Astaná, la nueva Dubai centroasiática

Astaná, la capital de Kazajstán, acaba de cumplir diez años. Su construcción es una de las obras más grandiosas acometidas en las últimas décadas, comparable solamente a la edificación de Brasilia, capital brasileña desde 1960. La idea de cambiar de sitio el centro administrativo del país centroasiático y de levantar en medio de la estepa una resplandeciente urbe de rascacielos pertenece en exclusiva al presidente, Nursultán Nazarbáyev, uno de los pocos supervivientes de la antigua nomenklatura soviética.

Nazarbáyev, antiguo miembro del Comité Central del Partido Comunista de la URSS, dirige desde 1984 los designios del mayor país de la región con mano más o menos firme, según las épocas. Su régimen puede considerarse moderadamente autoritario, al menos si se le compara con algunos de sus vecinos como Turkmenistán y Uzbekistán, en donde la democracia brilla realmente por su ausencia. El presidente, a quien sus conciudadanos perciben como un padre de la nación, ha querido que la nueva y pujante capital sea el principal distintivo de su reinado.

Es entre todas las ciudades de la antigua Unión Soviética la más avanzada en innovaciones arquitectónicas. Su referente es Dubai. El plan urbanístico es obra del japonés Kisho Kurokawa y la mayoría de los proyectos han ido a parar a manos de muchos otros arquitectos de renombre internacional, entre ellos el español Ricardo Bofill. La orilla izquierda del río Ishim, en donde se erige la parte moderna de la ciudad, era un erial hace doce años. En el lado antiguo, que se extiende a través de la orilla derecha, aún se pueden ver edificios soviéticos y alguna que otra mísera casucha.

Reducto de riqueza

Astaná es el testimonio más evidente del vertiginoso desarrollo económico que el país centroasiático ha experimentado en los últimos años. Con una superficie de 2,7 millones de kilómetros cuadrados, el noveno estado más grande del mundo, y una población de casi dieciséis millones de habitantes, Kazajstán atesora una enorme riqueza en materias primas, petróleo y, sobretodo, gas, y es uno de los exportadores de grano más importantes del planeta.

Su economía aumentó el pasado año un 8,5%, dos puntos menos que en 2006. El índice de crecimiento para el presente año rondará el 6%. El primer ministro kazajo, Karim Maxímov, admite que el frenazo «se debe al impacto de la crisis mundial». Pero el levantamiento de nuevas construcciones en Astaná no se detendrá. Las autoridades se han gastado ya en el desarrollo de la capital 8.000 millones de dólares -algo más de 5.000 millones de euros- y piensan invertir todavía 10.000 millones más -6.300-.

La ciudad se fundó con el nombre de Akmolinsk en 1830. Entonces no era más que una fortificación creada por el coronel ruso Fiodor Shubin, que participó en la batalla de Borodinó contra las tropas napoleónicas. Luego se transformó en una pequeña villa ganadera. Tras la revolución bolchevique de 1917, la población alcanzó los 10.000 habitantes, pero quedó después diezmada como consecuencia de la hambruna de 1933.

Un pasado versátil

El régimen estalinista sembró la zona de campos de concentración a finales de los años 30. Uno de ellos, el denominado ALZHIR, abreviatura de Campo de Akmolinsk para las Esposas de los Traidores a la Patria, cuenta hoy con un museo en las afueras de la capital. Alzhir, palabra que en ruso significa también Argelia, fue uno de los penales femeninos más grandes de toda la URSS.

En los campos de Akmolinsk y alrededores llegaron a concentrarse más de 80.000 prisioneros. Tras la Segunda Guerra Mundial a la región fueron también deportados alemanes y chechenos, a quienes se acusó masivamente de colaborar con los nazis. En 1954, en la ribera derecha del Ishim se crearon colonias para la explotación agraria de las llamadas tierras vírgenes ‘tseliná’. Por eso, la ciudad fue bautizada en 1961 con el nombre de Tselinograd. Veintiocho años después, era ya un centro industrial con fábricas de vagones de ferrocarril y maquinaria agrícola. Tenía entonces 300.000 habitantes. Ahora posee 700.000 y se espera que en 2010 alcance el millón.

Con la desintegración de la Unión Soviética y la independencia de Kazajstán, Tselinograd pasó a llamarse Akmolá (Tumbas Blancas). La decisión de convertirla en capital en detrimento de Almatí fue adoptada en 1994. Nazarbáyev afirmó entonces que las montañas impedían su desarrollo. Quería también estar más cerca de Rusia. Otra de las razones para desechar la antigua capital, según comentan, es que está en zona sísmica. En realidad, se trataba de situar el Gobierno en el centro geográfico del país. La mitad norte, poblada mayoritariamente por rusoparlantes, encerraba una cierta amenaza de secesionismo.

El decreto que estableció Akmolá como capital de Kazajstán fue promulgado el 20 de octubre de 1997 y el 6 de mayo de 1998, se decidió cambiar su nombre por el de Astaná, palabra que en kazajo significa capital. Su presentación mundial tuvo lugar el 10 de junio. Sin embargo, las celebraciones del décimo aniversario de la peculiar metrópoli se han hecho coincidir con el pasado día 6, fecha del 68 cumpleaños del presidente Nazarbáyev.

Mármoles y cúpulas

Entre 2000 y 2006 se erigieron los cien edificios más grandes y emblemáticos de la parte nueva de Astaná. El centro neurálgico es el rectángulo que se prolonga desde la residencia del presidente, un formidable palacio de mármol blanco rematado por la típica cúpula azul centroasiática, hasta el “parque de los enamorados”. En ese entorno se encuentran la sede del Gobierno, casi todos los ministerios, las dos Cámaras del Parlamento, el Tribunal Supremo, el Archivo Nacional, las oficinas centrales de la compañía de petróleo y gas de Kazajstán (Kazmunaigaz), la principal mezquita, regalo del pueblo de Qatar, y un impresionante complejo de viviendas para funcionarios.

En el mismo centro de la plaza, se alza la torre Baiterek, que tiene 105 metros y desde la que se divisa toda la ciudad. Los rusos la llaman “chupa-chups” y es el símbolo de Astaná. Una de las edificaciones más destacables es la pirámide del Palacio de la Paz y la Concordia, diseñada por el famoso arquitecto británico Norman Foster. Tiene una altura de 62 metros y alberga el teatro de la ópera, inaugurado en 2006 por Montserrat Caballé. El Ministerio de Finanzas tiene forma ondulada, como la “s” del dólar, pero en verdad pretende asemejarse a la bandera kazaja con su acristalamiento azul.

El proyecto de Bofill es una gran espacio de 350.000 metros cuadrados que incluye el Palacio de las Artes, apartamentos y varios bloques de oficinas. Otra gran realización en curso, también de Foster, es el “Khan Shatyr”, un inmenso centro de ocio con cines, restaurantes, piscinas, aparcamientos, tiendas, minigolf y hasta un parque botánico con plantas tropicales. El conjunto estará coronado por una enorme bóveda de cristal en forma de “yurta” (tienda de campaña nómada).

Al estar en una planicie, Astaná tiene el inconveniente de que sopla el viento de forma casi permanente. Por eso se edifican casas de gran longitud. Las llaman la “gran muralla”. Se han plantado además miles de árboles por todas partes para mitigar la aridez del entorno y se han construido decenas de fuentes. Un vergel en mitad de la estepa. Una extravagancia entre el despotismo y la prosperidad.

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