regrette rien” y la inolvidable “Paris en Colère”. Cantó además varias canciones en ruso que hicieron las delicias del público asistente. Putin y Gadafi también acabaron satisfechos.
«Ahora soy yo el que agasaja», dijo inesperadamente el adalid libio nada más finalizar la gala. Desde su llegada a la capital rusa, el pasado viernes, Gadafi tiene instalada su jaima beduina en los jardines del Kremlin. «Iremos a tomar té a mi casa». Putin y Mathieu aceptaron la invitación y recorrieron juntos los 300 metros que separan el Palacio de la tienda de lona con la que el jefe del Estado libio viaja habitualmente.
La noche era fría, así que hubo que encender varias hogueras, pese a que en la jaima se había instalado ya un potente sistema de calefacción. Mathieu, que cumplió 62 años en julio, admitió que nunca antes había estado en el interior de una tienda beduina. Su traductora, le instó a formular un deseo. «Cuando nos encontramos por primera vez en una situación que nunca antes hemos vivido, en Rusia solemos pedir que se cumpla alguna de nuestras aspiraciones», explicó la joven. Mientras, Gadafi descifraba el significado de los dibujos estampados en la lona.
Al final de la velada, Putin dijo estar dispuesto a acompañar a Mathieu hasta el mismísimo hotel. Pero ella se conformó con su presencia sólo hasta llegar al coche, que la esperaba en la plaza de las Catedrales, en el corazón del recinto amurallado del Kremlin.
Las informaciones publicadas el miércoles por ABC y otros diarios españoles, en relación con las grabaciones en las que el capo mafioso ruso Guennadi Petrov se jacta de haber comprado la semifinal y final de
“Zenit y Bayern unirán sus fuerzas, encontrarán un gabinete de abogados y los que publicaron esos artículos recibirán su merecido”, declaró Mutkó indignado durante una rueda de prensa. Según sus palabras, “se trata de un intento de vilipendiar y restar mérito al fútbol ruso”. El ministro ruso de Deporte, que además preside
Hasta Dmitri Kupriánov, portavoz de gigante energético ruso Gazprom, principal patrocinador del Zenit, salió ayer en defensa del equipo. “Son calumnias, no sólo contra el Zenit, sino contra Rusia”. “Quienes vieron el excelente juego del conjunto de San Petersburgo saben que ganó por mérito propio”, afirmó Kupriánov y anunció que los abogados del Zenit “estudian ya el asunto para presentar una querella”.
En conversaciones telefónicas intervenidas, Petrov habla del pago de 40 millones por lograr que el partido de vuelta de semifinales de
El Real Madrid ganó el martes al Zenit en la antigua capital imperial rusa (1:2), justo en la víspera de la visita a la ciudad del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, para entrevistarse con Medvédev. Lo primero que dijo Zapatero al inicio de su encuentro con el presidente ruso fue que su visita coincide, pero no tiene relación con la derrota que sufrió el Zenit. Medvédev, en calidad de perdedor, aceptó a medias la broma. Respondió sonriendo irónicamente: “yo no podría haber comenzado –la reunión- con esto”. Para arreglarlo, el presidente del Gobierno afirmó que “es un gran equipo el Zenit”, a lo que el jefe del Kremlin contestó: “ya veremos”.
Se veía venir que iba a hacer destrozos. Tantas fotografías con el torso al aire en actitudes insinuantes o demostrando habilidades propias de auténticos machos no podían conducir a otra cosa. Según un sondeo realizado entre mujeres rusas con edades en torno a los 30 años, el segundo hombre más sexy del país ha resultado ser el ex presidente y actual primer ministro ruso, Vladímir Putin, el verdadero hombre fuerte del Kremlin.
La encuesta aparece en el número de septiembre de la edición rusa de la revista Sex and the City. La publicación proclama que sus lectoras son “mujeres de entre 25 y 40 años, guapas, inteligentes, inquietas y sin pareja permanente”. Féminas de ese contingente, como las heroínas de la serie “Sexo en Nueva York”, son las que han respondido a las preguntas de los encuestadores y el resultado ha sido sorprendente.
