El lecho de muerte del mayor poeta ruso de todos los tiempos

Forenses de San Petersburgo creen haber encontrado el diván en el que falleció Pushkin, herido tras un duelo con el noble francés Georges d’Anthès.

Un sofá de madera y cuero, que forma parte del mobiliario de la Casa-Museo del poeta, dramaturgo y novelista ruso, Alexánder Serguéyevich Pushkin, podría ser el lugar en donde estuvo postrado en sus últimas horas antes de abandonar este mundo. La pieza llegó al museo hace casi ochenta años, donada, al parecer, por un descendiente del poeta, pero nadie había reparado hasta ahora en que pudo ser su lecho de muerte. Algunos dibujos de la época y descripciones de los contemporáneos de Pushkin, contenidas en diversas cartas, coinciden con el aspecto del mueble.

El Departamento Médico-Forense de San Petersburgo ha encontrado manchas de sangre en el diván y pertenecen a un hombre que, según Yuri Molin, uno de los responsables del centro, “vivió hace muchos años”. Hoy precisamente se cumple el 172 aniversario de la muerte de Pushkin. En el museo se guardan mechones del cabello del escritor ruso y servirán para comparar su ADN con el del plasma coagulado en el sillón.

El duelo

Existen múltiples hipótesis sobre las causas que incitaron a Pushkin a retar en duelo al barón Georges-Charles de Heeckeren d’Anthès, mucho más avezado que él en el manejo de las armas. La más extendida es que el aristócrata galo ofendió a la esposa de Pushkin, Natalia Goncharova. Lo cierto es que, el 8 de febrero de 1837, tuvo lugar el lance y el poeta recibió un balazo en el vientre. El plomo le entró de costado, por el lado derecho, seccionó el intestino delgado, rasgó la vena ilíaca e hizo astillas un trozo de la cadera izquierda. Tardó 46 horas en morir ante la impotencia de los médicos que le atendieron. Todo ese tiempo lo pasó en su casa, tendido en el sofá con enormes dolores. Tenía entonces 37 años y hoy día es uno de los símbolos nacionales de Rusia.

Nieto de un esclavo negro

Su abuelo era un príncipe etíope capturado como esclavo, de ahí su mestizaje.

Pushkin es menos conocido en Occidente que Gógol, Chéjov, Tolstói o Dostoyevski debido a que la poesía constituye la mayor parte de su obra y ésta, a juicio de los expertos, es casi intraducible. Pushkin ha sido para Rusia lo que Cervantes para España o Shakespeare para Inglaterra: el creador de las letras modernas. Alexánder Serguéyevich descargó la lengua literaria rusa de “eslavismos” (palabras procedentes del eslavo eclesiástico) y la hizo más versátil con la introducción de términos vulgares. Pero no por eso, la lengua rusa pasó a ser menos sublime.

Su obra

“Ruslán y Ludmila”, “Gitanos”, “Poltava” y “El cautivo del Cáucaso” son algunos de sus poemas más conocidos. La novela en verso “Evgueni Oneguin” retrata un personaje que llegó a ser un símbolo de la época. Para el teatro, escribió dramas como “Borís Godunov”, “Don Juan” o “El convidado de piedra”, estos dos últimos de obvia influencia española. Sin embargo, lo más conocido fuera de las fronteras de Rusia son sus cuentos y relatos: “La ventisca”, “El jinete de bronce”, “La hija del capitán” y la novela “La dama de picas”.


Panorama del río Moika (San Petersburgo), en una de cuyas casas vivía Pushkin

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