Rafael M. Mañueco
La vida en Moscú
La última tentativa de dar con la Sala de Ámbar la llevó a cabo el año pasado el cazatesoros, Heinz-Peter Haustein, en una antigua mina de cobre en Deutschneudorf (este de Alemania). Él es alcalde de ésa pequeña localidad. Pero tuvo que abandonar las excavaciones por falta de recursos. Haustein, no obstante, está convencido de que los restos del misterioso aposento yacen precisamente allí bajo el suelo, junto con otros tesoros escondidos por los nazis.
Ahora, más de un año después, la controversia está servida, el historiador berlinés Günter Wermusch sostiene que la Cámara de Ámbar, considerada la “Octava Maravilla del Mundo” podría estar en la península de Wustrow, en Mecklemburgo-Antepomerania (noreste de Alemania). Así lo asegura en declaraciones al diario Ostsee-Zeitung. Se basa en sus propios cálculos en investigaciones.
La Sala de Ámbar desapareció sin dejar rastro hace 64 años. El nombre de la fastuosa estancia real se debe a que sus paredes estaban recubiertas de ámbar, resina fósil del color de la miel. Fue un regalo que le hizo el rey de Prusia, Federico Guillermo I al zar Pedro I el Grande en 1.716. A Rusia llegaron los paneles de ámbar listos para ser montados. En 1.755, la zarina Catalina II ordenó instalar la espectacular habitación en su palacio y, en 1757, añadió a la estancia cuatro mosaicos traídos de Florencia.
La zarina encargó dirigir los trabajos al maestro italiano Rastrelli, arquitecto del Palacio de Invierno (Ermitage). Entre el mobiliario de la sala había una cómoda realizada por ebanistas berlineses en 1.711. Ese mueble y uno de los cuatro mosaicos, el denominado “Los sentidos del tacto y del olfato”, son las dos únicas piezas originales que se han recuperado. La habitación real fue saqueada por soldados de la Wehrmacht en 1.941 y llevada a un castillo de Königsberg, (actual territorio ruso de Kaliningrado). Desde allí, en 1945, fue trasladada a un lugar desconocido, aunque existe la hipótesis de que todo ardiese en el incendio que acabó con el castillo.
Objetos recuperados
La cómoda fue hallada por casualidad en 1.997, en el almacén del museo berlinés de artes aplicadas, y el mosaico apareció, aquel mismo año, cuando el hijo del soldado alemán que se apoderó de él, un tal Achtermann, se proponía venderlo por 5 millones de marcos. Tras la contienda, Achtermann se llevó el mosaico a su casa y su hijo Herbert se lo encontró en el desván en 1978. Lo colgó en el recibidor y, 19 años más tarde, supo que lo que tenía en su casa era una valiosa y buscada obra de arte.
En mayo 2003, se terminó de reconstruir en su emplazamiento primigenio, es decir en el palacio de Catalina II de Tsárskoye Seló, (afueras de San Petersburgo), una réplica exacta del salón perdido. Se emplearon seis toneladas de ámbar. Los trabajos comenzaron en 1979 y se utilizaron como modelo viejos dibujos y fotografías en blanco y negro. El conjunto está compuesto por un total de medio millón de piezas de ámbar.
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Paskki dijo
En la primera e interesante novela de "El salón de ambar", de la escritora alicantina Matilde Asensi se narra la búsqueda de este salón cuando supuestamente oficiales del ejército de Hitler lo robaron durante la Segunda Guerra Mundial. La narración de Asensi es pura ficción. Pero la realidad apunta a Alemania y sus secretos. Esta trama me recuerda la novela "La biblia de barro", de Julia Navarro, que narra cómo oficiales de Hitler cambian de identidad y organizaron una sociedad para el tráfico ilegal de antiguedades por todo el mundo. A nadie se le olvida la obsesión por las antiguedades por parte de Hitler y su entorno. Sería una extraordinaria noticia que se diera con el paradero de este tesoro. Saludos. p.d.: para seguir de cerca tus artículos te incluyo entre mis blogs y webs de interés.
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