El más sexy es Borís Nemtsov, un político liberal venido a menos. Fue ministro en el Gobierno de Borís Yeltsin y tiene fama de ligón. Putin, que fue agente del KGB, es el segundo en la lista y muchas, como Vera, una estudiante de 23 años, consideran que debería haber figurado en el puesto número uno. “Nemtsov está ya pasadito y tuvo siempre una belleza empalagosa, Putin -56 años- tampoco es que sea un pimpollo, pero su frialdad y rostro pétreo le dan un aire de hombre duro y decidido”. Oksana, también estudiante, admite que el jefe del Gobierno ruso tiene aspecto intrépido e incluso elegante. “Como un agente secreto, pero no me parece que sea muy sexy”, asegura.
Putin se presenta a menudo vestido con uniformes militares, que son muy del agrado de las rusas. La propaganda militarista se cultiva desde siempre con especial esmero. También practicando Judo. Causaron sensación aquellas instantáneas en las que el líder ruso se exhibe a bordo de un cazabombardero o ataviado con el uniforme de oficial de submarinos. Una memorable es aquella en la que se le ve abriendo fuego con una pistola. La última fue obtenida el pasado 31 de agosto, disparándole un dardo tranquilizante a una tigresa.
Pero la imagen más expresiva de Putin fue conseguida mientras pescaba en Siberia en compañía del Príncipe Albert de Mónaco. Su pecho desnudo, impresionó, no sólo a las mujeres, sino también a los gays. Dicen que Putin se ha convertido en un icono para ellos.
La lista de los políticos rusos que más deseo levantan entre sus congéneres del sexo opuesto está constituida por 20 nombres. En ella figura además el actual presidente ruso, Dmitri Medvédev, en el séptimo lugar, y el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, en el quince. Putin ha recibido ya otros reconocimientos. La revista estadounidense Time le proclamó “personaje del año” en 2007.
El asesinato del propietario de una página web opositora podría desestabilizar aún más la ya conflictiva situación en la república norcaucásica rusa de Ingushetia, fronteriza con Chechenia y Osetia del Norte. Compañeros y seguidores del editor muerto piensan convocar manifestaciones para pedir ayuda a la comunidad internacional a fin de «detener el genocidio del pueblo ingushetio» e incluso plantear el inicio de un debate para la autodeterminación.
Magomed Evlóyev, dueño de la página www.ingushetiya.ru voló ayer desde Moscú al aeropuerto de Magás (Ingushetia). En el mismo avión se encontraba el presidente de la república, Murat Ziázikov, quien acaba de conseguir que los tribunales rusos ordenen el cierre del portal de Evlóyev. Éste, nada más llegar a la terminal del aeropuerto, fue detenido por un grupo de enmascarados armados hasta los dientes, al parecer, agentes de las fuerzas especiales de la Policía.
Las informaciones sobre lo que sucedió a partir de ese momento son confusas. Periodistas locales aseguran que, tras ser tiroteado en la cabeza, Evlóyev fue arrojado del vehículo policial y recogido después por sus familiares. Lo cierto es que el opositor ingushetio murió en la mesa de operaciones de un hospital de Nazrán, la capital de Ingushetia. El Ministerio del Interior local sostiene que Evlóyev intentó arrebatarle la ametralladora a uno de los policías y, en el forcejeo, recibió un disparo en la sien.
Por supuesto, nadie se cree la versión oficial. Magomed Jazbíev, uno de los colaboradores del difunto, manifestó ayer que habrá movilizaciones para «sensibilizar al mundo del genocidio que padece el pueblo ingushetio». Según sus declaraciones, «si esto continúa, exigiremos que la república deje de formar parte de la Federación Rusa».
Ingushetiya.ru es la única fuente de información crítica con las autoridades que existe en la república. En la web se publican detalles sobre asesinatos y secuestros realizados por las fuerzas de seguridad rusas y por 'escuadrones de la muerte' al servicio de Ziázikov. El portal facilitó pruebas de las manipulaciones habidas durante las votaciones en las pasadas elecciones presidenciales.
Abusos y arbitrariedades
La interminable operación contra la guerrilla separatista chechena causa ya hartazgo en los habitantes de Ingushetia y Daguestán, en donde raro es el día que no se produce algún ataque, atentado o asesinato. La tasa de paro es altísima y viajar a otros lugares de Rusia, si se carece de contactos, supone acabar tarde o temprano entre rejas.
Los abusos y arbitrariedades con personas que nada tienen que ver con los grupos islamistas se repiten a diario y la indefensión es absoluta. Rosa Malságova, redactora jefa de Ingushetiya.ru ha tenido que huir de Rusia debido a las amenazas recibidas mientras el propio Evlóyev decidió trasladar su residencia a Moscú.
La radio Eco de Moscú difundió ayer declaraciones de otros opositores ingushetios que afirmaban añorar la época en la que al frente de la república estaba Ruslán Áushev, uno de los políticos más carismáticos de los años 90. Vladímir Putin, siendo aún presidente de Rusia, le destituyó y puso en su lugar a Ziázikov, un personaje que, según testimonios que ayer puso en antena la emisora moscovita, «nunca se le ve ni aparece en público. Sólo le vemos cuando pasa en su automóvil rodeado de un ejército de guardaespaldas».
El vídeo adjunto fue elaborado por periodistas ingushetios y está dedicado al presidente de la república, Murat Ziázikov.
Astaná, la capital de Kazajstán, acaba de cumplir diez años. Su construcción es una de las obras más grandiosas acometidas en las últimas décadas, comparable solamente a la edificación de Brasilia, capital brasileña desde 1960. La idea de cambiar de sitio el centro administrativo del país centroasiático y de levantar en medio de la estepa una resplandeciente urbe de rascacielos pertenece en exclusiva al presidente, Nursultán Nazarbáyev, uno de los pocos supervivientes de la antigua nomenklatura soviética.
Nazarbáyev, antiguo miembro del Comité Central del Partido Comunista de la URSS, dirige desde 1984 los designios del mayor país de la región con mano más o menos firme, según las épocas. Su régimen puede considerarse moderadamente autoritario, al menos si se le compara con algunos de sus vecinos como Turkmenistán y Uzbekistán, en donde la democracia brilla realmente por su ausencia. El presidente, a quien sus conciudadanos perciben como un padre de la nación, ha querido que la nueva y pujante capital sea el principal distintivo de su reinado.
Es entre todas las ciudades de la antigua Unión Soviética la más avanzada en innovaciones arquitectónicas. Su referente es Dubai. El plan urbanístico es obra del japonés Kisho Kurokawa y la mayoría de los proyectos han ido a parar a manos de muchos otros arquitectos de renombre internacional, entre ellos el español Ricardo Bofill. La orilla izquierda del río Ishim, en donde se erige la parte moderna de la ciudad, era un erial hace doce años. En el lado antiguo, que se extiende a través de la orilla derecha, aún se pueden ver edificios soviéticos y alguna que otra mísera casucha.
Reducto de riqueza
Astaná es el testimonio más evidente del vertiginoso desarrollo económico que el país centroasiático ha experimentado en los últimos años. Con una superficie de 2,7 millones de kilómetros cuadrados, el noveno estado más grande del mundo, y una población de casi dieciséis millones de habitantes, Kazajstán atesora una enorme riqueza en materias primas, petróleo y, sobretodo, gas, y es uno de los exportadores de grano más importantes del planeta.
Su economía aumentó el pasado año un 8,5%, dos puntos menos que en 2006. El índice de crecimiento para el presente año rondará el 6%. El primer ministro kazajo, Karim Maxímov, admite que el frenazo «se debe al impacto de la crisis mundial». Pero el levantamiento de nuevas construcciones en Astaná no se detendrá. Las autoridades se han gastado ya en el desarrollo de la capital 8.000 millones de dólares -algo más de 5.000 millones de euros- y piensan invertir todavía 10.000 millones más -6.300-.
La ciudad se fundó con el nombre de Akmolinsk en 1830. Entonces no era más que una fortificación creada por el coronel ruso Fiodor Shubin, que participó en la batalla de Borodinó contra las tropas napoleónicas. Luego se transformó en una pequeña villa ganadera. Tras la revolución bolchevique de 1917, la población alcanzó los 10.000 habitantes, pero quedó después diezmada como consecuencia de la hambruna de 1933.
Un pasado versátil
El régimen estalinista sembró la zona de campos de concentración a finales de los años 30. Uno de ellos, el denominado ALZHIR, abreviatura de Campo de Akmolinsk para las Esposas de los Traidores a la Patria, cuenta hoy con un museo en las afueras de la capital. Alzhir, palabra que en ruso significa también Argelia, fue uno de los penales femeninos más grandes de toda la URSS.
En los campos de Akmolinsk y alrededores llegaron a concentrarse más de 80.000 prisioneros. Tras la Segunda Guerra Mundial a la región fueron también deportados alemanes y chechenos, a quienes se acusó masivamente de colaborar con los nazis. En 1954, en la ribera derecha del Ishim se crearon colonias para la explotación agraria de las llamadas tierras vírgenes 'tseliná'. Por eso, la ciudad fue bautizada en 1961 con el nombre de Tselinograd. Veintiocho años después, era ya un centro industrial con fábricas de vagones de ferrocarril y maquinaria agrícola. Tenía entonces 300.000 habitantes. Ahora posee 700.000 y se espera que en 2010 alcance el millón.
Con la desintegración de la Unión Soviética y la independencia de Kazajstán, Tselinograd pasó a llamarse Akmolá (Tumbas Blancas). La decisión de convertirla en capital en detrimento de Almatí fue adoptada en 1994. Nazarbáyev afirmó entonces que las montañas impedían su desarrollo. Quería también estar más cerca de Rusia. Otra de las razones para desechar la antigua capital, según comentan, es que está en zona sísmica. En realidad, se trataba de situar el Gobierno en el centro geográfico del país. La mitad norte, poblada mayoritariamente por rusoparlantes, encerraba una cierta amenaza de secesionismo.
El decreto que estableció Akmolá como capital de Kazajstán fue promulgado el 20 de octubre de 1997 y el 6 de mayo de 1998, se decidió cambiar su nombre por el de Astaná, palabra que en kazajo significa capital. Su presentación mundial tuvo lugar el 10 de junio. Sin embargo, las celebraciones del décimo aniversario de la peculiar metrópoli se han hecho coincidir con el pasado día 6, fecha del 68 cumpleaños del presidente Nazarbáyev.
Mármoles y cúpulas
Entre 2000 y 2006 se erigieron los cien edificios más grandes y emblemáticos de la parte nueva de Astaná. El centro neurálgico es el rectángulo que se prolonga desde la residencia del presidente, un formidable palacio de mármol blanco rematado por la típica cúpula azul centroasiática, hasta el “parque de los enamorados”. En ese entorno se encuentran la sede del Gobierno, casi todos los ministerios, las dos Cámaras del Parlamento, el Tribunal Supremo, el Archivo Nacional, las oficinas centrales de la compañía de petróleo y gas de Kazajstán (Kazmunaigaz), la principal mezquita, regalo del pueblo de Qatar, y un impresionante complejo de viviendas para funcionarios.
En el mismo centro de la plaza, se alza la torre Baiterek, que tiene 105 metros y desde la que se divisa toda la ciudad. Los rusos la llaman “chupa-chups” y es el símbolo de Astaná. Una de las edificaciones más destacables es la pirámide del Palacio de la Paz y la Concordia, diseñada por el famoso arquitecto británico Norman Foster. Tiene una altura de 62 metros y alberga el teatro de la ópera, inaugurado en 2006 por Montserrat Caballé. El Ministerio de Finanzas tiene forma ondulada, como la “s” del dólar, pero en verdad pretende asemejarse a la bandera kazaja con su acristalamiento azul.
El proyecto de Bofill es una gran espacio de 350.000 metros cuadrados que incluye el Palacio de las Artes, apartamentos y varios bloques de oficinas. Otra gran realización en curso, también de Foster, es el “Khan Shatyr”, un inmenso centro de ocio con cines, restaurantes, piscinas, aparcamientos, tiendas, minigolf y hasta un parque botánico con plantas tropicales. El conjunto estará coronado por una enorme bóveda de cristal en forma de “yurta” (tienda de campaña nómada).
Al estar en una planicie, Astaná tiene el inconveniente de que sopla el viento de forma casi permanente. Por eso se edifican casas de gran longitud. Las llaman la “gran muralla”. Se han plantado además miles de árboles por todas partes para mitigar la aridez del entorno y se han construido decenas de fuentes. Un vergel en mitad de la estepa. Una extravagancia entre el despotismo y la prosperidad.
Hace hoy un siglo, el 30 de junio de 1908, a las siete y cuarto de la mañana, se produjo en pleno centro de Siberia la mayor deflagración que jamás había conocido el ser humano. Su potencia fue 185 veces superior a la bomba atómica de Hiroshima. La catástrofe tuvo lugar en un lugar situado en las cercanías del río Podkámennaya Tunguska, afluente del Yeniséi, en la región que actualmente se llama Evenkiiski. La sacudida llegó a ser detectada en Londres y San Francisco.
Vanavara es la aldea más cercana al epicentro de la explosión, 65 kilómetros exactamente. Allí se hallaban aquella mañana dos de los testigos que, 19 años después, relatarían sus impresiones sobre lo observado a Leonid Kulik, el primer científico que puso el pie en la zona para tratar de esclarecer lo sucedido. Kulik cuenta en su diario que aquellas personas, un granjero y un leñador, miraron hacia el norte y vieron cómo desde el este se acercaba una enorme bola incandescente. Avanzaba a gran velocidad con trayectoria descendente dejando tras de sí una densa estela de humo y polvo.
Sintieron como si se les quemara la piel y escucharon una descomunal explosión. Una intensa luz les cegó y la onda expansiva les arrojó al suelo. Pocos segundos después, las casas de madera de los pocos habitantes de Vanavara fueron zarandeadas por un temblor de tierra equivalente a un terremoto de 5 grados en la escala de Richter. El maquinista del Transiberiano detuvo el tren por miedo a descarrilar.
Desde cientos de kilómetros a la redonda se pudo ver una inmensa columna de humo semejante al hongo que se forma tras una explosión atómica. Así lo constataron en aquel entonces habitantes de distintas localidades de la región. El cataclismo tumbó los árboles de la taiga siberiana en una superficie de 2.150 kilómetros cuadrados y se declaró un incendio que acabó con 200 kilómetros cuadrados de bosque.
Los troncos de muchos árboles, no obstante, aunque desprovistos de ramas y chamuscados, se mantuvieron erguidos: «Como si fueran postes de líneas telefónicas», señala Donald Yeomans, responsable del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y uno de los mayores especialistas en este fenómeno. Algo similar fue observado tras la explosión nuclear en Hiroshima.
En un campamento nómada de las etnias locales, situado a 20 kilómetros del lugar de la explosión, perecieron casi un millar de renos. Los animales sufrieron quemaduras o salieron despedidos por el aire. No existe un cálculo del número de personas que perdieron la vida aquel día. La zona es de difícil acceso y sigue prácticamente despoblada, pero muchos murieron en los días posteriores debido a «extrañas enfermedades» lo que, junto a las mutaciones detectadas en plantas y animales, induce a pensar en emisiones radiactivas.
El polvo levantado durante la explosión enturbió la atmósfera durante varias semanas, según lo que ahora se conoce como el «efecto invernadero». Sin embargo, aumentó considerablemente la luminosidad nocturna. Las nubes se formaban a una altura de 80 kilómetros y, al reflejarse en ellas, los rayos solares daban como resultado «noches blancas», que fueron visibles incluso en Europa occidental.
Kulik encabezó la primera expedición a la zona en 1927. Hizo varios viajes hasta que, durante la II Guerra Mundial, murió en un campo de concentración nazi. Las investigaciones se reanudaron en 1958 y, desde 1990, se empezó a permitir la participación de científicos extranjeros. Nunca se encontró un cráter que demostrase que aquel objeto celeste impactara con el suelo, aunque algunos señalan al lago Cheko.
Las conclusiones apuntan en la actualidad a que el causante de aquel pequeño «fin del mundo» debió ser un meteorito o un cometa de unos 80 metros de diámetro. Entró en la atmósfera terrestre a una velocidad de 30 kilómetros por segundo. Se cree que explotó en el aire en cuatro grandes trozos a una altura de 8 kilómetros, y liberó una energía de 37 megatones. Provocó perturbaciones en el campo magnético terrestre y fuertes oscilaciones de la presión atmosférica. En zona poblada, hubiese matado a cientos de miles de personas.
Hubo decenas de hipótesis
Existen decenas de hipótesis que tratan de explicar lo sucedido hace un siglo en Tunguska. El impacto de un meteorito fue la más extendida hasta que se descubrió que no había ningún cráter. La similitud con las explosiones de Hiroshima y Nagasaki hizo surgir, a partir de 1945, la idea de que en Siberia se estrelló una nave extraterrestre propulsada por un reactor nuclear. El constructor de cohetes espaciales soviético Serguéi Koroliov buscó sin éxito en Tunguska fragmentos del supuesto platillo volante. Se habló también de la posibilidad de que hubiese sido un agujero negro.
En la actualidad, la hipótesis más plausible, aunque hay hechos que la contradicen, como la radiactividad y las alteraciones electromagnéticas, es la de que un pequeño cometa con un núcleo formado por gas y polvo helado explotase antes de tocar tierra.
Rodeados por una mayoría aplastante de colegas rusos, la media docena de periodistas españoles llegados a la localidad siberiana de Janti-Mansiisk para cubrir la cumbre Rusia-UE vimos ayer el partido de nuestra selección en la sala de prensa. Los rusos animaron enardecidos a su conjunto, pero sus gritos no fueron oídos en Viena, que se encuentra a miles de kilómetros.
Tras el gol de Xavi, los gritos de ¡Rusia, Rusia! se intensificaron. La salida de Villa causó regocijo. Güiza logró provocar con el segundo gol el derrumbe de la moral de los informadores rusos presentes. Finalmente, Silva sentenció el encuentro. Decepción general y caras largas, pero corrección absoluta. Este corresponsal recibió las felicitaciones de muchos colegas rusos y tuvo que conceder varias entrevistas a canales de televisión comentando las incidencias del partido, explicando qué opinión merece el juego del equipo ruso y revelando cómo pensaba celebrar la victoria española.
Al principio estábamos siete. Después el corresponsal de TVE y los compañeros de EFE se fueron a ver el ambiente en algún pub cercano y en el estadio, en donde fue instalada una pantalla gigante. Después del primer gol español abandonaron la sala La Vanguardia y Radio Catalunya. Al final sólo quedábamos la corresponsal de El País y yo. Un portavoz del Kremlin habló de la posibilidad de que, en caso de victoria rusa, el presidente Dmitri Medvédev, podría acercarse a la sala de prensa, pero pronto quedó claro que eso no sucedería.
No hubo ningún atributo futbolero entre los periodistas rusos, ni siquiera una bandera. Tampoco nosotros fuimos adecuadamente preparados con la parafernalia de rigor. Éramos en todo momento el objetivo de las cámaras rusas, grabando instantáneas de nuestras reacciones, tanto en los momentos difíciles como durante los goles.
En el descanso repartieron cervezas y canapés. El partido terminó cuando en Janti-Mansiisk eran las dos y media de la madrugada. En la pequeña villa siberiana de 70.000 habitantes las medidas de seguridad ayer fueron extraordinarias, lo que no impidió que los aficionados tuvieran plena libertad de movimientos para acudir a bares y salas de fiesta. En Moscú también se desplegó un dispositivo de seguridad descomunal para evitar incidentes. El centro de la capital rusa fue cortado al tráfico. Pese a la limitación de la venta de alcohol, hubo serias borracheras para ahogar la pena de la derrota. Rusia no pudo tomarse la revancha, pero sus comentaristas deportivos creen que la final contra Alemania la ganará también España.
La calle hierve en toda Rusia. La afición del país cree que su selección ganará a España y vencerá también en la final. Desde que el pasado sábado el conjunto ruso le ganó a Holanda (3-1) no han dejado de verse por todas partes entusiastas agitando la bandera nacional y ensordeciendo a los viandantes con el claxon de sus vehículos. La fiebre futbolera se vive hasta en la pequeña villa siberiana de Janti-Mansiisk, en donde hoy comienza una cumbre ruso-europea.
Janti-Mansiisk, en cuyos alrededores se encuentran los yacimientos petrolíferos más grandes de Rusia, tiene sólo 70.000 habitantes, pero suficientes bares con pantalla gigante. La fiesta del fútbol debe ser colectiva y es mejor ver el partido bien acompañado. El choque entre las selecciones de España y Rusia lo verán juntos hoy allí el presidente ruso, Dmitri Medvédev y el jefe de la Diplomacia europea, Javier Solana. Por supuesto, estará también presente el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso.
Probablemente, los únicos españoles que hay en todo Janti-Mansiisk seamos, además de Solana y algún que otro miembro de la delegación europea, los periodistas que hemos venido a cubrir la cumbre. Nuestros colegas rusos nos están ya buscando por que quieren saber en dónde y con quién vamos a ver el encuentro.
Mientras tanto, las autoridades rusas preparan el envío de una auténtica avalancha de hinchas para asistir hoy en Viena al crucial duelo. «Desde hace 20 años, no habíamos vuelto a estar tan cerca de la copa europea y necesitamos que nuestros jugadores cuenten con el suficiente apoyo en las gradas», comentaba ayer en el Parlamento el ministro de Deportes y presidente de la Unión de Fútbol de Rusia, Vitali Mutkó.
Según sus palabras, «hemos decidido hacer frente a los gastos de los vuelos chárter. Cinco aviones de la compañía Aeroflot parten los días 25 y 26, pagados por empresarios, la Unión de Fútbol de Rusia y el apoyo de la administración del presidente», aseguró Mutkó en su discurso ante los diputados. «Los aficionados viajarán gratis», añadió el ministro.
Aviones privados
Los rusos han recibido un total de 6.200 entradas para el partido. Se está haciendo además un gran esfuerzo para facilitar la entrega de visados a los seguidores de la selección rusa. Pero a la capital austríaca acudirán, no sólo hinchas de a pie, sino también ricachones y en gran cantidad. Los aeropuertos centroeuropeos no dan abasto ante el elevado número de aviones privados rusos.
La Prensa y los comentaristas televisivos rusos insisten en que el enfrentamiento de hoy no tiene nada que ver con el que jugaron las dos selecciones en el grupo D el pasado día 10, en el que España logró un apabullante 4-1. Los futbolistas rusos se sienten ahora mucho más seguros. Además, según los rotativos del país, Andréi Arshavin, que entonces no jugó y ahora sí, «introduce una diferencia clave».
Aún embriagados por el triunfo que obtuvo el Zenit de San Petersburgo sobre el Glasgow Rangers el mes pasado en Manchester, en la final de la copa de la UEFA, los aficionados rusos dicen desear «tomarse la revancha» contra España. En Moscú hay ya apuestas superiores a los 150.000 euros a favor de Rusia, pese a que la mayoría de los expertos consideran a nuestra selección la favorita.
Por si acaso y para evitar altercados, las autoridades municipales de las principales urbes rusas se proponen limitar hoy la venta de alcohol de alta graduación en los establecimientos públicos. Y eso que, en los partidos precedentes, los seguidores del equipo ruso no provocaron incidentes de importancia. El pasado sábado, tras la victoria contra Holanda, en Moscú salieron a la calle casi un millón de personas para celebrarlo.
Son muchos los políticos e intelectuales rusos que han pedido en los últimos años que el cuerpo momificado de Vladímir Ilich Lenin, cabecilla de la revolución bolchevique de 1917, reciba de una vez sepultura. Sin embargo, nunca antes la propuesta había generado tanta indignación en el seno de la izquierda rusa como la que ha provocado el ex presidente soviético, Mijaíl Gorbachov. Los comunistas de San Petersburgo exigen que a Gorbachov le sea retirado el Premio Nobel de la paz por lanzar llamamientos “vandálicos”.
La verdad es que el antiguo jefe del Estado soviético, a la sazón secretario general del entonces Partido Comunista de la URSS (PCUS), se limitó a decir durante una rueda de prensa que “el cuerpo de Lenin terminará siendo enterrado algún día”. Según sus palabras, “el mausoleo ha perdido ya actualidad y tampoco debería haber un cementerio en la muralla del Kremlin”.
No es la primera vez que Gorbachov manifiesta su opinión al respecto, pero esta vez la reacción de los discípulos de Lenin ha sido más fulminante y virulenta que de costumbre. La organización del PCR en San Petersburgo acusó al ex dirigente soviético de “incitar al vandalismo contra un monumento histórico”. El “número dos” del Partido Comunista ruso, Iván Mélnikov, por su parte, advirtió que “ni la sociedad ni nuestro partido permitirán que Lenin sea enterrado”.
Lenin dispuso en su testamento ser inhumado junto a su madre en San Petersburgo, pero, desde 1924, su momia se expone en una urna de cristal en el interior del mausoleo de la Plaza Roja. El clamor a favor de que se cumpla la última voluntad del líder proletario es cada vez más insistente en Rusia. Sin embargo, durante sus ocho años como presidente, el actual primer ministro, Vladímir Putin, hizo oídos sordos. El nuevo jefe del Estado, Dmitri Medvédev, no se ha pronunciado todavía. Gorbachov recibió el Premio Nobel en 1990 por su contribución al desarme y la distensión.
Los países de la Europa occidental ya nos podemos ir despidiendo de volver a ganar en Eurovisión. La Europa oriental, los Balcanes y las antiguas repúblicas soviéticas han creado las mismas alianzas que siempre han existido entre los países escandinavos, anglosajones o ibéricos. En realidad se trata de no decepcionar al vecino. La diferencia ahora es que los del Este son más numerosos. La canción y puesta en escena de Dmitri (Dima) Bilán, tocayo del nuevo presidente ruso, no estuvieron mal, aunque tampoco desmerecieron Grecia y Armenia. Hay que admitir también que Ucrania fue una bomba.
Rusia obtuvo votos de todos sus vecinos, pese a que políticamente no se lleve bien con muchos de ellos, y de otros países que no pertenecen a su área de influencia. Dima Bilán recibió 12 puntos de Estonia, Letonia, Lituania y Ucrania, estados con los que el Kremlin mantiene unas relaciones muy tensas. La misma puntuación le llegó desde Bielorrusia, Armenia, países muy en la órbita de Moscú, y también desde Israel, en donde viven muchos judíos rusos.
Dima, que cumplió en diciembre 26 años, cantó en inglés “Believe me” acompañado del violinista húngaro, Edvin Marton, que tocó con un Stradivarius, y del patinador olímpico, Evgueni Pliúshenko, que realizó sus evoluciones en una reducida pista de hielo. Tuvo su dificultad montar la superficie helada sobre el escenario. Bilán participó antes en Eurovisión en 2006, en Atenas, y quedó en segundo lugar. Nació en la república norcaucásica de Karacháevo-Cherkesia. Nada más conocerse su victoria, recibió de inmediato las felicitaciones del presidente Dmitri Medvédev y del primer ministro, Vladímir Putin. Durante la rueda de prensa posterior al concurso, Dima entonó el tema ganador también en español. Sus paisanos quieren ponerle su nombre a una calle.
Es la primera vez que Rusia consigue el primer puesto en Eurovisión. En otras ediciones participaron estrellas como Alla Pugachova, Filipp Kirkórov, Alsú, Iliá Lagutenko, y los grupos Tatú y Serebró. Las despampanantes chicas de Serebró se colocaron el año pasado en el tercer lugar. El año que viene será Moscú, o puede que San Petersburgo, la sede del festival.
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